lunes, 12 de enero de 2026
Manuel Dorrego no negociaba. -12 -01 -2026 -
MANUEL DORREGO: EL HOMBRE QUE NO SE NEGOCIABA
Manuel Dorrego fue un hombre que desbordaba a su época. No por estridencia, sino por autenticidad. En un país donde muchos cambiaban de postura según soplara el viento, él eligió mantenerse firme, aun cuando esa firmeza le costara la vida. Su destino ya estaba escrito desde el momento en que decidió no transar con nadie, ni siquiera consigo mismo.
Como militar, era una mezcla de intuición y coraje. En Tucumán, al mando de la Infantería de Reserva, peleó con una energía que desconcertó al enemigo y encendió a su tropa. Díaz Vélez lo definió con una frase contundente: “Su resuelta bravura ha admirado a nuestras tropas y aterrado al enemigo.”
Pero lo que realmente volvió peligroso a Dorrego no fue su sable, sino sus ideas. Su defensa del pueblo llano, su obsesión por la justicia social, su rechazo a los privilegios irritaron a más de uno.
Y Lavalle, enceguecido por la muerte de su hermano en campaña, no se la perdonó. Ese rencor personal se mezcló con la política y se convirtió en sentencia: un juicio inexistente, una orden precipitada y un fusilamiento que pretendió clausurar un conflicto.
Lo mataron para borrar su voz.
No entendieron que su muerte lo multiplicaba.
Recordar a Dorrego no es un acto ceremonial: es un ejercicio de coraje moral. No fue un mártir de estampa, sino un hombre entero, incapaz de vender su conciencia, incapaz de pedir perdón por lo que creía justo.
Lo ejecutaron en 1828.
Pero su ejemplo —incómodo, vibrante, necesario— sigue vivo.
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