Grandes temas nacionales.
miércoles, 11 de marzo de 2026
El Tambor de Tacuarí. - 11-03-2026.-
El Tambor de Tacuarí.
El día de hoy, en Concepción del Yaguareté Corá, Corrientes (lugar dónde nació Pedro Ríos); con la presencia del vicegobernador Dr. Pedro Braiard Pocar y los senadores Sergio Flinta y Noel Breard, se conmemoró el aniversario del paso a la inmortalidad de Pedro Ríos "El Tambor de Tacuarí", y "Día del Niño Correntino".
Dentro de los actos de homenaje tuvieron su presentación la Guardia de Honor Municipal "Pedro Ríos" formada por niños y jóvenes de la localidad y que tienen en Pedro Ríos y en el Gral. Belgrano a sus patronos y ejemplos de patriotismo.
También en la ocasión se constituyó la Asociación Belgraniana de Concepción del Yaguareté Corá, que estará presidida por el Prof. Carlos Romero.
Belgrano enfermo viaja a Buenos Aires. Legado a su hija,1820.- 11-03-2026-
22 de enero de 1820: Belgrano muy enfermo, próximo a marchar a Buenos Aires, lega a su hija Manuela Mónica del Corazón de Jesús (en ese momento con 8 meses) la casa que el Cabildo de Tucumán le había donado y que era su modesta residencia en dicha ciudad.
El documento que se encuentra en el Archivo Histórico de Tucumán dice: “La quadra de terreno contenida en la donación que me hizo la Municipalidad y consta en los documentos antecedentes, con todo lo en ella edificado por mí, pertenece por derecho de heredad a mi hija Da. Manuela Mónica del Corazón de Jesús, nacida el cuatro de mayo de mil ochocientos diez y nueve en esta capital, y bautizada el siete, siendo sus padrinos Dña. Manuela Liendo y Dn. Celestino Liendo, hermanos y vecinos de la misma, para que conste los firmo hoy 22 de enero de 1820 en la Valerosa Tucumán, rogando a las juntas militares como a las civiles le dispensen toda justa protección. Belgrano”.
Si bien la niña no fue inscripta con el apellido Belgrano, no obstante ello, Manuel la reconoció en este documento, aunque luego ya en Buenos Aires cuatro meses después, al redactar testamento alega no tener hijos pero hace reconocimiento expreso al instruir a su hermano el cura Domingo Estanislao, albacea de su herencia, acerca de que debía velar por la educación de Manuelita y que una vez pagadas sus deudas, los fondos disponibles sean aplicados a la atención de su hija, cosa que se cumplió puntualmente.
Este documento sale a luz legal y oficialmente, cuando después de muerta la hija del Prócer, su viudo Manuel Vega Belgrano, sustanció una información testimonial canónica mediante la cual se determinó su filiación. Y tal trámite se realizó, precisamente porque debía incluirse en la sucesión de Manuela, lo que a esa fecha quedaba del inmueble de San Miguel de Tucumán. Obviamente esta información sumaria, se tramitó en Tucumán, actuando en representación de los herederos de Manuela Mónica, Don Prudencio Santillán.
La batalla de Carmen de Patagones. Soberanía Argentina.-11-03-2026
CARMEN DE PATAGONES: LA BATALLA QUE DEFENDIÓ LA SOBERANÍA DE LA PATAGONIA ARGENTINA
Por Revisionismo Historico Argentino
LA GUERRA CONTRA EL IMPERIO Y LA IMPORTANCIA DE PATAGONES
La batalla de Carmen de Patagones del 7 de marzo de 1827 se produjo en el marco de la guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil por la soberanía de la Banda Oriental. Mientras los grandes combates se libraban en el Río de la Plata y en el territorio oriental, en el extremo sur del país existía un pequeño pueblo que, sin proponérselo al principio, se había transformado en una pieza estratégica de la guerra: el antiguo Fuerte y Población de Nuestra Señora del Carmen de Patagones.
El bloqueo naval que el Imperio del Brasil había impuesto sobre el puerto de Buenos Aires obligó a los patriotas a recurrir a la guerra de corso. Los corsarios, autorizados por el gobierno de las Provincias Unidas, hostigaban el comercio imperial capturando buques enemigos. Carmen de Patagones, aislado y lejano de los principales teatros de operaciones, se convirtió entonces en un refugio seguro para estas naves. Allí reparaban barcos, descargaban presas y se reorganizaban para nuevas expediciones contra el comercio brasileño.
Para el Imperio del Brasil aquella base corsaria se transformó en un problema serio. El almirante Rodrigo Pinto Guedes, barón de Río da Prata, decidió entonces eliminar ese foco de operaciones mediante un golpe decisivo: destruir el puerto de Patagones, capturar el fuerte y establecer en la Patagonia una base militar desde la cual abrir un nuevo frente contra Buenos Aires. El objetivo no era menor: si el imperio lograba instalarse allí, la Patagonia podía quedar bajo influencia extranjera. Lo que estaba en juego no era sólo un pueblo remoto, sino la soberanía argentina sobre el extremo sur del territorio.
