sábado, 21 de febrero de 2026

Los dientes de Belgrano y la bochorno nacional.

LOS DIENTES DE BELGRANO Y LA VERGÜENZA NACIONAL Por Revisionismo Historico Argentino LA TUMBA OLVIDADA El 4 de septiembre de 1902, a las dos de la tarde, el atrio de la Iglesia de Santo Domingo se llenó de gente. Se iba a abrir la tumba de Manuel Belgrano. El creador de la Bandera llevaba allí desde el 20 de junio de 1820, enterrado en tiempos de pobreza extrema, bajo una losa sencilla que su familia pudo pagar cuando el país que él ayudó a fundar estaba sumido en la anarquía. Más de ochenta años después, el Estado Argentino decidió construirle un mausoleo monumental. El traslado de sus restos formaba parte de una política de consagración simbólica: integrar definitivamente a Belgrano al panteón oficial de la Nación. LA EXHUMACIÓN Y EL DESCUBRIMIENTO El gobierno designó como representantes oficiales a los ministros Joaquín V. González y Pablo Ricchieri. También participaron médicos militares como Carlos Malbrán y Marcial Quiroga, el escultor Ximénez, el prior del convento y descendientes directos del prócer. Al abrir la fosa comprobaron que el ataúd había desaparecido por completo, consumido por la humedad. Los huesos aparecieron dispersos. Fueron recogidos con cuidado y colocados sobre una bandeja de plata. Entre ellos, varios dientes se conservaban intactos. Algunos cronistas señalaron un detalle que no pasó desapercibido: los ministros permanecieron cubiertos ante la tumba abierta. En la cultura política de la época, no quitarse el sombrero frente a restos venerables no era un detalle menor. EL ESCÁNDALO DE LOS DIENTES Lo que transformó la ceremonia en escándalo nacional fue lo que ocurrió después. González y Ricchieri se llevaron algunos dientes como recuerdo personal. El hecho se conoció rápidamente y provocó una reacción inmediata. El diario La Prensa denunció el episodio con dureza y exigió la devolución inmediata, recordando que esos restos constituían una herencia sagrada de la gratitud nacional. La frase fue contundente: debían devolver los dientes “al patriota que menos comió en su gloriosa vida de los dineros de la Nación”. La revista Caras y Caretas ironizó sobre la situación. La presión pública fue tan fuerte que los ministros no tuvieron alternativa: devolvieron los molares. González dijo que quería mostrarlos a amigos; Ricchieri afirmó que pensaba enseñárselos a Bartolomé Mitre. Las explicaciones no hicieron más que confirmar la ligereza del gesto. EL MAUSOLEO Y LA CONTRADICCIÓN El 20 de junio de 1903, el presidente Julio Argentino Roca inauguró el mausoleo frente a Santo Domingo. Allí fueron depositados definitivamente los restos y los dientes restituidos. La escena deja una enseñanza incómoda. Belgrano murió prácticamente en la pobreza, después de haber donado el premio de sus victorias para fundar escuelas. El Estado que no supo asistirlo en vida organizó décadas más tarde una ceremonia monumental para honrarlo. Y aun en ese acto solemne, algunos de sus más altos funcionarios actuaron con frivolidad. La historia de los dientes de Belgrano no es una anécdota pintoresca. Es un reflejo de una tensión constante en nuestra historia: la grandeza moral de algunos hombres frente a la estatura variable de quienes administran su memoria.

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