jueves, 2 de abril de 2026

Iglesia Santa Rosa, en Rosario. - 02 - 04 - 2026 -

Santa Rosa, homenajeada en Rosario: la historia de la iglesia que lleva su nombre Cada 30 de agosto se conmemora a Santa Rosa de Lima, a quien se le atribuye haber salvado a su población, mediante la fe, de un ataque de piratas holandeses. En Rosario, la iglesia ubicada en Mendoza al 1300 lleva su nombre. Ciudad Ago 30, 2024 Santa Rosa, homenajeada en Rosario: la historia de la iglesia que lleva su nombre Cada 30 de agosto, varios países Latinoamericanos –entre ellos Argentina– celebran el Día de Santa Rosa: la primera nacida en el continente americano que fue declarada santa por la Iglesia Católica. Rosario le rinde especial homenaje, con un edificio ubicado en pleno centro. Isabel Flores nació hace 438 años en la Ciudad de los Reyes –hoy convertida en Lima, la capital de Perú– y, por su particular belleza, fue apodada “Rosa”. Por el rol que tuvo en la defensa de su pueblo ante un inminente ataque europeo, fue canonizada en 1671. En 1615 buques holandeses decidieron atacar lo que actualmente es Lima. La noticia llegó rápidamente a la Ciudad de los Reyes y, ante los caldeados ánimos sociales, Rosa reunió a las mujeres en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario para orar por la salvación del poblado. En el santuario, puso su cuerpo para defender a Cristo, mientras muchos de sus vecinos huían del lugar. La tormenta de Santa Rosa llega a Rosario: recomendaciones y horarios claves del fenómeno Te puede interesar: La tormenta de Santa Rosa llega a Rosario: recomendaciones y horarios claves del fenómeno Misteriosamente, el capitán de la flota holandesa murió en su barco días después, y ello supuso la retirada de sus naves, sin atacar Lima. En la ciudad todos atribuyeron el milagro a Rosa. Hay otras versiones, sin embargo, que aseguran que ante el ataque de los piratas holandeses Rosa se aisló para rezar. Poco antes de que los europeos desembarquen, se desató una feroz tormenta que impidió que lleguen a las costas. En Argentina, Paraguay y Uruguay, hacia fines del mes de agosto, ocurre la llamada tormenta de Santa Rosa. La tradición atribuye a la figura religiosa el origen de este fenómeno natural que logró la huida de los enemigos. Rosa murió el 24 de agosto de 1617, a los 31 años, a causa de tuberculosis. Por esto, es la patrona de quienes padecen esta enfermedad. Homenaje en Rosario En Rosario existe la Iglesia de Santa Rosa, ubicada en Mendoza al 1351. El edificio se inauguró en 1909, aunque el establecimiento religioso ya funcionaba en 1863, como capilla, a orillas de lo que en ese entonces era la laguna Sánchez, hoy convertido en la Plaza Sarmiento. El terreno donde funciona el templo fue donado por Ramón Sánches, quien pidió que en él se edificara una capilla en honor a Santa Rosa de Lima. Fue el arquitecto U. Lazzari quien, en 1897, empezó a construir la iglesia. La obra fue finalizada por el ingeniero italiano A. Micheletti y recién en 1924 se terminó de decorar por dentro. Cuenta la leyenda que Domingo Faustino Sarmiento hizo edificar el colegio Normal 1 dándole la espalda a la Iglesia. Actualmente, la plaza que circunda al Normal 1 –ubicada en Corrientes, Mendoza, Entre Ríos y San Juan– tiene el nombre de Santa Rosa; mientras que el espacio verde que está en el cuadrante del frente se llama Plaza Sarmiento. Nota. (tomada de Conclusión. 3O de Agosto 2O24)

Plaza Santa Rosa de Lima. Estatua de Sarmiento. -02 - 04 - 2026 -

Historias Rosarinas. El 2O de diciembre de 1811 en la popularmente denominada "Plaza Santa Rosa" quedó inaugurado el monumento de homenaje a Sarmiento, obra del escultor veneciano Víctor de Pol. Coincidían los críticos de entonces, que la imágen del Sanjuanino estaba mejor lograda que la inaugurada en el Parque 3 de febrero de Buenos Aires, cuyo autor era nada más y nada menos, que el célebre artista francés Augusto Rodín. El dia de la inauguración, cuando se descubrió la obra en presencia del Presidente Julio A. Roca y de otras notables personalidades, el público pasó de la emocionada expectativa al asombro y la indignación colectiva. "Parece la cabeza de un gorila" dijo un renombrado arquitecto; protestaron entre los promotores de la obra Miguel Cané y Carlos Pellegrini, que remató un juicio crítico del diario de Mitre: "Es difícil concebir algo más feo, más vulgar, casi repulsivo, y por lo tanto, menos parecido que el perfil de su estatua. Sarmiento era feo, pero no tenía un cráneo de degenerado, ni era su cabeza la de un notario o de un farmaceutico de aldea". Hubo amenazas de derribarla, por lo cual las autoridades decidieron destacar un piquete policial que la custodiase. Por el contrario la inauguración de Rosario fue una fiesta completa, los poderes públicos decretaron un feriado especial, y una multitud de personas y cientos de escolares que agitaban banderitas y cintas celeste y blancas, desbordaron los límites de la plaza. Se pronunciaron discursos alusivos a la personalidad del prócer, mientras la concurrencia, con el acompañamiento de la banda de música de la policía, corearon las estrofas de la Canción Patria y el Himno a Sarmiento. Concluído el acto oficial, un grupo numeroso al son de la Marcha de San Lorenzo se encaminó hacia el edificio de la municipalidad donde continuaron las demostraciones. La desconcentración benefició a los propietarios de las fondas aledañas, que como era habitual en las fiestas patrias, ofrecían al viandante a precios módicos, locro, empanadas y pastelitos fritos,sin olvidar la mazamorra y el vino carlón. Paladares más exigentes, caballeros vestidos con ciertas galas y señoras con indumentaria de moda portando increíbles sombreros con plumas, se dirigieron a degustar un espléndido Lunch ofrecido para invitados especiales en el "Victoria Tea Rooms", propiedad del empresario español Ramón Cifré, curiosamente admirador del estilo impuesto durante el reinado de la Soberana del Imperio Británico. Era el centro gastronómico más refinado y elegante de la ciudad, ubicado con amplias instalaciones en la esquina de Córdoba y San Martín. Años más tarde en 1927, trasladará su negocio al lujoso subsuelo del emblemático "Palacio Fuentes". Una nota especial la constituyó la presencia de los nietos de Sarmiento en el mencionado evento: Eugenia y Augusto Belín Sarmiento, hijos de Ana Faustina Sarmiento y del impresor Julio Belín. Ana Faustina fue el fruto de los amores juveniles del Sanjuanino, con la jóven chilena María Jesús del Canto. La recién nacida, fue criada y educada por sus tias Bienvenida y Procesa Sarmiento. Augusto Belín era escritor y diplomático que se desempeñó como cónsul general en distintos países de Europa y América. En 1913 como albacea donó el fondo documental y bienes muebles que habían pertenecido a su abuelo al Museo Histórico Nacional, que más tarde en 1938, fueron la base de las colecciones del "Museo Sarmiento" instalado en Belgrano, Entre 1884 y 1904 asumió la enorme tarea de editar los 53 tomos de las obras completas de su ilustre ancestro. Eugenia Belín desde pequeña demostró una decidida vocación por el dibujo y la pintura, recibiendo las primeras lecciones de su tía abuela Procesa. Advertido Sarmiento, la llevó a Buenos Aires, y por su indicación la hizo ingresar en el prestigioso taller de josé Aguyari. Viajó a Europa donde visitó los principales museos de arte y tomó lecciones con reconocidos maestros especializándose en la técnica del retrato. En Buenos Aires expuso sus obras en distintas galerías donde recibió distinciones especiales. Pintó los retratos más notables de Sarmiento, y sus obras se encuentran exhibidas en principales museos del país, donde son valorados como documentos fieles del prócer, De allí se entiende las diferentes interpretaciones del maestro Rodín y el veneciano de Pol, el primero solo accedió como modelo a algunas fotografías antiguas del Sanjuanino, en cambio el segundo, pudo apreciar y estudiar los dibujos y retratos iconográficos de Eugenia.En todo este proceso tuvo destacada intervención, el Dr. Nicolás Amuchástegui, abogado y magistrado de nota en el foro rosarino, presidente de la comisión ejecutiva del monumento, quien prodigó todas las atenciones y trabajos necesarios para asegurar las presencia de los hermanos Belín en Rosario. En sus conversaciones le relató los orígenes de la amistad de sus respectivas familias. Ocurrió con la llegada del Presidente Sarmiento a nuestra ciudad en el vapor "Pavón", para rendir honores a los sobrevivientes del Batallón Santafesino y otras unidades de combate que regresaban del frente paraguayo. En la oportunidad, el 19 de enero de 1870, en la residencia de sus abuelos maternos, Antonia Machado y Tomás Peñaloza, se organizó un banquete y un baile de gala como agasajo oficial al entonces primer mandatario de la República. Con motivo de este suceso, Amuchástegui pronunció una conferencia titulada "El baile de Peñaloza", recordó además un hecho similar sucedido en 1863, cuando el Presidente Mitre arribó a nuestra ciudad para inaugurar oficialmente los trabajos del ferrocarril que uniría Rosario y Córdoba. Mitre se hospedó y fue agasajado en el hogar de los Peñaloza. Eugenia Belín, en retribución de atenciones, obsequió al Dr.Amuchástegui un óleo original de Sarmiento, que Amuchñastegui con generosidad y buen criterio, decidió años más tarde, donarlo al Museo Histórico Julio Marc donde actualmente se conserva en su pinacoteca.

