viernes, 13 de febrero de 2026

El Combate de San Lorenzo 03 de Febrero de 1813. - 13 - 02 -2026 -

El Combate de San Lorenzo el O3 de Febrero 1813.por Damián Zanni.Revisionismo... A comienzos de 1813, el Río de la Plata seguía siendo un teatro de guerra abierto. Montevideo, en manos realistas, se autoproclamaba continuadora del antiguo virreinato y negaba toda legitimidad al gobierno revolucionario de Buenos Aires. Desde allí partían expediciones fluviales que saqueaban poblaciones, hostigaban el comercio y bombardeaban ciudades indefensas, con el objetivo de quebrar la Revolución y mantener sometidas a las provincias. La escuadrilla al mando del capitán Antonio Zabala, apoyada por once embarcaciones armadas y cerca de 300 a 350 hombres, encarnaba esa amenaza concreta sobre las costas del Paraná. SAN MARTÍN Y LA DECISIÓN DE DAR EL GOLPE El gobierno de Buenos Aires, consciente del peligro, ordenó concentrar defensas y confió al coronel José de San Martín la protección del litoral entre Zárate y San Nicolás. San Martín no esperaba atrincherarse: buscaba el choque. Con apenas un centenar largo de granaderos a caballo y el apoyo de milicianos locales al mando de Celedonio Escalada, marchó con sigilo desde Buenos Aires hasta San Lorenzo, estudiando el terreno y esperando el momento justo. Su estrategia era clara: dejar desembarcar al enemigo, sorprenderlo en tierra y destruirlo con la velocidad y el filo del arma blanca. EL ESCENARIO DEL COMBATE El lugar elegido no fue casual. Frente al convento de San Carlos, el Paraná alcanza gran anchura y las barrancas forman una muralla natural, con pocas bajadas practicables. San Martín reconoció cada senda, cada desnivel, y dispuso a sus hombres ocultos tras muros y tapias, con los caballos ensillados y sin disparar un solo tiro. La confianza estaba puesta en la disciplina, el movimiento envolvente y la carga decisiva. EL ATAQUE Y LAS DOS CARGAS Al amanecer del 3 de febrero de 1813, los realistas desembarcaron unos 250 infantes con artillería ligera, avanzando en columnas al son de tambores y pífanos, convencidos de que nada serio se opondría a su paso. Ignoraban que estaban a punto de entrar en la historia. En ese instante, San Martín dio la orden largamente esperada y los granaderos surgieron como un rayo desde las sombras, lanzados al galope con una precisión que cortó el aire y el tiempo. La carga fue fulminante. En dos movimientos perfectos, una división atacó de frente y la otra cerró sobre el flanco, sellando toda retirada. El enemigo no alcanzó a formar en cuadro ni a hacer valer su disciplina europea. La sorpresa, el empuje y el acero criollo quebraron en segundos una fuerza que se creía invencible. La primera carga desordenó; la segunda fue decisiva y arrasadora. En esos minutos breves y feroces, el Regimiento de Granaderos a Caballo selló su bautismo de fuego con gloria. El sable patriota brilló en San Lorenzo como símbolo de una Revolución que ya no retrocedía. Allí quedó demostrado que el valor, la conducción y la audacia podían imponerse a la experiencia imperial, y que el arma blanca, en manos de hombres libres, era imparable. CABRAL, BAIGORRIA Y EL SACRIFICIO En el fragor del combate, el caballo de San Martín cayó herido y aprisionó a su jefe en el suelo. Un realista se aprestaba a rematarlo cuando el puntano Juan Bautista Baigorria lo salvó con su lanza. De inmediato, el correntino Juan Bautista Cabral desmontó para liberar a su coronel, recibiendo heridas mortales. Cabral moriría poco después, convertido en símbolo del soldado del pueblo que da la vida por la Patria, sin retórica ni bronce, con la acción concreta. Junto a él caerían otros valientes, y varios oficiales resultarían gravemente heridos, entre ellos Justo Bermúdez y Manuel Díaz Vélez, quienes morirían días o meses después como consecuencia del combate. San Martín no los olvidó: reclamó pensiones para sus familias y dejó constancia escrita de su sacrificio, mostrando un humanismo poco frecuente en los jefes militares de su tiempo. RESULTADOS MILITARES Y BOTÍN El combate duró menos de quince minutos y quedó resuelto en los primeros instantes. Los realistas dejaron unos cuarenta muertos en el campo y numerosos heridos, además de dos cañones, fusiles y una bandera capturada por Hipólito Bouchard. Los patriotas sufrieron bajas sensibles, pero obtuvieron una victoria completa. La escuadrilla enemiga se retiró río abajo y no volvió a inquietar seriamente las costas del Paraná. EL SENTIDO HISTÓRICO DE SAN LORENZO San Lorenzo no fue una gran batalla por la cantidad de hombres enfrentados, pero fue inmensa por su significado. En ese campo estrecho, a orillas del Paraná, la Revolución dejó de ser promesa y se convirtió en hecho. Por primera vez, una fuerza patriota organizada, disciplinada y conducida con genio militar derrotó en combate directo a tropas del poder imperial. La victoria quebró la impunidad de las incursiones realistas, protegió al litoral y elevó la moral revolucionaria en un momento decisivo. Pero, sobre todo, consagró un modo de hacer la guerra: rápido, ofensivo, audaz y profundamente político. San Martín, que siempre rehuyó la grandilocuencia, habló de un simple escarmiento. La Patria supo, en cambio, que había nacido algo mucho mayor. En San Lorenzo nació el prestigio eterno del Regimiento de Granaderos a Caballo y se afirmó el conductor que pocos años después cruzaría los Andes para liberar medio continente. Fue un combate breve, sí, pero cargado de épica, sacrificio y destino. Allí, en minutos de acero y coraje, empezó a escribirse la gesta americana.

