domingo, 8 de marzo de 2026

La mujer en la historia argentina. - 08 - 03 -2026 -

LA MUJER EN LA HISTORIA ARGENTINA. Esteban Dómina. El 8 de marzo fue declarado Día Internacional de la Mujer por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) La fecha evoca un acontecimiento trágico —el incendio intencional que en 1908 causó la muerte de trabajadoras en una hilandería de Nueva York— adoptado como emblema para instalar en el calendario una jornada global de reflexión y debate acerca de la situación de la mujer y nuevos que enfrenta. Puertas adentro, la fecha invita a repasar la presencia de la mujer en distintas épocas de la historia argentina. Planteado dicho propósito, se presenta un primer y gran problema: hallarlas, recuperar sus nombres, reconstruir su presencia. La mayoría, salvo honrosas excepciones, quedaron sumidas en el anonimato, a punto tal que podría escribirse una historia paralela: la de mujeres ausentes, borradas del relato historiográfico, como si no hubiesen existido. Ello es así, como ocurrió en casi todas partes, debido al absurdo paradigma cultural del pasado que invisibilizó a las mujeres a la hora de contar la historia. El relato tradicional fue concebido por historiadores clásicos cuya visión, acorde al modelo patriarcal reinante, era que la esfera de lo público pertenecía exclusivamente al hombre, en tanto que a la mujer le correspondía desenvolverse no más allá del ámbito del hogar y la familia. Así fue que el estereotipo femenino, concebido por la historiografía oficial y reproducido durante décadas por el sistema educativo, reconoce dos modelos femeninos: el de unas pocas mujeres patriotas, un selecto elenco de damas recordadas por méritos de menor relevancia comparados con lo que estaba en juego e incumbía a los hombres. Y el de esposas sacrificadas, hijas ejemplares y madres abnegadas, aludidas casi como meras portadoras de apellido. En el primer grupo, los manuales escolares mencionaban a Mariquita Sánchez de Thompson por haber facilitado su reputado salón para estrenar la canción patria, las Niñas de Ayohuma que auxiliaron a los heridos de ese combate, Francisca Bazán de Laguna por proveer la legendaria casa donde se declaró la independencia, las patricias mendocinas que donaron joyas y cosieron la bandera del Ejército de los Andes. En el segundo grupo se incluía puntillosamente a Remedios Escalada, Mercedita y Manuelita, y Paula Albarracín, presentadas como modelos ejemplares de esposa, hijas y madre, respectivamente, de hombres célebres como José de San Martín, Juan Manuel de Rosas y Domingo F. Sarmiento. De amantes y barraganas, ni una palabra, como si Damasita Boedo, María Eugenia Castro o Aurelia Vélez no hubieran existido, como tantas otras. Sin embargo, las mujeres estuvieron presentes y activas en todas las épocas, sufriendo iguales vicisitudes que los hombres de su tiempo. Lucharon junto a los grandes protagonistas de las azarosas horas fundacionales como San Martín, Manuel Belgrano y Miguel Martín de Güemes; fueron parte intensa de las vidas de Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia, Rosas, Sarmiento, Julio A. Roca y muchos otros; pelearon las guerras, acompañaron a los caudillos federales, participaron desde siempre del mundo laboral, fueron pioneras de la educación y viga maestra de la familia y la sociedad. Debieron transcurrir muchas décadas para que la inequidad apuntada fuera reparada, aunque no del todo, porque sobre la memoria de muchas mujeres insignes sigue pesando un inexorable manto de olvido. Con el paso del tiempo, los nombres rescatados que fueron saliendo a la luz permitieron reconstruir una galería de luchadoras en distintos roles en diferentes etapas históricas: Mariquita Sánchez, ya citada; Juana Azurduy, María Remedios del Valle, Macacha Güemes y muchas más mujeres comprometidas con la causa de la libertad y la independencia en la primera hora patria. Victoria Romero y Dolores Díaz, insignes compañeras de los caudillos Ángel Vicente Peñaloza