Grandes temas nacionales.
miércoles, 11 de marzo de 2026
Belgrano y la Educación. Su pensamiento. -11 -03 -2026 -
BELGRANO Y LA EDUCACIÓN
Abarca con visión amplia a la institución educativa para el trabajo, con los profesores y los alumnos:
Considera que sólo se logrará con un gran trabajo de educación para formar los trabajadores aptos.
En 1799 logra convencer al Consulado para que se funde una Escuela de Geometría, Arquitectura y Dibujo, que se fusionará poco después con una Escuela de Náutica.
Organiza cada detalle en el Reglamento. A estas escuelas tienen derecho a ingresar los indios, al igual que los americanos y los peninsulares y reserva cuatro vacantes para huérfanos.
En un discurso de 1802, Belgrano presentará sus ideas acerca de lo que esperaba de la Escuela de Náutica: «…saben que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas provincias; saben que ya tienen de quién echar mano para que conduzcan los buques; saben que con los principios que en ella se enseñan tendrán militares excelentes; y saben también que hallarán jóvenes que con los principios que en ella adquieren, como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, la matemática, presentarán al universo, desde el uno hasta el otro polo, el cuño inmortal del celo patrio.»
Combate el mal de la ignorancia durante todo el servicio a la Patria
" Debemos tratar de inspirar sentimientos patrióticos /.../ con mucha particularidad a los Naturales del suelo Americano, y para atraerlos y reunirlos a nosotros." (Santa Fe, octubre de 1810)
"No hay que perder instante de que los paisanos se instruyan en sus derechos, y los de la Patria; exhorte Ud. a los Curas a que les expliquen; así conseguiremos que se entusiasmen con razón y justicia, y no haya quien sea capaz de desviarlos de sus obligaciones. (Candelaria, marzo de 1811)
"Comuníqueme /.../ la disposición de nuestros paisanos, los Naturales, para defender su libertad; es preciso hacerles entender el inestimable valor de una prenda tan preciosa /.../ (Corrientes, sept. de 1811)
Insiste en la necesidad de escuelas
"Cada vez anhelo más por la apertura de estos establecimientos, y por ver sus resultados. porque conozco diariamente la falta que nos hacen." (Potosí, julio de 1813)
La Asamblea del Año XIII premia a Belgrano por el triunfo en Salta y le regala propiedades por 40.000 pesos. Él lo agradece y dona para cuatro escuelas en las que se enseñe a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad, hacia ésta y el Gobierno que la rige, en cuatro ciudades a saber: Tarija, Potosí, Tucumán y Santiago del Estero porque "carecen de un establecimiento tan esencial e interesante a la Religión y al Estado y aún de medios para realizarlo" (Jujuy, marzo de 1813)
Insiste en que los principios religiosos son fundamentales
"Desengañémonos, que mientras la base principal no sea la Religión Santa que profesamos, en balde se fatigarán, todo ha de ir a su ruina, no lo quieren creer, pero la experiencia se los hará ver." (Jujuy, mayo 1813)
"Celebro /.../ las demostraciones religiosas más que todo; con éstas ganamos con Dios, con la Generala, con los Pueblos, y con todo el Mundo; ojalá que jamás nos desviemos de ellas."
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"Remito dos Banderas y dos Estandartes para que se coloquen en el Templo de Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, como dedicadas por el Ejército de mi mando en demostración de la gratitud a tan Divina Señora, por los favores que mediante su intercesión nos dispensó el Todopoderoso /.../ (Tucumán, octubre de 1812)
Trata de mantener el norte cerrado al ejército del Perú, hasta que
San Martín pueda llegar a Lima desde Chile, y le duele el egoísmo que encuentra:
"¡Infelíz País en el que sus hijos abriguen pasiones tan pueriles, tan ridículas, tan indecentes, y no perdonen medio de satisfacerlas! Dios quiera iluminarnos y desengañarnos a todos, de que no hay más ruta para salvarnos que la unión." (Tucumán, enero de 1818)
Belgrano y el cáñamo. Hombre Economista. - 11- 03 - 2026 -.
BELGRANO, ECONOMISTA Y HOMBRE DE PRODUCCIÓN.
Damián Zanni
Manuel Belgrano no fue solamente el creador de la bandera ni un militar improvisado por las circunstancias de la revolución. Antes que nada fue un economista formado en Europa, profundamente influido por las ideas fisiocráticas, que sostenían que la riqueza de una nación nace del trabajo sobre la tierra y de la producción real. Desde su cargo en el Consulado de Buenos Aires observó con preocupación la pobreza creciente del Virreinato del Río de la Plata y comprendió que el atraso económico no era producto del destino sino de un sistema colonial que impedía desarrollar la agricultura y la industria local.
El Consulado de Buenos Aires, del cual Belgrano fue secretario desde 1794, era prácticamente el único organismo desde donde podía pensarse el desarrollo económico de la región. Allí presentó memorias anuales en las que insistía en la necesidad de diversificar los cultivos, fomentar la industria y educar técnicamente a la población. Para Belgrano no bastaba con producir materias primas para enviarlas a Europa: era indispensable generar manufacturas locales y transformar la economía del Río de la Plata en una economía productiva y autosuficiente.
