Grandes temas nacionales.
martes, 3 de febrero de 2026
Combate de San Lorenzo con San Martín. -03 -02 - 2026-.
Combate de San Lorenzo.
3 de febrero, aniversario del Combate de San Lorenzo
Héctor Gustavo Pugliese (*)
San Lorenzo fue un combate, librado el 3 de febrero de 1813, muy cerca de la ciudad de Rosario, Santa Fe, conducido por él en aquel momento Coronel José de San Martín, con parte de sus granaderos a caballo.
Es pequeño por las tropas participantes, pero muy importante por ser el único combate librado por el “Padre de la Patria” en territorio Argentino y la primera victoria del prócer con sus Granaderos. En el combate participaron 120 granaderos con el apoyo de 52 milicianos de la zona. Todos ellos se cubrieron de gloria por su participación en él y estarán por siempre en el recuerdo de los argentinos. Hombres, Soldados que con Pertenencia y valor dieron su vida por la Independencia, sirviendo a su Patria de la mejor manera que podían. Criollos de ley que ya se habían destacado con bravura en todos los combates y batallas libradas en 1810, 1811 y 1812. Cotagaita, Suipacha, Paraguarí, Tacuarí, Huaqui, Las Piedras, Tucumán, son algunas de las que recordados y anónimos soldados demostraron su espíritu de libertad.
Es importante también, registrar el logro pese a las restricciones económicas y presupuestarias de la Revolución de Mayo que se ven expresados en los siguientes hechos:
• la falta de caballos de guerra al iniciar la misión desde Buenos Aires, solo marcharon 150 granaderos, pese a tener casi el doble de efectivos.
• la carencia de caballos de transporte en las postas. Por lo que tiene que dejar en la posta de Santos Lugares a la compañía del Regimiento 2 de infantería que conformaba la pequeña empresa disuasoria.
• la escasez de carabinas tercerolas, de dotación de los granaderos, solo tenían ese armamento 12 de los soldados de la expedición.
Pese a todo, el combate logra su objetivo de rechazar las invasiones fluviales corsarias enviadas de Montevideo.
Una breve cronología previa al combate nos dice que:
El 9 de marzo de 1812, San Martín arriba desde España a Buenos Aires.
El 16 de marzo recibe el nombramiento de Teniente Coronel de Caballería y Jefe del escuadrón de granaderos a caballo a crear por él.
El 7 de diciembre es ascendido a Coronel y el Escuadrón se amplía a Regimiento.
El 28 de enero de 1813 inician la expedición hacia el Norte siguiendo la incursión de la flota realista.
El 30 de enero los corsarios desembarcan cerca de San Lorenzo y se produce una escaramuza con las milicias Rosarinas a órdenes del comandante militar, Capitán Emeterio Celedonio Escalada.
El 2 de febrero los realistas desembarcan en una isla frente a San Lorenzo para ejercitarse y por la noche los granaderos llegan al convento de San Carlos donde se tropiezan con el “comerciante” inglés John Parish Robertson.
El 3 de Febrero se produce el Combate.
En esos momentos la revolución de Mayo estaba siendo hostigada y amenazada desde distintos lugares, uno de ellos era Montevideo, desde donde se despachaban penetraciones fluviales con la flota realista que dominaba los océanos y ríos de la nueva nación. De esta manera los hispanos sojuzgaban a las poblaciones ribereñas y hacían periódicas incursiones y agresiones por la fuerza a fin de apoderarse de ganados y otros comestibles.
En Buenos Aires en los primeros días de 1813 se tiene un informe de que en la isla Martín García se constituía una escuadra corsaria para operar en el río Paraná. Eran alrededor de 11 navíos mercantes artillados y su jefe el corsario Rafael Ruiz. La tropa de desembarco eran 300 voluntarios de las milicias urbanas de Montevideo a órdenes del capitán de artillería Juan Antonio Zavala.
El triunvirato evalúa que la incursión enemiga sería contra las baterías del Rosario y de punta Gorda, actual Paraná, y así entorpecer y atacar el tráfico fluvial en el Río y además obtener alimentos para la plaza asediada de Montevideo y ordenan al coronel San Martín que siga por tierra a la flotilla filibustera y así resguardar las riberas de nuestros ríos y atacar si fuera necesario las incursiones enemigas.
