jueves, 11 de diciembre de 2025

Los dientes de Belgrano en un robo. -11-12 - 2025 -.

EL INSÓLITO ROBO DE LOS DIENTES DE BELGRANO Por Damian Leandro Zanni LOS ÚLTIMOS AÑOS DEL PRÓCER Los días finales de Manuel Belgrano estuvieron marcados por la penuria y el sacrificio. Aunque provenía de una de las familias más ricas de Buenos Aires, la guerra por la independencia lo dejó casi sin nada. Gran parte de su fortuna se esfumó en campañas militares y, para colmo, el Estado arrastraba una deuda enorme con él: años enteros sin pagarle su sueldo. Enfermo y sin recursos, Belgrano se vio obligado a empeñar su reloj de oro —un regalo del rey Jorge III de Inglaterra— para poder costear su atención. La muerte lo alcanzó el 20 de junio de 1820, fecha que desde 1938 honramos como el Día de la Bandera. Como miembro de la Orden Tercera de Santo Domingo, fue sepultado bajo una lápida de mármol en el atrio del convento dominico, en pleno corazón de Buenos Aires. LA EXHUMACIÓN BAJO EL GOBIERNO DE ROCA Décadas después, durante la segunda presidencia de Julio A. Roca, se decidió trasladar los restos del creador de la bandera al mausoleo que el escultor Ettore Ximénez levantaría frente al templo de Santo Domingo, en la esquina de avenida Belgrano y Defensa. Para supervisar la delicada tarea se designó una comisión de lujo: Joaquín V. González, Pablo Riccheri, Marcial V. Quiroga, Julián Massot y Carlos Malbrán. En la excavación no apareció rastro del antiguo ataúd, pero sí huesos que fueron ordenadamente colocados sobre una bandeja de plata, bajo custodia de un fraile. También se hallaron varios dientes, que fueron revisados allí mismo por González y Riccheri, mientras un escribano y familiares del prócer observaban cada movimiento. Concluida la labor, todo fue depositado en una urna de bronce a la espera de su destino final. EL ESCÁNDALO: LOS DIENTES DESAPARECEN Pero al día siguiente estalló la noticia que nadie había registrado en el acta oficial: los dientes de Belgrano habían desaparecido. La prensa recibió el dato gracias a testigos indignados. Y la indignación no tardó en transformarse en escándalo nacional. Los responsables del hurto fueron rápidamente señalados: los ministros Joaquín V. González y Pablo Riccheri. Las reacciones no se hicieron esperar. Columnistas y ciudadanos acusaron a los funcionarios de profanar restos que pertenecían “no al gobierno, sino al pueblo entero de la República”. La Prensa denunció el “silencio criollo” de quienes presenciaron la escena sin intervenir, como si ese tipo de abusos formara parte de la costumbre. LA DEVOLUCIÓN OBLIGADA Acorralado por la opinión pública, González terminó devolviendo el diente que había tomado, excusándose con una explicación insólita: dijo que se lo había llevado para mostrárselo a unos amigos. Riccheri no se quedó atrás y entregó el suyo asegurando que se lo había enseñado al general Mitre, quien habría evaluado la idea de engarzarlo en oro. EL FINAL DEL EPISODIO Una vez recuperadas las piezas dentales, se las reintegró a la urna junto al resto del esqueleto del general. Al año siguiente, todos sus restos fueron depositados finalmente en el mausoleo que hoy se levanta frente a Santo Domingo.

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