En ese contexto Belgrano estudió diversos cultivos capaces de generar riqueza y trabajo. Entre ellos se encontraba el lino y el cáñamo, plantas que en Europa tenían un uso extendido en la industria textil, naval y papelera. Para Belgrano el cultivo de estas especies podía transformar la economía rioplatense, generar manufacturas locales y reducir la dependencia de productos importados.
EL CÁÑAMO COMO MOTOR INDUSTRIAL
El cáñamo era, para Belgrano, una planta de enorme valor económico. De su fibra podían fabricarse telas resistentes, sogas, velas y múltiples materiales indispensables para la navegación. En una época en que el comercio marítimo era la base del intercambio mundial, disponer de esa materia prima significaba poseer un recurso estratégico.
Belgrano sabía que las grandes potencias europeas utilizaban masivamente el cáñamo para sostener sus flotas mercantes y militares. Las sogas, los aparejos y muchas piezas navales se elaboraban con esa fibra. Incluso el papel utilizado en numerosos documentos oficiales se fabricaba con este material. Comprendía entonces que fomentar su cultivo no solo fortalecería la economía agraria, sino también permitiría impulsar industrias derivadas indispensables para el desarrollo nacional.
Por eso en 1797 redactó un texto titulado Utilidades que resultarán a esta provincia y a la península del cultivo del lino y el cáñamo, donde explicó con claridad los beneficios económicos de esta planta y detalló recomendaciones concretas para su siembra y producción.
UNA HERRAMIENTA CONTRA LA MISERIA
La preocupación central de Belgrano era la pobreza que veía entre los habitantes del Río de la Plata. Su proyecto no se limitaba a aumentar la producción sino a generar trabajo para los sectores más humildes. En sus escritos señalaba que el cultivo y procesamiento del lino y del cáñamo podía ofrecer empleo a miles de personas que hoy padecían miseria.
Particularmente destacaba el papel que podrían tener las mujeres pobres en la industria textil derivada de estas fibras. En una sociedad donde muchas de ellas quedaban marginadas del trabajo productivo, Belgrano veía en estas actividades una salida digna que permitiría combatir el hambre y la mendicidad. Su propuesta tenía por lo tanto una dimensión social muy clara: transformar la producción agrícola en una herramienta para aliviar la desigualdad.
Esta preocupación social estaba íntimamente ligada a su proyecto educativo. Entre 1799 y 1812 impulsó la creación de escuelas de Náutica, Agricultura, Matemáticas y Dibujo, convencido de que una nación solo podía progresar si formaba técnicos, artesanos y marinos capaces de sostener su propio desarrollo. En ese esquema productivo el cáñamo tenía un papel central, ya que la industria naval necesitaba enormes cantidades de fibras para fabricar velas, sogas y aparejos. Belgrano aspiraba a que el Río de la Plata tuviera barcos propios, comercio propio y una economía capaz de sostener su independencia.
EL BLOQUEO DEL MONOPOLIO COLONIAL
Pero el proyecto de Belgrano chocaba con un obstáculo fundamental: el sistema económico impuesto por la Corona española. El comercio colonial estaba controlado por los monopolios peninsulares que lucraban con la importación de productos manufacturados a América. Permitir que las colonias produjeran sus propias telas o insumos significaba quitarle ganancias a esos grupos privilegiados.
El sistema mercantilista obligaba a las colonias a exportar materias primas baratas e importar productos elaborados desde Europa. Esta estructura impedía el desarrollo industrial americano y aseguraba la dependencia económica. Por esa razón muchas de las iniciativas productivas impulsadas desde el Consulado fueron frenadas o ignoradas por los intereses comerciales de Cádiz. El desarrollo de cultivos industriales en el Río de la Plata no convenía a quienes dominaban el comercio imperial.
Así, la idea de transformar el cáñamo en un motor económico quedó relegada pese a la insistencia de Belgrano. Una vez más, el colonialismo bloqueaba cualquier intento de construir una economía autónoma en estas tierras.
UNA IDEA ADELANTADA A SU TIEMPO
Con el paso de los siglos el cáñamo quedó envuelto en confusiones y prejuicios debido a su relación con el cannabis psicoactivo. Sin embargo, la variedad industrial utilizada históricamente posee niveles mínimos del componente que produce efectos psicotrópicos. Su valor siempre estuvo en la fibra, las semillas y sus múltiples aplicaciones industriales.
La intuición de Belgrano sobre el potencial productivo de esta planta fue notablemente moderna. Hoy se conocen decenas de usos posibles: textiles, alimentos, bioplásticos, papel, materiales de construcción y derivados medicinales. Aquella propuesta que el prócer imaginó para combatir la pobreza y diversificar la economía anticipaba debates que recién en el siglo XXI comienzan a retomarse con seriedad.