San Martin y las Islas Malvinas. -02 - 04 -2026-

San Martín y las Islas Malvinas. “Disponga V.E. que todos los de alta clase que se hallen presos en esa jurisdicción de su mando sentenciados a los presidios de Patagones, Malvinas u otros sean remitidos a esta capital con copias de sus respectivas condenas y a la mayor seguridad posible, comprendiendo también en ellos a los desertores contumaces en este delito.” Hablar de la cuestión Malvinas no es remitirse únicamente a 1833 ni a la agresión colonial británica, sino retroceder a las bases mismas de nuestra organización nacional, cuando las Provincias Unidas ejercían de manera concreta, silenciosa y efectiva su soberanía sobre el Atlántico Sur. En ese marco aparece un documento de enorme valor histórico: la carta del 14 de agosto de 1816 escrita por el entonces coronel mayor José de San Martín al ministro de Guerra Antonio Beruti. No se trata de una proclama política ni de una declaración diplomática pensada para la posteridad. Es, precisamente por eso, aún más contundente: una comunicación administrativa, concreta, propia de un Estado que funciona y que da por sentado su dominio territorial. San Martín no “reivindica” Malvinas: las menciona como parte normal del sistema de presidios de las Provincias Unidas. Ese detalle, que la historia liberal minimizó durante décadas, es en realidad una prueba directa del ejercicio soberano. EL CONTEXTO: UN ESTADO EN ARMAS Y EN CONSTRUCCIÓN En 1816, mientras el Congreso de Tucumán declaraba la independencia, San Martín organizaba en Cuyo el Ejército de los Andes. No era una tarea menor: implicaba crear desde casi la nada una fuerza militar capaz de cruzar la cordillera y derrotar al poder español en Chile y Perú. Para ello, el Libertador recurrió a todos los recursos disponibles: liberación de esclavos a cambio de servicio militar, incorporación de emigrados chilenos, levas forzosas y utilización de condenados. Es en ese contexto que escribe su carta solicitando el traslado de presos incluidos aquellos destinados a presidios en Patagones y Malvinas para incorporarlos al ejército. La frase es clara y contundente: las Malvinas eran un destino contemplado dentro del sistema punitivo rioplatense. No hay duda, no hay discusión, no hay conflicto de soberanía mencionado. Hay administración. Esto desmonta una de las falacias más repetidas por la historiografía anglosajona: la idea de que las islas eran una “tierra de nadie”. Si existía un circuito penal que incluía a las Malvinas, entonces existía autoridad, control y conocimiento efectivo del territorio por parte del gobierno rioplatense. MALVINAS EN EL SISTEMA ADMINISTRATIVO RIOPLATENSE La carta de San Martín no es un hecho aislado. Forma parte de una serie de antecedentes que prueban la continuidad jurídica y administrativa desde la época virreinal hasta el período revolucionario. Ya en 1810, antes incluso de la consolidación del nuevo gobierno, el brigadier José Manuel de Goyeneche había dispuesto condenas a presidio en las islas por orden del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Tras la Revolución de Mayo, lejos de abandonarse esa práctica, existen referencias documentales a la continuidad del uso de destinos australes en el sistema penal. Incluso en 1812, Manuel Moreno recordó antecedentes vinculados a condenas con destino en Malvinas en sus escritos en Londres, donde actuaba en funciones diplomáticas. Este punto exige precisión histórica: no hay evidencia de un presidio permanente y estructurado en las islas en esos años, pero sí de su consideración como destino de confinamiento dentro de la órbita administrativa heredada del período español. Esa diferencia no debilita el argumento, sino que lo fortalece al evitar exageraciones. LA IMPORTANCIA DE LA CARTA: LO QUE NO SE DISCUTE Lo más potente del documento sanmartiniano es lo que no dice. No explica, no justifica, no argumenta sobre la pertenencia de las islas. Simplemente las menciona como parte del sistema. Y eso, en términos históricos, vale más que cualquier declaración formal. Porque los actos administrativos cotidianos son una expresión concreta de soberanía. Un Estado no necesita reafirmar constantemente lo que ejerce, simplemente actúa. Y San Martín actuaba como funcionario de un gobierno que incluía a las Malvinas dentro de su horizonte territorial y administrativo. Aquí es donde el revisionismo histórico encuentra un punto sólido: no en discursos grandilocuentes, sino en documentación concreta. Esta carta es una pieza que debe leerse con criterio histórico, sin forzar interpretaciones pero tampoco minimizando su valor. LA OCUPACIÓN INGLESA DE 1833: UNA ACCIÓN DE FUERZA SOBRE UN TERRITORIO EN ÓRBITA RIoplatense Cuando el Reino Unido ocupa las islas en 1833, lo hace desalojando autoridades argentinas establecidas en ellas desde años anteriores, particularmente tras la creación de la comandancia política y militar en 1829. No se trató de una toma sobre un territorio sin administración, sino de una acción de fuerza sobre una presencia efectiva, aunque limitada, del Estado rioplatense. La carta de San Martín no prueba por sí sola una ocupación permanente, pero sí confirma algo clave: las islas formaban parte del espacio territorial conocido, utilizado y administrativamente considerado por las autoridades revolucionarias. EL SILENCIO Y LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA Durante mucho tiempo, este tipo de documentos fueron poco difundidos. No porque carecieran de valor, sino porque exigían una lectura más compleja que los relatos simplificados. Tampoco encajaban en una visión de San Martín desligada de las cuestiones territoriales. Sin embargo, el San Martín real aparece con claridad: un conductor político y militar que piensa en términos de Estado, que administra recursos humanos y que se mueve dentro de un esquema territorial que incluye el sur y el Atlántico. LA RECUPERACIÓN DEL DOCUMENTO Y SU VALOR ACTUAL La carta fue recuperada en 1988 en Londres y luego incorporada al patrimonio argentino. Hoy una copia se exhibe en el Museo Malvinas en Buenos Aires. Su valor no es simbólico solamente, sino también documental. En el presente, este tipo de fuentes contribuyen a sostener con mayor solidez los argumentos históricos argentinos, siempre que se utilicen con rigor y sin sobredimensionar su alcance. CONCLUSIÓN: SAN MARTÍN Y EL HORIZONTE TERRITORIAL DE LAS PROVINCIAS UNIDAS La causa Malvinas no nace en el siglo XX. Tiene raíces profundas en la etapa de formación del Estado. En ese proceso, la carta de San Martín aporta un testimonio valioso: muestra que las islas estaban dentro del campo de acción administrativa de las Provincias Unidas. Sin necesidad de discursos, sin intención propagandística, el documento deja constancia de una realidad: las Malvinas no eran ajenas al mundo político y territorial rioplatense. Leída con seriedad histórica, sin exageraciones pero sin omisiones, esta carta se convierte en una pieza importante dentro del conjunto de antecedentes que sostienen la posición argentina. Y en ese marco, también San Martín forma parte de la historia de Malvinas.

miércoles, 1 de abril de 2026

Expulsión de los judíos de España. Edicto de Granada.1492. -01-04-2026-

EL EDICTO DE GRANADA Y LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS.31 DE MARZO DE 1492. Por Revisionismo Historico Argentino El 31 de marzo de 1492, en la ciudad de Granada, los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, firmaron el llamado Edicto de Granada, una de las decisiones más trascendentes y controvertidas de la historia de España. Este decreto ordenaba la expulsión de todos los judíos de los reinos de Castilla y Aragón que no aceptaran convertirse al cristianismo, fijando un plazo de aproximadamente cuatro meses para abandonar sus tierras. CONTEXTO Y CONSTRUCCIÓN DE LA UNIDAD RELIGIOSA La medida se enmarca en el proceso de consolidación del poder monárquico tras la finalización de la Reconquista, que ese mismo año culminaba con la toma del último bastión musulmán en la península. En ese contexto, los monarcas buscaron construir un Estado fuerte, centralizado y homogéneo en lo religioso, considerando que la unidad de fe era un pilar fundamental para la estabilidad política. Sin embargo, esta decisión no surgió de manera aislada, sino como resultado de un largo proceso de tensiones acumuladas entre comunidades. CONFLICTOS ENTRE JUDÍOS Y CRISTIANOS Desde la Edad Media, las relaciones entre judíos y cristianos estuvieron marcadas por la desconfianza. En el plano religioso, se difundieron prejuicios que señalaban a los judíos como responsables de la muerte de Cristo, lo que generó un clima persistente de hostilidad. A esto se sumaba el hecho de que las comunidades judías mantenían sus propias leyes, tradiciones y formas de vida, lo que reforzaba su carácter diferenciado dentro de la sociedad cristiana. Las tensiones estallaron violentamente en 1391, con pogromos en ciudades como Sevilla, Toledo y Barcelona, donde miles de judíos fueron asesinados o forzados a convertirse. Estos episodios marcaron un punto de inflexión, debilitando profundamente a las comunidades judías y dando origen a un nuevo problema social: el de los conversos. LOS CONVERSOS Y LA INQUISICIÓN Los llamados cristianos nuevos, surgidos de conversiones muchas veces forzadas, quedaron bajo sospecha permanente. Se los acusaba de practicar el judaísmo en secreto, lo que generó un clima de persecución y denuncias constantes. Para enfrentar esta situación, los Reyes Católicos instauraron en 1478 el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, orientado principalmente a vigilar y castigar la herejía entre los conversos. La presencia de comunidades judías visibles era vista como un factor que influía sobre estos cristianos nuevos, reforzando la idea de que la única solución definitiva era su expulsión. FACTORES ECONÓMICOS Y POLÍTICOS A las tensiones religiosas se sumaban factores económicos. Muchos judíos ocupaban roles importantes como comerciantes, prestamistas o administradores, lo que generaba resentimiento en sectores endeudados o desplazados. En contextos de crisis, estas tensiones se traducían en violencia. Desde el punto de vista político, la monarquía buscaba afirmar su autoridad y eliminar cualquier elemento que pudiera generar divisiones internas. La diversidad religiosa comenzó a ser percibida como un obstáculo para la construcción de un Estado unificado. El decreto obligó a decenas de miles de judíos a abandonar la península ibérica. Se estima que entre 70.000 y 150.000 partieron al exilio, mientras que otros optaron por la conversión para permanecer en sus tierras. La expulsión dio origen a la diáspora sefardí, extendida por el norte de África, el Imperio Otomano y distintas regiones de Europa, donde conservaron su lengua el ladino y sus tradiciones durante siglos. Para España, la medida implicó también una pérdida significativa en términos económicos y culturales, al expulsar a una comunidad con fuerte presencia en actividades comerciales, financieras e intelectuales. El Edicto de Granada representa uno de los momentos clave en la transición de la España medieval a la moderna. Refleja la voluntad de construir un Estado basado en la uniformidad religiosa, pero también evidencia las consecuencias de la intolerancia y la persecución. Su impacto trascendió las fronteras de la península, dejando una huella duradera en la historia europea y en la memoria de las comunidades judías expulsadas.- Zanni Damián

Belgrano dona los 40.000 pesos fuertes para crear Escuelas.-01-04-2026-

Contestación completa de Belgrano a la Asamblea refiriéndose a los premios que le ha concedido por el triunfo obtenido en la batalla de Salta, consistentes en un sable con guarnición de oro, y en la donación de fincas del Estado que representan un valor de cuarenta mil pesos. "EXCELENTÍSIMO SEÑOR: El honor con que V. E. me favorece al comunicarme los decretos de la Soberana Asamblea Nacional Constituyente en que se sirve condecorarme con un sable de guarnición de oro y lleve en la hoja grabada la siguiente inscripción: “La Asamblea Constituyente al benemérito General Belgrano”, y premiar mis servicios, pero con especialidad el que acabo de hacer en la gloriosa acción del 20 del pasado en Salta, con la donación en toda propiedad de cuarenta mil pesos señalados en valor de fincas pertenecientes al Estado, me empeña sobremanera a mayores esfuerzos y sacrificios por la libertad de la Patria. Pero cuando considero que estos servicios, en tanto deben merecer el aprecio de la Nación, en cuanto sean efectos de una virtud y fruto de mis cortos conocimientos dedicados al desempeño de mis deberes, y que ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni pueden compensar con dinero sin degradarlos; cuando reflexiono que nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos en el manejo de los negocios públicos que el dinero o las riquezas, que éstas son un escollo de la virtud que no llega a despreciarlas, y que adjudicarlas en premio, no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás, haciendo que por general objeto de sus acciones subroguen el bienestar particular al interés público, sino que también parecen dirigidas a lisonjear una pasión seguramente abominable en el agraciado, no puedo dejar de representar a V.E. que sin que se entienda que miro en menos la honrosa consideración que por mis cortos servicios se ha dignado dispensarme la Asamblea, cuyos soberanos decretos respeto y venero, he creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi Patria, destinar los expresados cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad hacia ésta y el Gobierno que la rige, en cuatro ciudades, a saber: Tarija, ésta, Tucumán y Santiago del Estero (que carecen de un establecimiento tan esencial e interesante a la Religión y al Estado, y aún de arbitrios para realizarlo) bajo del reglamento que pasaré a V. E. y pienso dirigir a los respectivos cabildos con el correspondiente aviso de esta determinación, reservándome el aumentarlo, corregirlo o reformarlo siempre que lo tenga por conveniente. Espero sea de la aprobación de V. E. un pensamiento que creo de primera utilidad, y que no lleva otro objeto, que corresponder a los honores y gracias con que me distingue la Patria. Dios, guarde a V. E. muchos años. ML BELGRANO Jujuy, 31 de Marzo de 1813."

