domingo, 8 de febrero de 2026
El Sable corvo de San Martín. Símbolo Nacional.- 8 - 02 - 2026 -.
EL SABLE CORVO DEL GENERAL SAN MARTÍN: HISTORIA COMPLETA DE UN SÍMBOLO NACIONAL
Por Revisionismo Historico Argentino
LA ADQUISICIÓN DEL SABLE Y EL CRITERIO MILITAR DE SAN MARTÍN
José de San Martín adquirió el sable corvo en Europa, con toda probabilidad en Londres, hacia 1811, en el período previo a su regreso al Río de la Plata. No se trató de un arma ceremonial ni de lujo, sino de una elección estrictamente militar. San Martín, formado en las guerras europeas contra el ejército napoleónico, conocía las limitaciones del sable recto reglamentario y optó por un arma curva, más liviana y eficaz para la caballería. El sable respondía a una concepción moderna del combate, donde la movilidad y el poder de corte eran decisivos. Desde el inicio fue un arma de uso real y no un símbolo vacío.
EL SABLE EN LAS CAMPAÑAS DE LA INDEPENDENCIA
Desde su llegada al Río de la Plata en 1812, el sable acompañó a San Martín en todas las campañas de la independencia. Estuvo presente en el Combate de San Lorenzo en 1813, cuando encabezó la carga de los Granaderos a Caballo, y cruzó los Andes en 1817 junto al Ejército Libertador. Acompañó al general en Chile y luego en el Perú, donde culminó su acción militar con la proclamación de la independencia en 1821. Las crónicas contemporáneas lo muestran siempre como un arma de combate, gastada por el uso, inseparable de la figura del Libertador.
EL RETIRO, EL EXILIO Y EL VALOR SIMBÓLICO
Tras su retiro de la vida pública, San Martín conservó el sable como una de sus posesiones más preciadas. En el exilio europeo, el arma dejó de ser instrumento militar para convertirse en síntesis material de toda su vida política y militar. Nunca permitió su uso ceremonial ni su exhibición pública. En su correspondencia privada se advierte con claridad que San Martín otorgaba al sable un valor moral y político, ligado a la defensa de la independencia y la soberanía.
EL TESTAMENTO DE 1844 Y EL LEGADO A JUAN MANUEL DE ROSAS
El 23 de enero de 1844, en París, San Martín redactó su testamento definitivo. En él dispuso que el sable que lo había acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud fuera entregado al general Juan Manuel de Rosas. La decisión fue consciente y políticamente explícita. San Martín valoraba la firmeza de Rosas frente a las agresiones extranjeras y consideraba que su gobierno había defendido la soberanía nacional en continuidad con la gesta emancipadora. El sable pasaba así a manos de quien el Libertador reconocía como heredero de esa defensa, hecho que la historiografía liberal intentó minimizar o silenciar.
EL SABLE EN PODER DE ROSAS Y EL EXILIO
Tras la muerte de San Martín en 1850, el sable fue entregado a Rosas conforme a su voluntad. Rosas lo conservó como una reliquia personal y nacional. Luego de su derrota en Caseros en 1852, partió al exilio en Inglaterra y llevó consigo el sable, que permaneció con él en Southampton hasta su muerte en 1877. En el destierro, el sable se convirtió en un vínculo material entre dos figuras centrales de la historia argentina que la historia oficial se empeñó en separar.
MANUELITA ROSAS Y LA DONACIÓN A LA NACIÓN
Luego de la muerte de Rosas, el sable quedó bajo custodia de su hija Manuelita Rosas. Con plena conciencia de su valor histórico, en 1896 decidió donarlo al Estado argentino para que integrara el patrimonio nacional. El sable llegó al país en 1897 y fue incorporado al Museo Histórico Nacional. El gesto de Manuelita fue un acto de grandeza y de reconciliación histórica que rara vez fue reconocido en su real dimensión.