LA VISIÓN PRODUCTIVA DEL PADRE DE LA PATRIA
La preocupación de Belgrano por el cultivo del cáñamo revela una faceta muchas veces olvidada del prócer. Su pensamiento económico estaba profundamente ligado a la idea de soberanía productiva. Para él una nación libre debía ser capaz de aprovechar sus recursos naturales, desarrollar industrias propias y generar trabajo para su pueblo.
En 1796 dejó escrita una frase que resume su pensamiento: “Nadie duda de que un Estado que posea con la mayor perfección el verdadero cultivo de su tierra es el verdadero país de la felicidad, pues en él se encontrará la verdadera riqueza”. En esas palabras se expresa la convicción de que la prosperidad de un país no nace de la especulación ni del comercio dependiente, sino del trabajo productivo y del desarrollo de sus propias capacidades.
El Tambor de Tacuarí. - 11-03-2026.-
El Tambor de Tacuarí.
El día de hoy, en Concepción del Yaguareté Corá, Corrientes (lugar dónde nació Pedro Ríos); con la presencia del vicegobernador Dr. Pedro Braiard Pocar y los senadores Sergio Flinta y Noel Breard, se conmemoró el aniversario del paso a la inmortalidad de Pedro Ríos "El Tambor de Tacuarí", y "Día del Niño Correntino".
Dentro de los actos de homenaje tuvieron su presentación la Guardia de Honor Municipal "Pedro Ríos" formada por niños y jóvenes de la localidad y que tienen en Pedro Ríos y en el Gral. Belgrano a sus patronos y ejemplos de patriotismo.
También en la ocasión se constituyó la Asociación Belgraniana de Concepción del Yaguareté Corá, que estará presidida por el Prof. Carlos Romero.
Belgrano enfermo viaja a Buenos Aires. Legado a su hija,1820.- 11-03-2026-
22 de enero de 1820: Belgrano muy enfermo, próximo a marchar a Buenos Aires, lega a su hija Manuela Mónica del Corazón de Jesús (en ese momento con 8 meses) la casa que el Cabildo de Tucumán le había donado y que era su modesta residencia en dicha ciudad.
El documento que se encuentra en el Archivo Histórico de Tucumán dice: “La quadra de terreno contenida en la donación que me hizo la Municipalidad y consta en los documentos antecedentes, con todo lo en ella edificado por mí, pertenece por derecho de heredad a mi hija Da. Manuela Mónica del Corazón de Jesús, nacida el cuatro de mayo de mil ochocientos diez y nueve en esta capital, y bautizada el siete, siendo sus padrinos Dña. Manuela Liendo y Dn. Celestino Liendo, hermanos y vecinos de la misma, para que conste los firmo hoy 22 de enero de 1820 en la Valerosa Tucumán, rogando a las juntas militares como a las civiles le dispensen toda justa protección. Belgrano”.
Si bien la niña no fue inscripta con el apellido Belgrano, no obstante ello, Manuel la reconoció en este documento, aunque luego ya en Buenos Aires cuatro meses después, al redactar testamento alega no tener hijos pero hace reconocimiento expreso al instruir a su hermano el cura Domingo Estanislao, albacea de su herencia, acerca de que debía velar por la educación de Manuelita y que una vez pagadas sus deudas, los fondos disponibles sean aplicados a la atención de su hija, cosa que se cumplió puntualmente.
Este documento sale a luz legal y oficialmente, cuando después de muerta la hija del Prócer, su viudo Manuel Vega Belgrano, sustanció una información testimonial canónica mediante la cual se determinó su filiación. Y tal trámite se realizó, precisamente porque debía incluirse en la sucesión de Manuela, lo que a esa fecha quedaba del inmueble de San Miguel de Tucumán. Obviamente esta información sumaria, se tramitó en Tucumán, actuando en representación de los herederos de Manuela Mónica, Don Prudencio Santillán.
La batalla de Carmen de Patagones. Soberanía Argentina.-11-03-2026
CARMEN DE PATAGONES: LA BATALLA QUE DEFENDIÓ LA SOBERANÍA DE LA PATAGONIA ARGENTINA
Por Revisionismo Historico Argentino
LA GUERRA CONTRA EL IMPERIO Y LA IMPORTANCIA DE PATAGONES
La batalla de Carmen de Patagones del 7 de marzo de 1827 se produjo en el marco de la guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil por la soberanía de la Banda Oriental. Mientras los grandes combates se libraban en el Río de la Plata y en el territorio oriental, en el extremo sur del país existía un pequeño pueblo que, sin proponérselo al principio, se había transformado en una pieza estratégica de la guerra: el antiguo Fuerte y Población de Nuestra Señora del Carmen de Patagones.
El bloqueo naval que el Imperio del Brasil había impuesto sobre el puerto de Buenos Aires obligó a los patriotas a recurrir a la guerra de corso. Los corsarios, autorizados por el gobierno de las Provincias Unidas, hostigaban el comercio imperial capturando buques enemigos. Carmen de Patagones, aislado y lejano de los principales teatros de operaciones, se convirtió entonces en un refugio seguro para estas naves. Allí reparaban barcos, descargaban presas y se reorganizaban para nuevas expediciones contra el comercio brasileño.