viernes, 27 de marzo de 2026

El Reglamento para los Pueblos de las Misiones. Belgrano.-27-03-2026-

26 de marzo de 1811: Belgrano escribe al teniente de gobernador de Corrientes, Elías Galván. Le agradece las alabanzas del pueblo correntino, de las cuales no se cree merecedor; toca asuntos militares, incluyendo esclarecedoras opiniones sobre los paraguayos y sus actitudes. Califica al reglamento para los pueblos de las misiones como “obra de mi deseo del bien”. “MI ESTIMADO AMIGO: Corrientes me ha ensalzado adonde Yo no merezco, mi agradecimiento será eterno, y mucho más por sus oraciones al Todopoderoso, que sin duda, las necesitamos para salir bien de la gran empresa en que estamos. He mandado escolta competente para la carreta que conduce Escalante, y ordenádole siga a San Carlos a encontrarme, pues aquí ya no nos hallará, apresurándome a salir para que se convenzan los que me han creído hombre sin honor, y que no guardaría lo que he prometido. Añasco da un gran valor a la acción del 9; fue milagrosa, mi amigo; y esto lo publicaré a voz en cuello; en la situación que quedé con sólo 135 Infantes y 60 y tantos de Caballería, de los que apenas 18 veteranos, no podía haber salido con tanto aire de una multitud de enemigos, a no ser una obra de Dios, ni menos haber fraternizado, y sobre todo contraer una amistad tan fina con Cabañas, y cobrarme éste una afición mezclada de respeto que Yo mismo no sé explicar. Por esto es, que aunque noto que desde el Viernes que llegó Velazco a Tacuarí, según se supone, veo que ya no vienen Paraguayos, como antes, que hasta los oficiales se empeñaban en estar con nosotros; y por consiguiente, infiero que la venida de Velazco no ha sido a cortar las desavenencias, sino tal vez a impedir la propagación de ideas; con todo quiero que se tengan francos los pasos a los Paraguayos; que lleven y traigan lo que gusten; pues así conocerán que de nuestra parte no está la opresión, y enmendaremos lo que ha causado la falta de comunicación; caminando a otro destino que nos llama la Patria, y entretanto haciendo del ladrón fiel, que es en lo que U. se ha de empeñar; manifestándoles la mayor cordialidad y amistad, excepto en cosas del Gobierno, que eso siempre debe hacerse respetar: se agrega a esto que lo dejo a U. sin fuerzas, y es indispensable valerse, a falta de ellas, del ardid. Si los caballos nos pudieran alcanzar me alegraría mucho, porque he tenido que arrastrar con cuantos hay; porque mi presencia y la del Ejército urge que esté en otra parte, según las órdenes que he recibido. El Reglamento para los Pueblos [de las Misiones] es obra de mi deseo del bien, conforme a las intenciones de nuestra superioridad; hay mucho que trabajar para que sea una cosa menos mala; pero no tengo un instante mío, obligado a serlo todo y estar en todo; tranquilizándose las cosas se mejorará una obra trabajada en el tumulto de mil atenciones. Ya irán con el tabaco; pues a todos ha agradado la disposición, y me han pedido licencia hasta los Paraguayos. Puede muy bien que el tal Bedoya haya hecho alguna trastada; es abonado; pero Dios le libre de caer bajo el poder de la justicia que me está confiado, porque las pagará todas. Haga U. una visita, en nombre mío, a la Señora que ha manifestado su patriotismo tomándose la molestia de cortar y coser las camisas que ha podido para el Ejército con tanta generosidad, y déle U. las más expresivas gracias, avisándome cómo se llama para que la Patria lo sepa. No hay que perder instante de que los paisanos se instruyan en sus derechos, y los de la Patria; exhorte U. a los curas a que les expliquen; así conseguiremos que se entusiasmen con razón y justicia, y no haya quien sea capaz de desviarlos de sus obligaciones. Deseo a U. toda felicidad, y me digo su MANUEL BELGRANO Cuartel General de Candelaria, 26 de Marzo de 1811, a las 4 de la mañana. Sr. Dn. Elías Galván.” Las conversaciones con los jefes paraguayos (Cabañas y Yegros entre otros) en el campamento patriota, dónde Belgrano lograba inocular las ideas de libertad e independencia, llegaron a oídos del Gobernador Velasco que preocupado por estos contactos -casi diario- lo llevaron a presentarse directamente en el lugar para cortar estas charlas, que provocarían finalmente que estos mismos jefes organicen la revolución criolla en Asunción.

domingo, 15 de marzo de 2026

Juan Manuel de Rosas. Semblanza de su gestión.- 15 - 03 -2026 -

UAN MANUEL DE ROSAS Juan Manuel de Rosas murió el 14 de marzo de 1877 en Inglaterra. En la bibliografía tradicional, su rastro se pierde en 1852 cuando, tras la derrota terminal de Caseros, partió a un exilio que duraría 25 años lejos de su patria. Ya fuera de escena, poco se sabe de esa etapa de su vida. Con 59 años cumplidos, vivió los primeros meses de ese largo ostracismo en Southampton, junto a su hija Manuelita, hasta que ella se casó con Máximo Terrero, su eterno prometido, y la pareja se mudó a Londres. En 1865 el Restaurador de las Leyes, como le llamaban los contemporáneos en su apogeo, se trasladó a Burguess Farm, la finca rural donde recreó una módica chacra que atendía personalmente. Allí volvió a sentirse como un gaucho de su lejana tierra; se levantaba al alba, mateaba, montaba a caballo y pasaba largas horas al aire libre. Vivía solo, por las noches se encerraba en su cuarto a leer o escribir. Había enviudado de Encarnación Ezcurra en 1838, y no volvió a casarse, aunque tuvo cinco hijos con Eugenia Castro —su barragana, según la pluma filosa de José Mármol— mientras residió en la casona de San Benito de Palermo, recibiendo visitantes y rodeado de amanuenses y bufones hasta su partida en 1852. No le sobraba dinero y le habían confiscado sus propiedades. Salvo Justo José de Urquiza, el vencedor de Caseros, quien le prestó alguna ayuda, el resto de sus compatriotas le había vuelto la espalda luego de que cayera en desgracia. En 1857, la legislatura de Buenos Aires lo declaró “reo de lesa patria”. Todo eso había quedado en el pasado. “No fumo, no tomo rapé, vino ni licor alguno, no asisto a comidas, no hago visitas ni las recibo, no paseo, ni asisto a teatros, ni a diversiones de clase alguna. Mi ropa es la de un hombre común. Mis manos y mi cara son bien quemadas y bien acreditan cuál y cómo es mi trabajo diario incesante para en algo ayudarme. Mi comida es un pedazo de carne asada, y mi mate. Nada más”. Así, crudamente realista, le contaba cómo trascurrían sus días a Josefa Gómez, su entrañable amiga “Pepita”, con quien se carteó durante esos años. Un sábado glacial del invierno boreal de 1877, poco antes de cumplir 84 años, permaneció a la intemperie más de la cuenta y contrajo una neumonía. El lunes 12 de marzo, el médico envió un telegrama urgente a Manuelita, quien acudió de inmediato y no se apartó del lecho de su padre. El martes 13 experimentó una efímera mejoría, pero a la mañana siguiente, 14 de marzo, su corazón se detuvo. Un año antes de su muerte, había dispuesto un agregado a su testamento: “Mi cadáver será sepultado en el cementerio católico de Southampton hasta que en mi patria se reconozca y acuerde por el gobierno la justicia debida a mis servicios”. En 1989, ciento doce años después, el ataúd fue rescatado del viejo cementerio inglés y trasladado a Francia por vía aérea. En Orly se vivió un momento emotivo cuando se abrió el cajón para cambiar el féretro y se hallaron entre las cenizas una dentadura de metal, un crucifijo y un plato de porcelana. En Buenos Aires, los restos fueron recibidos con todos los honores y depositados en el cementerio de la Recoleta, en la bóveda familiar de los Ortiz de Rozas —su apellido original—, donde se encuentran actualmente. En 1999 se inauguró el monumento emplazado en Avenida del Libertador y Sarmiento, próxima al lugar donde se levantaba la legendaria residencia palermitana. No hay unanimidad en torno a su figura, la biblioteca está dividida: para algunos sigue siendo un tirano, un déspota como lo estigmatizaron los unitarios de su tiempo; en tanto que para otros —los llamados revisionistas— fue un férreo defensor de la soberanía y la nacionalidad, incluido José de San Martín, quien le confió la tenencia de su legendario sable como tributo a la firmeza con que había enfrentado a las potencias europeas. Se lo suele exaltar como un gran referente federal, aunque si bien durante su largo gobierno al frente de la provincia de Buenos Aires respetó la autonomía de las demás provincias que integraban la Confederación, no compartió con ellas la renta aduanera del puerto porteño ni visitó a ninguna. Tampoco apuró la postergada organización nacional, lo que suscitó diferencias con federales de peso, como Juan Facundo Quiroga. Además de estancieros poderosos y del clero, contó con el apoyo del llamado “bajo pueblo”, pobladores de los arrabales y la campaña. El lado B de su larga permanencia en el poder fue el modo autoritario que caracterizó a su gestión, la intolerancia hacia las voces disidentes y la violencia practicada por la Sociedad Popular Restauradora, más conocida como La Mazorca. Y el estigma mayor: el fusilamiento de Camila O’ Gorman y Ladislao Gutiérrez por faltar a reglas canónicas. El debate sigue abierto; lo cierto es que Juan Manuel de Rosas fue durante dos décadas el hombre más poderoso de su época y dejó una huella indeleble en historia argentina.

sábado, 14 de marzo de 2026

Carta de San Martín al Diputado Godoy Cruz. -14 - 03 -2026 -

2 de marzo de 1816: En el marco de la reunión del Congreso de Tucumán, San Martín -gobernador de Cuyo- en una carta al diputao por Mendoza, Tomás Godoy Cruz (en la imagen) le expresa su pensamiento sobre Manuel Belgrano, refiriéndose a él como el mejor de los candidatos para nombrarlo como jefe del Ejército del Auxiliar del Perú: "... En caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano, éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América lleno de integridad, y talento natural. No tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”. Finalmente Pueyrredón, Director Supremo nombrado por el Congreso, designa a Belgrano en el cargo. 1996 - 2026 - 30° aniversario de la ABM