UNA EXPEDICIÓN IMPERIAL CONTRA UN PUEBLO AISLADO
Para llevar adelante la operación se organizó una expedición naval al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd, al servicio del Imperio del Brasil. La escuadra estaba integrada por cuatro buques: la corbeta Duqueza de Goyas, nave insignia de Shepherd; la corbeta Itaparica, al mando de Guillermo Eyre; el bergantín Escudeiro, comandado por Luis Pouthier; y la goleta Constanza, al mando de Joaquim Marques Lisboa, quien años más tarde sería el célebre almirante Tamandaré de la marina brasileña. La fuerza invasora superaba los seiscientos hombres, entre marineros, soldados y oficiales, muchos de ellos extranjeros al servicio del imperio. Frente a esa escuadra, Carmen de Patagones parecía prácticamente indefenso.
El comandante del fuerte, coronel Martín Lacarra, apenas contaba con un centenar de infantes y algunas piezas de artillería en la batería del río. A esa fuerza se sumaron vecinos armados, un grupo de negros libertos organizados como infantería bajo el coronel Felipe Pereyra y unos ochenta gauchos a caballo guiados por el baqueano José Luis Molina. También participaron marinos corsarios de distintas nacionalidades, entre ellos los comandados por Santiago Jorge Bynon, Pedro Dautant y James Harris, cuyas tripulaciones decidieron defender el puerto.
Toda la población participó en la defensa. Incluso las mujeres colaboraron activamente en el engaño táctico que preparaban los defensores: utilizando palos, gorros militares y uniformes improvisados, simularon la presencia de columnas de refuerzo para hacer creer al enemigo que el pueblo contaba con muchas más tropas de las que realmente tenía.
Entre los defensores se encontraba también un soldado afrodescendiente que con el tiempo se volvería legendario en la historia local: Felipe “La Patria”, uno de los combatientes de aquella jornada que viviría más de un siglo y moriría en 1892 a los 104 años.
LAS DIFICULTADES DEL RÍO NEGRO Y LA MARCHA DEL EJÉRCITO INVASOR
La escuadra imperial apareció frente a la desembocadura del río Negro a fines de febrero de 1827. El 28 de febrero el bergantín Escudeiro logró ingresar al río enarbolando engañosamente la bandera de las Provincias Unidas para acercarse a las defensas. La batería del coronel Pereyra abrió fuego, pero la escasez de municiones permitió que el buque avanzara río arriba seguido por la corbeta Itaparica. Sin embargo, el río Negro se convirtió en un obstáculo inesperado para los invasores. Sus bancos de arena y su escasa profundidad complicaron la navegación de los buques imperiales. La corbeta Duqueza de Goyas, nave insignia de la expedición, quedó encallada en los bancos exteriores y terminó perdiéndose tras varios días de esfuerzos inútiles por liberarla. Otros barcos también sufrieron encalladuras que debilitaron seriamente a la escuadra.Ante estas dificultades, Shepherd decidió atacar el pueblo por tierra. Durante la madrugada del 7 de marzo desembarcó una columna de aproximadamente cuatrocientos hombres que inició la marcha hacia Carmen de Patagones atravesando montes cerrados, arenales y matorrales espinosos.
La travesía fue terrible. Los soldados imperiales se extraviaron durante la marcha y se alejaron del río, quedando casi veinticuatro horas sin agua bajo un calor sofocante. El único alimento disponible era carne salada, lo que agravaba la sed y el agotamiento. Cuando finalmente llegaron al Cerro de la Caballada, a pocos kilómetros del pueblo, las tropas estaban completamente extenuadas.
EL COMBATE DEL CERRO DE LA CABALLADA Y LA DERROTA DEL IMPERIO
Mientras los brasileños avanzaban sin saberlo hacia su destino, los milicianos criollos ya habían descubierto sus huellas. Los hombres del subteniente Sebastián Olivera y los gauchos del baqueano José Luis Molina patrullaban la zona cuando detectaron el rastro de la columna enemiga. De inmediato se prepararon para interceptarla.
Cuando los invasores intentaron ascender al Cerro de la Caballada, fueron sorprendidos por el fuego de los defensores. En los primeros disparos cayó muerto el comandante James Shepherd. La muerte del jefe sembró confusión entre los soldados imperiales.
Los gauchos y milicianos aprovecharon el desconcierto y rodearon a los invasores mediante tácticas de guerrilla. Los pastizales fueron incendiados y el humo envolvió a las tropas brasileñas, que ya estaban exhaustas por la marcha. Desorientados y creyendo enfrentarse a una fuerza mucho mayor, los imperiales comenzaron a retirarse hacia el río. Pero la situación allí era aún peor para ellos. Mientras se desarrollaba el combate terrestre, la flotilla corsaria al mando de Santiago Jorge Bynon había atacado a los buques imperiales atrapados en el río. El bergantín Escudeiro fue capturado tras la muerte de su capitán, luego cayó la goleta Constanza y finalmente la corbeta Itaparica.
Cuando el nuevo jefe de la expedición, Guillermo Eyre, comprendió que la escuadra estaba perdida y que la fuerza de desembarco había sido derrotada, no tuvo otra opción que rendirse. El resultado fue contundente: las fuerzas patriotas capturaron tres buques de guerra, veintiocho cañones, abundante armamento y tomaron 579 prisioneros.