El gaucho Juan Moreira. Su historia. -13 - 02 -2026 -

ENTRE LA HISTORIA Y LA NECESIDAD POPULAR. Revisionismo histórico argentino. Damián Zanni. Juan Moreira nació en el partido bonaerense de La Matanza, probablemente entre los años 1820 y 1830, aunque no se conoce con precisión su fecha de nacimiento. Su vida se desarrolló en un período decisivo de la historia argentina: las décadas posteriores a la caída de Juan Manuel de Rosas en 1852 y a la batalla de Pavón en 1861, cuando el nuevo orden liberal porteño avanzó sobre la campaña imponiendo un sistema político, judicial y policial profundamente hostil al gaucho. En ese contexto, la existencia de Moreira quedó marcada por una sucesión de injusticias que terminarían llevándolo a la muerte el 30 de abril de 1874 en Lobos, convirtiéndolo en una de las figuras populares más persistentes de la memoria argentina. Durante cerca de treinta años —fundamentalmente en las décadas de 1840 y 1850— Moreira llevó una vida tranquila. Se dedicó al trabajo rural, logró levantar su propio rancho, reunió algunas cabezas de ganado vacuno y cultivó pequeñas extensiones de tierra. No era un marginal ni un hombre fuera de la ley, sino un paisano trabajador que había alcanzado una modesta pero sólida estabilidad económica dentro del mundo rural bonaerense, antes de que ese mismo mundo comenzara a ser sistemáticamente desarticulado por el nuevo Estado. EL HOMBRE ANTES DEL MITO Juan Moreira era alto, fornido, de costumbres sobrias. Tomaba poco alcohol, no frecuentaba pulperías y se distinguía por sus buenos modales. Era hábil con la guitarra, lo que lo hacía apreciado socialmente. Estas cualidades lo acercaron a Andrea Vicenta Santillán, conocida como “la Vicenta”, con quien contrajo matrimonio con el pleno consentimiento de su padre, un hombre respetado en la zona. Sin embargo, ese casamiento marcaría el comienzo de su desgracia. El Teniente Alcalde del lugar, Don Francisco, autoridad local que concentraba funciones policiales, judiciales y políticas —típica figura del orden liberal en la campaña— también estaba enamorado de Vicenta. Desde ese momento comenzó una persecución sistemática contra Moreira, utilizando el aparato institucional para hostigarlo con acusaciones arbitrarias y sanciones desproporcionadas. La primera multa fue por la fiesta de bodas, supuestamente realizada sin autorización oficial: la pena ascendió a 500 pesos, una suma exorbitante para un paisano. LA INJUSTICIA COMO ORIGEN DE LA VIOLENCIA A esta persecución se sumó el conflicto con Sardetti, almacenero del pueblo, a quien Moreira había prestado aproximadamente 10.000 pesos para la compra de frutos del país. Al no recibir la devolución del dinero y carecer de documentación que acreditara el préstamo, Moreira recurrió a la autoridad local buscando justicia. El resultado fue el inverso: Sardetti negó la deuda y el Teniente Alcalde ordenó que Moreira fuera castigado con 48 horas de cepo, acusado de reclamar lo que no le pertenecía. Este episodio selló definitivamente su destino. Humillado, despojado de toda posibilidad legal de defensa y consciente de la connivencia entre el poder político y el comerciante, Moreira juró vengarse: una puñalada por cada mil pesos adeudados. Cumplió su promesa en un duelo a cuchillo dentro del propio almacén de Sardetti. Al regresar a su rancho, debió enfrentar a Don Francisco y a cuatro soldados enviados para capturarlo. En el enfrentamiento murieron el Teniente Alcalde y dos de los soldados. Desde ese momento, Moreira dejó de ser un paisano integrado y pasó a convertirse en un perseguido sin retorno posible. El mismo Estado que lo había empujado a la violencia se encargó de clausurar cualquier vía de regreso a la legalidad. EL GAUCHO PERSEGUIDO A partir de esos hechos comenzó a ganar fama en toda la región. Participó en numerosos enfrentamientos, muchos de ellos provocados por otros gauchos que buscaban probar su destreza. Su reputación creció rápidamente. En un intento por limpiar su nombre, llegó incluso a trabajar como guardaespaldas de dirigentes políticos que le prometieron protección y amnistía, promesas que nunca fueron cumplidas. Su mundo material se redujo a lo esencial: un solo caballo bayo, un pequeño perro llamado “Cacique”, un poncho, un facón de guardamonte en forma de C y dos trabucos. Dormía siempre a cielo abierto, sin desensillar jamás, preparado para huir en cualquier momento. Recorrió Navarro, Las Heras, Lobos y 25 de Mayo, y pasó temporadas en las tolderías del cacique Coliqueo, buscando refugio allí donde la autoridad estatal no llegaba o llegaba con menor violencia. LA MUERTE DE JUAN MOREIRA En abril de 1874, el juez de paz de Lobos, Casimiro Villamayor, por orden directa del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Mariano Acosta, organizó su captura. No se trató de un operativo