viernes, 13 de marzo de 2026

Belgrano. Premio a los alumnos sobresalientes de náutica.13 - 03 -2026 -

13 de marzo de 1802: "Discurso pronunciado por el Secretario del Consulado de Buenos Aires, Don Manuel Belgrano con motivo de la distribución de premios a los alumnos más sobresalientes de la Academia de Náutica", creada en el ámbito del Real Consulado de Buenos Aires, del cuál el Prócer era su Secretario e impulsor. "Habéis visto, Señores, los progresos de estos aplicados jóvenes, que superando las dificultades de una constante asistencia y adhesión a los objetos de sus estudios, han sabido adquirir las ideas útiles y los buenos principios en que debe cimentarse la ciencia que los hombres del globo, les proporciona su substancia y comodidades, haciendo con menos riesgo los transportes y facilitando los viajes por mar como por tierra, hasta hacer desterrar el temor que antes se tenía para entregarse al furor de las olas y a los contratiempos de la naturaleza. ¡Qué gloria, qué satisfacción no me debe causar el ver la utilidad de este establecimiento! ¡Cómo se falsifica por la experiencia el temor de que todas estas instituciones son débiles en sus principios y que el tiempo es quien las consolida! Buenos Aires puede ya decir que por su Consulado tiene jóvenes que adquiriendo una carrera honrosa y lucrativa, lleven sus buques a salvamento con todas las producciones que la naturaleza ha depositado en sus fértiles terrenos. Dos años de una sabia dirección, han producido estos óptimos frutos; ellos van a sazonarse y a hacerse apreciables, desprendiéndose en su madurez de las semillas sólidas e ilustradas que encierran para propagar entre sus compatriotas unos conocimientos tan útiles a la humanidad y por esto tan dignos de nuestro aprecio. ¿Cómo podré hacer yo el justo elogio de este cuerpo acreedor a todos los respetos, por una creación tan ventajosa a la Nación, de un director interesado en los adelantos de la juventud, y a la tenaz aplicación de ésta para lograr el conocimiento verdadero de esta útil ciencia, y los lauros que hoy sabiamente se va a premiarlos? Mi pluma es débil, lo conozco; pero la complacencia que me asiste es grande, como que he sido uno de los motores, para la realización de estas ideas, que de mucho tiempo ocupaban a este ilustre cuerpo en beneficio de nuestra juventud, y así me produciré en los términos a que alcance, no ya para deslumbraros con una vana y estudiada elocuencia, sino para que me ayudéis con vuestras luces a dar los merecidos elogios al Consulado, al director y a sus alumnos. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los siglos y de los tiempos nos enseña, cuánto aprecio han merecido todos aquellos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la humanidad y los que la han fomentado y sostenido hasta darle una existencia invencible por los contrastes propios de las vicisitudes: las plumas más elocuentes se han ejercitado en aplaudir estas acciones; los buriles, los cinceles, las prensas, y todo ha contribuido para trasmitir hasta los venideros siglos, las dulces memorias de aquellos sabios bienhechores, cuyas ideas eran las de la prosperidad del hombre. Dirigid, Señores, vuestras miradas a los manuscritos antiguos, si queréis convencernos; observad esas medallas, las estatuas; leed los libros, y sobre todo el libro de los libros, y encontraréis tantas pruebas de esto mismo, que plenamente quedaréis convencidos. Si yo no temiera molestaros, os presentaría un catálogo inmenso de héroes elogiados por sus acciones, por sus hechos útiles al público; y no creáis que los confundiría con los monstruos a quienes la adulación, la vil adulación, hija de la servilidad voluntaria, merificó y elevó a aquella clase distinguida. ¿Y quién de vosotros es el que duda que esta Academia ha sido establecida por este Real Consulado, que él la fomenta y la sostiene? ¿No es ella el cimiento de una obra benéfica a la humanidad? Vosotros lo sabéis, sí, sabéis que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas Provincias: sabéis que ya tenéis de quien echar mano para que conduzca vuestros buques; sabéis que con los principios que en ella se enseñan tendréis militares excelentes; y sabéis también que hallaréis jóvenes que con los principios que en ella adquieren, como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, las matemáticas, presentarán al universo, desde el uno al otro polo, el curso inmortal de vuestro celo patrio. No se ha contentado este ilustre cuerpo con establecerla, sino que también se ha dedicado a fomentarla y sostenerla. Fué su creador, y quiso añadir a esta gloria la de conservador. En vano la ignorancia, la etiqueta, la envidia, cruel veneno de los más nobles sentimientos; en vano todos los escollos que se presentan siempre para que lo bueno, lo útil, lo ventajoso progresen, han salido a oponerse a la verificación de las provechosas ideas de esta Universidad hacia la Academia de Náutica; nada le ha retraído de su pensamiento; siempre constante, siempre inalterable, ha vencido a sus enemigos, y ella se gloria con la esperanza de la completa victoria que ciertamente la dará la aprobación protectora de las ciencias y artes y a cuanto puede conducir a la felicidad de sus vasallos. Puedo manifestaros infinitas pruebas de esta proposición: el archivo que está a mi cuidado contiene libros que, aunque hablan en secreto, se producen con un lenguaje mudo, pero enérgico; ya los dignos acuerdos de la Junta de Gobierno, ya las representaciones a la Superioridad y al Soberano, los oficios a los sabios para tomar los mejores conocimientos y formar el reglamento que la gobierna, los encargos de instrumentos para que sirvan a la juventud en su instrucción y premios, los libros para el mismo objeto; en fin todo os haría ver que no es un mísero fomento ni una estéril subsistencia con la que este cuerpo amante de la felicidad de estas provincias que están bajo sus miras, quiere perpetuar su Academia, para que todo joven que sólo conocía dos carreras y la holganza, tenga para ejercitar su aplicación y adquirir los medios de vivir con comodidad y honor en provecho de la sociedad. Sentados, pues, estos datos claramente se deduce que se hallan reunidas en este Real Consulado las dos circunstancias que han motivado las alabanzas de los individuos y cuerpos benéficos a la humanidad; por consiguiente que se ha hecho acreedor a ella y que no se me podrá tachar de parcialidad, por ser un individuo de los que lo componen ni tampoco de un vil adulador que sacrifica su tiempo ni mancha el papel para trasmitir falsedades a la posteridad; tenemos la satisfacción de que es la verdad la que se produce, sin más aparejo que su noble sencillez. Con la misma querría yo, por un trasporte de mi celo, suplicaros ¡oh ilustre Universidad! siguieseis con vuestras ventajosas ideas hacia tan digno establecimiento. Pero nada más inútil que pediros lo que con anticipación nos habéis concedido, por obligación y en desempeño de los encargos del soberano. Sí, vosotros la protegeréis, la fomentaréis con el mismo anhelo que hasta aquí, y si en medio de las tristes circunstancias que nos han rodeado, supisteis comenzarlo y sostenerle, con mucha más razón le haréis progresar, cuando nada pueda interrumpir vuestras útiles ocupaciones, es decir, en esos días tranquilos que nos proporciona la tranquila paz; esa paz tan estimable que se compra al duro precio de la sangre y de la muerte. Tales son los votos de la patria que os mira como su apoyo y el sostén de sus esperanzas. Pero yo me detengo demasiado y ya en justicia llama mi pluma el director desinteresado, el sabio director, el aplicado director. D. Pedro Antonio Cerviño, a quien todos conocemos, es acreedor a estos títulos. Las pruebas que ha dado en servicio del monarca y del Estado, en obsequio de los particulares y de cuantos han ocupado sus talentos, justificarían mi proposición, pero no hablo a ésos, no, ya sabéis su desinterés, sabiduría y su aplicación, manifestadas en esta Academia. Entre las varias disposiciones de este cuerpo dirigidas al establecimiento propuesto, fué la de dar por oposición las dos direcciones que debe haber en él, con la condición de que los que las consiguiesen no tendrían el sueldo que les señaló hasta tanto aprobase el soberano. Cerviño llevado sólo del deseo de propagar sus ideas y ser útil al Estado, se presenta gustoso a la palestra, obtiene la victoria como un valeroso atleta, da a conocer sus talentos e instrucción, y los examinadores a pública voz lo proclaman primer director; difiere este consulado al justo voto, le confiere la plaza y le posesiona de ella bajo la condición predicha. Corren los años y los meses y la terrible situación en que nos hallábamos envueltos en la guerra, de que aun estábamos sintiendo los efectos, no nos proporciona la correspondencia con la metrópoli, y el sello del Soberanía para consolidar la Academia no parece; por siguiente permanece sin sueldos, y sin traerlos a consideración enseña con el mayor desinterés, franqueando sus libros e instrumentos sin recompensa alguna: no es otro su objeto que el de hacer jóvenes de provecho que hagan honor a la Nación. ¿Quién, sino Cerviño podría permanecer tanto tiempo sin tocar la utilidad física de su trabajo y seguir con tanto ardor y ahínco en la idea que se propuso en el estado de incertidumbre? ¿Y habré yo podido llamarle desinteresado? Sabéis muy bien que este nombre podrá ser en adelante su antonomástico, pues es muy raro encontrar hombre que trabaje sin ver inmediatamente la utilidad que le resulta, y mucho menos experimentando perjuicios. La posesión que tiene de las matemáticas y los deseos de qué se extienda su estudio, le hacen emplear medios tan sabios para su enseñanza, por lo que toca a la parte náutica, que en el espacio de dos años, presenta jóvenes instruidos en los ramos que manifiesta el cuaderno de las proposiciones que tenéis en vuestras manos, y entre ellos algunos que ya saben levantar y lavar planos con la posible perfección, para el tiempo que han gastado, no obstante la escasez de medios e instrumentos para el efecto. ¿Se consigue esto sin ciencia? ¿No es un don particular de sabiduría haber podido dominar los corazones de estos jóvenes, para que oyendo gustosos sus lecciones, se hayan dedicado al estudio y hayan aprovechado con tantas ventajas? No, Señores, así lo creéis y sin duda ya os resolvéis conmigo a multiplicarle gloriosas nomenclaturas: olvidaos por un momento del director desinteresado de que hablamos poco ha, para acordamos del director sabio; añadid también del director aplicado e incansable. Cinco horas diarias están señaladas en el reglamento para asistencia a la escuela, y esto mismo ha llenado de satisfacción a este cuerpo. ¡Pero cómo! siempre enseñando hasta con el ejemplo de sus ocupaciones, mientras que los alumnos desempeñaban las operaciones de su encargo. Agregad a esto, que a pocos días del establecimiento, así puedo decirlo, quedó solo con el cuidado y de único director y con su constante aplicación venció las dificultades que podéis traslucir presentan los diferentes estudios a estos jóvenes, pues por no despedirlos y desanimarlos se han recibido a los que han ocurrido con deseo de aprender en muchas y diferentes épocas, la que hubiese sido posible seguir a un mismo tiempo con todos en el estudio de tantas y tan variados materias. Ya se deja conocer que sólo la aplicación podría sobrellevar un peso tan enorme, y como una causa motriz sostener esta máquina en el vigor o su resorte, para producir tales efectos. Pero yo he abierto heridas demasiado profundas a su modestia, hagamos alguna vez al verdadero mérito la injusticia de no elogiarlo, o vengan a sustituirme en esta obligación sus mismos alumnos, monumentos prácticos y multiplicados del que ha contraído D. Pedro Antonio Cerviño. Sí, señores, su dedicación al estudio ha sido constante e infatigable y muchos de ellos por la teoría pueden competir y sin duda exceder a infinito número de pilotos. No creáis que sólo han dado muestras de sus talentos en los certámenes, y que acaso habrán dedicándose al estudio para sólo estos actos con el objeto de salir con lucimiento. No ha sido así, pues en los exámenes privados que hay cada tres meses en la Academia, han desempeñado a satisfacción del director y de los individuos consulares que concurren a ellos según el reglamento, las preguntas que se les han hecho conforme a su ocupación, sin dar lugar a reconvenciones, y sin que se hayan visto en la precisión de imponer las penas que para estos casos están dispuestas en contra de los inaplicados. Todo esto manifiesta la asiduidad en el trabajo, puesto que sin ella no es posible posesionarse de unos conocimientos cuya entrada es tan árida y tan penosa; no pudiendo vencer el desfallecimiento que imprime aun a los hombres formados, cuyo entendimiento está acostumbrado a la meditación, sin abandonar las distracciones propias a la edad y trabajar con constancia."

miércoles, 11 de marzo de 2026

Belgrano y la Educación. Su pensamiento. -11 -03 -2026 -

BELGRANO Y LA EDUCACIÓN Abarca con visión amplia a la institución educativa para el trabajo, con los profesores y los alumnos: Considera que sólo se logrará con un gran trabajo de educación para formar los trabajadores aptos. En 1799 logra convencer al Consulado para que se funde una Escuela de Geometría, Arquitectura y Dibujo, que se fusionará poco después con una Escuela de Náutica. Organiza cada detalle en el Reglamento. A estas escuelas tienen derecho a ingresar los indios, al igual que los americanos y los peninsulares y reserva cuatro vacantes para huérfanos. En un discurso de 1802, Belgrano presentará sus ideas acerca de lo que esperaba de la Escuela de Náutica: «…saben que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas provincias; saben que ya tienen de quién echar mano para que conduzcan los buques; saben que con los principios que en ella se enseñan tendrán militares excelentes; y saben también que hallarán jóvenes que con los principios que en ella adquieren, como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, la matemática, presentarán al universo, desde el uno hasta el otro polo, el cuño inmortal del celo patrio.» Combate el mal de la ignorancia durante todo el servicio a la Patria " Debemos tratar de inspirar sentimientos patrióticos /.../ con mucha particularidad a los Naturales del suelo Americano, y para atraerlos y reunirlos a nosotros." (Santa Fe, octubre de 1810) "No hay que perder instante de que los paisanos se instruyan en sus derechos, y los de la Patria; exhorte Ud. a los Curas a que les expliquen; así conseguiremos que se entusiasmen con razón y justicia, y no haya quien sea capaz de desviarlos de sus obligaciones. (Candelaria, marzo de 1811) "Comuníqueme /.../ la disposición de nuestros paisanos, los Naturales, para defender su libertad; es preciso hacerles entender el inestimable valor de una prenda tan preciosa /.../ (Corrientes, sept. de 1811) Insiste en la necesidad de escuelas "Cada vez anhelo más por la apertura de estos establecimientos, y por ver sus resultados. porque conozco diariamente la falta que nos hacen." (Potosí, julio de 1813) La Asamblea del Año XIII premia a Belgrano por el triunfo en Salta y le regala propiedades por 40.000 pesos. Él lo agradece y dona para cuatro escuelas en las que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad, hacia ésta y el Gobierno que la rige, en cuatro ciudades a saber: Tarija, Potosí, Tucumán y Santiago del Estero porque "carecen de un establecimiento tan esencial e interesante a la Religión y al Estado y aún de medios para realizarlo" (Jujuy, marzo de 1813) Insiste en que los principios religiosos son fundamentales "Desengañémonos, que mientras la base principal no sea la Religión Santa que profesamos, en balde se fatigarán, todo ha de ir a su ruina, no lo quieren creer, pero la experiencia se los hará ver." (Jujuy, mayo 1813) "Celebro /.../ las demostraciones religiosas más que todo; con éstas ganamos con Dios, con la Generala, con los Pueblos, y con todo el Mundo; ojalá que jamás nos desviemos de ellas." educacion.jpg "Remito dos Banderas y dos Estandartes para que se coloquen en el Templo de Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, como dedicadas por el Ejército de mi mando en demostración de la gratitud a tan Divina Señora, por los favores que mediante su intercesión nos dispensó el Todopoderoso /.../ (Tucumán, octubre de 1812) Trata de mantener el norte cerrado al ejército del Perú, hasta que San Martín pueda llegar a Lima desde Chile, y le duele el egoísmo que encuentra: "¡Infelíz País en el que sus hijos abriguen pasiones tan pueriles, tan ridículas, tan indecentes, y no perdonen medio de satisfacerlas! Dios quiera iluminarnos y desengañarnos a todos, de que no hay más ruta para salvarnos que la unión." (Tucumán, enero de 1818)

Belgrano y el cáñamo. Hombre Economista. - 11- 03 - 2026 -.