Las naves capturadas fueron rebautizadas Ituzaingó, Patagones y Juncal, e incorporadas posteriormente a la escuadra del almirante Guillermo Brown.
UNA VICTORIA DECISIVA PARA LA SOBERANÍA DE LA PATAGONIA
La victoria de Carmen de Patagones fue una de las más sorprendentes de la guerra contra el Imperio del Brasil. Un pequeño pueblo aislado, defendido por gauchos, negros libertos, corsarios y vecinos armados, logró derrotar a una expedición naval imperial muy superior en número y armamento. Pero el significado de aquella jornada va mucho más allá del combate en sí. Si el Imperio del Brasil hubiera logrado ocupar Patagones, habría establecido una base militar en el extremo sur del territorio, lo que podía abrir la puerta a disputas sobre la Patagonia atlántica. La derrota imperial frustró definitivamente ese intento. Por eso la batalla de Carmen de Patagones no fue simplemente una victoria militar: fue una defensa directa de la soberanía argentina sobre la Patagonia. Allí, en los confines del país, un pueblo entero se levantó para enfrentar a un imperio y aseguró que aquellas tierras continuaran formando parte de la Nación Argentina.
Como recuerdo de aquella gesta, siete banderas imperiales brasileñas fueron capturadas. Dos de ellas todavía se conservan en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, donde siguen siendo símbolo de una jornada en la que gauchos, marinos, negros libertos y vecinos comunes derrotaron a un imperio y defendieron para siempre la Patagonia argentina.
Damian Leandro Zanni
domingo, 8 de marzo de 2026
La mujer en la historia argentina. - 08 - 03 -2026 -
LA MUJER EN LA HISTORIA ARGENTINA.
Esteban Dómina.
El 8 de marzo fue declarado Día Internacional de la Mujer por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) La fecha evoca un acontecimiento trágico —el incendio intencional que en 1908 causó la muerte de trabajadoras en una hilandería de Nueva York— adoptado como emblema para instalar en el calendario una jornada global de reflexión y debate acerca de la situación de la mujer y nuevos que enfrenta.
Puertas adentro, la fecha invita a repasar la presencia de la mujer en distintas épocas de la historia argentina. Planteado dicho propósito, se presenta un primer y gran problema: hallarlas, recuperar sus nombres, reconstruir su presencia. La mayoría, salvo honrosas excepciones, quedaron sumidas en el anonimato, a punto tal que podría escribirse una historia paralela: la de mujeres ausentes, borradas del relato historiográfico, como si no hubiesen existido.
Ello es así, como ocurrió en casi todas partes, debido al absurdo paradigma cultural del pasado que invisibilizó a las mujeres a la hora de contar la historia. El relato tradicional fue concebido por historiadores clásicos cuya visión, acorde al modelo patriarcal reinante, era que la esfera de lo público pertenecía exclusivamente al hombre, en tanto que a la mujer le correspondía desenvolverse no más allá del ámbito del hogar y la familia.
Así fue que el estereotipo femenino, concebido por la historiografía oficial y reproducido durante décadas por el sistema educativo, reconoce dos modelos femeninos: el de unas pocas mujeres patriotas, un selecto elenco de damas recordadas por méritos de menor relevancia comparados con lo que estaba en juego e incumbía a los hombres. Y el de esposas sacrificadas, hijas ejemplares y madres abnegadas, aludidas casi como meras portadoras de apellido.
En el primer grupo, los manuales escolares mencionaban a Mariquita Sánchez de Thompson por haber facilitado su reputado salón para estrenar la canción patria, las Niñas de Ayohuma que auxiliaron a los heridos de ese combate, Francisca Bazán de Laguna por proveer la legendaria casa donde se declaró la independencia, las patricias mendocinas que donaron joyas y cosieron la bandera del Ejército de los Andes. En el segundo grupo se incluía puntillosamente a Remedios Escalada, Mercedita y Manuelita, y Paula Albarracín, presentadas como modelos ejemplares de esposa, hijas y madre, respectivamente, de hombres célebres como José de San Martín, Juan Manuel de Rosas y Domingo F. Sarmiento. De amantes y barraganas, ni una palabra, como si Damasita Boedo, María Eugenia Castro o Aurelia Vélez no hubieran existido, como tantas otras.
Sin embargo, las mujeres estuvieron presentes y activas en todas las épocas, sufriendo iguales vicisitudes que los hombres de su tiempo. Lucharon junto a los grandes protagonistas de las azarosas horas fundacionales como San Martín, Manuel Belgrano y Miguel Martín de Güemes; fueron parte intensa de las vidas de Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia, Rosas, Sarmiento, Julio A. Roca y muchos otros; pelearon las guerras, acompañaron a los caudillos federales, participaron desde siempre del mundo laboral, fueron pioneras de la educación y viga maestra de la familia y la sociedad.