y Felipe Varela, respectivamente. Juana Manso, Juana Manuela Gorriti, Olga Cossettini, Rosario Vera Peñaloza, puntales de la educación universal. Las incansables sufragistas en tiempos adversos a los derechos de la mujer: Julieta Lanteri, Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Alicia Moreau, por citar solo algunas de las que bregaron para alcanzar el derecho al voto. Excelsas referentes en el ámbito de la cultura, como Rosa Bazán de Cámara, Alfonsina Storni, María Rosa Oliver y Delfina Bunge; Silvina Ocampo y María Elena Walsh, más acá en el tiempo. En el ámbito de la política, el más alambrado, las primeras damas eran apreciadas por su bajo perfil. El pico más alto de protagonismo femenino lo marcó la irrupción de María Eva Duarte en la alta esfera política, un terreno hasta entonces vedado a la mujer. Más acá en el tiempo fueron mujeres —madres y abuelas— quienes desafiaron el terrorismo de Estado reclamando por la aparición con vida de sus seres queridos. En las últimas décadas, el ascenso social de la mujer fue sostenido, ganando terreno en el plano de la igualdad de derechos y oportunidades, aunque subsisten problemas de larga data que, lejos de atenuarse, se agigantaron en extremo, como la violencia de género que viene dejando un tendal de femicidios. En síntesis, las mujeres argentinas transitaron épocas signadas por la exacerbación del poder masculino y debieron desenvolverse en el estrecho margen que les era permitido. A lo largo del tiempo bregaron arduamente para cambiar esa realidad, una lucha que continua. Vaya para todas ellas, las mujeres visibles e invisibles de la Historia, un merecido homenaje en su Día.

Homenaje a la mujer. Belgrano promotor del rol de la mujer. -08 - 03- 2025-

Asociación Belgraniana de Morón 8 de marzo de 2025 Homenaje del Instituto Nacional Belgraniano a la Mujer, recordando algunas de las obras y acciones de Manuel Belgrano en favor de las niñas y mujeres de la Patria naciente. Manuel Belgrano; Promotor del Rol de la Mujer. “(…) las mujeres - fundamentaba Manuel Belgrano - son las encargadas de mejorar la sociedad porque ellas son las que forman a los ciudadanos, son las moderadoras, el instrumento fundamental para el cambio social, y era necesario educarlas para que pudieran cumplir con una misión tan significativa (…)”. Período virreinal: Belgrano fue un verdadero pionero en promover el rol social de la mujer en el Río de la Plata. En su cargo, como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires (1794 - 1810), a través de las Memorias anuales se ocupó del tema y también a través de artículos en el Correo de Comercio. Belgrano, en la Memoria “Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor”, 15 de julio de 1796, manifestó un verdadero plan educativo, proponiendo la creación de escuelas: en primer lugar, escuelas gratuitas de primeras letras para niñas y para niños, de agricultura, hilaza de lana, de comercio, de dibujo y de náutica, Muy pocas de estas escuelas pudieron establecerse, entre ellas: la Escuela de Dibujo y una Academia de Náutica. El proyecto de Belgrano comprendía la enseñanza de primeras letras (hoy en día enseñanza primaria) pública, gratuita y obligatoria para niñas y niños. Fue el pionero en la educación femenina. Se les debería enseñar a las niñas doctrina cristiana, a leer, escribir, coser, bordar y principalmente inspirarles el amor al trabajo para apartarlas de la ociosidad tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres. Ello les permitiría reunir el dinero necesario para la dote y acceder al matrimonio y ser madres de familia. Es una constante en el pensamiento belgraniano la valorización de la educación y el trabajo, para la formación integral de las personas. Su labor no se vio limitada a las Memorias Consulares, también desarrolló una importante prédica en los periódicos de la época. Belgrano en un artículo del Correo de Comercio, del 21 de julio de 1810, destacaba la necesidad que la política generara buenas