BELGRANO, ECONOMISTA Y HOMBRE DE PRODUCCIÓN. Damián Zanni Manuel Belgrano no fue solamente el creador de la bandera ni un militar improvisado por las circunstancias de la revolución. Antes que nada fue un economista formado en Europa, profundamente influido por las ideas fisiocráticas, que sostenían que la riqueza de una nación nace del trabajo sobre la tierra y de la producción real. Desde su cargo en el Consulado de Buenos Aires observó con preocupación la pobreza creciente del Virreinato del Río de la Plata y comprendió que el atraso económico no era producto del destino sino de un sistema colonial que impedía desarrollar la agricultura y la industria local. El Consulado de Buenos Aires, del cual Belgrano fue secretario desde 1794, era prácticamente el único organismo desde donde podía pensarse el desarrollo económico de la región. Allí presentó memorias anuales en las que insistía en la necesidad de diversificar los cultivos, fomentar la industria y educar técnicamente a la población. Para Belgrano no bastaba con producir materias primas para enviarlas a Europa: era indispensable generar manufacturas locales y transformar la economía del Río de la Plata en una economía productiva y autosuficiente. En ese contexto Belgrano estudió diversos cultivos capaces de generar riqueza y trabajo. Entre ellos se encontraba el lino y el cáñamo, plantas que en Europa tenían un uso extendido en la industria textil, naval y papelera. Para Belgrano el cultivo de estas especies podía transformar la economía rioplatense, generar manufacturas locales y reducir la dependencia de productos importados. EL CÁÑAMO COMO MOTOR INDUSTRIAL El cáñamo era, para Belgrano, una planta de enorme valor económico. De su fibra podían fabricarse telas resistentes, sogas, velas y múltiples materiales indispensables para la navegación. En una época en que el comercio marítimo era la base del intercambio mundial, disponer de esa materia prima significaba poseer un recurso estratégico. Belgrano sabía que las grandes potencias europeas utilizaban masivamente el cáñamo para sostener sus flotas mercantes y militares. Las sogas, los aparejos y muchas piezas navales se elaboraban con esa fibra. Incluso el papel utilizado en numerosos documentos oficiales se fabricaba con este material. Comprendía entonces que fomentar su cultivo no solo fortalecería la economía agraria, sino también permitiría impulsar industrias derivadas indispensables para el desarrollo nacional. Por eso en 1797 redactó un texto titulado Utilidades que resultarán a esta provincia y a la península del cultivo del lino y el cáñamo, donde explicó con claridad los beneficios económicos de esta planta y detalló recomendaciones concretas para su siembra y producción. UNA HERRAMIENTA CONTRA LA MISERIA La preocupación central de Belgrano era la pobreza que veía entre los habitantes del Río de la Plata. Su proyecto no se limitaba a aumentar la producción sino a generar trabajo para los sectores más humildes. En sus escritos señalaba que el cultivo y procesamiento del lino y del cáñamo podía ofrecer empleo a miles de personas que hoy padecían miseria. Particularmente destacaba el papel que podrían tener las mujeres pobres en la industria textil derivada de estas fibras. En una sociedad donde muchas de ellas quedaban marginadas del trabajo productivo, Belgrano veía en estas actividades una salida digna que permitiría combatir el hambre y la mendicidad. Su propuesta tenía por lo tanto una dimensión social muy clara: transformar la producción agrícola en una herramienta para aliviar la desigualdad. Esta preocupación social estaba íntimamente ligada a su proyecto educativo. Entre 1799 y 1812 impulsó la creación de escuelas de Náutica, Agricultura, Matemáticas y Dibujo, convencido de que una nación solo podía progresar si formaba técnicos, artesanos y marinos capaces de sostener su propio desarrollo. En ese esquema productivo el cáñamo tenía un papel central, ya que la industria naval necesitaba enormes cantidades de fibras para fabricar velas, sogas y aparejos. Belgrano aspiraba a que el Río de la Plata tuviera barcos propios, comercio propio y una economía capaz de sostener su independencia. EL BLOQUEO DEL MONOPOLIO COLONIAL Pero el proyecto de Belgrano chocaba con un obstáculo fundamental: el sistema económico impuesto por la Corona española. El comercio colonial estaba controlado por los monopolios peninsulares que lucraban con la importación de productos manufacturados a América. Permitir que las colonias produjeran sus propias telas o insumos significaba quitarle ganancias a esos grupos privilegiados. El sistema mercantilista obligaba a las colonias a exportar materias primas baratas e importar productos elaborados desde Europa. Esta estructura impedía el desarrollo industrial americano y aseguraba la dependencia económica. Por esa razón muchas de las iniciativas productivas impulsadas desde el Consulado fueron frenadas o ignoradas por los intereses comerciales de Cádiz. El desarrollo de cultivos industriales en el Río de la Plata no convenía a quienes dominaban el comercio imperial. Así, la idea de transformar el cáñamo en un motor económico quedó relegada pese a la insistencia de Belgrano. Una vez más, el colonialismo bloqueaba cualquier intento de construir una economía autónoma en estas tierras. UNA IDEA ADELANTADA A SU TIEMPO Con el paso de los siglos el cáñamo quedó envuelto en confusiones y prejuicios debido a su relación con el cannabis psicoactivo. Sin embargo, la variedad industrial utilizada históricamente posee niveles mínimos del componente que produce efectos psicotrópicos. Su valor siempre estuvo en la fibra, las semillas y sus múltiples aplicaciones industriales. La intuición de Belgrano sobre el potencial productivo de esta planta fue notablemente moderna. Hoy se conocen decenas de usos posibles: textiles, alimentos, bioplásticos, papel, materiales de construcción y derivados medicinales. Aquella propuesta que el prócer imaginó para combatir la pobreza y diversificar la economía anticipaba debates que recién en el siglo XXI comienzan a retomarse con seriedad. LA VISIÓN PRODUCTIVA DEL PADRE DE LA PATRIA La preocupación de Belgrano por el cultivo del cáñamo revela una faceta muchas veces olvidada del prócer. Su pensamiento económico estaba profundamente ligado a la idea de soberanía productiva. Para él una nación libre debía ser capaz de aprovechar sus recursos naturales, desarrollar industrias propias y generar trabajo para su pueblo. En 1796 dejó escrita una frase que resume su pensamiento: “Nadie duda de que un Estado que posea con la mayor perfección el verdadero cultivo de su tierra es el verdadero país de la felicidad, pues en él se encontrará la verdadera riqueza”. En esas palabras se expresa la convicción de que la prosperidad de un país no nace de la especulación ni del comercio dependiente, sino del trabajo productivo y del desarrollo de sus propias capacidades.

El Tambor de Tacuarí. - 11-03-2026.-

El Tambor de Tacuarí. El día de hoy, en Concepción del Yaguareté Corá, Corrientes (lugar dónde nació Pedro Ríos); con la presencia del vicegobernador Dr. Pedro Braiard Pocar y los senadores Sergio Flinta y Noel Breard, se conmemoró el aniversario del paso a la inmortalidad de Pedro Ríos "El Tambor de Tacuarí", y "Día del Niño Correntino". Dentro de los actos de homenaje tuvieron su presentación la Guardia de Honor Municipal "Pedro Ríos" formada por niños y jóvenes de la localidad y que tienen en Pedro Ríos y en el Gral. Belgrano a sus patronos y ejemplos de patriotismo. También en la ocasión se constituyó la Asociación Belgraniana de Concepción del Yaguareté Corá, que estará presidida por el Prof. Carlos Romero.

Belgrano enfermo viaja a Buenos Aires. Legado a su hija,1820.- 11-03-2026-

22 de enero de 1820: Belgrano muy enfermo, próximo a marchar a Buenos Aires, lega a su hija Manuela Mónica del Corazón de Jesús (en ese momento con 8 meses) la casa que el Cabildo de Tucumán le había donado y que era su modesta residencia en dicha ciudad. El documento que se encuentra en el Archivo Histórico de Tucumán dice: “La quadra de terreno contenida en la donación que me hizo la Municipalidad y consta en los documentos antecedentes, con todo lo en ella edificado por mí, pertenece por derecho de heredad a mi hija Da. Manuela Mónica del Corazón de Jesús, nacida el cuatro de mayo de mil ochocientos diez y nueve en esta capital, y bautizada el siete, siendo sus padrinos Dña. Manuela Liendo y Dn. Celestino Liendo, hermanos y vecinos de la misma, para que conste los firmo hoy 22 de enero de 1820 en la Valerosa Tucumán, rogando a las juntas militares como a las civiles le dispensen toda justa protección. Belgrano”. Si bien la niña no fue inscripta con el apellido Belgrano, no obstante ello, Manuel la reconoció en este documento, aunque luego ya en Buenos Aires cuatro meses después, al redactar testamento alega no tener hijos pero hace reconocimiento expreso al instruir a su hermano el cura Domingo Estanislao, albacea de su herencia, acerca de que debía velar por la educación de Manuelita y que una vez pagadas sus deudas, los fondos disponibles sean aplicados a la atención de su hija, cosa que se cumplió puntualmente. Este documento sale a luz legal y oficialmente, cuando después de muerta la hija del Prócer, su viudo Manuel Vega Belgrano, sustanció una información testimonial canónica mediante la cual se determinó su filiación. Y tal trámite se realizó, precisamente porque debía incluirse en la sucesión de Manuela, lo que a esa fecha quedaba del inmueble de San Miguel de Tucumán. Obviamente esta información sumaria, se tramitó en Tucumán, actuando en representación de los herederos de Manuela Mónica, Don Prudencio Santillán.