Para el Imperio del Brasil aquella base corsaria se transformó en un problema serio. El almirante Rodrigo Pinto Guedes, barón de Río da Prata, decidió entonces eliminar ese foco de operaciones mediante un golpe decisivo: destruir el puerto de Patagones, capturar el fuerte y establecer en la Patagonia una base militar desde la cual abrir un nuevo frente contra Buenos Aires. El objetivo no era menor: si el imperio lograba instalarse allí, la Patagonia podía quedar bajo influencia extranjera. Lo que estaba en juego no era sólo un pueblo remoto, sino la soberanía argentina sobre el extremo sur del territorio.
UNA EXPEDICIÓN IMPERIAL CONTRA UN PUEBLO AISLADO
Para llevar adelante la operación se organizó una expedición naval al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd, al servicio del Imperio del Brasil. La escuadra estaba integrada por cuatro buques: la corbeta Duqueza de Goyas, nave insignia de Shepherd; la corbeta Itaparica, al mando de Guillermo Eyre; el bergantín Escudeiro, comandado por Luis Pouthier; y la goleta Constanza, al mando de Joaquim Marques Lisboa, quien años más tarde sería el célebre almirante Tamandaré de la marina brasileña. La fuerza invasora superaba los seiscientos hombres, entre marineros, soldados y oficiales, muchos de ellos extranjeros al servicio del imperio. Frente a esa escuadra, Carmen de Patagones parecía prácticamente indefenso.
El comandante del fuerte, coronel Martín Lacarra, apenas contaba con un centenar de infantes y algunas piezas de artillería en la batería del río. A esa fuerza se sumaron vecinos armados, un grupo de negros libertos organizados como infantería bajo el coronel Felipe Pereyra y unos ochenta gauchos a caballo guiados por el baqueano José Luis Molina. También participaron marinos corsarios de distintas nacionalidades, entre ellos los comandados por Santiago Jorge Bynon, Pedro Dautant y James Harris, cuyas tripulaciones decidieron defender el puerto.
Toda la población participó en la defensa. Incluso las mujeres colaboraron activamente en el engaño táctico que preparaban los defensores: utilizando palos, gorros militares y uniformes improvisados, simularon la presencia de columnas de refuerzo para hacer creer al enemigo que el pueblo contaba con muchas más tropas de las que realmente tenía.
Entre los defensores se encontraba también un soldado afrodescendiente que con el tiempo se volvería legendario en la historia local: Felipe “La Patria”, uno de los combatientes de aquella jornada que viviría más de un siglo y moriría en 1892 a los 104 años.
LAS DIFICULTADES DEL RÍO NEGRO Y LA MARCHA DEL EJÉRCITO INVASOR
La escuadra imperial apareció frente a la desembocadura del río Negro a fines de febrero de 1827. El 28 de febrero el bergantín Escudeiro logró ingresar al río enarbolando engañosamente la bandera de las Provincias Unidas para acercarse a las defensas. La batería del coronel Pereyra abrió fuego, pero la escasez de municiones permitió que el buque avanzara río arriba seguido por la corbeta Itaparica. Sin embargo, el río Negro se convirtió en un obstáculo inesperado para los invasores. Sus bancos de arena y su escasa profundidad complicaron la navegación de los buques imperiales. La corbeta Duqueza de Goyas, nave insignia de la expedición, quedó encallada en los bancos exteriores y terminó perdiéndose tras varios días de esfuerzos inútiles por liberarla. Otros barcos también sufrieron encalladuras que debilitaron seriamente a la escuadra.Ante estas dificultades, Shepherd decidió atacar el pueblo por tierra. Durante la madrugada del 7 de marzo desembarcó una columna de aproximadamente cuatrocientos hombres que inició la marcha hacia Carmen de Patagones atravesando montes cerrados, arenales y matorrales espinosos.
La travesía fue terrible. Los soldados imperiales se extraviaron durante la marcha y se alejaron del río, quedando casi veinticuatro horas sin agua bajo un calor sofocante. El único alimento disponible era carne salada, lo que agravaba la sed y el agotamiento. Cuando finalmente llegaron al Cerro de la Caballada, a pocos kilómetros del pueblo, las tropas estaban completamente extenuadas.
EL COMBATE DEL CERRO DE LA CABALLADA Y LA DERROTA DEL IMPERIO
Mientras los brasileños avanzaban sin saberlo hacia su destino, los milicianos criollos ya habían descubierto sus huellas. Los hombres del subteniente Sebastián Olivera y los gauchos del baqueano José Luis Molina patrullaban la zona cuando detectaron el rastro de la columna enemiga. De inmediato se prepararon para interceptarla.
Cuando los invasores intentaron ascender al Cerro de la Caballada, fueron sorprendidos por el fuego de los defensores. En los primeros disparos cayó muerto el comandante James Shepherd. La muerte del jefe sembró confusión entre los soldados imperiales.