Debieron transcurrir muchas décadas para que la inequidad apuntada fuera reparada, aunque no del todo, porque sobre la memoria de muchas mujeres insignes sigue pesando un inexorable manto de olvido. Con el paso del tiempo, los nombres rescatados que fueron saliendo a la luz permitieron reconstruir una galería de luchadoras en distintos roles en diferentes etapas históricas: Mariquita Sánchez, ya citada; Juana Azurduy, María Remedios del Valle, Macacha Güemes y muchas más mujeres comprometidas con la causa de la libertad y la independencia en la primera hora patria. Victoria Romero y Dolores Díaz, insignes compañeras de los caudillos Ángel Vicente Peñaloza y Felipe Varela, respectivamente. Juana Manso, Juana Manuela Gorriti, Olga Cossettini, Rosario Vera Peñaloza, puntales de la educación universal. Las incansables sufragistas en tiempos adversos a los derechos de la mujer: Julieta Lanteri, Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Alicia Moreau, por citar solo algunas de las que bregaron para alcanzar el derecho al voto. Excelsas referentes en el ámbito de la cultura, como Rosa Bazán de Cámara, Alfonsina Storni, María Rosa Oliver y Delfina Bunge; Silvina Ocampo y María Elena Walsh, más acá en el tiempo.
En el ámbito de la política, el más alambrado, las primeras damas eran apreciadas por su bajo perfil. El pico más alto de protagonismo femenino lo marcó la irrupción de María Eva Duarte en la alta esfera política, un terreno hasta entonces vedado a la mujer. Más acá en el tiempo fueron mujeres —madres y abuelas— quienes desafiaron el terrorismo de Estado reclamando por la aparición con vida de sus seres queridos.
En las últimas décadas, el ascenso social de la mujer fue sostenido, ganando terreno en el plano de la igualdad de derechos y oportunidades, aunque subsisten problemas de larga data que, lejos de atenuarse, se agigantaron en extremo, como la violencia de género que viene dejando un tendal de femicidios.
En síntesis, las mujeres argentinas transitaron épocas signadas por la exacerbación del poder masculino y debieron desenvolverse en el estrecho margen que les era permitido. A lo largo del tiempo bregaron arduamente para cambiar esa realidad, una lucha que continua. Vaya para todas ellas, las mujeres visibles e invisibles de la Historia, un merecido homenaje en su Día.
Homenaje a la mujer. Belgrano promotor del rol de la mujer. -08 - 03- 2025-
Asociación Belgraniana de Morón
8 de marzo de 2025
Homenaje del Instituto Nacional Belgraniano a la Mujer, recordando algunas de las obras y acciones de Manuel Belgrano en favor de las niñas y mujeres de la Patria naciente.
Manuel Belgrano; Promotor del Rol de la Mujer.
“(…) las mujeres - fundamentaba Manuel Belgrano - son las encargadas de mejorar la sociedad porque ellas son las que forman a los ciudadanos, son las moderadoras, el instrumento fundamental para el cambio social, y era necesario educarlas para que pudieran cumplir con una misión tan significativa (…)”.
Período virreinal:
Belgrano fue un verdadero pionero en promover el rol social de la mujer en el Río de la Plata. En su cargo, como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires (1794 - 1810), a través de las Memorias anuales se ocupó del tema y también a través de artículos en el Correo de Comercio.
Belgrano, en la Memoria “Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor”, 15 de julio de 1796, manifestó un verdadero plan educativo, proponiendo la creación de escuelas: en primer lugar, escuelas gratuitas de primeras letras para niñas y para niños, de agricultura, hilaza de lana, de comercio, de dibujo y de náutica, Muy pocas de estas escuelas pudieron establecerse, entre ellas: la Escuela de Dibujo y una Academia de Náutica. El proyecto de Belgrano comprendía la enseñanza de primeras letras (hoy en día enseñanza primaria) pública, gratuita y obligatoria para niñas y niños. Fue el pionero en la educación femenina. Se les debería enseñar a las niñas doctrina cristiana, a leer, escribir, coser, bordar y principalmente inspirarles el amor al trabajo para apartarlas de la ociosidad tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres.
Ello les permitiría reunir el dinero necesario para la dote y acceder al matrimonio y ser madres de familia. Es una constante en el pensamiento belgraniano la valorización de la educación y el trabajo, para la formación integral de las personas. Su labor no se vio limitada a las Memorias Consulares, también desarrolló una importante prédica en los periódicos de la época. Belgrano en un artículo del Correo de Comercio, del 21 de julio de 1810, destacaba la necesidad que la política generara buenas costumbres esenciales para la felicidad moral y física de la nación.
Esta tarea debía estar en manos fundamentalmente de la mujer, dado que ella era la que formaba a los futuros ciudadanos. Describía en estos términos cuál era la situación de la mujer en esos momentos: “(…) La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado?. ¿Cómo ha de desenrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos?. ¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu y que estas calidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden? (…)”. Por otra parte en la Memoria de 1796 también propuso el establecimiento de escuelas de hilazas de lana para ambos sexos, dentro de su plan de enseñanza de oficios, para desterrar la ociosidad y remediar la indigencia de los jóvenes de ambos sexos. Instituyó premios a los mejores hilados hechos por las niñas del Colegio de San Miguel Arcángel, colegio de niñas huérfanas. 6 Además, en la Memoria “Utilidades que resultarían a esta provincia y a la Península del cultivo del lino y cáñamo”, 9 de junio de 1797, propuso que las mujeres se ocuparan de diversas operaciones relativas a su fomento. Las mujeres de las clases más favorecidas, además de recibir educación, deberían realizar tareas de asistencia a pobres y enfermos en las Iglesias, al tiempo de hacerse cargo de escuelas de enseñanza para las niñas, donde también se les enseñara alguna “especie de industria”. Cada parroquia debería tener un médico para los pobres, viviendo en ella, y se evitaría por este medio que tuvieran que recurrir a los hospitales.