La batalla de Carmen de Patagones. Soberanía Argentina.-11-03-2026

CARMEN DE PATAGONES: LA BATALLA QUE DEFENDIÓ LA SOBERANÍA DE LA PATAGONIA ARGENTINA Por Revisionismo Historico Argentino LA GUERRA CONTRA EL IMPERIO Y LA IMPORTANCIA DE PATAGONES La batalla de Carmen de Patagones del 7 de marzo de 1827 se produjo en el marco de la guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil por la soberanía de la Banda Oriental. Mientras los grandes combates se libraban en el Río de la Plata y en el territorio oriental, en el extremo sur del país existía un pequeño pueblo que, sin proponérselo al principio, se había transformado en una pieza estratégica de la guerra: el antiguo Fuerte y Población de Nuestra Señora del Carmen de Patagones. El bloqueo naval que el Imperio del Brasil había impuesto sobre el puerto de Buenos Aires obligó a los patriotas a recurrir a la guerra de corso. Los corsarios, autorizados por el gobierno de las Provincias Unidas, hostigaban el comercio imperial capturando buques enemigos. Carmen de Patagones, aislado y lejano de los principales teatros de operaciones, se convirtió entonces en un refugio seguro para estas naves. Allí reparaban barcos, descargaban presas y se reorganizaban para nuevas expediciones contra el comercio brasileño. Para el Imperio del Brasil aquella base corsaria se transformó en un problema serio. El almirante Rodrigo Pinto Guedes, barón de Río da Prata, decidió entonces eliminar ese foco de operaciones mediante un golpe decisivo: destruir el puerto de Patagones, capturar el fuerte y establecer en la Patagonia una base militar desde la cual abrir un nuevo frente contra Buenos Aires. El objetivo no era menor: si el imperio lograba instalarse allí, la Patagonia podía quedar bajo influencia extranjera. Lo que estaba en juego no era sólo un pueblo remoto, sino la soberanía argentina sobre el extremo sur del territorio. UNA EXPEDICIÓN IMPERIAL CONTRA UN PUEBLO AISLADO Para llevar adelante la operación se organizó una expedición naval al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd, al servicio del Imperio del Brasil. La escuadra estaba integrada por cuatro buques: la corbeta Duqueza de Goyas, nave insignia de Shepherd; la corbeta Itaparica, al mando de Guillermo Eyre; el bergantín Escudeiro, comandado por Luis Pouthier; y la goleta Constanza, al mando de Joaquim Marques Lisboa, quien años más tarde sería el célebre almirante Tamandaré de la marina brasileña. La fuerza invasora superaba los seiscientos hombres, entre marineros, soldados y oficiales, muchos de ellos extranjeros al servicio del imperio. Frente a esa escuadra, Carmen de Patagones parecía prácticamente indefenso. El comandante del fuerte, coronel Martín Lacarra, apenas contaba con un centenar de infantes y algunas piezas de artillería en la batería del río. A esa fuerza se sumaron vecinos armados, un grupo de negros libertos organizados como infantería bajo el coronel Felipe Pereyra y unos ochenta gauchos a caballo guiados por el baqueano José Luis Molina. También participaron marinos corsarios de distintas nacionalidades, entre ellos los comandados por Santiago Jorge Bynon, Pedro Dautant y James Harris, cuyas tripulaciones decidieron defender el puerto. Toda la población participó en la defensa. Incluso las mujeres colaboraron activamente en el engaño táctico que preparaban los defensores: utilizando palos, gorros militares y uniformes improvisados, simularon la presencia de columnas de refuerzo para hacer creer al enemigo que el pueblo contaba con muchas más tropas de las que realmente tenía. Entre los defensores se encontraba también un soldado afrodescendiente que con el tiempo se volvería legendario en la historia local: Felipe “La Patria”, uno de los combatientes de aquella jornada que viviría más de un siglo y moriría en 1892 a los 104 años. LAS DIFICULTADES DEL RÍO NEGRO Y LA MARCHA DEL EJÉRCITO INVASOR La escuadra imperial apareció frente a la desembocadura del río Negro a fines de febrero de 1827. El 28 de febrero el bergantín Escudeiro logró ingresar al río enarbolando engañosamente la bandera de las Provincias Unidas para acercarse a las defensas. La batería del coronel Pereyra abrió fuego, pero la escasez de municiones permitió que el buque avanzara río arriba seguido por la corbeta Itaparica. Sin embargo, el río Negro se convirtió en un obstáculo inesperado para los invasores. Sus bancos de arena y su escasa profundidad complicaron la navegación de los buques imperiales. La corbeta Duqueza de Goyas, nave insignia de la expedición, quedó encallada en los bancos exteriores y terminó perdiéndose tras varios días de esfuerzos inútiles por liberarla. Otros barcos también sufrieron encalladuras que debilitaron seriamente a la escuadra.Ante estas dificultades, Shepherd decidió atacar el pueblo por tierra. Durante la madrugada del 7 de marzo desembarcó una columna de aproximadamente cuatrocientos hombres que inició la marcha hacia Carmen de Patagones atravesando montes cerrados, arenales y matorrales espinosos. La travesía fue terrible. Los soldados imperiales se extraviaron durante la marcha y se alejaron del río, quedando casi veinticuatro horas sin agua bajo un calor sofocante. El único alimento disponible era carne salada, lo que agravaba la sed y el agotamiento. Cuando finalmente llegaron al Cerro de la Caballada, a pocos kilómetros del pueblo, las tropas estaban completamente extenuadas. EL COMBATE DEL CERRO DE LA CABALLADA Y LA DERROTA DEL IMPERIO Mientras los brasileños avanzaban sin saberlo hacia su destino, los milicianos criollos ya habían descubierto sus huellas. Los hombres del subteniente Sebastián Olivera y los gauchos del baqueano José Luis Molina patrullaban la zona cuando detectaron el rastro de la columna enemiga. De inmediato se prepararon para interceptarla. Cuando los invasores intentaron ascender al Cerro de la Caballada, fueron sorprendidos por el fuego de los defensores. En los primeros disparos cayó muerto el comandante James Shepherd. La muerte del jefe sembró confusión entre los soldados imperiales. Los gauchos y milicianos aprovecharon el desconcierto y rodearon a los invasores mediante tácticas de guerrilla. Los pastizales fueron incendiados y el humo envolvió a las tropas brasileñas, que ya estaban exhaustas por la marcha. Desorientados y creyendo enfrentarse a una fuerza mucho mayor, los imperiales comenzaron a retirarse hacia el río. Pero la situación allí era aún peor para ellos. Mientras se desarrollaba el combate terrestre, la flotilla corsaria al mando de Santiago Jorge Bynon había atacado a los buques imperiales atrapados en el río. El bergantín Escudeiro fue capturado tras la muerte de su capitán, luego cayó la goleta Constanza y finalmente la corbeta Itaparica. Cuando el nuevo jefe de la expedición, Guillermo Eyre, comprendió que la escuadra estaba perdida y que la fuerza de desembarco había sido derrotada, no tuvo otra opción que rendirse. El resultado fue contundente: las fuerzas patriotas capturaron tres buques de guerra, veintiocho cañones, abundante armamento y tomaron 579 prisioneros. Las naves capturadas fueron rebautizadas Ituzaingó, Patagones y Juncal, e incorporadas posteriormente a la escuadra del almirante Guillermo Brown. UNA VICTORIA DECISIVA PARA LA SOBERANÍA DE LA PATAGONIA La victoria de Carmen de Patagones fue una de las más sorprendentes de la guerra contra el Imperio del Brasil. Un pequeño pueblo aislado, defendido por gauchos, negros libertos, corsarios y vecinos armados, logró derrotar a una expedición naval imperial muy superior en número y armamento. Pero el significado de aquella jornada va mucho más allá del combate en sí. Si el Imperio del Brasil hubiera logrado ocupar Patagones, habría establecido una base militar en el extremo sur del territorio, lo que podía abrir la puerta a disputas sobre la Patagonia atlántica. La derrota imperial frustró definitivamente ese intento. Por eso la batalla de Carmen de Patagones no fue simplemente una victoria militar: fue una defensa directa de la soberanía argentina sobre la Patagonia. Allí, en los confines del país, un pueblo entero se levantó para enfrentar a un imperio y aseguró que aquellas tierras continuaran formando parte de la Nación Argentina. Como recuerdo de aquella gesta, siete banderas imperiales brasileñas fueron capturadas. Dos de ellas todavía se conservan en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, donde siguen siendo símbolo de una jornada en la que gauchos, marinos, negros libertos y vecinos comunes derrotaron a un imperio y defendieron para siempre la Patagonia argentina. Damian Leandro Zanni

domingo, 8 de marzo de 2026

La mujer en la historia argentina. - 08 - 03 -2026 -

LA MUJER EN LA HISTORIA ARGENTINA. Esteban Dómina. El 8 de marzo fue declarado Día Internacional de la Mujer por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) La fecha evoca un acontecimiento trágico —el incendio intencional que en 1908 causó la muerte de trabajadoras en una hilandería de Nueva York— adoptado como emblema para instalar en el calendario una jornada global de reflexión y debate acerca de la situación de la mujer y nuevos que enfrenta. Puertas adentro, la fecha invita a repasar la presencia de la mujer en distintas épocas de la historia argentina. Planteado dicho propósito, se presenta un primer y gran problema: hallarlas, recuperar sus nombres, reconstruir su presencia. La mayoría, salvo honrosas excepciones, quedaron sumidas en el anonimato, a punto tal que podría escribirse una historia paralela: la de mujeres ausentes, borradas del relato historiográfico, como si no hubiesen existido. Ello es así, como ocurrió en casi todas partes, debido al absurdo paradigma cultural del pasado que invisibilizó a las mujeres a la hora de contar la historia. El relato tradicional fue concebido por historiadores clásicos cuya visión, acorde al modelo patriarcal reinante, era que la esfera de lo público pertenecía exclusivamente al hombre, en tanto que a la mujer le correspondía desenvolverse no más allá del ámbito del hogar y la familia. Así fue que el estereotipo femenino, concebido por la historiografía oficial y reproducido durante décadas por el sistema educativo, reconoce dos modelos femeninos: el de unas pocas mujeres patriotas, un selecto elenco de damas recordadas por méritos de menor relevancia comparados con lo que estaba en juego e incumbía a los hombres. Y el de esposas sacrificadas, hijas ejemplares y madres abnegadas, aludidas casi como meras portadoras de apellido. En el primer grupo, los manuales escolares mencionaban a Mariquita Sánchez de Thompson por haber facilitado su reputado salón para estrenar la canción patria, las Niñas de Ayohuma que auxiliaron a los heridos de ese combate, Francisca Bazán de Laguna por proveer la legendaria casa donde se declaró la independencia, las patricias mendocinas que donaron joyas y cosieron la bandera del Ejército de los Andes. En el segundo grupo se incluía puntillosamente a Remedios Escalada, Mercedita y Manuelita, y Paula Albarracín, presentadas como modelos ejemplares de esposa, hijas y madre, respectivamente, de hombres célebres como José de San Martín, Juan Manuel de Rosas y Domingo F. Sarmiento. De amantes y barraganas, ni una palabra, como si Damasita Boedo, María Eugenia Castro o Aurelia Vélez no hubieran existido, como tantas otras. Sin embargo, las mujeres estuvieron presentes y activas en todas las épocas, sufriendo iguales vicisitudes que los hombres de su tiempo. Lucharon junto a los grandes protagonistas de las azarosas horas fundacionales como San Martín, Manuel Belgrano y Miguel Martín de Güemes; fueron parte intensa de las vidas de Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia, Rosas, Sarmiento, Julio A. Roca y muchos otros; pelearon las guerras, acompañaron a los caudillos federales, participaron desde siempre del mundo laboral, fueron pioneras de la educación y viga maestra de la familia y la sociedad. Debieron transcurrir muchas décadas para que la inequidad apuntada fuera reparada, aunque no del todo, porque sobre la memoria de muchas mujeres insignes sigue pesando un inexorable manto de olvido. Con el paso del tiempo, los nombres rescatados que fueron saliendo a la luz permitieron reconstruir una galería de luchadoras en distintos roles en diferentes etapas históricas: Mariquita Sánchez, ya citada; Juana Azurduy, María Remedios del Valle, Macacha Güemes y muchas más mujeres comprometidas con la causa de la libertad y la independencia en la primera hora patria. Victoria Romero y Dolores Díaz, insignes compañeras de los caudillos Ángel Vicente Peñaloza y Felipe Varela, respectivamente. Juana Manso, Juana Manuela Gorriti, Olga Cossettini, Rosario Vera Peñaloza, puntales de la educación universal. Las incansables sufragistas en tiempos adversos a los derechos de la mujer: Julieta Lanteri, Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Alicia Moreau, por citar solo algunas de las que bregaron para alcanzar el derecho al voto. Excelsas referentes en el ámbito de la cultura, como Rosa Bazán de Cámara, Alfonsina Storni, María Rosa Oliver y Delfina Bunge; Silvina Ocampo y María Elena Walsh, más acá en el tiempo. En el ámbito de la política, el más alambrado, las primeras damas eran apreciadas por su bajo perfil. El pico más alto de protagonismo femenino lo marcó la irrupción de María Eva Duarte en la alta esfera política, un terreno hasta entonces vedado a la mujer. Más acá en el tiempo fueron mujeres —madres y abuelas— quienes desafiaron el terrorismo de Estado reclamando por la aparición con vida de sus seres queridos. En las últimas décadas, el ascenso social de la mujer fue sostenido, ganando terreno en el plano de la igualdad de derechos y oportunidades, aunque subsisten problemas de larga data que, lejos de atenuarse, se agigantaron en extremo, como la violencia de género que viene dejando un tendal de femicidios. En síntesis, las mujeres argentinas transitaron épocas signadas por la exacerbación del poder masculino y debieron desenvolverse en el estrecho margen que les era permitido. A lo largo del tiempo bregaron arduamente para cambiar esa realidad, una lucha que continua. Vaya para todas ellas, las mujeres visibles e invisibles de la Historia, un merecido homenaje en su Día.

