miércoles, 11 de marzo de 2026

La batalla de Carmen de Patagones. Soberanía Argentina.-11-03-2026

CARMEN DE PATAGONES: LA BATALLA QUE DEFENDIÓ LA SOBERANÍA DE LA PATAGONIA ARGENTINA Por Revisionismo Historico Argentino LA GUERRA CONTRA EL IMPERIO Y LA IMPORTANCIA DE PATAGONES La batalla de Carmen de Patagones del 7 de marzo de 1827 se produjo en el marco de la guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil por la soberanía de la Banda Oriental. Mientras los grandes combates se libraban en el Río de la Plata y en el territorio oriental, en el extremo sur del país existía un pequeño pueblo que, sin proponérselo al principio, se había transformado en una pieza estratégica de la guerra: el antiguo Fuerte y Población de Nuestra Señora del Carmen de Patagones. El bloqueo naval que el Imperio del Brasil había impuesto sobre el puerto de Buenos Aires obligó a los patriotas a recurrir a la guerra de corso. Los corsarios, autorizados por el gobierno de las Provincias Unidas, hostigaban el comercio imperial capturando buques enemigos. Carmen de Patagones, aislado y lejano de los principales teatros de operaciones, se convirtió entonces en un refugio seguro para estas naves. Allí reparaban barcos, descargaban presas y se reorganizaban para nuevas expediciones contra el comercio brasileño. Para el Imperio del Brasil aquella base corsaria se transformó en un problema serio. El almirante Rodrigo Pinto Guedes, barón de Río da Prata, decidió entonces eliminar ese foco de operaciones mediante un golpe decisivo: destruir el puerto de Patagones, capturar el fuerte y establecer en la Patagonia una base militar desde la cual abrir un nuevo frente contra Buenos Aires. El objetivo no era menor: si el imperio lograba instalarse allí, la Patagonia podía quedar bajo influencia extranjera. Lo que estaba en juego no era sólo un pueblo remoto, sino la soberanía argentina sobre el extremo sur del territorio. UNA EXPEDICIÓN IMPERIAL CONTRA UN PUEBLO AISLADO Para llevar adelante la operación se organizó una expedición naval al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd, al servicio del Imperio del Brasil. La escuadra estaba integrada por cuatro buques: la corbeta Duqueza de Goyas, nave insignia de Shepherd; la corbeta Itaparica, al mando de Guillermo Eyre; el bergantín Escudeiro, comandado por Luis Pouthier; y la goleta Constanza, al mando de Joaquim Marques Lisboa, quien años más tarde sería el célebre almirante Tamandaré de la marina brasileña. La fuerza invasora superaba los seiscientos hombres, entre marineros, soldados y oficiales, muchos de ellos extranjeros al servicio del imperio. Frente a esa escuadra, Carmen de Patagones parecía prácticamente indefenso. El comandante del fuerte, coronel Martín Lacarra, apenas contaba con un centenar de infantes y algunas piezas de artillería en la batería del río. A esa fuerza se sumaron vecinos armados, un grupo de negros libertos organizados como infantería bajo el coronel Felipe Pereyra y unos ochenta gauchos a caballo guiados por el baqueano José Luis Molina. También participaron marinos corsarios de distintas nacionalidades, entre ellos los comandados por Santiago Jorge Bynon, Pedro Dautant y James Harris, cuyas tripulaciones decidieron defender el puerto. Toda la población participó en la defensa. Incluso las mujeres colaboraron activamente en el engaño táctico que preparaban los defensores: utilizando palos, gorros militares y uniformes improvisados, simularon la presencia de columnas de refuerzo para hacer creer al enemigo que el pueblo contaba con muchas más tropas de las que realmente tenía. Entre los defensores se encontraba también un soldado afrodescendiente que con el tiempo se volvería legendario en la historia local: Felipe “La Patria”, uno de los combatientes de aquella jornada que viviría más de un siglo y moriría en 1892 a los 104 años. LAS DIFICULTADES DEL RÍO NEGRO Y LA MARCHA DEL EJÉRCITO INVASOR La escuadra imperial apareció frente a la desembocadura del río Negro a fines de febrero de 1827. El 28 de febrero el bergantín Escudeiro logró ingresar al río enarbolando engañosamente la bandera de las Provincias Unidas para acercarse a las defensas. La batería del coronel Pereyra abrió fuego, pero la escasez de municiones permitió que el buque avanzara río arriba seguido por la corbeta Itaparica. Sin embargo, el