Es decir, que Belgrano buscó que la mujer no estuviera reducida al ámbito puramente doméstico, sino que también se insertara en un rol social. Las mujeres de los sectores populares, a través de la educación durante los primeros años y después incorporándose al mundo del trabajo (aprendizaje de oficios mujeriles) y las mujeres de la elite, luego de haberse educado, desempeñando tareas, que hoy en día denominamos sociales, en las parroquias, brindando asistencia a pobres y enfermos y educación a las mujeres pobres, alentándolas en sus trabajos.
Período Patrio:
la mujer irrumpe en el movimiento revolucionario. Más allá del marco del hogar, las mujeres en el Río de la Plata tuvieron una gran participación social. Estamos hablando de una sociedad multirracial y multicultural, donde encontramos mujeres aborígenes, blancas, mestizas y negras. A partir de la Revolución de Mayo se dio una marcada “politización” de la sociedad. Las de las clases altas participaron a través de los Salones y Tertulias. En ellas, para asombro de algunos viajeros ingleses, discutían con total naturalidad y apasionamiento de los temas políticos. Se dividían en realistas y patriotas. La mujer también estuvo presente en la Guerra de la Independencia, acompañando a los ejércitos patriotas y realistas, ya fuera como vivanderas, enfermeras, “bomberos” (espías), etc. Nuestras mujeres del Norte y de Cuyo participaron activamente en la Gesta de la Independencia. Desde el punto de vista de la producción confeccionaron la ropa para el grupo familiar y se hicieron cargo de sostener a las familias cuando los hombres marcharon a formar parte de los ejércitos. Cosieron los uniformes militares, bordaron las banderas y elaboraron los ponchos de nuestras tropas. Algunas, no solo acompañaron a los ejércitos realizando diversas funciones y exponiendo sus vidas, sino que empuñaron las armas. La participación de la mujer en las campañas libertadoras también estuvo presente por medio de donaciones. A modo de ejemplo, Doña Gregoria Pérez Ilarramendi de Deniz, distinguida y rica viuda, puso a disposición de Belgrano en su marcha al Paraguay, como Jefe de la Expedición Libertadora al Paraguay en 1810, sus haciendas, casas, criados y otros bienes. Belgrano agradeció, señalando que “(…) jamás olvidará una efusión tan sincera en beneficio de la Santa Causa que defendemos (…)”. En los frentes de guerra del Alto Perú (actual Estado Plurinacional de Bolivia) y las Intendencias de Salta y Tucumán, hubo una importante participación de las mujeres en las filas patriotas. Debemos tener en cuenta que la guerra se extendió desde 1810 hasta 1825, cuando la Batalla de Tumusla (1º de abril de 1825) puso fin al último resto del poder realista en la América del Sur.
Belgrano fue dos veces General en Jefe del Ejército Auxiliador del Perú: en 1812 - 1814, cuando tuvo lugar la Segunda Expedición Libertadora al Alto Perú, y 1816-1819, donde se destacó el accionar de Güemes, que enfrentó a los realistas en la “Guerra Gaucha” y los caudillos altoperuanos, “Guerra de Partidarios”. Mientras tanto, Belgrano a raíz de la falta de recursos se mantuvo con su ejército acantonado en Tucumán, pero pendiente de todas las operaciones patriotas. Debemos destacar que Belgrano, durante la Segunda Expedición Libertadora al Alto Perú, entró con sus tropas a Potosí y el 4 de julio de 1813 fue agasajado por las damas potosinas, quienes le obsequiaron la Tarja o Escudo de Potosí. Esta joya barroca, elaborada por orfebres potosinos, en oro y plata, más allá del innegable valor artístico tiene también un gran significado histórico. Evoca la ceremonia con la cual la ciudad de Potosí recibió a Belgrano y su ejército. Representa a la América del Sur, desde el Istmo de Panamá, incluyendo las Islas Malvinas y está coronada por la figura de un cacique. Una leyenda en oro designa a Belgrano “Protector de los Pueblos Americano”.
Belgrano envió el obsequio desde Potosí, el 6 de septiembre de 1813, al Cabildo de Buenos Aires, en una muestra más de su constante desprendimiento. Lo acompañó con una lista de las setenta y siete damas potosinas que se lo regalaron. Destacamos la actitud de Belgrano de reconocer el accionar femenino, que nos permite rendirle homenaje a estas mujeres.
En este frente de batalla que comprendía las Intendencias de Salta y Tucumán, las mujeres prestaron invalorables servicios al bando patriota. Todas las mujeres participaron de esta epopeya, desde la esclava hasta la matrona más encumbrada. Podemos citar entre otras: Juana Moro de López, Celedonia Pacheco de Melo, Magdalena Güemes de Tejada, alias Macacha, hermana de Juan Martín de Gúemes, Juana Manuela Torino, María Petrona Arias, Martina Silva de Gurruchaga y Andrea Zenarruza de Uriondo.