Homenaje a la mujer. Belgrano promotor del rol de la mujer. -08 - 03- 2025-

Asociación Belgraniana de Morón 8 de marzo de 2025 Homenaje del Instituto Nacional Belgraniano a la Mujer, recordando algunas de las obras y acciones de Manuel Belgrano en favor de las niñas y mujeres de la Patria naciente. Manuel Belgrano; Promotor del Rol de la Mujer. “(…) las mujeres - fundamentaba Manuel Belgrano - son las encargadas de mejorar la sociedad porque ellas son las que forman a los ciudadanos, son las moderadoras, el instrumento fundamental para el cambio social, y era necesario educarlas para que pudieran cumplir con una misión tan significativa (…)”. Período virreinal: Belgrano fue un verdadero pionero en promover el rol social de la mujer en el Río de la Plata. En su cargo, como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires (1794 - 1810), a través de las Memorias anuales se ocupó del tema y también a través de artículos en el Correo de Comercio. Belgrano, en la Memoria “Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor”, 15 de julio de 1796, manifestó un verdadero plan educativo, proponiendo la creación de escuelas: en primer lugar, escuelas gratuitas de primeras letras para niñas y para niños, de agricultura, hilaza de lana, de comercio, de dibujo y de náutica, Muy pocas de estas escuelas pudieron establecerse, entre ellas: la Escuela de Dibujo y una Academia de Náutica. El proyecto de Belgrano comprendía la enseñanza de primeras letras (hoy en día enseñanza primaria) pública, gratuita y obligatoria para niñas y niños. Fue el pionero en la educación femenina. Se les debería enseñar a las niñas doctrina cristiana, a leer, escribir, coser, bordar y principalmente inspirarles el amor al trabajo para apartarlas de la ociosidad tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres. Ello les permitiría reunir el dinero necesario para la dote y acceder al matrimonio y ser madres de familia. Es una constante en el pensamiento belgraniano la valorización de la educación y el trabajo, para la formación integral de las personas. Su labor no se vio limitada a las Memorias Consulares, también desarrolló una importante prédica en los periódicos de la época. Belgrano en un artículo del Correo de Comercio, del 21 de julio de 1810, destacaba la necesidad que la política generara buenas costumbres esenciales para la felicidad moral y física de la nación. Esta tarea debía estar en manos fundamentalmente de la mujer, dado que ella era la que formaba a los futuros ciudadanos. Describía en estos términos cuál era la situación de la mujer en esos momentos: “(…) La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado?. ¿Cómo ha de desenrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos?. ¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu y que estas calidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden? (…)”. Por otra parte en la Memoria de 1796 también propuso el establecimiento de escuelas de hilazas de lana para ambos sexos, dentro de su plan de enseñanza de oficios, para desterrar la ociosidad y remediar la indigencia de los jóvenes de ambos sexos. Instituyó premios a los mejores hilados hechos por las niñas del Colegio de San Miguel Arcángel, colegio de niñas huérfanas. 6 Además, en la Memoria “Utilidades que resultarían a esta provincia y a la Península del cultivo del lino y cáñamo”, 9 de junio de 1797, propuso que las mujeres se ocuparan de diversas operaciones relativas a su fomento. Las mujeres de las clases más favorecidas, además de recibir educación, deberían realizar tareas de asistencia a pobres y enfermos en las Iglesias, al tiempo de hacerse cargo de escuelas de enseñanza para las niñas, donde también se les enseñara alguna “especie de industria”. Cada parroquia debería tener un médico para los pobres, viviendo en ella, y se evitaría por este medio que tuvieran que recurrir a los hospitales. Es decir, que Belgrano buscó que la mujer no estuviera reducida al ámbito puramente doméstico, sino que también se insertara en un rol social. Las mujeres de los sectores populares, a través de la educación durante los primeros años y después incorporándose al mundo del trabajo (aprendizaje de oficios mujeriles) y las mujeres de la elite, luego de haberse educado, desempeñando tareas, que hoy en día denominamos sociales, en las parroquias, brindando asistencia a pobres y enfermos y educación a las mujeres pobres, alentándolas en sus trabajos. Período Patrio: la mujer irrumpe en el movimiento revolucionario. Más allá del marco del hogar, las mujeres en el Río de la Plata tuvieron una gran participación social. Estamos hablando de una sociedad multirracial y multicultural, donde encontramos mujeres aborígenes, blancas, mestizas y negras. A partir de la Revolución de Mayo se dio una marcada “politización” de la sociedad. Las de las clases altas participaron a través de los Salones y Tertulias. En ellas, para asombro de algunos viajeros ingleses, discutían con total naturalidad y apasionamiento de los temas políticos. Se dividían en realistas y patriotas. La mujer también estuvo presente en la Guerra de la Independencia, acompañando a los ejércitos patriotas y realistas, ya fuera como vivanderas, enfermeras, “bomberos” (espías), etc. Nuestras mujeres del Norte y de Cuyo participaron activamente en la Gesta de la Independencia. Desde el punto de vista de la producción confeccionaron la ropa para el grupo familiar y se hicieron cargo de sostener a las familias cuando los hombres marcharon a formar parte de los ejércitos. Cosieron los uniformes militares, bordaron las banderas y elaboraron los ponchos de nuestras tropas. Algunas, no solo acompañaron a los ejércitos realizando diversas funciones y exponiendo sus vidas, sino que empuñaron las armas. La participación de la mujer en las campañas libertadoras también estuvo presente por medio de donaciones. A modo de ejemplo, Doña Gregoria Pérez Ilarramendi de Deniz, distinguida y rica viuda, puso a disposición de Belgrano en su marcha al Paraguay, como Jefe de la Expedición Libertadora al Paraguay en 1810, sus haciendas, casas, criados y otros bienes. Belgrano agradeció, señalando que “(…) jamás olvidará una efusión tan sincera en beneficio de la Santa Causa que defendemos (…)”. En los frentes de guerra del Alto Perú (actual Estado Plurinacional de Bolivia) y las Intendencias de Salta y Tucumán, hubo una importante participación de las mujeres en las filas patriotas. Debemos tener en cuenta que la guerra se extendió desde 1810 hasta 1825, cuando la Batalla de Tumusla (1º de abril de 1825) puso fin al último resto del poder realista en la América del Sur. Belgrano fue dos veces General en Jefe del Ejército Auxiliador del Perú: en 1812 - 1814, cuando tuvo lugar la Segunda Expedición Libertadora al Alto Perú, y 1816-1819, donde se destacó el accionar de Güemes, que enfrentó a los realistas en la “Guerra Gaucha” y los caudillos altoperuanos, “Guerra de Partidarios”. Mientras tanto, Belgrano a raíz de la falta de recursos se mantuvo con su ejército acantonado en Tucumán, pero pendiente de todas las operaciones patriotas. Debemos destacar que Belgrano, durante la Segunda Expedición Libertadora al Alto Perú, entró con sus tropas a Potosí y el 4 de julio de 1813 fue agasajado por las damas potosinas, quienes le obsequiaron la Tarja o Escudo de Potosí. Esta joya barroca, elaborada por orfebres potosinos, en oro y plata, más allá del innegable valor artístico tiene también un gran significado histórico. Evoca la ceremonia con la cual la ciudad de Potosí recibió a Belgrano y su ejército. Representa a la América del Sur, desde el Istmo de Panamá, incluyendo las Islas Malvinas y está coronada por la figura de un cacique. Una leyenda en oro designa a Belgrano “Protector de los Pueblos Americano”. Belgrano envió el obsequio desde Potosí, el 6 de septiembre de 1813, al Cabildo de Buenos Aires, en una muestra más de su constante desprendimiento. Lo acompañó con una lista de las setenta y siete damas potosinas que se lo regalaron. Destacamos la actitud de Belgrano de reconocer el accionar femenino, que nos permite rendirle homenaje a estas mujeres. En este frente de batalla que comprendía las Intendencias de Salta y Tucumán, las mujeres prestaron invalorables servicios al bando patriota. Todas las mujeres participaron de esta epopeya, desde la esclava hasta la matrona más encumbrada. Podemos citar entre otras: Juana Moro de López, Celedonia Pacheco de Melo, Magdalena Güemes de Tejada, alias Macacha, hermana de Juan Martín de Gúemes, Juana Manuela Torino, María Petrona Arias, Martina Silva de Gurruchaga y Andrea Zenarruza de Uriondo. Martina Silva de Gurruchaga llegó a alistar una compañía de soldados en Los Cerrillos, a pocas leguas al sur de la ciudad de Salta. Belgrano en recompensa de su accionar, le ofreció un riquísimo manto, en cuya orilla mandó bordar la siguiente leyenda: “A la benemérita patriota capitana del ejército doña Martina Silva de Gurruchaga”. Merece una especial mención María Remedios del Valle, una parda según el sistema de castas vigente. Nació en Buenos Aires y se desempeñó, junto con su marido e hijos, en el ejército a partir de la Primera Expedición al Alto Perú, bajo el mando de Juan José Castelli en julio de 1810. Posteriormente, acompañó al Ejército Auxiliador del Perú, bajo las órdenes de Belgrano y luego se desempeñó bajo las órdenes de Güemes y de Álvarez de Arenales. Sufrió todo tipo de desventuras, entre ellas azotes públicos por favorecer la fuga de oficiales patriotas. De regreso a Buenos Aires, pobre y enferma, mientras mendigaba por las calles porteñas, fue reconocida por el General Juan José Viamonte, quien gestionó su pensión en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Esta le otorgó el cargo de Sargento Mayor en 1829. Cargo que detentó hasta su fallecimiento, ocurrido en 1847. Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz, ambos oficiales de Belgrano, se refieren a ella en sus “Memorias”. Aráoz de Lamadrid mencionaba que una morena proveniente de Buenos Aires, la “tía María” a quien llamaban “madre de la patria”, en plena batalla de Ayohuma, mientras duraba el cañoneo como a las doce del día 14 de noviembre y con un sol que abrasaba la tierra, junto con sus dos hijas mozas, que se ocupaban de lavar con ella la ropa de los jefes y oficiales, constantemente condujo agua en tres cántaros que llevaban a la cabeza, desde un lago o vertiente situada entre ambas líneas y la distribuían entre los diferentes cuerpos, dándole un poco de alivio al ejército patriota. También José María Paz coincidía con este testimonio en sus memorias escritas en 1848. Bartolomé Mitre retomó estas memorias en su: “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina”, publicada en 1857, transmitiendo la versión que llegó hasta nuestros días de “Las niñas de Ayohuma”. Recientemente, se reconoció su accionar y en su honor por Ley 26.852, del 17 de julio de 2019, se estableció el 8 de noviembre como el “Día Nacional de los y las Afroargentinos y de la Cultura afro”. Para finalizar este artículo, solo nos resta decir que Belgrano mantuvo una actitud de coherencia a lo largo de su vida pública en las distintas circunstancias que le tocó actuar y ello también lo advertimos con respecto al papel de la mujer en la sociedad, que promovió como funcionario del Estado Hispano - colonial primero y luego cuando se desempeñó como General en Jefe de los Ejércitos de la Independencia de la Patria. Las mujeres junto con los hombres fueron artífices de esa Patria Naciente, con la que soñó y por la cual luchó el General Manuel Belgrano.

San Martín el Santo de la Espada. Reflexiones.- 8 - 03 -2026 -

"EL SANTO DE LA ESPADA", UNA EDICIÓN DE LUJO - 1 Por Isabel Plante. Entre las 14 ediciones de “El santo de la espada” que conserva el Museo Casa Ricardo Rojas se encuentra esta edición de 1950, de la cual hay otro ejemplar en la biblioteca del Instituto Nacional Sanmartiniano. Ricardo Rojas había publicado su biografía de José de San Martín por primera vez en 1933, y desde 1945 la editorial Losada la reeditaba con muy buena aceptación y grandes tiradas que, según se puede leer en la solapa, sumaban 200.000 ejemplares. La solapa también hace gala de que se había dispuesto lo mejor en tipografía, compaginación, impresión, encuadernación y calidad del papel. Además se habían encargado ilustraciones a Antonio Berni, quien había “compuesto con acierto y fidelidad histórica las hermosas láminas en negro y en colores”. Se trata de 16 imágenes de aspecto acuarelado, impresas a página entera e intercaladas a lo largo del libro. Esta edición fue realizada especialmente para el centenario de la muerte de José de San Martín en ese 1950 que había sido declarado por ley “Año del Libertador General San Martín”. Debajo del título, la cubierta muestra la imagen de un San Martín longilíneo y juvenil con su uniforme militar azul y rojo, el bicornio cubriendo su cabeza y una gran capa marrón. La figura se eleva en el primer plano de pie sobre una de las cumbres de la cordillera de los Andes. El índice de imágenes del libro la presenta como el Santo de la espada, en referencia a esta suerte de canonización laica que Rojas realizó con su hagiografía. El cruce realizado en el verano de 1817 en dirección a Chile parece repetirse en Paso de los Andes. En esta imagen, entre innumerables figuras que tapizan el paisaje montañoso, San Martín se destaca por su tamaño apenas mayor y por su capa blanca. Sin embargo, en la imagen que se utilizó para la portada, el episodio de su vida posiblemente más conocido adquiere mayor espesor simbólico, al prestarse para generar una imagen de grandeza con tintes románticos acordes con la intención de representar al libertador de alcance sudamericano. Una grandeza histórica que se convierte en un fenómeno visible gracias al contraste entre el tamaño de la figura del héroe y el del minúsculo soldado que se ve en el plano del fondo sosteniendo las riendas de un caballo. También en razón del paisaje montañoso de sombras azuladas, que enmarca a esta figura solitaria. Lo sublime de la inmensidad rocosa que lo rodea se le adhiere (el azul de la montaña se confunde con el del uniforme), aún con el aspecto algo aniñado que presenta esta estampa de nuestro héroe. Imagen: Carátula de esa edición.