San Martín forma la fuerza con un escuadrón de 150 hombres (6 oficiales, 2 cadetes, 11 suboficiales, 1 trompa y 129 granaderos) de los mejores de su Regimiento y una compañía montada del Regimiento 2 de infantería. El 2do jefe del escuadrón era el Capitán Justo Germán Bermúdez.
Así, sigue el avance de la flota enemiga, empleando la huella de las postas y marchando de noche para eludir ser vistos y evitar los calores del verano.
La flota navegando el Paraná sobrepasa Rosario y fondea frente al convento de San Carlos, en San Lorenzo. El 30 de enero los españoles desembarcaron, escalando las altas barrancas y reconocieron el lugar. Enterado del hecho el capitán Escalada, comandante militar del Rosario, ataca a los realistas cuando regresaban a los barcos produciéndose un intercambio de disparos y algunos cañonazos.
En silencio y sin prender fuegos que los detecten, los patriotas arriban al convento en la noche del 2 de febrero, donde se ocultan, pasando al descanso en el patio. San Martín desde el campanario del convento, vigilaba las naves enemigas.
El día 3 de febrero, al amanecer la correría realista desembarcaba con 250 infantes y 2 piezas de artillería de reducido calibre. Los incursores avanzaban con estandartes desplegados y en dos columnas.
El coronel decidió que los 12 granaderos armados con carabinas quedaran en la defensa del convento y fraccionó a los granaderos armados con sable y lanza en dos columnas a caballo, una a su mando y la otra a órdenes del capitán Bermúdez.
San Martín fiel a su estilo militar, se dirigió enérgicamente a sus montados, expresándoles “tenemos a la mano al enemigo de la Patria. Espero que los señores oficiales y granaderos se batirán como corresponde al buen nombre y honor del regimiento”.
Después el trompa toca a la carga y por sorpresa cargaron contra las columnas realistas.
La compañía del coronel atacó por la izquierda y la del capitán Bermúdez por la derecha, obteniendo lo concebido que el enemigo se desconcierte y no alcanzando a ejecutar maniobras defensivas, como formar en cuadro. Esto también es debido a la insuficiente instrucción militar de las milicias urbanas de Montevideo que ejecutaban el desembarco.
Durante el encuentro fue muerto el caballo de San Martín, trabando una pierna del Coronel, que además recibe una herida de arma blanca en la mejilla izquierda. Evitando la muerte por la acción del granadero Baigorria, quien traspasa con su lanza a un soldado enemigo que pretendía herir al Libertador y del granadero Juan Bautista Cabral quien desmonta y alza el caballo muerto permitiendo a su jefe incorporarse, allí Cabral fue herido de muerte.
En otro lugar del encuentro el teniente Hipólito Bouchard arrebata una bandera al enemigo, matando al abanderado.
La victoria fue conseguida en escasos minutos. Los realistas se retiraron desorganizadamente, huyendo hacia la seguridad de los buques anclados en el río. Dejando tirados 40 fusiles y 2 cañones.
Los granaderos tuvieron 6 muertos y 20 heridos, de ellos 10 murieron posteriormente, entre ellos el Capitán Bermúdez al que se le había amputado una pierna. Las bajas españolas fueron de 40 muertos y 14 prisioneros, 12 de ellos heridos.
El 4 de febrero el Capitán Zavala, herido en una pierna, se presentó en el convento a parlamentar con su vencedor, San Martín, con el que disponen un intercambio de prisioneros, los 14 realistas por el teniente Díaz Vélez, quien muere 3 meses más tarde, y 3 barqueros paraguayos capturados en el río. Estos se incorporan como granaderos y uno de ellos Félix Bogado ascendería en las campañas del Regimiento al grado de Coronel, siendo el último jefe de los Granaderos en la guerra de la independencia.
Además San Martín concedió al capitán realista agua y víveres para sus heridos.
