domingo, 8 de marzo de 2026

San Martín el Santo de la Espada. Reflexiones.- 8 - 03 -2026 -

"EL SANTO DE LA ESPADA", UNA EDICIÓN DE LUJO - 1 Por Isabel Plante. Entre las 14 ediciones de “El santo de la espada” que conserva el Museo Casa Ricardo Rojas se encuentra esta edición de 1950, de la cual hay otro ejemplar en la biblioteca del Instituto Nacional Sanmartiniano. Ricardo Rojas había publicado su biografía de José de San Martín por primera vez en 1933, y desde 1945 la editorial Losada la reeditaba con muy buena aceptación y grandes tiradas que, según se puede leer en la solapa, sumaban 200.000 ejemplares. La solapa también hace gala de que se había dispuesto lo mejor en tipografía, compaginación, impresión, encuadernación y calidad del papel. Además se habían encargado ilustraciones a Antonio Berni, quien había “compuesto con acierto y fidelidad histórica las hermosas láminas en negro y en colores”. Se trata de 16 imágenes de aspecto acuarelado, impresas a página entera e intercaladas a lo largo del libro. Esta edición fue realizada especialmente para el centenario de la muerte de José de San Martín en ese 1950 que había sido declarado por ley “Año del Libertador General San Martín”. Debajo del título, la cubierta muestra la imagen de un San Martín longilíneo y juvenil con su uniforme militar azul y rojo, el bicornio cubriendo su cabeza y una gran capa marrón. La figura se eleva en el primer plano de pie sobre una de las cumbres de la cordillera de los Andes. El índice de imágenes del libro la presenta como el Santo de la espada, en referencia a esta suerte de canonización laica que Rojas realizó con su hagiografía. El cruce realizado en el verano de 1817 en dirección a Chile parece repetirse en Paso de los Andes. En esta imagen, entre innumerables figuras que tapizan el paisaje montañoso, San Martín se destaca por su tamaño apenas mayor y por su capa blanca. Sin embargo, en la imagen que se utilizó para la portada, el episodio de su vida posiblemente más conocido adquiere mayor espesor simbólico, al prestarse para generar una imagen de grandeza con tintes románticos acordes con la intención de representar al libertador de alcance sudamericano. Una grandeza histórica que se convierte en un fenómeno visible gracias al contraste entre el tamaño de la figura del héroe y el del minúsculo soldado que se ve en el plano del fondo sosteniendo las riendas de un caballo. También en razón del paisaje montañoso de sombras azuladas, que enmarca a esta figura solitaria. Lo sublime de la inmensidad rocosa que lo rodea se le adhiere (el azul de la montaña se confunde con el del uniforme), aún con el aspecto algo aniñado que presenta esta estampa de nuestro héroe. Imagen: Carátula de esa edición.

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