policial ordinario, sino de una cacería ejemplificadora destinada a eliminar un símbolo de resistencia. Veinticinco hombres de la policía bonaerense, al mando del comandante Bosch, rodearon la pulpería “La Estrella”, ubicada en el lugar donde hoy se levanta el Sanatorio Lobos, en la intersección de las calles Chacabuco y Cardoner. Moreira resistió con una ferocidad desesperada. Cuando estaba a punto de saltar el muro que lo separaba de su caballo, fue herido por la bayoneta del sargento Chirino, quien le perforó el pulmón izquierdo. Aun así, logró disparar su trabuco y dejar tuerto a su agresor, e hirió a Eulogio Varela. Cayó, se levantó una vez más y murió tras dos vómitos de sangre. MEMORIA, RESTOS Y PERVIVENCIA Juan Moreira dejó a su esposa Vicenta y a un hijo que llevó su mismo nombre. Sus restos descansan en el cementerio de Lobos. Algunos de sus efectos personales, como dagas y su cráneo, se conservan en el Museo Juan Domingo Perón de esa ciudad, como testimonio material de una vida que trascendió al hombre para convertirse en símbolo. LA CONSTRUCCIÓN DEL MITO Eduardo Gutiérrez fue quien dio proyección definitiva a la figura de Juan Moreira a través de sus relatos publicados por entregas a partir de 1879 en el diario La Patria Argentina. Gutiérrez no inventó al personaje: recogió una historia ya viva en la tradición oral y la fijó en la palabra escrita, dándole forma literaria a un sentimiento popular profundamente arraigado. La novela Juan Moreira se difundió masivamente y consolidó la imagen del gaucho injustamente perseguido por un sistema que lo empujó a la violencia. En 1880, Julio Llanos le escribió a Gutiérrez una carta aportando episodios desconocidos de la vida de Moreira, garantizando su veracidad. En ella relató cómo un Viernes Santo Moreira fue atacado por soldados frente a la iglesia de San Justo y se defendió únicamente con el rebenque, respetando el carácter sagrado del día. En otro episodio, fingió huir de una partida policial, se detuvo con calma, ató su caballo y se sentó a esperarlos; los soldados, intimidados, deliberaron y decidieron retirarse bajo las carcajadas del gaucho. Estos relatos terminaron de construir una figura que ya no pertenecía sólo a la historia, sino al imaginario popular. DEL HOMBRE AL MITO POPULAR A partir de la novela y de la circulación oral de su historia, Juan Moreira dejó de ser un individuo concreto para transformarse en símbolo. Mientras la historia oficial exaltaba próceres urbanos, abogados del orden liberal y figuras militares funcionales al nuevo régimen, el pueblo construyó su propio héroe: un gaucho común, víctima de la injusticia institucional, que se negó a aceptar la humillación sin resistencia. Moreira no fue héroe del Estado; fue héroe del pueblo, expresión de una justicia negada y de una dignidad pisoteada. El mito de Moreira no glorifica la violencia por sí misma, sino que señala su origen: un orden social que expulsó al gaucho de la legalidad y luego lo castigó por no someterse. En ese sentido, Moreira encarna la contracara del relato liberal de “civilización y progreso” y pone en evidencia el costo humano de ese proyecto. JUAN MOREIRA EN LA LITERATURA, EL TEATRO Y EL CINE La figura de Juan Moreira se expandió rápidamente más allá de la literatura. A fines del siglo XIX y comienzos del XX se convirtió en una de las piezas centrales del circo criollo y del teatro popular, especialmente a través de las representaciones de los Podestá. Allí, el mito se volvió cuerpo, voz y gesto; llegó a públicos analfabetos y se transformó en una experiencia colectiva, ritual, profundamente arraigada en la cultura popular argentina. En 1973, Leonardo Favio llevó la historia al cine con la película Juan Moreira, ofreciendo una relectura profundamente política del personaje. Favio no lo retrató como un bandido ni como un criminal, sino como una víctima heroica de un sistema injusto, retomando la tradición popular y proyectándola sobre el siglo XX. Su película consolidó definitivamente a Moreira como símbolo de los humildes y como expresión de una épica nacional alternativa, ajena al panteón oficial pero viva en la memoria del pueblo. JUAN MOREIRA COMO NECESARIEDAD HISTÓRICA Más allá del hombre real, Juan Moreira fue una necesariedad histórica. Surgió de un momento preciso: la consolidación del Estado liberal que necesitó disciplinar, perseguir y eliminar al gaucho como sujeto social. No nació de la barbarie, sino de la injusticia; no fue causa del desorden, sino consecuencia de un orden excluyente. Por eso su figura perdura. Porque Juan Moreira no pertenece sólo al pasado: es la expresión de una Argentina popular que, frente al abuso del poder, eligió no desaparecer en silencio. SI TE GUSTÓ EL TEXTO Y LO QUE HACEMOS DESDE REVISIONISMO HISTÓRICO ARGENTINO, PODÉS COLABORAR CON NOSOTROS 👇