Los gauchos y milicianos aprovecharon el desconcierto y rodearon a los invasores mediante tácticas de guerrilla. Los pastizales fueron incendiados y el humo envolvió a las tropas brasileñas, que ya estaban exhaustas por la marcha. Desorientados y creyendo enfrentarse a una fuerza mucho mayor, los imperiales comenzaron a retirarse hacia el río. Pero la situación allí era aún peor para ellos. Mientras se desarrollaba el combate terrestre, la flotilla corsaria al mando de Santiago Jorge Bynon había atacado a los buques imperiales atrapados en el río. El bergantín Escudeiro fue capturado tras la muerte de su capitán, luego cayó la goleta Constanza y finalmente la corbeta Itaparica.
Cuando el nuevo jefe de la expedición, Guillermo Eyre, comprendió que la escuadra estaba perdida y que la fuerza de desembarco había sido derrotada, no tuvo otra opción que rendirse. El resultado fue contundente: las fuerzas patriotas capturaron tres buques de guerra, veintiocho cañones, abundante armamento y tomaron 579 prisioneros.
Las naves capturadas fueron rebautizadas Ituzaingó, Patagones y Juncal, e incorporadas posteriormente a la escuadra del almirante Guillermo Brown.
UNA VICTORIA DECISIVA PARA LA SOBERANÍA DE LA PATAGONIA
La victoria de Carmen de Patagones fue una de las más sorprendentes de la guerra contra el Imperio del Brasil. Un pequeño pueblo aislado, defendido por gauchos, negros libertos, corsarios y vecinos armados, logró derrotar a una expedición naval imperial muy superior en número y armamento. Pero el significado de aquella jornada va mucho más allá del combate en sí. Si el Imperio del Brasil hubiera logrado ocupar Patagones, habría establecido una base militar en el extremo sur del territorio, lo que podía abrir la puerta a disputas sobre la Patagonia atlántica. La derrota imperial frustró definitivamente ese intento. Por eso la batalla de Carmen de Patagones no fue simplemente una victoria militar: fue una defensa directa de la soberanía argentina sobre la Patagonia. Allí, en los confines del país, un pueblo entero se levantó para enfrentar a un imperio y aseguró que aquellas tierras continuaran formando parte de la Nación Argentina.
Como recuerdo de aquella gesta, siete banderas imperiales brasileñas fueron capturadas. Dos de ellas todavía se conservan en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, donde siguen siendo símbolo de una jornada en la que gauchos, marinos, negros libertos y vecinos comunes derrotaron a un imperio y defendieron para siempre la Patagonia argentina.
Damian Leandro Zanni
domingo, 8 de marzo de 2026
La mujer en la historia argentina. - 08 - 03 -2026 -
LA MUJER EN LA HISTORIA ARGENTINA.
Esteban Dómina.
El 8 de marzo fue declarado Día Internacional de la Mujer por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) La fecha evoca un acontecimiento trágico —el incendio intencional que en 1908 causó la muerte de trabajadoras en una hilandería de Nueva York— adoptado como emblema para instalar en el calendario una jornada global de reflexión y debate acerca de la situación de la mujer y nuevos que enfrenta.
Puertas adentro, la fecha invita a repasar la presencia de la mujer en distintas épocas de la historia argentina. Planteado dicho propósito, se presenta un primer y gran problema: hallarlas, recuperar sus nombres, reconstruir su presencia. La mayoría, salvo honrosas excepciones, quedaron sumidas en el anonimato, a punto tal que podría escribirse una historia paralela: la de mujeres ausentes, borradas del relato historiográfico, como si no hubiesen existido.
Ello es así, como ocurrió en casi todas partes, debido al absurdo paradigma cultural del pasado que invisibilizó a las mujeres a la hora de contar la historia. El relato tradicional fue concebido por historiadores clásicos cuya visión, acorde al modelo patriarcal reinante, era que la esfera de lo público pertenecía exclusivamente al hombre, en tanto que a la mujer le correspondía desenvolverse no más allá del ámbito del hogar y la familia.
Así fue que el estereotipo femenino, concebido por la historiografía oficial y reproducido durante décadas por el sistema educativo, reconoce dos modelos femeninos: el de unas pocas mujeres patriotas, un selecto elenco de damas recordadas por méritos de menor relevancia comparados con lo que estaba en juego e incumbía a los hombres. Y el de esposas sacrificadas, hijas ejemplares y madres abnegadas, aludidas casi como meras portadoras de apellido.
En el primer grupo, los manuales escolares mencionaban a Mariquita Sánchez de Thompson por haber facilitado su reputado salón para estrenar la canción patria, las Niñas de Ayohuma que auxiliaron a los heridos de ese combate, Francisca Bazán de Laguna por proveer la legendaria casa donde se declaró la independencia, las patricias mendocinas que donaron joyas y cosieron la bandera del Ejército de los Andes. En el segundo grupo se incluía puntillosamente a Remedios Escalada, Mercedita y Manuelita, y Paula Albarracín, presentadas como modelos ejemplares de esposa, hijas y madre, respectivamente, de hombres célebres como José de San Martín, Juan Manuel de Rosas y Domingo F. Sarmiento. De amantes y barraganas, ni una palabra, como si Damasita Boedo, María Eugenia Castro o Aurelia Vélez no hubieran existido, como tantas otras.