El triunfo permitió levantar la moral de la tropa y la credibilidad de la población civil en su gobierno, que la podía defender de los corsarios realistas. La flota enemiga regresó derrotada a Montevideo y no volvió a irrumpir por el río Paraná.
San Martín escribió en su parte del combate bajo la sombra de un longevo pino: “.... el día 3 de febrero los granaderos de mi mando en su primer ensayo han agregado un nuevo triunfo à las armas de la patria. ...... El valor è intrepidez que han manifestado la oficialidad y tropa de mi mando los hace acreedores à los respetos de la patria, .......... cuento entre estos al esforzado y benemérito párroco Dr. D. Julián Navarro, que se presentó con valor animando con su voz, y suministrando los auxilios espirituales en el campo de batalla: igualmente lo han contraído los oficiales voluntarios D. Vicente Mármol, y D. Julián Corvera, que à la par de los míos permanecieron con denuedo en todos los peligros.......”
San Martín y sus soldados regresan a Buenos Aires donde son recibidos con gozo y satisfacción por la población y el gobierno. El Triunvirato lo designa comandante de la defensa de la ciudad en caso de invasión.
En definitiva este pequeño combate logra su misión y demuestra ante el mundo la decisión del gobierno revolucionario, que pese a las deficiencias económicas, con el sacrificio y el valor de sus patriotas darán batalla para mantener la Libertad lograda el 25 de mayo de 1810.
(*) Coronel de la Nación. Veterano de Guerra de Malvinas
domingo, 25 de enero de 2026
Manuel Belgrano y la Educación de un pueblo.-25 - 01 - 2026 -.
Manuel Belgrano y la educación de un pueblo.
Belgrano: el loco que quiso educar a una patria analfabeta
Hay que decirlo de una vez: Belgrano no fue un prócer. Fue un obstinado. Un terco con traje de caballero que hablaba de escuelas mientras los otros jugaban al poder. En 1810, cuando Buenos Aires era un caserío de 45.000 almas y el analfabetismo se respiraba como el polvo, él soñaba con maestros pagos, chicos con papel y mujeres aprendiendo a leer. ¡Mujeres! En una época donde se las educaba para rezar, bordar y callar.
Mientras los demás juraban lealtad a quien viniera —rey, virrey o inglés—, él juraba lealtad al conocimiento. Fundó escuelas de náutica, matemáticas, dibujo. Propuso que los esclavos fueran hombres y no herramientas. Donó 40.000 pesos oro para abrir escuelas. ¿Y sabés qué pasó? El Estado lo olvidó. La plata se evaporó en escritorios polvorientos y promesas rotas. Como siempre.
Murió como vivió: con dignidad. Sin un peso, sin honores, sin casa. Pagó al médico con su reloj. Lo enterraron con una tabla sacada del mueble de su hermano. Sin banda, sin desfile, sin discurso. Solo. Y aún así, más grande que todos.
Belgrano no gritó “viva la patria” desde un balcón. La escribió en los cuadernos que no existían. La dibujó en una bandera que no le dejaron mostrar. La sembró en almas cansadas de obedecer. Por eso molesta tanto recordarlo: porque nos obliga a preguntarnos qué hicimos con su sueño.
Hoy, cuando veas flamear la bandera, no pienses en bronce. Pensá en un hombre solo, escribiendo de noche, con hambre, con fiebre, soñando con una patria que todavía no llega.
lunes, 12 de enero de 2026
Manuel Dorrego no negociaba. -12 -01 -2026 -
MANUEL DORREGO: EL HOMBRE QUE NO SE NEGOCIABA
Manuel Dorrego fue un hombre que desbordaba a su época. No por estridencia, sino por autenticidad. En un país donde muchos cambiaban de postura según soplara el viento, él eligió mantenerse firme, aun cuando esa firmeza le costara la vida. Su destino ya estaba escrito desde el momento en que decidió no transar con nadie, ni siquiera consigo mismo.
Como militar, era una mezcla de intuición y coraje. En Tucumán, al mando de la Infantería de Reserva, peleó con una energía que desconcertó al enemigo y encendió a su tropa. Díaz Vélez lo definió con una frase contundente: “Su resuelta bravura ha admirado a nuestras tropas y aterrado al enemigo.”
