viernes, 27 de marzo de 2026
El Reglamento para los Pueblos de las Misiones. Belgrano.-27-03-2026-
26 de marzo de 1811: Belgrano escribe al teniente de gobernador de Corrientes, Elías Galván.
Le agradece las alabanzas del pueblo correntino, de las cuales no se cree merecedor; toca asuntos militares, incluyendo esclarecedoras opiniones sobre los paraguayos y sus actitudes. Califica al reglamento para los pueblos de las misiones como “obra de mi deseo del bien”.
“MI ESTIMADO AMIGO:
Corrientes me ha ensalzado adonde Yo no merezco, mi agradecimiento será eterno, y mucho más por sus oraciones al Todopoderoso, que sin duda, las necesitamos para salir bien de la gran empresa en que estamos.
He mandado escolta competente para la carreta que conduce Escalante, y ordenádole siga a San Carlos a encontrarme, pues aquí ya no nos hallará, apresurándome a salir para que se convenzan los que me han creído hombre sin honor, y que no guardaría lo que he prometido.
Añasco da un gran valor a la acción del 9; fue milagrosa, mi amigo; y esto lo publicaré a voz en cuello; en la situación que quedé con sólo 135 Infantes y 60 y tantos de Caballería, de los que apenas 18 veteranos, no podía haber salido con tanto aire de una multitud de enemigos, a no ser una obra de Dios, ni menos haber fraternizado, y sobre todo contraer una amistad tan fina con Cabañas, y cobrarme éste una afición mezclada de respeto que Yo mismo no sé explicar.
Por esto es, que aunque noto que desde el Viernes que llegó Velazco a Tacuarí, según se supone, veo que ya no vienen Paraguayos, como antes, que hasta los oficiales se empeñaban en estar con nosotros; y por consiguiente, infiero que la venida de Velazco no ha sido a cortar las desavenencias, sino tal vez a impedir la propagación de ideas; con todo quiero que se tengan francos los pasos a los Paraguayos; que lleven y traigan lo que gusten; pues así conocerán que de nuestra parte no está la opresión, y enmendaremos lo que ha
causado la falta de comunicación; caminando a otro destino que nos llama la Patria, y entretanto haciendo del ladrón fiel, que es en lo que U. se ha de empeñar; manifestándoles la mayor cordialidad y amistad, excepto en cosas del Gobierno, que eso siempre debe hacerse respetar: se agrega a esto que lo dejo a U. sin fuerzas, y es indispensable valerse, a falta de ellas, del ardid.
Si los caballos nos pudieran alcanzar me alegraría mucho, porque he tenido que arrastrar con cuantos hay; porque mi presencia y la del Ejército urge que esté en otra parte, según las órdenes que he recibido.
El Reglamento para los Pueblos [de las Misiones] es obra de mi deseo del bien, conforme a las intenciones de nuestra superioridad; hay mucho que trabajar para que sea una cosa menos mala; pero no tengo un instante mío, obligado a serlo todo y estar en todo; tranquilizándose las cosas se mejorará una obra trabajada en el tumulto de mil atenciones.
Ya irán con el tabaco; pues a todos ha agradado la disposición, y me han pedido licencia hasta los Paraguayos.
Puede muy bien que el tal Bedoya haya hecho alguna trastada; es abonado; pero Dios le libre de caer bajo el poder de la justicia que me está confiado, porque las pagará todas.
Haga U. una visita, en nombre mío, a la Señora que ha manifestado su patriotismo tomándose la molestia de cortar y coser las camisas que ha podido para el Ejército con tanta generosidad, y déle U. las más expresivas gracias, avisándome cómo se llama para que
la Patria lo sepa.
No hay que perder instante de que los paisanos se instruyan en sus derechos, y los de la Patria; exhorte U. a los curas a que les expliquen; así conseguiremos que se entusiasmen con razón y justicia, y no haya quien sea capaz de desviarlos de sus obligaciones.
Deseo a U. toda felicidad, y me digo su
MANUEL BELGRANO
Cuartel General de Candelaria, 26 de Marzo de 1811, a las 4 de la mañana.
Sr. Dn. Elías Galván.”
Las conversaciones con los jefes paraguayos (Cabañas y Yegros entre otros) en el campamento patriota, dónde Belgrano lograba inocular las ideas de libertad e independencia, llegaron a oídos del Gobernador Velasco que preocupado por estos contactos -casi diario- lo llevaron a presentarse directamente en el lugar para cortar estas charlas, que provocarían finalmente que estos mismos jefes organicen la revolución criolla en Asunción.
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