San Martín defiende al Brigadier Manuel Belgrano. - 13 - 02 - 2026 -

13 de febrero de 1814: San Martín escribe al gobierno rechazando el traslado de Belgrano para ser procesado por su desempeño en el Alto Perú: "Excelentísimo Señor Anoche he recibido la suprema orden de Vuestra Excelencia de 5 del corriente para que haga entender inmediatamente al Brigadier Don Manuel Belgrano que sin pérdida de instante se ponga en camino para la ciudad de Córdoba, dejando el mando accidental de su regimiento en el oficial más antiguo, a quien corresponda, para ordenanza, y que cuando haya llegado a su destino de cuenta a esa Supremacía para impartirle las órdenes convenientes al mejor servicio del ejército. Sin embargo del respeto con que miro todas las órdenes superiores y de mi habitual disposición a procurar el mas exacto cumplimiento, debo hacer presente a Vuestra Excelencia oficio que por ahora no puede tener efecto por hallarse este Brigadier enfermo al parecer de terciana y que poniéndose en camino las lluvias y mas que todo los calores seguramente le agravarían la enfermedad y pondrían mayor riesgo su vida: pueda de que es necesaria aún su permanencia en ésta para hacerme una formal entrega del Archivo de la Secretaría que no la ha verificado hasta el día por haberse enfermado de igual accidente los oficiales de ella con quienes ha de formar el inventario, a fin de que lo realice cuanto antes le paso con esta fecha el correspondiente Oficio. Con motivo pues de esta demora indispensable he creído de mi deber imponer a V.E. que de ninguna manera es conveniente la separación del general Belgrano de este ejército; en primer lugar, porque no encuentro un oficial de bastante suficiencia y actividad que lo subrogue en el mando de su regimiento, ni quien me ayude a desempeñar las diferentes atenciones que me rodean con el orden que deseo, e instruir la oficialidad, que además de ignorante y presuntuosa, se niega a todo lo que es aprender (...) Me hallo en unos países cuyas gentes, costumbres y relaciones me son absolutamente desconocidas y cuya topografía ignoro y siendo estos conocimientos de absoluta necesidad, sólo el general Belgrano puede suplir esta falta, instruyéndome y dándome las noticias necesarias de que carezco (como la ha hecho hasta aquí), para arreglar mis disposiciones pues todos los demás oficiales de graduación que hay en el ejército, no encuentro otro de quien hacer confianza, ya porque carecen de aquel juicio y detención que son necesarios para tales casos, ya porque han tenido motivos que él para tener unos conocimientos tan extensos e individuales como los que él posee. Su buena opinión entre los principales vecinos emigrados del interior y habitantes del pueblo, es grande; que a pesar de los contrastes que han sufrido nuestras armas a sus órdenes lo consideran como hombre útil y necesario en el ejército porque saben su contracción y empeño y conocen sus talentos y su conducta irreprensible. Están convencidos prácticamente que el mejor general nada vale si no tiene conocimientos del país donde ha de hacer la guerra y considerando la falta que debe hacerme, su separación del ejército les causará un disgusto y desaliento muy notable y será de funestas consecuencias para los progresos de nuestras armas. En obsequio de la salvación del Estado, dígnese V.E. conservar en este ejército al Brigadier Belgrano. José de San Martín" 1996 - 2026 - 30° aniversario de la ABM

