miércoles, 11 de marzo de 2026
Belgrano y el cáñamo. Hombre Economista. - 11- 03 - 2026 -.
BELGRANO, ECONOMISTA Y HOMBRE DE PRODUCCIÓN.
Damián Zanni
Manuel Belgrano no fue solamente el creador de la bandera ni un militar improvisado por las circunstancias de la revolución. Antes que nada fue un economista formado en Europa, profundamente influido por las ideas fisiocráticas, que sostenían que la riqueza de una nación nace del trabajo sobre la tierra y de la producción real. Desde su cargo en el Consulado de Buenos Aires observó con preocupación la pobreza creciente del Virreinato del Río de la Plata y comprendió que el atraso económico no era producto del destino sino de un sistema colonial que impedía desarrollar la agricultura y la industria local.
El Consulado de Buenos Aires, del cual Belgrano fue secretario desde 1794, era prácticamente el único organismo desde donde podía pensarse el desarrollo económico de la región. Allí presentó memorias anuales en las que insistía en la necesidad de diversificar los cultivos, fomentar la industria y educar técnicamente a la población. Para Belgrano no bastaba con producir materias primas para enviarlas a Europa: era indispensable generar manufacturas locales y transformar la economía del Río de la Plata en una economía productiva y autosuficiente.
En ese contexto Belgrano estudió diversos cultivos capaces de generar riqueza y trabajo. Entre ellos se encontraba el lino y el cáñamo, plantas que en Europa tenían un uso extendido en la industria textil, naval y papelera. Para Belgrano el cultivo de estas especies podía transformar la economía rioplatense, generar manufacturas locales y reducir la dependencia de productos importados.
EL CÁÑAMO COMO MOTOR INDUSTRIAL
El cáñamo era, para Belgrano, una planta de enorme valor económico. De su fibra podían fabricarse telas resistentes, sogas, velas y múltiples materiales indispensables para la navegación. En una época en que el comercio marítimo era la base del intercambio mundial, disponer de esa materia prima significaba poseer un recurso estratégico.
Belgrano sabía que las grandes potencias europeas utilizaban masivamente el cáñamo para sostener sus flotas mercantes y militares. Las sogas, los aparejos y muchas piezas navales se elaboraban con esa fibra. Incluso el papel utilizado en numerosos documentos oficiales se fabricaba con este material. Comprendía entonces que fomentar su cultivo no solo fortalecería la economía agraria, sino también permitiría impulsar industrias derivadas indispensables para el desarrollo nacional.
Por eso en 1797 redactó un texto titulado Utilidades que resultarán a esta provincia y a la península del cultivo del lino y el cáñamo, donde explicó con claridad los beneficios económicos de esta planta y detalló recomendaciones concretas para su siembra y producción.
UNA HERRAMIENTA CONTRA LA MISERIA
La preocupación central de Belgrano era la pobreza que veía entre los habitantes del Río de la Plata. Su proyecto no se limitaba a aumentar la producción sino a generar trabajo para los sectores más humildes. En sus escritos señalaba que el cultivo y procesamiento del lino y del cáñamo podía ofrecer empleo a miles de personas que hoy padecían miseria.
Particularmente destacaba el papel que podrían tener las mujeres pobres en la industria textil derivada de estas fibras. En una sociedad donde muchas de ellas quedaban marginadas del trabajo productivo, Belgrano veía en estas actividades una salida digna que permitiría combatir el hambre y la mendicidad. Su propuesta tenía por lo tanto una dimensión social muy clara: transformar la producción agrícola en una herramienta para aliviar la desigualdad.
Esta preocupación social estaba íntimamente ligada a su proyecto educativo. Entre 1799 y 1812 impulsó la creación de escuelas de Náutica, Agricultura, Matemáticas y Dibujo, convencido de que una nación solo podía progresar si formaba técnicos, artesanos y marinos capaces de sostener su propio desarrollo. En ese esquema productivo el cáñamo tenía un papel central, ya que la industria naval necesitaba enormes cantidades de fibras para fabricar velas, sogas y aparejos. Belgrano aspiraba a que el Río de la Plata tuviera barcos propios, comercio propio y una economía capaz de sostener su independencia.
EL BLOQUEO DEL MONOPOLIO COLONIAL
Pero el proyecto de Belgrano chocaba con un obstáculo fundamental: el sistema económico impuesto por la Corona española. El comercio colonial estaba controlado por los monopolios peninsulares que lucraban con la importación de productos manufacturados a América. Permitir que las colonias produjeran sus propias telas o insumos significaba quitarle ganancias a esos grupos privilegiados.
El sistema mercantilista obligaba a las colonias a exportar materias primas baratas e importar productos elaborados desde Europa. Esta estructura impedía el desarrollo industrial americano y aseguraba la dependencia económica. Por esa razón muchas de las iniciativas productivas impulsadas desde el Consulado fueron frenadas o ignoradas por los intereses comerciales de Cádiz. El desarrollo de cultivos industriales en el Río de la Plata no convenía a quienes dominaban el comercio imperial.
Así, la idea de transformar el cáñamo en un motor económico quedó relegada pese a la insistencia de Belgrano. Una vez más, el colonialismo bloqueaba cualquier intento de construir una economía autónoma en estas tierras.
UNA IDEA ADELANTADA A SU TIEMPO
Con el paso de los siglos el cáñamo quedó envuelto en confusiones y prejuicios debido a su relación con el cannabis psicoactivo. Sin embargo, la variedad industrial utilizada históricamente posee niveles mínimos del componente que produce efectos psicotrópicos. Su valor siempre estuvo en la fibra, las semillas y sus múltiples aplicaciones industriales.
La intuición de Belgrano sobre el potencial productivo de esta planta fue notablemente moderna. Hoy se conocen decenas de usos posibles: textiles, alimentos, bioplásticos, papel, materiales de construcción y derivados medicinales. Aquella propuesta que el prócer imaginó para combatir la pobreza y diversificar la economía anticipaba debates que recién en el siglo XXI comienzan a retomarse con seriedad.
LA VISIÓN PRODUCTIVA DEL PADRE DE LA PATRIA
La preocupación de Belgrano por el cultivo del cáñamo revela una faceta muchas veces olvidada del prócer. Su pensamiento económico estaba profundamente ligado a la idea de soberanía productiva. Para él una nación libre debía ser capaz de aprovechar sus recursos naturales, desarrollar industrias propias y generar trabajo para su pueblo.
En 1796 dejó escrita una frase que resume su pensamiento: “Nadie duda de que un Estado que posea con la mayor perfección el verdadero cultivo de su tierra es el verdadero país de la felicidad, pues en él se encontrará la verdadera riqueza”. En esas palabras se expresa la convicción de que la prosperidad de un país no nace de la especulación ni del comercio dependiente, sino del trabajo productivo y del desarrollo de sus propias capacidades.
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