Martina Silva de Gurruchaga llegó a alistar una compañía de soldados en Los Cerrillos, a pocas leguas al sur de la ciudad de Salta. Belgrano en recompensa de su accionar, le ofreció un riquísimo manto, en cuya orilla mandó bordar la siguiente leyenda: “A la benemérita patriota capitana del ejército doña Martina Silva de Gurruchaga”. Merece una especial mención María Remedios del Valle, una parda según el sistema de castas vigente. Nació en Buenos Aires y se desempeñó, junto con su marido e hijos, en el ejército a partir de la Primera Expedición al Alto Perú, bajo el mando de Juan José Castelli en julio de 1810. Posteriormente, acompañó al Ejército Auxiliador del Perú, bajo las órdenes de Belgrano y luego se desempeñó bajo las órdenes de Güemes y de Álvarez de Arenales. Sufrió todo tipo de desventuras, entre ellas azotes públicos por favorecer la fuga de oficiales patriotas. De regreso a Buenos Aires, pobre y enferma, mientras mendigaba por las calles porteñas, fue reconocida por el General Juan José Viamonte, quien gestionó su pensión en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Esta le otorgó el cargo de Sargento Mayor en 1829. Cargo que detentó hasta su fallecimiento, ocurrido en 1847.
Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz, ambos oficiales de Belgrano, se refieren a ella en sus “Memorias”. Aráoz de Lamadrid mencionaba que una morena proveniente de Buenos Aires, la “tía María” a quien llamaban “madre de la patria”, en plena batalla de Ayohuma, mientras duraba el cañoneo como a las doce del día 14 de noviembre y con un sol que abrasaba la tierra, junto con sus dos hijas mozas, que se ocupaban de lavar con ella la ropa de los jefes y oficiales, constantemente condujo agua en tres cántaros que llevaban a la cabeza, desde un lago o vertiente situada entre ambas líneas y la distribuían entre los diferentes cuerpos, dándole un poco de alivio al ejército patriota. También José María Paz coincidía con este testimonio en sus memorias escritas en 1848. Bartolomé Mitre retomó estas memorias en su: “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina”, publicada en 1857, transmitiendo la versión que llegó hasta nuestros días de “Las niñas de Ayohuma”. Recientemente, se reconoció su accionar y en su honor por Ley 26.852, del 17 de julio de 2019, se estableció el 8 de noviembre como el “Día Nacional de los y las Afroargentinos y de la Cultura afro”. Para finalizar este artículo, solo nos resta decir que Belgrano mantuvo una actitud de coherencia a lo largo de su vida pública en las distintas circunstancias que le tocó actuar y ello también lo advertimos con respecto al papel de la mujer en la sociedad, que promovió como funcionario del Estado Hispano - colonial primero y luego cuando se desempeñó como General en Jefe de los Ejércitos de la Independencia de la Patria. Las mujeres junto con los hombres fueron artífices de esa Patria Naciente, con la que soñó y por la cual luchó el General Manuel Belgrano.
San Martín el Santo de la Espada. Reflexiones.- 8 - 03 -2026 -
"EL SANTO DE LA ESPADA", UNA EDICIÓN DE LUJO - 1
Por Isabel Plante.
Entre las 14 ediciones de “El santo de la espada” que conserva el Museo Casa Ricardo Rojas se encuentra esta edición de 1950, de la cual hay otro ejemplar en la biblioteca del Instituto Nacional Sanmartiniano.
Ricardo Rojas había publicado su biografía de José de San Martín por primera vez en 1933, y desde 1945 la editorial Losada la reeditaba con muy buena aceptación y grandes tiradas que, según se puede leer en la solapa, sumaban 200.000 ejemplares. La solapa también hace gala de que se había dispuesto lo mejor en tipografía, compaginación, impresión, encuadernación y calidad del papel. Además se habían encargado ilustraciones a Antonio Berni, quien había “compuesto con acierto y fidelidad histórica las hermosas láminas en negro y en colores”. Se trata de 16 imágenes de aspecto acuarelado, impresas a página entera e intercaladas a lo largo del libro.
Esta edición fue realizada especialmente para el centenario de la muerte de José de San Martín en ese 1950 que había sido declarado por ley “Año del Libertador General San Martín”. Debajo del título, la cubierta muestra la imagen de un San Martín longilíneo y juvenil con su uniforme militar azul y rojo, el bicornio cubriendo su cabeza y una gran capa marrón. La figura se eleva en el primer plano de pie sobre una de las cumbres de la cordillera de los Andes. El índice de imágenes del libro la presenta como el Santo de la espada, en referencia a esta suerte de canonización laica que Rojas realizó con su hagiografía. El cruce realizado en el verano de 1817 en dirección a Chile parece repetirse en Paso de los Andes.