río Negro se convirtió en un obstáculo inesperado para los invasores. Sus bancos de arena y su escasa profundidad complicaron la navegación de los buques imperiales. La corbeta Duqueza de Goyas, nave insignia de la expedición, quedó encallada en los bancos exteriores y terminó perdiéndose tras varios días de esfuerzos inútiles por liberarla. Otros barcos también sufrieron encalladuras que debilitaron seriamente a la escuadra.Ante estas dificultades, Shepherd decidió atacar el pueblo por tierra. Durante la madrugada del 7 de marzo desembarcó una columna de aproximadamente cuatrocientos hombres que inició la marcha hacia Carmen de Patagones atravesando montes cerrados, arenales y matorrales espinosos. La travesía fue terrible. Los soldados imperiales se extraviaron durante la marcha y se alejaron del río, quedando casi veinticuatro horas sin agua bajo un calor sofocante. El único alimento disponible era carne salada, lo que agravaba la sed y el agotamiento. Cuando finalmente llegaron al Cerro de la Caballada, a pocos kilómetros del pueblo, las tropas estaban completamente extenuadas. EL COMBATE DEL CERRO DE LA CABALLADA Y LA DERROTA DEL IMPERIO Mientras los brasileños avanzaban sin saberlo hacia su destino, los milicianos criollos ya habían descubierto sus huellas. Los hombres del subteniente Sebastián Olivera y los gauchos del baqueano José Luis Molina patrullaban la zona cuando detectaron el rastro de la columna enemiga. De inmediato se prepararon para interceptarla. Cuando los invasores intentaron ascender al Cerro de la Caballada, fueron sorprendidos por el fuego de los defensores. En los primeros disparos cayó muerto el comandante James Shepherd. La muerte del jefe sembró confusión entre los soldados imperiales. Los gauchos y milicianos aprovecharon el desconcierto y rodearon a los invasores mediante tácticas de guerrilla. Los pastizales fueron incendiados y el humo envolvió a las tropas brasileñas, que ya estaban exhaustas por la marcha. Desorientados y creyendo enfrentarse a una fuerza mucho mayor, los imperiales comenzaron a retirarse hacia el río. Pero la situación allí era aún peor para ellos. Mientras se desarrollaba el combate terrestre, la flotilla corsaria al mando de Santiago Jorge Bynon había atacado a los buques imperiales atrapados en el río. El bergantín Escudeiro fue capturado tras la muerte de su capitán, luego cayó la goleta Constanza y finalmente la corbeta Itaparica. Cuando el nuevo jefe de la expedición, Guillermo Eyre, comprendió que la escuadra estaba perdida y que la fuerza de desembarco había sido derrotada, no tuvo otra opción que rendirse. El resultado fue contundente: las fuerzas patriotas capturaron tres buques de guerra, veintiocho cañones, abundante armamento y tomaron 579 prisioneros. Las naves capturadas fueron rebautizadas Ituzaingó, Patagones y Juncal, e incorporadas posteriormente a la escuadra del almirante Guillermo Brown. UNA VICTORIA DECISIVA PARA LA SOBERANÍA DE LA PATAGONIA La victoria de Carmen de Patagones fue una de las más sorprendentes de la guerra contra el Imperio del Brasil. Un pequeño pueblo aislado, defendido por gauchos, negros libertos, corsarios y vecinos armados, logró derrotar a una expedición naval imperial muy superior en número y armamento. Pero el significado de aquella jornada va mucho más allá del combate en sí. Si el Imperio del Brasil hubiera logrado ocupar Patagones, habría establecido una base militar en el extremo sur del territorio, lo que podía abrir la puerta a disputas sobre la Patagonia atlántica. La derrota imperial frustró definitivamente ese intento. Por eso la batalla de Carmen de Patagones no fue simplemente una victoria militar: fue una defensa directa de la soberanía argentina sobre la Patagonia. Allí, en los confines del país, un pueblo entero se levantó para enfrentar a un imperio y aseguró que aquellas tierras continuaran formando parte de la Nación Argentina. Como recuerdo de aquella gesta, siete banderas imperiales brasileñas fueron capturadas. Dos de ellas todavía se conservan en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, donde siguen siendo símbolo de una jornada en la que gauchos, marinos, negros libertos y vecinos comunes derrotaron a un imperio y defendieron para siempre la Patagonia argentina. Damian Leandro Zanni

No hay comentarios:

Publicar un comentario