Pero lo que realmente volvió peligroso a Dorrego no fue su sable, sino sus ideas. Su defensa del pueblo llano, su obsesión por la justicia social, su rechazo a los privilegios irritaron a más de uno.
Y Lavalle, enceguecido por la muerte de su hermano en campaña, no se la perdonó. Ese rencor personal se mezcló con la política y se convirtió en sentencia: un juicio inexistente, una orden precipitada y un fusilamiento que pretendió clausurar un conflicto.
Lo mataron para borrar su voz.
No entendieron que su muerte lo multiplicaba.
Recordar a Dorrego no es un acto ceremonial: es un ejercicio de coraje moral. No fue un mártir de estampa, sino un hombre entero, incapaz de vender su conciencia, incapaz de pedir perdón por lo que creía justo.
Lo ejecutaron en 1828.
Pero su ejemplo —incómodo, vibrante, necesario— sigue vivo.
San Martín obsesionado con la Insependencia.- 12 - 01 -2026 -
WILLIAM MILLER Y LA MENTIRA DEL “SAN MARTÍN AGENTE INGLÉS”
Hay quienes sostienen, con liviandad y mala fe, que San Martín fue “agente inglés” porque tuvo relación con William Miller, un oficial nacido en Inglaterra. El razonamiento es tan pobre que se cae solo: confunden nacionalidad con obediencia.
William Miller no llegó a América enviado por Londres. Llegó, como tantos europeos, por decisión propia. Se alistó en el Ejército de los Andes, cruzó la Cordillera, combatió en Chile, se jugó la vida en Cancha Rayada y fue herido más de veinte veces peleando contra el imperio español. Ningún agente extranjero sangra así por una causa ajena.
San Martín lo ascendió no por ser inglés, sino porque peleó cuando otros huían. Lo nombró edecán porque había demostrado lealtad en el campo de batalla, no en un despacho diplomático. Si la relación con Miller convirtiera a San Martín en agente inglés, entonces también habría que decir que fue agente chileno, peruano o rioplatense al mismo tiempo. Un absurdo.
Miller comandó fuerzas patriotas en Mirave y en Ayacucho, la batalla que selló la independencia sudamericana. ¿Desde cuándo Inglaterra financia la destrucción del poder español para favorecer repúblicas que no controla?
Miller fue, además, biógrafo de San Martín. Lo conoció de cerca. Y jamás escribió que respondiera a intereses británicos. Al contrario: lo mostró austero, obsesionado con la independencia y profundamente desconfiado de las potencias.
La verdad es simple y molesta para los simplificadores: San Martín usó hombres extranjeros para una causa americana, no fue usado por ellos.
Y William Miller no es prueba de una conspiración inglesa: es prueba de que la independencia se ganó con coraje, no con pasaportes.
Granadero Juan Bautista Baigorria. -12 - 01 - 2026 -
JUAN BAUTISTA BAIGORRIA
HÉROE DE SAN LORENZO
Por Revisionismo Historico Argentino
Se llamó Juan Bautista y no aparece en la marcha que nos enseñaron a cantar en la primaria. La historia oficial decidió recordar a un Juan Bautista y borrar al otro. El que murió fue elevado a mito; el que sobrevivió fue condenado al silencio. Pero ambos fueron héroes, y sin uno de ellos, el otro jamás habría existido en el relato épico. Ese nombre deliberadamente omitido es Juan Bautista Baigorria, granadero del Regimiento de Granaderos a Caballo, soldado del interior profundo, protagonista decisivo de la jornada fundacional del 3 de febrero de 1813.
SAN LORENZO: EL COMBATE DENTRO DEL COMBATE
En la mañana del 3 de febrero de 1813, a orillas del río Paraná, en jurisdicción de Santa Fe, las fuerzas patriotas al mando del coronel José de San Martín enfrentaron a la Milicia Realista proveniente de Montevideo, que intentaba reaprovisionar la ciudad sitiada. San Martín, fiel a su concepción militar, se puso al frente del ataque, encabezando personalmente uno de los escuadrones. No fue un gesto teatral: fue una decisión táctica y moral.
