lunes, 12 de enero de 2026
El Chacho Peñaloza y su facón. -12 - 01- 2026-
EL FACÓN DEL CHACHO PEÑALOZA
EL FACÓN, ARMA Y SÍMBOLO GAUCHO
Antes que sable, antes que fusil, antes que reglamento, el facón fue el arma natural del gaucho. No lo distinguía solo como combatiente, sino como hombre libre. Era herramienta y defensa, pan y justicia, trabajo y honor. Todo gaucho que se preciara de tal llevaba uno al cinto, no por ostentación, sino por necesidad vital. El facón era prolongación de la mano y reflejo del carácter: firme, sobrio, confiable.
En las pampas abiertas, donde la ley escrita no alcanzaba y la vida se resolvía a caballo, el cuchillo fue compañero inseparable. Sirvió para el carneo, el desmalezamiento, la madera del rancho, el mate compartido, el afeitado rústico y, cuando tocaba, para la pelea. También abrió la tierra para dar sepultura digna a un compañero caído. No hubo objeto más presente en la vida gaucha que el facón.
Por eso, cuando se quiso someter al hombre del interior, lo primero que se persiguió no fue su caballo, sino su cuchillo. Quitar el facón fue intentar quebrar su dignidad.
EL FACÓN DEL CHACHO
Entre todos los facones de la historia criolla, hubo uno que trascendió su condición de arma para convertirse en símbolo moral: el facón del general Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza.
No era una pieza lujosa ni ostentosa. Era un cuchillo de uso, gastado por el tiempo y las campañas, conocido por todos en los llanos riojanos y más allá. Pero ese facón tenía algo que ningún otro poseía: la autoridad de quien lo llevaba.
Según la tradición y los relatos posteriores, al facón del Chacho se le atribuía una inscripción que decía:
“El que desgraciado nace
entre los remedios muere.”
Frase dura, fatalista, que muchos interpretaron como rechazo a la ciencia médica, tan precaria y dolorosa en el interior del país.
Otros vieron en esas palabras una expresión más profunda: la conciencia del destino trágico de los hombres del pueblo, siempre condenados a pagar con el cuerpo las decisiones de otros.
Sea como fuere, esa inscripción revelaba al Chacho tal como era: sin eufemismos, sin consuelo falso, enfrentando la vida como venía.
EL FACÓN COMO BIEN ÚNICO
Peñaloza no fue hombre de fortuna. No acumuló tierras, no se enriqueció con la guerra, no dejó herencias materiales. Su riqueza era la confianza de su gente. Y en términos materiales, su facón fue casi el único bien valioso que poseyó.
Ese cuchillo cumplió un rol singular: se convirtió en prenda de auxilio para los demás. Cuando un oficial, un soldado o cualquier hombre de su montonera acudía al Chacho apremiado por una deuda o una urgencia familiar, Peñaloza no preguntaba demasiado. Sacaba el facón y lo entregaba.
—Si la necesidad es grande, vaya, empeñe esa prenda por cincuenta o cien pesos; ya habrá tiempo para sacarla.
El portador del facón se presentaba en la casa comercial más fuerte del pueblo. No hacía falta explicación. Todos conocían ese cuchillo. Todos sabían de quién era. ¿Quién iba a negarle dinero a Peñaloza, aunque no estuviera presente?
El comerciante entregaba la suma pedida, confiado. Y el facón siempre volvía. Nunca se perdió. Nunca quedó en manos ajenas. Esa hoja valía más que cualquier documento firmado, porque estaba respaldada por una vida entera de honradez.
AUTORIDAD MORAL, NO DECRETO
El facón del Chacho demuestra algo que la historia oficial nunca supo explicar: la verdadera autoridad no se impone, se reconoce. Peñaloza mandaba porque era justo, porque compartía la pobreza de los suyos, porque no pedía lo que él no estaba dispuesto a dar.
Mientras otros generales blandían sables europeos y hablaban de civilización, el Chacho gobernaba con la palabra empeñada y el cuchillo al cinto. No para oprimir, sino para sostener.
Ese facón no fue solo arma. Fue garantía, fue auxilio, fue símbolo de una ética criolla donde el honor valía más que el dinero y la lealtad más que la vida.
EL FACÓN Y LA CAUSA FEDERAL
No es casual que el facón esté ligado a las montoneras federales. Fue el arma del pueblo en armas, no del ejército regular. Frente al fusil importado, el cuchillo criollo. Frente al uniforme, el poncho. Frente al decreto, la palabra.
El facón del Chacho encarna esa Argentina profunda que resistió la imposición centralista y defendió la autonomía de las provincias. Por eso su figura fue perseguida, difamada y finalmente asesinada. Y por eso su cuchillo quedó en la memoria como lo que fue: testigo silencioso de una causa justa.
ACERO, HONOR Y MEMORIA
Hoy el facón del Chacho Peñaloza no corta carne ni abre surcos, pero sigue cortando el relato falso de la historia oficial. Es acero cargado de memoria. Es prueba de que hubo hombres que no necesitaron riqueza ni cargos para ser grandes.
Mientras se recuerde ese cuchillo —simple, gastado, fiel— se recordará también que hubo una Argentina donde la palabra valía, donde el jefe ponía lo poco que tenía al servicio de los demás y donde un facón podía respaldar a todo un pueblo.
Porque no era el arma lo que imponía respeto.
Era el hombre que la llevaba.
Damian Zanni.
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