costumbres esenciales para la felicidad moral y física de la nación. Esta tarea debía estar en manos fundamentalmente de la mujer, dado que ella era la que formaba a los futuros ciudadanos. Describía en estos términos cuál era la situación de la mujer en esos momentos: “(…) La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado?. ¿Cómo ha de desenrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos?. ¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu y que estas calidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden? (…)”. Por otra parte en la Memoria de 1796 también propuso el establecimiento de escuelas de hilazas de lana para ambos sexos, dentro de su plan de enseñanza de oficios, para desterrar la ociosidad y remediar la indigencia de los jóvenes de ambos sexos. Instituyó premios a los mejores hilados hechos por las niñas del Colegio de San Miguel Arcángel, colegio de niñas huérfanas. 6 Además, en la Memoria “Utilidades que resultarían a esta provincia y a la Península del cultivo del lino y cáñamo”, 9 de junio de 1797, propuso que las mujeres se ocuparan de diversas operaciones relativas a su fomento. Las mujeres de las clases más favorecidas, además de recibir educación, deberían realizar tareas de asistencia a pobres y enfermos en las Iglesias, al tiempo de hacerse cargo de escuelas de enseñanza para las niñas, donde también se les enseñara alguna “especie de industria”. Cada parroquia debería tener un médico para los pobres, viviendo en ella, y se evitaría por este medio que tuvieran que recurrir a los hospitales. Es decir, que Belgrano buscó que la mujer no estuviera reducida al ámbito puramente doméstico, sino que también se insertara en un rol social. Las mujeres de los sectores populares, a través de la educación durante los primeros años y después incorporándose al mundo del trabajo (aprendizaje de oficios mujeriles) y las mujeres de la elite, luego de haberse educado, desempeñando tareas, que hoy en día denominamos sociales, en las parroquias, brindando asistencia a pobres y enfermos y educación a las mujeres pobres, alentándolas en sus trabajos. Período Patrio: la mujer irrumpe en el movimiento revolucionario. Más allá del marco del hogar, las mujeres en el Río de la Plata tuvieron una gran participación social. Estamos hablando de una sociedad multirracial y multicultural, donde encontramos mujeres aborígenes, blancas, mestizas y negras. A partir de la Revolución de Mayo se dio una marcada “politización” de la sociedad. Las de las clases altas participaron a través de los Salones y Tertulias. En ellas, para asombro de algunos viajeros ingleses, discutían con total naturalidad y apasionamiento de los temas políticos. Se dividían en realistas y patriotas. La mujer también estuvo presente en la Guerra de la Independencia, acompañando a los ejércitos patriotas y realistas, ya fuera como vivanderas, enfermeras, “bomberos” (espías), etc. Nuestras mujeres del Norte y de Cuyo participaron activamente en la Gesta de la Independencia. Desde el punto de vista de la producción confeccionaron la ropa para el grupo familiar y se hicieron cargo de sostener a las familias cuando los hombres marcharon a formar parte de los ejércitos. Cosieron los uniformes militares, bordaron las banderas y elaboraron los ponchos de nuestras tropas. Algunas, no solo acompañaron a los ejércitos realizando diversas funciones y exponiendo sus vidas, sino que empuñaron las armas. La participación de la mujer en las campañas libertadoras también estuvo presente por medio de donaciones. A modo de ejemplo, Doña Gregoria Pérez Ilarramendi de Deniz, distinguida y rica viuda, puso a disposición de Belgrano en su marcha al Paraguay, como Jefe de la Expedición Libertadora al Paraguay en 1810, sus haciendas, casas, criados y otros bienes. Belgrano agradeció, señalando que “(…) jamás olvidará una efusión tan sincera en beneficio de la Santa Causa que defendemos (…)”. En los frentes de guerra del Alto Perú (actual Estado Plurinacional de