La Escarapela Nacional creada por Manuel Belgrano.-13 - 02- 2026.-

13 DE FEBRERO: BELGRANO SOLICITA LA ESCARAPELA NACIONAL Por Revisionismo Historico Argentino . Damián Zanni. El 13 de febrero de 1812, el general Manuel Belgrano, consciente de que las tropas patriotas podían confundirse con los ejércitos españoles y preocupado por la identidad del Ejército del Norte, solicitó al Triunvirato la creación de una escarapela nacional que distinguiera a los soldados y afirmara la soberanía de la naciente patria, gesto que demostraba su visión de un país independiente y su compromiso con la causa revolucionaria en un momento en que las Provincias Unidas estaban amenazadas por las fuerzas realistas y vigiladas por las potencias europeas que respaldaban a España. 18 DE FEBRERO: EL TRIUNVIRATO CREA LA ESCARAPELA Cinco días después, el 18 de febrero, el Triunvirato sancionó la escarapela nacional, y Belgrano, entusiasmado y decidido a consolidar la identidad patriótica, respondió nueve días más tarde con el primer enarbolamiento de la bandera blanca y celeste, confeccionada según los colores de la escarapela, enviando un mensaje al gobierno el 27 de febrero desde Rosario anunciando su creación y señalando que la había izado en la Batería de la Independencia, gesto que reflejaba la determinación de un militar que entendía que los símbolos eran tan importantes como las armas para mantener la moral del pueblo y del ejército. 3 DE MARZO Y 25 DE MAYO: ÓRDENES Y DECISIÓN El Triunvirato, temeroso de la repercusión internacional y de la presión de España, ordenó ocultarla el 3 de marzo, pero Belgrano, en su marcha al noroeste para enfrentar al ejército realista, no recibió la orden y el 25 de mayo la izó en Jujuy, donde fue bendecida por primera vez, demostrando que su compromiso con la patria estaba por encima de las trabas burocráticas y que la libertad de un pueblo se defiende con coraje y visión más allá de la obediencia ciega a gobiernos inseguros. JUNIO Y 24 DE SEPTIEMBRE: LA VICTORIA DE TUCUMÁN LEGITIMA EL SÍMBOLO En junio, el Triunvirato le recriminó que la bandera pudiera generar “influencia capaz de destruir los fundamentos que justifican nuestras operaciones”, a lo que Belgrano respondió prometiendo guardarla hasta que un triunfo la legitimara, oportunidad que llegó en la victoria de Tucumán el 24 de septiembre de 1812, que consolidó la moral de las tropas patriotas y convirtió la insignia celeste y blanca en un símbolo de resistencia y de unidad frente a las fuerzas realistas. AGOSTO Y OCTUBRE: EL FERVOR PATRIÓTICO EN BUENOS AIRES Mientras tanto, en Buenos Aires, el patriotismo continuaba vivo: el 23 de agosto flameó la bandera en la Iglesia de San Nicolás de Bari durante la celebración por la derrota de la conjuración de Alzaga y el 5 de octubre, al difundirse la victoria de Tucumán, Juan Manuel Beruti escribió que se arrió la bandera roja y gualda y se izó el gallardete celeste y blanco, dominando sobre los colores enemigos, demostrando que el pueblo y los soldados compartían un mismo símbolo de identidad y libertad. 13 DE FEBRERO DE 1813 Y 20 DE JULIO DE 1816: JURAMENTO Y RECONOCIMIENTO El 13 de febrero de 1813, el Ejército del Norte juró obediencia a la Asamblea del Año XIII frente a la bandera, reafirmando su carácter patriótico, aunque no fue reconocida oficialmente como bandera nacional hasta el 20 de julio de 1816 por el Congreso de Tucumán, cuando se sancionó que las Provincias Unidas de Sudamérica tendrían como distintivo peculiar la bandera celeste y blanca, símbolo de la independencia y la identidad de la nación. EL LEGADO DE BELGRANO Manuel Belgrano, creador de este emblema, murió años después olvidado y pobre, con apenas un periódico informando de su deceso y una lápida modesta en el mármol del lavatorio familiar, recordando que la verdadera grandeza de un patriota no siempre coincide con el reconocimiento de los poderosos y que la historia de nuestra bandera y de la independencia se construyó con el valor, la visión y el sacrificio de hombres que pusieron a la patria por encima de todo.