En esta imagen, entre innumerables figuras que tapizan el paisaje montañoso, San Martín se destaca por su tamaño apenas mayor y por su capa blanca. Sin embargo, en la imagen que se utilizó para la portada, el episodio de su vida posiblemente más conocido adquiere mayor espesor simbólico, al prestarse para generar una imagen de grandeza con tintes románticos acordes con la intención de representar al libertador de alcance sudamericano. Una grandeza histórica que se convierte en un fenómeno visible gracias al contraste entre el tamaño de la figura del héroe y el del minúsculo soldado que se ve en el plano del fondo sosteniendo las riendas de un caballo. También en razón del paisaje montañoso de sombras azuladas, que enmarca a esta figura solitaria. Lo sublime de la inmensidad rocosa que lo rodea se le adhiere (el azul de la montaña se confunde con el del uniforme), aún con el aspecto algo aniñado que presenta esta estampa de nuestro héroe.
Imagen:
Carátula de esa edición.
sábado, 21 de febrero de 2026
Las Malvinas y la política exterior de la Confederación.-21 -02- 2026 -
LAS MALVINAS Y LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA CONFEDERACIÓN
Por Revisionismo Historico Argentino
Mientras la causa federal se afirmaba en el interior, el gobierno de Buenos Aires ejercía sin discusión actos concretos y efectivos de soberanía en sus posesiones australes. Ya en 1820 el coronel Jorge Jewitt, designado gobernador de las Islas Malvinas, notificó formalmente a los buques extranjeros la prohibición de la pesca de anfibios en esas costas. No se trató de una declaración retórica sino de un acto de autoridad ejercido ante terceros. En 1824 se concedió a Luis Vernet la Isla Soledad para establecer una colonia permanente, consolidando derechos previamente ejercidos por las Provincias Unidas como sucesoras de España. Vernet pobló, organizó y defendió el establecimiento con capital propio; introdujo ganado, levantó instalaciones, reglamentó la explotación de recursos y sostuvo la colonia allí donde franceses e ingleses habían fracasado. En 1829 fue nombrado comandante político y militar de las islas y de las costas adyacentes hasta el Cabo de Hornos, con autoridad efectiva, reglamentos, fuerza armada y artillería. Existía población, gobierno y jurisdicción. Los años 1829–1831 fueron precisamente los de mayor actividad en el archipiélago, con Puerto Soledad en pleno desarrollo, lo que desmiente cualquier insinuación de abandono o desinterés.
EL CONFLICTO CON LOS ESTADOS UNIDOS Y EL ATROPELLO DE LA LEXINGTON
Cuando buques norteamericanos persistieron en la pesca ilegal pese a reiteradas intimaciones, Vernet procedió conforme al derecho vigente y apresó las goletas Harriet, Superior y Breakwater. Los capitanes reconocieron la infracción y aceptaron someterse al juicio de Buenos Aires. Sin embargo, el cónsul estadounidense Slacum desconoció la jurisdicción argentina y promovió una reacción armada. En diciembre de 1831 la corbeta de guerra Lexington irrumpió en Puerto Soledad, inutilizó la artillería, destruyó instalaciones, saqueó bienes particulares y se llevó prisioneros, actuando como fuerza de represalia contra una población civil indefensa. El gobierno de Buenos Aires reclamó satisfacción e indemnización conforme al derecho de gentes, instruyendo al cuerpo legislativo sobre el origen y estado de la cuestión con los Estados Unidos mediante la publicación oficial de documentos en 1832. El encargado de negocios Baylies, lejos de reparar el daño, solicitó sus pasaportes y abandonó el país, dejando la cuestión abierta y debilitada la defensa material del archipiélago.
LA REAPARICIÓN DE LA PRETENSIÓN BRITÁNICA Y LA USURPACIÓN DE 1833
Mientras los Estados Unidos se retiraban del escenario, la Gran Bretaña reapareció invocando una supuesta soberanía sobre las islas. El ministro Woodbine Parish ya había presentado en 1829 una protesta basada en el descubrimiento y la ocupación inglesa del siglo XVIII. Esa nota no fue contestada formalmente en medio de las graves convulsiones internas que atravesaba el país; pero el silencio diplomático jamás significó asentimiento, menos aún cuando los actos de dominio argentino eran públicos y notorios. Si Inglaterra aspiraba sinceramente a una respuesta, pudo reiterar su comunicación; nunca derivar de esa circunstancia un pretendido derecho a la acción armada.
El 2 de enero de 1833 la corbeta británica Clio exigió la rendición de las autoridades establecidas en Puerto Luis y las desalojó por la fuerza. No medió tratado, cesión ni declaración de guerra. Fue un acto unilateral de ocupación armada contra un establecimiento organizado de un país con el cual mantenía relaciones amistosas. La explicación posterior de algunos autores británicos —según la cual la Clio fue enviada simplemente porque no se había respondido la protesta de Parish— desconoce los usos diplomáticos más elementales y la diferencia entre tomar posesión de un territorio desierto y expulsar autoridades legítimas.
EL INTERCAMBIO DIPLOMÁTICO CON PALMERSTON
La protesta argentina fue inmediata. Se declaró formalmente que, siendo las Provincias Unidas sucesoras de España en todos sus derechos, la Gran Bretaña no podía adquirir título alguno nuevo sobre las islas. Se protestó contra “la soberanía asumida últimamente en las islas Malvinas por la corona de la Gran Bretaña y contra el despojo y eyección del establecimiento de la República en Puerto Luis”, exigiendo las reparaciones correspondientes.