EL SIGLO XX, LOS ROBOS Y LA DISPUTA POR EL SENTIDO
Durante gran parte del siglo XX el sable fue exhibido en el Museo Histórico Nacional dentro de un relato liberal que despojó a San Martín de toda continuidad política con Rosas y con las luchas posteriores por la soberanía. En ese contexto, en 1963 y nuevamente en 1965, militantes vinculados al peronismo sustrajeron el sable como acto político, denunciando la apropiación deshistorizada del Libertador. En ambos casos el arma fue recuperada mediante gestiones reservadas y sin un despliegue represivo abierto, lo que evidenció la incomodidad del Estado frente al conflicto simbólico que el sable representaba. Tras el segundo episodio, en 1967, la dictadura decidió trasladarlo al Regimiento de Granaderos a Caballo, bajo el argumento de su resguardo, pero en los hechos para sacarlo del centro de la disputa política y museográfica.
DEL SILENCIO A LAS CONTROVERSIAS CONTEMPORÁNEAS
Durante décadas el sable corvo permaneció bajo custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo, protegido pero apartado del ámbito museográfico y del debate histórico. En el año 2015, mediante una decisión del Poder Ejecutivo Nacional, el sable fue trasladado nuevamente al Museo Histórico Nacional. El acto fue presentado como una restitución patrimonial y tuvo un fuerte contenido simbólico, ya que devolvía la pieza al espacio público y a su condición de bien histórico de la Nación, en el marco de una política de revalorización de los símbolos nacionales y de revisión del relato histórico tradicional. El traslado se realizó con ceremonia oficial y fue acompañado por el discurso de que el sable debía ser preservado, estudiado y exhibido dentro de un contexto histórico integral, y no reducido a una reliquia militar aislada. Sin embargo, esa restitución no cerró la disputa. Por el contrario, volvió a poner en primer plano las tensiones latentes en torno al sentido del sable y a la línea histórica que une a San Martín, Rosas y la cuestión de la soberanía nacional, confirmando que se trata de un símbolo vivo y políticamente incómodo.
EL PRESENTE, EL RETORNO A GRANADEROS Y LA CONTINUIDAD DE LA CONTROVERSIA
En los últimos años, el sable corvo volvió a ocupar el centro del debate público. Tras haber sido restituido al Museo Histórico Nacional en el siglo XXI, una nueva decisión del Poder Ejecutivo dispuso su traslado nuevamente al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín. El acto fue presentado oficialmente como una medida de resguardo y tradición militar, pero tuvo un claro contenido político. El traslado se realizó con ceremonial castrense y sin consenso previo con especialistas en patrimonio ni con el Museo, reabriendo una disputa que nunca estuvo cerrada.
La controversia no giró únicamente en torno a la seguridad del objeto, sino al sentido histórico que se pretendía imponer. Para amplios sectores, el retorno del sable a custodia militar significó una nueva descontextualización de su historia completa, separándolo otra vez del hilo que une a San Martín con Rosas, con Manuelita y con la Nación como sujeto histórico. El debate expuso, una vez más, que el sable no puede ser reducido a una reliquia protocolar ni a un símbolo neutro, porque cada traslado expresa una toma de posición sobre cómo se interpreta la historia argentina.
Así, más de dos siglos después de haber sido empuñado en los campos de batalla de la independencia, el sable corvo sigue generando conflictos, decisiones administrativas y lecturas enfrentadas. Su sola presencia obliga a elegir entre una historia domesticada y una historia viva, atravesada por la cuestión de la soberanía y por la continuidad del proyecto nacional.
CONCLUSIÓN
La historia del sable corvo de San Martín es la historia de una continuidad política que la historiografía liberal nunca pudo domesticar. Desde su adquisición como arma de combate, su uso en las campañas libertadoras, el testamento de 1844, el legado a Rosas, la donación de Manuelita y las disputas del siglo XX y XXI, el sable condensa una tradición nacional que incomoda porque demuestra que San Martín no fue un prócer aislado, sino un hombre profundamente consciente del sentido político de su obra y de sus herederos históricos.
Damián Leandro Zanni
FUENTES
José de San Martín, Correspondencia y Testamento
Adolfo Saldías, Historia de la Confederación Argentina
José María Rosa, Historia Argentina
Museo Histórico Nacional, documentos y catálogos históricos
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