Durante la carga, su caballo recibió impactos de metralla disparados por dos cañones realistas a corta distancia. El animal cayó mortalmente herido y el Libertador quedó aprisionado bajo su peso, a escasos metros de las posiciones enemigas. En ese instante crítico se produjo un combate dentro del combate, una escena caótica y decisiva: granaderos intentando salvar a su jefe y realistas intentando capturarlo o darle muerte.
EL SABLAZO QUE NO FUE Y LA LANZA OLVIDADA
Un soldado realista vio a San Martín indefenso e intentó darle un sablazo. El Libertador logró esquivarlo por centímetros, girando la cabeza, y recibió apenas una herida en la mejilla. Un segundo enemigo se aprestaba a atravesarlo con su bayoneta. La situación era límite. No había tiempo para discursos ni para gestas posteriores: allí, en segundos, se jugaba la historia.
Fue entonces cuando Juan Bautista Baigorria apareció de manera fulminante y con su lanza abatió al realista que intentaba rematar a San Martín. Esa acción, precisa y decisiva, salvó la vida del Libertador. No fue secundaria ni decorativa: fue el acto que permitió que todo lo demás ocurriera.
CABRAL Y EL MITO CONSTRUIDO SOBRE UN SILENCIO
Gracias a la intervención de Baigorria, Juan Bautista Cabral pudo intentar liberar a San Martín del peso del caballo muerto. En ese momento, el segundo soldado realista cargó con su bayoneta. Cabral se interpuso y recibió la herida mortal, sacrificando su vida para salvar a su jefe. Su muerte fue heroica, indiscutible, y mereció homenaje. Pero sin Baigorria no habría habido sacrificio de Cabral, porque San Martín habría muerto segundos antes bajo el sable realista.
La historia oficial eligió un mártir y descartó al sobreviviente. Eligió una muerte épica y ocultó una vida incómoda, que no encajaba en el panteón prolijo del bronce escolar.
LA MARCHA Y LA SELECCIÓN DEL MITO
La ausencia de Juan Bautista Baigorria en la Marcha de San Lorenzo no puede explicarse de manera simplista ni por prejuicios personales, ya que su autor, Cayetano Alberto Silva, era afrodescendiente. La omisión responde a algo más profundo y estructural: la marcha no fue concebida como un registro fiel de los hechos, sino como una pieza de pedagogía patriótica, destinada a fijar un relato épico, claro y funcional. Ese relato necesitaba un mártir, una muerte heroica capaz de ser cantada y memorizada por generaciones. Cabral muere y se convierte en símbolo; Baigorria sobrevive y queda fuera del mito. La historia oficial no lo borró por su origen, sino porque estaba vivo, porque su existencia obligaba a explicar procesos y no solo gestos finales. La épica escolar no admite protagonistas múltiples: elige una escena, un nombre y una muerte, y deja todo lo demás en el silencio.
EL SOLDADO DEL INTERIOR
Juan Bautista Baigorria nació en San Luis en 1780. Hombre del interior profundo, lejos del puerto y de las familias patricias, se incorporó al Ejército sin esperar gloria ni recompensa. No recibió ascensos rimbombantes ni pensiones honoríficas. Su valentía fue funcional a la causa, pero descartable para la memoria oficial.
Algunos historiadores sostienen que su rastro se pierde hacia 1818, durante la Campaña de los Andes, y presumen que pudo haber muerto en acción. Otros, a partir de investigaciones más recientes, afirman que tuvo una destacada participación en la batalla de Maipú, y que integró el comando que persiguió y capturó al fugitivo Casimiro Marcó del Pont, último Capitán General de Chile, junto con su Plana Mayor.
DEL PERÚ AL OLVIDO
Baigorria habría continuado en la Campaña Libertadora del Perú, acompañando a San Martín hasta el final de aquella gesta continental. Según estas versiones, regresó a la patria recién en 1826, con uno de los últimos contingentes. No volvió a desfiles ni a honores, sino al anonimato.