La respuesta inglesa, presentada tras más de seis meses de demora, reiteró los argumentos ya esgrimidos: descubrimiento original, ocupación inglesa y restitución del establecimiento en 1771. Añadía que el retiro de 1774 no invalidaba sus derechos y que, al no haber sido contestada la protesta de 1829, el gobierno argentino no debía sorprenderse por lo ocurrido. Lord Palmerston negó además la existencia de cualquier promesa secreta y sostuvo que Inglaterra no podía reconocer a la Argentina derechos derivados de España que ella había negado a esta última.
Tales argumentos no resisten examen. La falta de contestación formal no podía crear un derecho inexistente. Los actos de soberanía ejercidos por la República entre 1829 y 1831 eran el más claro desmentido a cualquier pretensión contraria. Por otra parte, Inglaterra había reconocido en distintos momentos la soberanía española en el Atlántico sur, comprometiéndose a no navegar ni comerciar en los mares del Sud en tratados anteriores y aceptando la restitución de 1771 con reserva expresa de derechos por parte de España. Desde 1774, año en que evacuó Puerto Egmont, guardó un prolongado silencio mientras España ejercía posesión exclusiva.
Manuel Moreno replicó el 29 de diciembre de 1834 con un alegato orgánico y documentado en defensa de los derechos argentinos. Publicó además en Londres un folleto destinado a ilustrar a la opinión pública sobre el carácter violento de la ocupación. Las ulteriores reclamaciones argentinas fueron respondidas con negativas categóricas a discutir en forma leal los títulos respectivos. La cuestión quedó abierta, pero la posición argentina no varió.
LOS FUNDAMENTOS HISTÓRICOS Y JURÍDICOS
La soberanía española sobre las islas derivaba de la concesión pontificia y de la ocupación efectiva de los territorios del Atlántico meridional, reconocida en distintos instrumentos internacionales. Desde 1764 —como sucesora de Francia— hasta 1811 España ejerció posesión efectiva de Puerto Soledad, y desde 1774 lo hizo en forma exclusiva sobre todo el archipiélago. Inglaterra evacuó Puerto Egmont en 1774 y en 1790 se comprometió nuevamente a no establecerse en las costas orientales u occidentales de la América meridional ni en las islas adyacentes.
Las Malvinas fueron incorporadas al gobierno y territorio dependiente de Buenos Aires por decisión española y esa situación no sufrió alteración hasta la Revolución. La República Argentina sucedió jurídicamente a España en todos sus derechos y obligaciones. Entre 1820 y el 2 de enero de 1833 ejerció ocupación pacífica y exclusiva del archipiélago, hasta que sus autoridades fueron desalojadas por la fuerza. Más tarde, en el tratado de reconocimiento, paz y amistad con España de 1863, la antigua metrópoli renunció a toda soberanía, derechos y acciones que le correspondieran sobre los territorios que integraban la Nación Argentina.
Por su parte, Inglaterra no puede invocar ni primer ocupante, ni cesión válida, ni derecho derivado de tratado alguno con España o con la Argentina. Sólo tiene a su favor la ocupación precaria del siglo XVIII y el despojo violento de 1833.
LA CUESTIÓN MALVINAS DURANTE EL SEGUNDO GOBIERNO DE ROSAS
Rosas llega por segunda vez al gobierno en 1835, cuando las Islas Malvinas ya habían sido tomadas por Inglaterra. Desde 1838 el bloqueo francés y luego la intervención anglo-francesa agravaron la situación económica y financiera del país. Los acreedores ingleses, Baring Brothers y Cía., presionaban por el cobro del empréstito de 1824, cuya garantía comprometía el territorio nacional. Según Saldías, se insinuó la entrega de las Malvinas como forma de pago.
Rosas respondió mediante su ministro Insiarte en 1843 proponiendo que, si el gobierno británico reconocía previamente los derechos argentinos sobre las islas, podría considerarse su cesión como parte de la solución de la deuda. La condición implicaba el reconocimiento expreso de la soberanía argentina, algo que Londres no podía admitir sin contradecir su propio acto de 1833. La propuesta ganó tiempo y neutralizó presiones, pero no fue aceptada. La cuestión territorial jamás fue cedida en derecho.
Mientras tanto, continuaron las agresiones navales y el bloqueo del Río de la Plata. En ningún momento el gobierno argentino reconoció la legitimidad de la ocupación británica. La integridad territorial fue sostenida como principio constante, aun en medio del aislamiento y la guerra.
CONCLUSIÓN
La cuestión Malvinas se apoya en una cadena histórica coherente: soberanía española reconocida, posesión efectiva y exclusiva, sucesión jurídica argentina, ejercicio concreto de autoridad hasta 1833, protesta inmediata contra el despojo y mantenimiento invariable del reclamo. La ocupación británica carece de título originario válido y se funda en la imposición de la fuerza. Los documentos diplomáticos, los antecedentes históricos y la continuidad jurídica configuran un derecho que no nace de una reivindicación tardía, sino de la sucesión legítima y la posesión efectiva interrumpida por un acto de violencia.
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