martes, 10 de febrero de 2026

Origen del sable corvo de San Martín. Acero de Damasco. -10 - 02 - 2026 -

LA CNEA REVELÓ EL ORIGEN DEL SABLE CORVO DE SAN MARTÍN En 1966, tras la restitución del Sable Corvo del General San Martín, el Regimiento de Granaderos a Caballo solicitó a la CNEA analizar la estructura metalográfica del arma. Para preservar la pieza, en la CNEA se trabajó con un ensayo no destructivo llamado “de réplica”, que permitió examinar su superficie sin extraer muestras y analizar la microestructura del material sin dañarlo. Para esto se creó una copia negativa de microcelulosa que luego se analizó en un microscopio metalográfico. Durante el análisis, en lugar del desgaste homogéneo típico de los aceros comunes, aparecieron bandas claras y oscuras alternadas. Este patrón, veteado, correspondía a la característica principal del legendario acero de Damasco. El hallazgo científico confirmó que el Sable no era de fabricación europea, como se creía, sino un auténtico “shamshir” persa, forjado con la técnica del acero de Damasco, reconocido por su resistencia, belleza y filo excepcionales. Este estudio pionero, que unió metalurgia, microscopía e historia, permitió develar el origen del símbolo material más importante de la Nación Argentina.

Entrega del Sable corvo de San Martín a Granaderos.- 10 - 02 - 2026 -

Así fue la entrega del sable corvo de San Martín a los Granaderos en San Lorenzo: ahora vuelve a Buenos Aires La reliquia arribó a Santa Fe para la recreación del histórico combate de 1813. Tras los homenajes, regresará a Buenos Aires para ser exhibida desde este domingo en el Regimiento de Granaderos de Palermo. Presidencia difundió imágenes del operativo de traslado Por Rosario3 El momento de la extracción del sable para su empaquetado y traslado. El traslado del sable corvo del general José de San Martín tuvo lugar este sábado por la mañana, en cumplimiento del decreto presidencial que ordenaba su salida del Museo Histórico Nacional y su restitución al Regimiento de Granaderos a Caballo. El traslado se concretó luego de una masiva despedida, donde el jueves pasado 5.000 personas se acercaron a ver la pieza por última vez en esa sede. La operación se realizó bajo estrictas medidas de seguridad y conservación. Desde Presidencia difundieron imágenes oficiales del procedimiento, que muestran el retiro de la reliquia y su traslado en un estuche especial hacia su nuevo lugar de custodia. La pieza histórica salió del museo porteño a las 8.45 custodiada por personal de seguridad, conservación y una guardia del Regimiento de Granaderos a Caballo, arribando a Aeroparque a las 11 para su vuelo hacia la ceremonia. Cerca de las 20 de este sábado, finalmente, el presidente Javier Milei hizo el traspaso formal del sable al Regimiento de Granaderos, luego de pronunciar su breve discurso en el Campo de la Gloria. "Es el símbolo material más poderoso de la Nación", dijo el mandatario. El momento en el que la reliquia fue retirada de la exhibición. Según lo dispuesto por el Gobierno nacional, el sable quedará bajo custodia militar permanente en el cuartel de Granaderos, en el barrio porteño de Palermo, aunque este sábado será trasladado físicamente a Santa Fe para el acto central en San Lorenzo. Acto en San Lorenzo con Milei El traslado se concretó en la previa del acto central por los 213 años del Combate de San Lorenzo, que encabezó esta tarde el presidente Javier Milei en el Campo de la Gloria, a pocos kilómetros de Rosario. Allí, el jefe de Estado entregó formalmente la custodia del sable al Regimiento de Granaderos a Caballo, en una ceremonia que tuvi una fuerte carga simbólica y política. Milei fue el único orador del acto, que incluyó una recreación histórica del combate, un desfile de granaderos y la participación de agrupaciones tradicionalistas. El sable primero llegará a San Lorenzo y de ahí a su nuevo lugar de exhibición. Por primera vez, el sable original estuvo físicamente en San Lorenzo, el mismo territorio donde San Martín comandó su único combate en suelo argentino en 1813. Polémica política, judicial y cultural La decisión del Gobierno generó una fuerte controversia. Descendientes de la familia Rosas habían presentado una medida cautelar para frenar el traslado, pero la Justicia Federal la rechazó al considerar que no estaba probado que la donación del sable hubiera sido realizada con una obligación legal de permanecer en el museo. La jueza Macarena Marra Giménez sostuvo que los actos administrativos “se presumen legítimos” y habilitó el traslado, aunque la investigación de fondo continúa abierta.