sábado, 21 de febrero de 2026

Las Malvinas y la política exterior de la Confederación.-21 -02- 2026 -

LAS MALVINAS Y LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA CONFEDERACIÓN Por Revisionismo Historico Argentino Mientras la causa federal se afirmaba en el interior, el gobierno de Buenos Aires ejercía sin discusión actos concretos y efectivos de soberanía en sus posesiones australes. Ya en 1820 el coronel Jorge Jewitt, designado gobernador de las Islas Malvinas, notificó formalmente a los buques extranjeros la prohibición de la pesca de anfibios en esas costas. No se trató de una declaración retórica sino de un acto de autoridad ejercido ante terceros. En 1824 se concedió a Luis Vernet la Isla Soledad para establecer una colonia permanente, consolidando derechos previamente ejercidos por las Provincias Unidas como sucesoras de España. Vernet pobló, organizó y defendió el establecimiento con capital propio; introdujo ganado, levantó instalaciones, reglamentó la explotación de recursos y sostuvo la colonia allí donde franceses e ingleses habían fracasado. En 1829 fue nombrado comandante político y militar de las islas y de las costas adyacentes hasta el Cabo de Hornos, con autoridad efectiva, reglamentos, fuerza armada y artillería. Existía población, gobierno y jurisdicción. Los años 1829–1831 fueron precisamente los de mayor actividad en el archipiélago, con Puerto Soledad en pleno desarrollo, lo que desmiente cualquier insinuación de abandono o desinterés. EL CONFLICTO CON LOS ESTADOS UNIDOS Y EL ATROPELLO DE LA LEXINGTON Cuando buques norteamericanos persistieron en la pesca ilegal pese a reiteradas intimaciones, Vernet procedió conforme al derecho vigente y apresó las goletas Harriet, Superior y Breakwater. Los capitanes reconocieron la infracción y aceptaron someterse al juicio de Buenos Aires. Sin embargo, el cónsul estadounidense Slacum desconoció la jurisdicción argentina y promovió una reacción armada. En diciembre de 1831 la corbeta de guerra Lexington irrumpió en Puerto Soledad, inutilizó la artillería, destruyó instalaciones, saqueó bienes particulares y se llevó prisioneros, actuando como fuerza de represalia contra una población civil indefensa. El gobierno de Buenos Aires reclamó satisfacción e indemnización conforme al derecho de gentes, instruyendo al cuerpo legislativo sobre el origen y estado de la cuestión con los Estados Unidos mediante la publicación oficial de documentos en 1832. El encargado de negocios Baylies, lejos de reparar el daño, solicitó sus pasaportes y abandonó el país, dejando la cuestión abierta y debilitada la defensa material del archipiélago. LA REAPARICIÓN DE LA PRETENSIÓN BRITÁNICA Y LA USURPACIÓN DE 1833 Mientras los Estados Unidos se retiraban del escenario, la Gran Bretaña reapareció invocando una supuesta soberanía sobre las islas. El ministro Woodbine Parish ya había presentado en 1829 una protesta basada en el descubrimiento y la ocupación inglesa del siglo XVIII. Esa nota no fue contestada formalmente en medio de las graves convulsiones internas que atravesaba el país; pero el silencio diplomático jamás significó asentimiento, menos aún cuando los actos de dominio argentino eran públicos y notorios. Si Inglaterra aspiraba sinceramente a una respuesta, pudo reiterar su comunicación; nunca derivar de esa circunstancia un pretendido derecho a la acción armada. El 2 de enero de 1833 la corbeta británica Clio exigió la rendición de las autoridades establecidas en Puerto Luis y las desalojó por la fuerza. No medió tratado, cesión ni declaración de guerra. Fue un acto unilateral de ocupación armada contra un establecimiento organizado de un país con el cual mantenía relaciones amistosas. La explicación posterior de algunos autores británicos —según la cual la Clio fue enviada simplemente porque no se había respondido la protesta de Parish— desconoce los usos diplomáticos más elementales y la diferencia entre tomar posesión de un territorio desierto y expulsar autoridades legítimas. EL INTERCAMBIO DIPLOMÁTICO CON PALMERSTON La protesta argentina fue inmediata. Se declaró formalmente que, siendo las Provincias Unidas sucesoras de España en todos sus derechos, la Gran Bretaña no podía adquirir título alguno nuevo sobre las islas. Se protestó contra “la soberanía asumida últimamente en las islas Malvinas por la corona de la Gran Bretaña y contra el despojo y eyección del establecimiento de la República en Puerto Luis”, exigiendo las reparaciones correspondientes. La respuesta inglesa, presentada tras más de seis meses de demora, reiteró los argumentos ya esgrimidos: descubrimiento original, ocupación inglesa y restitución del establecimiento en 1771. Añadía que el retiro de 1774 no invalidaba sus derechos y que, al no haber sido contestada la protesta de 1829, el gobierno argentino no debía sorprenderse por lo ocurrido. Lord Palmerston negó además la existencia de cualquier promesa secreta y sostuvo que Inglaterra no podía reconocer a la Argentina derechos derivados de España que ella había negado a esta última. Tales argumentos no resisten examen. La falta de contestación formal no podía crear un derecho inexistente. Los actos de soberanía ejercidos por la República entre 1829 y 1831 eran el más claro desmentido a cualquier pretensión contraria. Por otra parte, Inglaterra había reconocido en distintos momentos la soberanía española en el Atlántico sur, comprometiéndose a no navegar ni comerciar en los mares del Sud en tratados anteriores y aceptando la restitución de 1771 con reserva expresa de derechos por parte de España. Desde 1774, año en que evacuó Puerto Egmont, guardó un prolongado silencio mientras España ejercía posesión exclusiva. Manuel Moreno replicó el 29 de diciembre de 1834 con un alegato orgánico y documentado en defensa de los derechos argentinos. Publicó además en Londres un folleto destinado a ilustrar a la opinión pública sobre el carácter violento de la ocupación. Las ulteriores reclamaciones argentinas fueron respondidas con negativas categóricas a discutir en forma leal los títulos respectivos. La cuestión quedó abierta, pero la posición argentina no varió. LOS FUNDAMENTOS HISTÓRICOS Y JURÍDICOS La soberanía española sobre las islas derivaba de la concesión pontificia y de la ocupación efectiva de los territorios del Atlántico meridional, reconocida en distintos instrumentos internacionales. Desde 1764 —como sucesora de Francia— hasta 1811 España ejerció posesión efectiva de Puerto Soledad, y desde 1774 lo hizo en forma exclusiva sobre todo el archipiélago. Inglaterra evacuó Puerto Egmont en 1774 y en 1790 se comprometió nuevamente a no establecerse en las costas orientales u occidentales de la América meridional ni en las islas adyacentes. Las Malvinas fueron incorporadas al gobierno y territorio dependiente de Buenos Aires por decisión española y esa situación no sufrió alteración hasta la Revolución. La República Argentina sucedió jurídicamente a España en todos sus derechos y obligaciones. Entre 1820 y el 2 de enero de 1833 ejerció ocupación pacífica y exclusiva del archipiélago, hasta que sus autoridades fueron desalojadas por la fuerza. Más tarde, en el tratado de reconocimiento, paz y amistad con España de 1863, la antigua metrópoli renunció a toda soberanía, derechos y acciones que le correspondieran sobre los territorios que integraban la Nación Argentina. Por su parte, Inglaterra no puede invocar ni primer ocupante, ni cesión válida, ni derecho derivado de tratado alguno con España o con la Argentina. Sólo tiene a su favor la ocupación precaria del siglo XVIII y el despojo violento de 1833. LA CUESTIÓN MALVINAS DURANTE EL SEGUNDO GOBIERNO DE ROSAS Rosas llega por segunda vez al gobierno en 1835, cuando las Islas Malvinas ya habían sido tomadas por Inglaterra. Desde 1838 el bloqueo francés y luego la intervención anglo-francesa agravaron la situación económica y financiera del país. Los acreedores ingleses, Baring Brothers y Cía., presionaban por el cobro del empréstito de 1824, cuya garantía comprometía el territorio nacional. Según Saldías, se insinuó la entrega de las Malvinas como forma de pago. Rosas respondió mediante su ministro Insiarte en 1843 proponiendo que, si el gobierno británico reconocía previamente los derechos argentinos sobre las islas, podría considerarse su cesión como parte de la solución de la deuda. La condición implicaba el reconocimiento expreso de la soberanía argentina, algo que Londres no podía admitir sin contradecir su propio acto de 1833. La propuesta ganó tiempo y neutralizó presiones, pero no fue aceptada. La cuestión territorial jamás fue cedida en derecho. Mientras tanto, continuaron las agresiones navales y el bloqueo del Río de la Plata. En ningún momento el gobierno argentino reconoció la legitimidad de la ocupación británica. La integridad territorial fue sostenida como principio constante, aun en medio del aislamiento y la guerra. CONCLUSIÓN La cuestión Malvinas se apoya en una cadena histórica coherente: soberanía española reconocida, posesión efectiva y exclusiva, sucesión jurídica argentina, ejercicio concreto de autoridad hasta 1833, protesta inmediata contra el despojo y mantenimiento invariable del reclamo. La ocupación británica carece de título originario válido y se funda en la imposición de la fuerza. Los documentos diplomáticos, los antecedentes históricos y la continuidad jurídica configuran un derecho que no nace de una reivindicación tardía, sino de la sucesión legítima y la posesión efectiva interrumpida por un acto de violencia.

Los dientes de Belgrano y la bochorno nacional.

LOS DIENTES DE BELGRANO Y LA VERGÜENZA NACIONAL Por Revisionismo Historico Argentino LA TUMBA OLVIDADA El 4 de septiembre de 1902, a las dos de la tarde, el atrio de la Iglesia de Santo Domingo se llenó de gente. Se iba a abrir la tumba de Manuel Belgrano. El creador de la Bandera llevaba allí desde el 20 de junio de 1820, enterrado en tiempos de pobreza extrema, bajo una losa sencilla que su familia pudo pagar cuando el país que él ayudó a fundar estaba sumido en la anarquía. Más de ochenta años después, el Estado Argentino decidió construirle un mausoleo monumental. El traslado de sus restos formaba parte de una política de consagración simbólica: integrar definitivamente a Belgrano al panteón oficial de la Nación. LA EXHUMACIÓN Y EL DESCUBRIMIENTO El gobierno designó como representantes oficiales a los ministros Joaquín V. González y Pablo Ricchieri. También participaron médicos militares como Carlos Malbrán y Marcial Quiroga, el escultor Ximénez, el prior del convento y descendientes directos del prócer. Al abrir la fosa comprobaron que el ataúd había desaparecido por completo, consumido por la humedad. Los huesos aparecieron dispersos. Fueron recogidos con cuidado y colocados sobre una bandeja de plata. Entre ellos, varios dientes se conservaban intactos. Algunos cronistas señalaron un detalle que no pasó desapercibido: los ministros permanecieron cubiertos ante la tumba abierta. En la cultura política de la época, no quitarse el sombrero frente a restos venerables no era un detalle menor. EL ESCÁNDALO DE LOS DIENTES Lo que transformó la ceremonia en escándalo nacional fue lo que ocurrió después. González y Ricchieri se llevaron algunos dientes como recuerdo personal. El hecho se conoció rápidamente y provocó una reacción inmediata. El diario La Prensa denunció el episodio con dureza y exigió la devolución inmediata, recordando que esos restos constituían una herencia sagrada de la gratitud nacional. La frase fue contundente: debían devolver los dientes “al patriota que menos comió en su gloriosa vida de los dineros de la Nación”. La revista Caras y Caretas ironizó sobre la situación. La presión pública fue tan fuerte que los ministros no tuvieron alternativa: devolvieron los molares. González dijo que quería mostrarlos a amigos; Ricchieri afirmó que pensaba enseñárselos a Bartolomé Mitre. Las explicaciones no hicieron más que confirmar la ligereza del gesto. EL MAUSOLEO Y LA CONTRADICCIÓN El 20 de junio de 1903, el presidente Julio Argentino Roca inauguró el mausoleo frente a Santo Domingo. Allí fueron depositados definitivamente los restos y los dientes restituidos. La escena deja una enseñanza incómoda. Belgrano murió prácticamente en la pobreza, después de haber donado el premio de sus victorias para fundar escuelas. El Estado que no supo asistirlo en vida organizó décadas más tarde una ceremonia monumental para honrarlo. Y aun en ese acto solemne, algunos de sus más altos funcionarios actuaron con frivolidad. La historia de los dientes de Belgrano no es una anécdota pintoresca. Es un reflejo de una tensión constante en nuestra historia: la grandeza moral de algunos hombres frente a la estatura variable de quienes administran su memoria.