Sin embargo, las mujeres estuvieron presentes y activas en todas las épocas, sufriendo iguales vicisitudes que los hombres de su tiempo. Lucharon junto a los grandes protagonistas de las azarosas horas fundacionales como San Martín, Manuel Belgrano y Miguel Martín de Güemes; fueron parte intensa de las vidas de Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia, Rosas, Sarmiento, Julio A. Roca y muchos otros; pelearon las guerras, acompañaron a los caudillos federales, participaron desde siempre del mundo laboral, fueron pioneras de la educación y viga maestra de la familia y la sociedad.
Debieron transcurrir muchas décadas para que la inequidad apuntada fuera reparada, aunque no del todo, porque sobre la memoria de muchas mujeres insignes sigue pesando un inexorable manto de olvido. Con el paso del tiempo, los nombres rescatados que fueron saliendo a la luz permitieron reconstruir una galería de luchadoras en distintos roles en diferentes etapas históricas: Mariquita Sánchez, ya citada; Juana Azurduy, María Remedios del Valle, Macacha Güemes y muchas más mujeres comprometidas con la causa de la libertad y la independencia en la primera hora patria. Victoria Romero y Dolores Díaz, insignes compañeras de los caudillos Ángel Vicente Peñaloza y Felipe Varela, respectivamente. Juana Manso, Juana Manuela Gorriti, Olga Cossettini, Rosario Vera Peñaloza, puntales de la educación universal. Las incansables sufragistas en tiempos adversos a los derechos de la mujer: Julieta Lanteri, Cecilia Grierson, Elvira Rawson, Alicia Moreau, por citar solo algunas de las que bregaron para alcanzar el derecho al voto. Excelsas referentes en el ámbito de la cultura, como Rosa Bazán de Cámara, Alfonsina Storni, María Rosa Oliver y Delfina Bunge; Silvina Ocampo y María Elena Walsh, más acá en el tiempo.
En el ámbito de la política, el más alambrado, las primeras damas eran apreciadas por su bajo perfil. El pico más alto de protagonismo femenino lo marcó la irrupción de María Eva Duarte en la alta esfera política, un terreno hasta entonces vedado a la mujer. Más acá en el tiempo fueron mujeres —madres y abuelas— quienes desafiaron el terrorismo de Estado reclamando por la aparición con vida de sus seres queridos.
En las últimas décadas, el ascenso social de la mujer fue sostenido, ganando terreno en el plano de la igualdad de derechos y oportunidades, aunque subsisten problemas de larga data que, lejos de atenuarse, se agigantaron en extremo, como la violencia de género que viene dejando un tendal de femicidios.
En síntesis, las mujeres argentinas transitaron épocas signadas por la exacerbación del poder masculino y debieron desenvolverse en el estrecho margen que les era permitido. A lo largo del tiempo bregaron arduamente para cambiar esa realidad, una lucha que continua. Vaya para todas ellas, las mujeres visibles e invisibles de la Historia, un merecido homenaje en su Día.
Homenaje a la mujer. Belgrano promotor del rol de la mujer. -08 - 03- 2025-
Asociación Belgraniana de Morón
8 de marzo de 2025
Homenaje del Instituto Nacional Belgraniano a la Mujer, recordando algunas de las obras y acciones de Manuel Belgrano en favor de las niñas y mujeres de la Patria naciente.
Manuel Belgrano; Promotor del Rol de la Mujer.
“(…) las mujeres - fundamentaba Manuel Belgrano - son las encargadas de mejorar la sociedad porque ellas son las que forman a los ciudadanos, son las moderadoras, el instrumento fundamental para el cambio social, y era necesario educarlas para que pudieran cumplir con una misión tan significativa (…)”.
Período virreinal:
Belgrano fue un verdadero pionero en promover el rol social de la mujer en el Río de la Plata. En su cargo, como Secretario Perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires (1794 - 1810), a través de las Memorias anuales se ocupó del tema y también a través de artículos en el Correo de Comercio.
Belgrano, en la Memoria “Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria y proteger el comercio en un país agricultor”, 15 de julio de 1796, manifestó un verdadero plan educativo, proponiendo la creación de escuelas: en primer lugar, escuelas gratuitas de primeras letras para niñas y para niños, de agricultura, hilaza de lana, de comercio, de dibujo y de náutica, Muy pocas de estas escuelas pudieron establecerse, entre ellas: la Escuela de Dibujo y una Academia de Náutica. El proyecto de Belgrano comprendía la enseñanza de primeras letras (hoy en día enseñanza primaria) pública, gratuita y obligatoria para niñas y niños. Fue el pionero en la educación femenina. Se les debería enseñar a las niñas doctrina cristiana, a leer, escribir, coser, bordar y principalmente inspirarles el amor al trabajo para apartarlas de la ociosidad tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres.