Se habría establecido en un paraje cercano a la actual Villa Dolores, en la provincia de Córdoba, en un lugar conocido como Bañado de las Pajas, donde murió octogenario, en fecha desconocida. Sin placas, sin marchas, sin manuales escolares. El Juan Bautista olvidado de San Lorenzo, cuya valentía permitió que hoy conozcamos el sacrificio del Sargento Cabral.
EL TESTIMONIO DEL PROPIO SAN MARTÍN
El propio José de San Martín dejó constancia de que su vida estuvo a punto de perderse en San Lorenzo y de que fue salvado por la intervención directa de sus hombres. En el parte elevado tras el combate reconoció haber quedado atrapado bajo su caballo muerto, expuesto al ataque enemigo, y en correspondencia posterior afirmó que la victoria se debió tanto al arrojo del cuerpo como a la lealtad y al valor de los granaderos que lo rodearon en el momento más crítico. San Martín no individualizó nombres, fiel a su concepción de poner al conjunto por encima del individuo, pero dejó claro que su salvación no fue producto del azar. En ese silencio deliberado de los partes oficiales, donde el jefe protege a la tropa y la posteridad decide a quién recordar, quedó sepultado el nombre de Juan Bautista Baigorria, cuya lanza fue la primera en interponerse entre el sable realista y la vida del Libertador.
EL RECONOCIMIENTO TARDÍO
El único reconocimiento oficial que recibió llegó el 27 de noviembre de 1937, cuando se inauguró un busto en su honor en su provincia natal, San Luis. Más de un siglo después de haber salvado la vida del Libertador. Demasiado poco y demasiado tarde.
La historia oficial suele exaltar los hechos épicos pulidos para el bronce, pero esos hechos no existirían sin actos anónimos de valentía. Recordar a Juan Bautista Baigorria no es restarle mérito a Cabral: es decir la historia completa y devolverle al pueblo los nombres que le fueron arrebatados por el mito escolar.
Los valores morales de Belgrano.- 12 - 01 - 2026.
LOS VALORES BELGRANIANOS
Hay palabras que se desgastan de tanto repetirlas, pero hay nombres que no se gastan nunca. Uno dice Belgrano y algo se acomoda adentro, como si el espíritu recordara de golpe lo que significa ser digno. Porque este hombre no fue una estatua ni un prócer de mármol: fue un rebelde moral, un tipo que eligió caminar derecho cuando todos se acomodaban en la sombra.
Belgrano renunció a premios que hubieran hecho millonario a cualquiera. Regaló sueldos, rechazó honores, murió pobre. Y no por santurrón: por convicción. Para él, la patria no se hacía con discursos encendidos, sino con conducta.
Mientras otros soñaban con gloria militar, él pensaba en escuelas para chicos que no conocían ni el abecedario. Mientras medio mundo buscaba privilegios, él pedía responsabilidad, sacrificio, trabajo.
Y cuando creó la bandera —en plena incertidumbre, sin permiso, sin garantías— no lo hizo para la historia: lo hizo para que un grupo de hombres supiera por qué valía la pena pelear. Porque el patriotismo, para Belgrano, no era un grito ni un aplauso: era una acción.
Su vida entera fue una lección severa: que el honor se practica, que la humildad es fuerza, que la educación es libertad, que la patria es un deber moral.
Hoy, en un país cansado de excusas, sus valores siguen siendo la brújula que no se oxida.
Belgrano no nos dejó riquezas.
Nos dejó algo mucho más difícil de sostener: un ejemplo.
Lee el artículo completo en:
https://www.robertoarnaiz.com/.../los-valores...
Batalla de Arroyo Grande en el Litoral.-12 -01 -2026 -
BATALLA DE ARROYO GRANDE:
LA BATALLA MÁS FEROZ Y SANGRIENTA DELA GUERRA CIVIL QUE DECIDIÓ EL DESTINO DEL LITORAL ARGENTINO
Por Revisionismo Historico Argentino
“En los campos del Arroyo Grande se jugó no solo la victoria de un ejército, sino la integridad de la Confederación. Todo se perdió para Rivera; los muertos, los prisioneros y la caballada, quedaron como testimonio de la ferocidad de la contienda.”
