domingo, 25 de enero de 2026
Manuel Belgrano y la Educación de un pueblo.-25 - 01 - 2026 -.
Manuel Belgrano y la educación de un pueblo.
Belgrano: el loco que quiso educar a una patria analfabeta
Hay que decirlo de una vez: Belgrano no fue un prócer. Fue un obstinado. Un terco con traje de caballero que hablaba de escuelas mientras los otros jugaban al poder. En 1810, cuando Buenos Aires era un caserío de 45.000 almas y el analfabetismo se respiraba como el polvo, él soñaba con maestros pagos, chicos con papel y mujeres aprendiendo a leer. ¡Mujeres! En una época donde se las educaba para rezar, bordar y callar.
Mientras los demás juraban lealtad a quien viniera —rey, virrey o inglés—, él juraba lealtad al conocimiento. Fundó escuelas de náutica, matemáticas, dibujo. Propuso que los esclavos fueran hombres y no herramientas. Donó 40.000 pesos oro para abrir escuelas. ¿Y sabés qué pasó? El Estado lo olvidó. La plata se evaporó en escritorios polvorientos y promesas rotas. Como siempre.
Murió como vivió: con dignidad. Sin un peso, sin honores, sin casa. Pagó al médico con su reloj. Lo enterraron con una tabla sacada del mueble de su hermano. Sin banda, sin desfile, sin discurso. Solo. Y aún así, más grande que todos.
Belgrano no gritó “viva la patria” desde un balcón. La escribió en los cuadernos que no existían. La dibujó en una bandera que no le dejaron mostrar. La sembró en almas cansadas de obedecer. Por eso molesta tanto recordarlo: porque nos obliga a preguntarnos qué hicimos con su sueño.
Hoy, cuando veas flamear la bandera, no pienses en bronce. Pensá en un hombre solo, escribiendo de noche, con hambre, con fiebre, soñando con una patria que todavía no llega.
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