Ello les permitiría reunir el dinero necesario para la dote y acceder al matrimonio y ser madres de familia. Es una constante en el pensamiento belgraniano la valorización de la educación y el trabajo, para la formación integral de las personas. Su labor no se vio limitada a las Memorias Consulares, también desarrolló una importante prédica en los periódicos de la época. Belgrano en un artículo del Correo de Comercio, del 21 de julio de 1810, destacaba la necesidad que la política generara buenas costumbres esenciales para la felicidad moral y física de la nación.
Esta tarea debía estar en manos fundamentalmente de la mujer, dado que ella era la que formaba a los futuros ciudadanos. Describía en estos términos cuál era la situación de la mujer en esos momentos: “(…) La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado?. ¿Cómo ha de desenrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos?. ¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu y que estas calidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden? (…)”. Por otra parte en la Memoria de 1796 también propuso el establecimiento de escuelas de hilazas de lana para ambos sexos, dentro de su plan de enseñanza de oficios, para desterrar la ociosidad y remediar la indigencia de los jóvenes de ambos sexos. Instituyó premios a los mejores hilados hechos por las niñas del Colegio de San Miguel Arcángel, colegio de niñas huérfanas. 6 Además, en la Memoria “Utilidades que resultarían a esta provincia y a la Península del cultivo del lino y cáñamo”, 9 de junio de 1797, propuso que las mujeres se ocuparan de diversas operaciones relativas a su fomento. Las mujeres de las clases más favorecidas, además de recibir educación, deberían realizar tareas de asistencia a pobres y enfermos en las Iglesias, al tiempo de hacerse cargo de escuelas de enseñanza para las niñas, donde también se les enseñara alguna “especie de industria”. Cada parroquia debería tener un médico para los pobres, viviendo en ella, y se evitaría por este medio que tuvieran que recurrir a los hospitales.
Es decir, que Belgrano buscó que la mujer no estuviera reducida al ámbito puramente doméstico, sino que también se insertara en un rol social. Las mujeres de los sectores populares, a través de la educación durante los primeros años y después incorporándose al mundo del trabajo (aprendizaje de oficios mujeriles) y las mujeres de la elite, luego de haberse educado, desempeñando tareas, que hoy en día denominamos sociales, en las parroquias, brindando asistencia a pobres y enfermos y educación a las mujeres pobres, alentándolas en sus trabajos.
Período Patrio:
la mujer irrumpe en el movimiento revolucionario. Más allá del marco del hogar, las mujeres en el Río de la Plata tuvieron una gran participación social. Estamos hablando de una sociedad multirracial y multicultural, donde encontramos mujeres aborígenes, blancas, mestizas y negras. A partir de la Revolución de Mayo se dio una marcada “politización” de la sociedad. Las de las clases altas participaron a través de los Salones y Tertulias. En ellas, para asombro de algunos viajeros ingleses, discutían con total naturalidad y apasionamiento de los temas políticos. Se dividían en realistas y patriotas. La mujer también estuvo presente en la Guerra de la Independencia, acompañando a los ejércitos patriotas y realistas, ya fuera como vivanderas, enfermeras, “bomberos” (espías), etc. Nuestras mujeres del Norte y de Cuyo participaron activamente en la Gesta de la Independencia. Desde el punto de vista de la producción confeccionaron la ropa para el grupo familiar y se hicieron cargo de sostener a las familias cuando los hombres marcharon a formar parte de los ejércitos. Cosieron los uniformes militares, bordaron las banderas y elaboraron los ponchos de nuestras tropas. Algunas, no solo acompañaron a los ejércitos realizando diversas funciones y exponiendo sus vidas, sino que empuñaron las armas. La participación de la mujer en las campañas libertadoras también estuvo presente por medio de donaciones. A modo de ejemplo, Doña Gregoria Pérez Ilarramendi de Deniz, distinguida y rica viuda, puso a disposición de Belgrano en su marcha al Paraguay, como Jefe de la Expedición Libertadora al Paraguay en 1810, sus haciendas, casas, criados y otros bienes. Belgrano agradeció, señalando que “(…) jamás olvidará una efusión tan sincera en beneficio de la Santa Causa que defendemos (…)”. En los frentes de guerra del Alto Perú (actual Estado Plurinacional de Bolivia) y las Intendencias de Salta y Tucumán, hubo una importante participación de las mujeres en las filas patriotas. Debemos tener en cuenta que la guerra se extendió desde 1810 hasta 1825, cuando la Batalla de Tumusla (1º de abril de 1825) puso fin al último resto del poder realista en la América del Sur.