— General César Díaz, Memorias, 1842
EL CONTEXTO GENERAL: UNA GUERRA CIVIL QUE YA NO ERA SOLO INTERNA
A comienzos de la década de 1840, la guerra civil argentina había dejado de ser un conflicto exclusivamente interno. Tras la derrota de los principales jefes unitarios en el interior, el enfrentamiento se desplazó hacia el litoral y el Río de la Plata, donde el unitarismo vencido buscó sostenerse mediante alianzas externas. Desde Montevideo, capital del Estado Oriental o Banda Oriental (hoy Uruguay), con el respaldo de Francia, Gran Bretaña y sectores del Imperio del Brasil, se reorganizó la ofensiva contra la Confederación Argentina.
En ese marco, la Banda Oriental se convirtió en base de operaciones contra el federalismo argentino. Montevideo había pasado a funcionar como un enclave político, diplomático y financiero del unitarismo derrotado y de las potencias europeas, más vinculado a los intereses extranjeros que a las realidades del interior rioplatense. Allí, Fructuoso Rivera, aliado de los unitarios argentinos exiliados y de intereses extranjeros, encabezó un proyecto que ya no apuntaba sólo a derrotar políticamente a Rosas, sino a desmembrar territorialmente a la Confederación Argentina.
ANTECEDENTES INMEDIATOS: EL FIN DE LA COALICIÓN DEL NORTE
El 8 de octubre de 1841, el general Manuel Oribe derrotó a Juan Lavalle en la batalla de Famaillá, en la provincia de Tucumán. Al día siguiente, el 9 de octubre, Lavalle murió en San Salvador de Jujuy, cerrando definitivamente el ciclo militar del unitarismo en el interior. Pocos días después, el 13 de octubre de 1841, el general Ángel Pacheco vencía a Gregorio Aráoz de Lamadrid en Rodeo del Medio, provincia de Mendoza.
Con estas derrotas, la llamada Coalición del Norte quedó militarmente destruida. Sin embargo, la guerra civil no terminó: simplemente cambió de escenario. El conflicto se trasladó al litoral y a la Banda Oriental, desde donde Rivera preparaba una ofensiva decisiva contra las provincias argentinas.
EL PROYECTO DE RIVERA: FRAGMENTAR LA CONFEDERACIÓN
El objetivo estratégico de Fructuoso Rivera era claro: anexar Entre Ríos, Corrientes y eventualmente el Paraguay, estableciendo el río Paraná como frontera internacional. Este proyecto contaba con el apoyo de unitarios argentinos exiliados y con la simpatía de las diplomacias británica y brasileña, interesadas en debilitar a la Confederación Argentina y controlar la navegación de los grandes ríos.
No se trataba, por lo tanto, de un conflicto ajeno ni secundario: Arroyo Grande fue una batalla decisiva de la guerra civil argentina librada fuera de su territorio, donde se jugaba directamente la integridad nacional.
LA CONCENTRACIÓN DE FUERZAS Y EL ROL DE ORIBE
Durante 1842, el general Manuel Oribe concentró sus fuerzas sobre el río Uruguay. Oribe no actuaba como un caudillo oriental aislado ni como jefe de un interés local, sino como general del partido federal rioplatense, ligado política y estratégicamente a Juan Manuel de Rosas y al proyecto de la Confederación Argentina. Contaba con el respaldo político, militar y logístico del gobierno de Buenos Aires, encargado de las relaciones exteriores de la Confederación.
Entre los jefes federales se encontraba el coronel Mariano Maza, al frente del Batallón Libertad. El punto elegido para el enfrentamiento fue el Arroyo Grande, ubicado a pocos kilómetros de la actual ciudad de San Salvador, provincia de Entre Ríos, un terreno entonces despoblado cuya posesión era clave para controlar los accesos hacia Entre Ríos, corazón del litoral argentino.
