lunes, 12 de enero de 2026

Granadero Juan Bautista Baigorria. -12 - 01 - 2026 -

JUAN BAUTISTA BAIGORRIA HÉROE DE SAN LORENZO Por Revisionismo Historico Argentino Se llamó Juan Bautista y no aparece en la marcha que nos enseñaron a cantar en la primaria. La historia oficial decidió recordar a un Juan Bautista y borrar al otro. El que murió fue elevado a mito; el que sobrevivió fue condenado al silencio. Pero ambos fueron héroes, y sin uno de ellos, el otro jamás habría existido en el relato épico. Ese nombre deliberadamente omitido es Juan Bautista Baigorria, granadero del Regimiento de Granaderos a Caballo, soldado del interior profundo, protagonista decisivo de la jornada fundacional del 3 de febrero de 1813. SAN LORENZO: EL COMBATE DENTRO DEL COMBATE En la mañana del 3 de febrero de 1813, a orillas del río Paraná, en jurisdicción de Santa Fe, las fuerzas patriotas al mando del coronel José de San Martín enfrentaron a la Milicia Realista proveniente de Montevideo, que intentaba reaprovisionar la ciudad sitiada. San Martín, fiel a su concepción militar, se puso al frente del ataque, encabezando personalmente uno de los escuadrones. No fue un gesto teatral: fue una decisión táctica y moral. Durante la carga, su caballo recibió impactos de metralla disparados por dos cañones realistas a corta distancia. El animal cayó mortalmente herido y el Libertador quedó aprisionado bajo su peso, a escasos metros de las posiciones enemigas. En ese instante crítico se produjo un combate dentro del combate, una escena caótica y decisiva: granaderos intentando salvar a su jefe y realistas intentando capturarlo o darle muerte. EL SABLAZO QUE NO FUE Y LA LANZA OLVIDADA Un soldado realista vio a San Martín indefenso e intentó darle un sablazo. El Libertador logró esquivarlo por centímetros, girando la cabeza, y recibió apenas una herida en la mejilla. Un segundo enemigo se aprestaba a atravesarlo con su bayoneta. La situación era límite. No había tiempo para discursos ni para gestas posteriores: allí, en segundos, se jugaba la historia. Fue entonces cuando Juan Bautista Baigorria apareció de manera fulminante y con su lanza abatió al realista que intentaba rematar a San Martín. Esa acción, precisa y decisiva, salvó la vida del Libertador. No fue secundaria ni decorativa: fue el acto que permitió que todo lo demás ocurriera. CABRAL Y EL MITO CONSTRUIDO SOBRE UN SILENCIO Gracias a la intervención de Baigorria, Juan Bautista Cabral pudo intentar liberar a San Martín del peso del caballo muerto. En ese momento, el segundo soldado realista cargó con su bayoneta. Cabral se interpuso y recibió la herida mortal, sacrificando su vida para salvar a su jefe. Su muerte fue heroica, indiscutible, y mereció homenaje. Pero sin Baigorria no habría habido sacrificio de Cabral, porque San Martín habría muerto segundos antes bajo el sable realista. La historia oficial eligió un mártir y descartó al sobreviviente. Eligió una muerte épica y ocultó una vida incómoda, que no encajaba en el panteón prolijo del bronce escolar. LA MARCHA Y LA SELECCIÓN DEL MITO La ausencia de Juan Bautista Baigorria en la Marcha de San Lorenzo no puede explicarse de manera simplista ni por prejuicios personales, ya que su autor, Cayetano Alberto Silva, era afrodescendiente. La omisión responde a algo más profundo y estructural: la marcha no fue concebida como un registro fiel de los hechos, sino como una pieza de pedagogía patriótica, destinada a fijar un relato épico, claro y funcional. Ese relato necesitaba un mártir, una muerte heroica capaz de ser cantada y memorizada por generaciones. Cabral muere y se convierte en símbolo; Baigorria sobrevive y queda fuera del mito. La historia oficial no lo borró por su origen, sino porque estaba vivo, porque su existencia obligaba a explicar procesos y no solo gestos finales. La épica escolar no admite protagonistas múltiples: elige una escena, un nombre y una muerte, y deja todo lo demás en el silencio. EL SOLDADO DEL INTERIOR Juan Bautista Baigorria nació en San Luis en 1780. Hombre del interior profundo, lejos del puerto y de las familias patricias, se incorporó al Ejército sin esperar gloria ni recompensa. No recibió ascensos rimbombantes ni pensiones honoríficas. Su valentía fue funcional a la causa, pero descartable para la memoria oficial. Algunos historiadores sostienen que su rastro se pierde hacia 1818, durante la Campaña de los Andes, y presumen que pudo haber muerto en acción. Otros, a partir de investigaciones más recientes, afirman que tuvo una destacada participación en la batalla de Maipú, y que integró el comando que persiguió y capturó al fugitivo Casimiro Marcó del Pont, último Capitán General de Chile, junto con su Plana Mayor. DEL PERÚ AL OLVIDO Baigorria habría continuado en la Campaña Libertadora del Perú, acompañando a San Martín hasta el final de aquella gesta continental. Según estas versiones, regresó a la patria recién en 1826, con uno de los últimos contingentes. No volvió a desfiles ni a honores, sino al anonimato. Se habría establecido en un paraje cercano a la actual Villa Dolores, en la provincia de Córdoba, en un lugar conocido como Bañado de las Pajas, donde murió octogenario, en fecha desconocida. Sin placas, sin marchas, sin manuales escolares. El Juan Bautista olvidado de San Lorenzo, cuya valentía permitió que hoy conozcamos el sacrificio del Sargento Cabral. EL TESTIMONIO DEL PROPIO SAN MARTÍN El propio José de San Martín dejó constancia de que su vida estuvo a punto de perderse en San Lorenzo y de que fue salvado por la intervención directa de sus hombres. En el parte elevado tras el combate reconoció haber quedado atrapado bajo su caballo muerto, expuesto al ataque enemigo, y en correspondencia posterior afirmó que la victoria se debió tanto al arrojo del cuerpo como a la lealtad y al valor de los granaderos que lo rodearon en el momento más crítico. San Martín no individualizó nombres, fiel a su concepción de poner al conjunto por encima del individuo, pero dejó claro que su salvación no fue producto del azar. En ese silencio deliberado de los partes oficiales, donde el jefe protege a la tropa y la posteridad decide a quién recordar, quedó sepultado el nombre de Juan Bautista Baigorria, cuya lanza fue la primera en interponerse entre el sable realista y la vida del Libertador. EL RECONOCIMIENTO TARDÍO El único reconocimiento oficial que recibió llegó el 27 de noviembre de 1937, cuando se inauguró un busto en su honor en su provincia natal, San Luis. Más de un siglo después de haber salvado la vida del Libertador. Demasiado poco y demasiado tarde. La historia oficial suele exaltar los hechos épicos pulidos para el bronce, pero esos hechos no existirían sin actos anónimos de valentía. Recordar a Juan Bautista Baigorria no es restarle mérito a Cabral: es decir la historia completa y devolverle al pueblo los nombres que le fueron arrebatados por el mito escolar.

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