domingo, 8 de febrero de 2026

El Sable corvo de San Martín. Símbolo Nacional.- 8 - 02 - 2026 -.

EL SABLE CORVO DEL GENERAL SAN MARTÍN: HISTORIA COMPLETA DE UN SÍMBOLO NACIONAL Por Revisionismo Historico Argentino LA ADQUISICIÓN DEL SABLE Y EL CRITERIO MILITAR DE SAN MARTÍN José de San Martín adquirió el sable corvo en Europa, con toda probabilidad en Londres, hacia 1811, en el período previo a su regreso al Río de la Plata. No se trató de un arma ceremonial ni de lujo, sino de una elección estrictamente militar. San Martín, formado en las guerras europeas contra el ejército napoleónico, conocía las limitaciones del sable recto reglamentario y optó por un arma curva, más liviana y eficaz para la caballería. El sable respondía a una concepción moderna del combate, donde la movilidad y el poder de corte eran decisivos. Desde el inicio fue un arma de uso real y no un símbolo vacío. EL SABLE EN LAS CAMPAÑAS DE LA INDEPENDENCIA Desde su llegada al Río de la Plata en 1812, el sable acompañó a San Martín en todas las campañas de la independencia. Estuvo presente en el Combate de San Lorenzo en 1813, cuando encabezó la carga de los Granaderos a Caballo, y cruzó los Andes en 1817 junto al Ejército Libertador. Acompañó al general en Chile y luego en el Perú, donde culminó su acción militar con la proclamación de la independencia en 1821. Las crónicas contemporáneas lo muestran siempre como un arma de combate, gastada por el uso, inseparable de la figura del Libertador. EL RETIRO, EL EXILIO Y EL VALOR SIMBÓLICO Tras su retiro de la vida pública, San Martín conservó el sable como una de sus posesiones más preciadas. En el exilio europeo, el arma dejó de ser instrumento militar para convertirse en síntesis material de toda su vida política y militar. Nunca permitió su uso ceremonial ni su exhibición pública. En su correspondencia privada se advierte con claridad que San Martín otorgaba al sable un valor moral y político, ligado a la defensa de la independencia y la soberanía. EL TESTAMENTO DE 1844 Y EL LEGADO A JUAN MANUEL DE ROSAS El 23 de enero de 1844, en París, San Martín redactó su testamento definitivo. En él dispuso que el sable que lo había acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud fuera entregado al general Juan Manuel de Rosas. La decisión fue consciente y políticamente explícita. San Martín valoraba la firmeza de Rosas frente a las agresiones extranjeras y consideraba que su gobierno había defendido la soberanía nacional en continuidad con la gesta emancipadora. El sable pasaba así a manos de quien el Libertador reconocía como heredero de esa defensa, hecho que la historiografía liberal intentó minimizar o silenciar. EL SABLE EN PODER DE ROSAS Y EL EXILIO Tras la muerte de San Martín en 1850, el sable fue entregado a Rosas conforme a su voluntad. Rosas lo conservó como una reliquia personal y nacional. Luego de su derrota en Caseros en 1852, partió al exilio en Inglaterra y llevó consigo el sable, que permaneció con él en Southampton hasta su muerte en 1877. En el destierro, el sable se convirtió en un vínculo material entre dos figuras centrales de la historia argentina que la historia oficial se empeñó en separar. MANUELITA ROSAS Y LA DONACIÓN A LA NACIÓN Luego de la muerte de Rosas, el sable quedó bajo custodia de su hija Manuelita Rosas. Con plena conciencia de su valor histórico, en 1896 decidió donarlo al Estado argentino para que integrara el patrimonio nacional. El sable llegó al país en 1897 y fue incorporado al Museo Histórico Nacional. El gesto de Manuelita fue un acto de grandeza y de reconciliación histórica que rara vez fue reconocido en su real dimensión. EL SIGLO XX, LOS ROBOS Y LA DISPUTA POR EL SENTIDO Durante gran parte del siglo XX el sable fue exhibido en el Museo Histórico Nacional dentro de un relato liberal que despojó a San Martín de toda continuidad política con Rosas y con las luchas posteriores por la soberanía. En ese contexto, en 1963 y nuevamente en 1965, militantes vinculados al peronismo sustrajeron el sable como acto político, denunciando