LAS MANIOBRAS PREVIAS Y EL ERROR DECISIVO DE RIVERA
Rivera avanzó imprudentemente hacia el interior con un ejército mal cohesionado, desoyendo las advertencias de sus propios oficiales. El general César Díaz reconoció más tarde que Rivera no conocía a sus tropas ni a sus jefes, y que lanzó a la batalla fuerzas sin disciplina ni unidad real.
Oribe, en cambio, se movió con cautela desde su campamento en Las Conchillas y, el 5 de diciembre de 1842, se situó a pocas leguas de las nacientes del Arroyo Grande, eligiendo cuidadosamente el terreno donde obligaría al enemigo a combatir.
LA BATALLA DE ARROYO GRANDE – 6 DE DICIEMBRE DE 1842
En la madrugada del 6 de diciembre de 1842, ambos ejércitos chocaron a orillas del Arroyo Grande. Rivera disponía de unos 8.000 hombres y 16 piezas de artillería. Oribe contaba con cerca de 8.500 soldados, mejor organizados y con mandos experimentados.
El combate comenzó con violentos choques de caballería. Las cargas iniciales riveristas produjeron desorden momentáneo en el ala izquierda federal, pero Oribe lanzó oportunamente sus reservas, quebrando ambos flancos enemigos. En menos de media hora, la caballería de Rivera quedó dispersa.
Luego, mediante un uso preciso de la artillería, Oribe ordenó el ataque decisivo a la bayoneta sobre el centro enemigo. Las infanterías de Chilavert, Lavandera y Blanco resistieron con valentía, pero terminaron rindiéndose junto con el parque, los bagajes y la caballada. El Batallón Libertad, al mando de Mariano Maza, tuvo una participación decisiva en la acción central.
LAS BÁJAS Y EL ENSAÑAMIENTO POSTERIOR
La batalla fue sumamente sangrienta: se contaron 2.000 muertos y 1.400 prisioneros entre los aliados riveristas, perdiendo además la artillería, la munición y cerca de 24.000 caballos. Oficiales y algunos suboficiales fueron ejecutados, mientras que los soldados sobrevivientes se incorporaron al ejército federal. Los blancos uruguayos se ensañaron particularmente con los colorados, a quienes consideraban traidores por haber derrocado al gobierno legal con apoyo extranjero. Las bajas federales sumaron alrededor de 300 entre muertos y heridos. La caballería derrotada logró retirarse parcialmente, dispersándose entre Montevideo y Corrientes.
LA HUIDA DE RIVERA Y LA DERROTA TOTAL
Antes de que la batalla concluyera, Fructuoso Rivera huyó del campo, abandonando su chaqueta bordada, su espada y sus pistolas. Como reconocieron los propios jefes rivales, en Arroyo Grande “todo se perdió”. No hubo retirada ordenada ni salvación del honor.
LAS CONSECUENCIAS POLÍTICAS Y TERRITORIALES
En los campos del Arroyo Grande quedó sepultado el proyecto de fragmentación de la Confederación Argentina. La victoria federal aseguró definitivamente Entre Ríos y Corrientes, frustró la expansión sobre el litoral y consolidó el control estratégico del río Uruguay.
Una derrota federal en 1842 habría significado la amputación de la Mesopotamia argentina y la ruptura definitiva del espacio rioplatense. Que esta batalla haya sido minimizada u ocultada no es casual: Arroyo Grande demuestra que la defensa concreta del territorio nacional fue obra del federalismo y del gobierno de Juan Manuel de Rosas.
SIGNIFICADO HISTÓRICO
La batalla de Arroyo Grande, librada el 6 de diciembre de 1842, fue una de las grandes batallas decisivas de la historia argentina. Allí no se discutió un problema menor ni una cuestión oriental: se decidió la continuidad territorial de la Nación. Sin Arroyo Grande, la Argentina no tendría la forma que hoy conocemos. Su silenciamiento posterior responde a una historiografía liberal que no puede admitir que la soberanía nacional fue defendida por los federales.
Zanni Damián.
FUENTES
Adolfo Saldías- Historia de la Confederación Argentina
Magariños de Mello- El gobierno del Cerrito
Vicente D. Sierra- Historia de la Argentina
César Díaz, Memorias
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