Belgrano fue dos veces General en Jefe del Ejército Auxiliador del Perú: en 1812 - 1814, cuando tuvo lugar la Segunda Expedición Libertadora al Alto Perú, y 1816-1819, donde se destacó el accionar de Güemes, que enfrentó a los realistas en la “Guerra Gaucha” y los caudillos altoperuanos, “Guerra de Partidarios”. Mientras tanto, Belgrano a raíz de la falta de recursos se mantuvo con su ejército acantonado en Tucumán, pero pendiente de todas las operaciones patriotas. Debemos destacar que Belgrano, durante la Segunda Expedición Libertadora al Alto Perú, entró con sus tropas a Potosí y el 4 de julio de 1813 fue agasajado por las damas potosinas, quienes le obsequiaron la Tarja o Escudo de Potosí. Esta joya barroca, elaborada por orfebres potosinos, en oro y plata, más allá del innegable valor artístico tiene también un gran significado histórico. Evoca la ceremonia con la cual la ciudad de Potosí recibió a Belgrano y su ejército. Representa a la América del Sur, desde el Istmo de Panamá, incluyendo las Islas Malvinas y está coronada por la figura de un cacique. Una leyenda en oro designa a Belgrano “Protector de los Pueblos Americano”.
Belgrano envió el obsequio desde Potosí, el 6 de septiembre de 1813, al Cabildo de Buenos Aires, en una muestra más de su constante desprendimiento. Lo acompañó con una lista de las setenta y siete damas potosinas que se lo regalaron. Destacamos la actitud de Belgrano de reconocer el accionar femenino, que nos permite rendirle homenaje a estas mujeres.
En este frente de batalla que comprendía las Intendencias de Salta y Tucumán, las mujeres prestaron invalorables servicios al bando patriota. Todas las mujeres participaron de esta epopeya, desde la esclava hasta la matrona más encumbrada. Podemos citar entre otras: Juana Moro de López, Celedonia Pacheco de Melo, Magdalena Güemes de Tejada, alias Macacha, hermana de Juan Martín de Gúemes, Juana Manuela Torino, María Petrona Arias, Martina Silva de Gurruchaga y Andrea Zenarruza de Uriondo.
Martina Silva de Gurruchaga llegó a alistar una compañía de soldados en Los Cerrillos, a pocas leguas al sur de la ciudad de Salta. Belgrano en recompensa de su accionar, le ofreció un riquísimo manto, en cuya orilla mandó bordar la siguiente leyenda: “A la benemérita patriota capitana del ejército doña Martina Silva de Gurruchaga”. Merece una especial mención María Remedios del Valle, una parda según el sistema de castas vigente. Nació en Buenos Aires y se desempeñó, junto con su marido e hijos, en el ejército a partir de la Primera Expedición al Alto Perú, bajo el mando de Juan José Castelli en julio de 1810. Posteriormente, acompañó al Ejército Auxiliador del Perú, bajo las órdenes de Belgrano y luego se desempeñó bajo las órdenes de Güemes y de Álvarez de Arenales. Sufrió todo tipo de desventuras, entre ellas azotes públicos por favorecer la fuga de oficiales patriotas. De regreso a Buenos Aires, pobre y enferma, mientras mendigaba por las calles porteñas, fue reconocida por el General Juan José Viamonte, quien gestionó su pensión en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Esta le otorgó el cargo de Sargento Mayor en 1829. Cargo que detentó hasta su fallecimiento, ocurrido en 1847.
Gregorio Aráoz de Lamadrid y José María Paz, ambos oficiales de Belgrano, se refieren a ella en sus “Memorias”. Aráoz de Lamadrid mencionaba que una morena proveniente de Buenos Aires, la “tía María” a quien llamaban “madre de la patria”, en plena batalla de Ayohuma, mientras duraba el cañoneo como a las doce del día 14 de noviembre y con un sol que abrasaba la tierra, junto con sus dos hijas mozas, que se ocupaban de lavar con ella la ropa de los jefes y oficiales, constantemente condujo agua en tres cántaros que llevaban a la cabeza, desde un lago o vertiente situada entre ambas líneas y la distribuían entre los diferentes cuerpos, dándole un poco de alivio al ejército patriota. También José María Paz coincidía con este testimonio en sus memorias escritas en 1848. Bartolomé Mitre retomó estas memorias en su: “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina”, publicada en 1857, transmitiendo la versión que llegó hasta nuestros días de “Las niñas de Ayohuma”. Recientemente, se reconoció su accionar y en su honor por Ley 26.852, del 17 de julio de 2019, se estableció el 8 de noviembre como el “Día Nacional de los y las Afroargentinos y de la Cultura afro”. Para finalizar este artículo, solo nos resta decir que Belgrano mantuvo una actitud de coherencia a lo largo de su vida pública en las distintas circunstancias que le tocó actuar y ello también lo advertimos con respecto al papel de la mujer en la sociedad, que promovió como funcionario del Estado Hispano - colonial primero y luego cuando se desempeñó como General en Jefe de los Ejércitos de la Independencia de la Patria. Las mujeres junto con los hombres fueron artífices de esa Patria Naciente, con la que soñó y por la cual luchó el General Manuel Belgrano.
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