la apropiación deshistorizada del Libertador. En ambos casos el arma fue recuperada mediante gestiones reservadas y sin un despliegue represivo abierto, lo que evidenció la incomodidad del Estado frente al conflicto simbólico que el sable representaba. Tras el segundo episodio, en 1967, la dictadura decidió trasladarlo al Regimiento de Granaderos a Caballo, bajo el argumento de su resguardo, pero en los hechos para sacarlo del centro de la disputa política y museográfica. DEL SILENCIO A LAS CONTROVERSIAS CONTEMPORÁNEAS Durante décadas el sable corvo permaneció bajo custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo, protegido pero apartado del ámbito museográfico y del debate histórico. En el año 2015, mediante una decisión del Poder Ejecutivo Nacional, el sable fue trasladado nuevamente al Museo Histórico Nacional. El acto fue presentado como una restitución patrimonial y tuvo un fuerte contenido simbólico, ya que devolvía la pieza al espacio público y a su condición de bien histórico de la Nación, en el marco de una política de revalorización de los símbolos nacionales y de revisión del relato histórico tradicional. El traslado se realizó con ceremonia oficial y fue acompañado por el discurso de que el sable debía ser preservado, estudiado y exhibido dentro de un contexto histórico integral, y no reducido a una reliquia militar aislada. Sin embargo, esa restitución no cerró la disputa. Por el contrario, volvió a poner en primer plano las tensiones latentes en torno al sentido del sable y a la línea histórica que une a San Martín, Rosas y la cuestión de la soberanía nacional, confirmando que se trata de un símbolo vivo y políticamente incómodo. EL PRESENTE, EL RETORNO A GRANADEROS Y LA CONTINUIDAD DE LA CONTROVERSIA En los últimos años, el sable corvo volvió a ocupar el centro del debate público. Tras haber sido restituido al Museo Histórico Nacional en el siglo XXI, una nueva decisión del Poder Ejecutivo dispuso su traslado nuevamente al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín. El acto fue presentado oficialmente como una medida de resguardo y tradición militar, pero tuvo un claro contenido político. El traslado se realizó con ceremonial castrense y sin consenso previo con especialistas en patrimonio ni con el Museo, reabriendo una disputa que nunca estuvo cerrada. La controversia no giró únicamente en torno a la seguridad del objeto, sino al sentido histórico que se pretendía imponer. Para amplios sectores, el retorno del sable a custodia militar significó una nueva descontextualización de su historia completa, separándolo otra vez del hilo que une a San Martín con Rosas, con Manuelita y con la Nación como sujeto histórico. El debate expuso, una vez más, que el sable no puede ser reducido a una reliquia protocolar ni a un símbolo neutro, porque cada traslado expresa una toma de posición sobre cómo se interpreta la historia argentina. Así, más de dos siglos después de haber sido empuñado en los campos de batalla de la independencia, el sable corvo sigue generando conflictos, decisiones administrativas y lecturas enfrentadas. Su sola presencia obliga a elegir entre una historia domesticada y una historia viva, atravesada por la cuestión de la soberanía y por la continuidad del proyecto nacional. CONCLUSIÓN La historia del sable corvo de San Martín es la historia de una continuidad política que la historiografía liberal nunca pudo domesticar. Desde su adquisición como arma de combate, su uso en las campañas libertadoras, el testamento de 1844, el legado a Rosas, la donación de Manuelita y las disputas del siglo XX y XXI, el sable condensa una tradición nacional que incomoda porque demuestra que San Martín no fue un prócer aislado, sino un hombre profundamente consciente del sentido político de su obra y de sus herederos históricos. Damián Leandro Zanni FUENTES José de San Martín, Correspondencia y Testamento Adolfo Saldías, Historia de la Confederación Argentina José María Rosa, Historia Argentina Museo Histórico Nacional, documentos y catálogos históricos