Bolivia) y las Intendencias de Salta y Tucumán, hubo una importante participación de las mujeres en las filas patriotas. Debemos tener en cuenta que la guerra se extendió desde 1810 hasta 1825, cuando la Batalla de Tumusla (1º de abril de 1825) puso fin al último resto del poder realista en la América del Sur. Belgrano fue dos veces General en Jefe del Ejército Auxiliador del Perú: en 1812 - 1814, cuando tuvo lugar la Segunda Expedición Libertadora al Alto Perú, y 1816-1819, donde se destacó el accionar de Güemes, que enfrentó a los realistas en la “Guerra Gaucha” y los caudillos altoperuanos, “Guerra de Partidarios”. Mientras tanto, Belgrano a raíz de la falta de recursos se mantuvo con su ejército acantonado en Tucumán, pero pendiente de todas las operaciones patriotas. Debemos destacar que Belgrano, durante la Segunda Expedición Libertadora al Alto Perú, entró con sus tropas a Potosí y el 4 de julio de 1813 fue agasajado por las damas potosinas, quienes le obsequiaron la Tarja o Escudo de Potosí. Esta joya barroca, elaborada por orfebres potosinos, en oro y plata, más allá del innegable valor artístico tiene también un gran significado histórico. Evoca la ceremonia con la cual la ciudad de Potosí recibió a Belgrano y su ejército. Representa a la América del Sur, desde el Istmo de Panamá, incluyendo las Islas Malvinas y está coronada por la figura de un cacique. Una leyenda en oro designa a Belgrano “Protector de los Pueblos Americano”. Belgrano envió el obsequio desde Potosí, el 6 de septiembre de 1813, al Cabildo de Buenos Aires, en una muestra más de su constante desprendimiento. Lo acompañó con una lista de las setenta y siete damas potosinas que se lo regalaron. Destacamos la actitud de Belgrano de reconocer el accionar femenino, que nos permite rendirle homenaje a estas mujeres. En este frente de batalla que comprendía las Intendencias de Salta y Tucumán, las mujeres prestaron invalorables servicios al bando patriota. Todas las mujeres participaron de esta epopeya, desde la esclava hasta la matrona más encumbrada. Podemos citar entre otras: Juana Moro de López, Celedonia Pacheco de Melo, Magdalena Güemes de Tejada, alias Macacha, hermana de Juan Martín de Gúemes, Juana Manuela Torino, María Petrona Arias, Martina Silva de Gurruchaga y Andrea Zenarruza de Uriondo. Martina Silva de Gurruchaga llegó a alistar una compañía de soldados en Los Cerrillos, a pocas leguas al sur de la ciudad de Salta. Belgrano en recompensa de su accionar, le ofreció un riquísimo manto, en cuya orilla mandó bordar la siguiente leyenda: “A la benemérita patriota capitana del ejército doña Martina Silva de Gurruchaga”. Merece una especial mención María Remedios del Valle, una parda según el sistema de castas vigente. Nació en Buenos Aires y se desempeñó, junto con su marido e hijos, en el ejército a partir de la Primera Expedición al Alto Perú, bajo el mando de Juan José Castelli en julio de 1810. Posteriormente, acompañó al Ejército Auxiliador del Perú, bajo las órdenes de Belgrano y luego se desempeñó bajo las órdenes de Güemes y de Álvarez de Arenales. Sufrió todo tipo de desventuras, entre ellas azotes públicos por favorecer la fuga de oficiales patriotas. De regreso a Buenos Aires, pobre y enferma, mientras mendigaba por las calles porteñas, fue reconocida por el General Juan José Viamonte, quien gestionó su pensión en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Esta le otorgó el cargo de Sargento Mayor en 1829. Cargo que detentó hasta su fallecimiento, ocurrido en 1847. Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz, ambos oficiales de Belgrano, se refieren a ella en sus “Memorias”. Aráoz de Lamadrid mencionaba que una morena proveniente de Buenos Aires, la “tía María” a quien llamaban “madre de la patria”, en plena batalla de Ayohuma, mientras duraba el cañoneo como a las doce del día 14 de noviembre y con un sol que abrasaba la tierra, junto con sus dos hijas mozas, que se ocupaban de lavar con ella la ropa de los jefes y oficiales, constantemente condujo agua en tres cántaros que llevaban a la cabeza, desde un lago o vertiente situada entre ambas líneas y la distribuían entre los diferentes cuerpos, dándole un poco de alivio al ejército patriota. También José María Paz coincidía con este testimonio en sus memorias escritas en 1848. Bartolomé Mitre retomó estas memorias en su: “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina”, publicada en 1857, transmitiendo la versión que llegó hasta nuestros días de “Las niñas de Ayohuma”. Recientemente, se reconoció su accionar y en su honor por Ley 26.852, del 17 de julio de 2019, se estableció el 8 de noviembre como el “Día Nacional de los y las Afroargentinos y de la Cultura afro”. Para finalizar este artículo, solo nos resta decir que Belgrano mantuvo una actitud de coherencia a lo largo de su vida pública en las distintas circunstancias que le tocó actuar y ello también lo advertimos con respecto al papel de la mujer en la sociedad, que promovió como funcionario del Estado Hispano - colonial primero y luego cuando se desempeñó como General en Jefe de los Ejércitos de la Independencia de la Patria. Las mujeres junto con los hombres fueron artífices de esa Patria Naciente, con la que soñó y por la cual luchó el General Manuel Belgrano.

San Martín el Santo de la Espada. Reflexiones.- 8 - 03 -2026 -

"EL SANTO DE LA ESPADA", UNA EDICIÓN DE LUJO - 1 Por Isabel Plante. Entre las 14 ediciones de “El santo de la espada” que conserva el Museo Casa Ricardo Rojas se encuentra esta edición de 1950, de la cual hay otro ejemplar en la biblioteca del Instituto Nacional Sanmartiniano. Ricardo Rojas había publicado su biografía de José de San Martín por primera vez en 1933, y desde 1945 la editorial Losada la reeditaba con muy buena aceptación y grandes tiradas que, según se puede leer en la solapa, sumaban 200.000 ejemplares. La solapa también hace gala de que se había dispuesto lo mejor en tipografía, compaginación, impresión, encuadernación y calidad del papel. Además se habían encargado ilustraciones a Antonio Berni, quien había “compuesto con acierto y fidelidad histórica las hermosas láminas en negro y en colores”. Se trata de 16 imágenes de aspecto acuarelado, impresas a página entera e intercaladas a lo largo del libro. Esta edición fue realizada especialmente para el centenario de la muerte de José de San Martín en ese 1950 que había sido declarado por ley “Año del Libertador General San Martín”. Debajo del título, la cubierta muestra la imagen de un San Martín longilíneo y juvenil con su uniforme militar azul y rojo, el bicornio cubriendo su cabeza y una gran capa marrón. La figura se eleva en el primer plano de pie sobre una de las cumbres de la cordillera de los Andes. El índice de imágenes del libro la presenta como el Santo de la espada, en referencia a esta suerte de canonización laica que Rojas realizó con su hagiografía. El cruce realizado en el verano de 1817 en dirección a Chile parece repetirse en Paso de los Andes. En esta imagen, entre innumerables figuras que tapizan el paisaje montañoso, San Martín se destaca por su tamaño apenas mayor y por su capa blanca. Sin embargo, en la imagen que se utilizó para la portada, el episodio de su vida posiblemente más conocido adquiere mayor espesor simbólico, al prestarse para generar una imagen de grandeza con tintes románticos acordes con la intención de representar al libertador de alcance sudamericano. Una grandeza histórica que se convierte en un fenómeno visible gracias al contraste entre el tamaño de la figura del héroe y el del minúsculo soldado que se ve en el plano del fondo sosteniendo las riendas de un caballo. También en razón del paisaje montañoso de sombras azuladas, que enmarca a esta figura solitaria. Lo sublime de la inmensidad rocosa que lo rodea se le adhiere (el azul de la montaña se confunde con el del uniforme), aún con el aspecto algo aniñado que presenta esta estampa de nuestro héroe. Imagen: Carátula de esa edición.