jueves, 23 de abril de 2026
San Martín con los Pehuenches. Estrategia liberación continental.-23.04.2026-
EL PARLAMENTO DE SAN MARTÍN CON LOS PEHUENCHES: ESTRATEGIA, JUSTICIA Y LIBERACIÓN CONTINENTAL
Por Revisionismo Historico Argentino
Hacia 1826, en un exilio silencioso en Bruselas, José de San Martín llevaba una vida austera, dedicado a la educación de su hija y alejado de las intrigas políticas rioplatenses que tanto lo habían decepcionado. No era hombre de escribir por escribir. Pero una carta del general inglés William Miller, antiguo subordinado suyo en el Perú, lo empujó a volver sobre uno de los episodios más extraordinarios de la gesta emancipadora: el parlamento con los pehuenches en 1816. Lo que comenzó como una respuesta escueta terminó convirtiéndose en un testimonio vibrante, donde aparece el San Martín estratega, político, conductor de pueblos y profundo conocedor de la realidad americana, muy lejos de la caricatura escolar que lo reduce a un mero militar de bronce.
Porque ese parlamento no fue un gesto anecdótico ni circunstancial. Fue una pieza clave de una estrategia continental guiada por un principio superior: la liberación de los pueblos. Y no es un dato menor que este proceso se desarrolle inmediatamente después de la Declaración de la Independencia Argentina, lo que le da un carácter aún más profundo: ya no se trataba de una insurrección, sino de la acción consciente de un pueblo que se asumía libre y soberano. Mientras cierta historiografía simplifica su figura, aquí se revela algo mucho más profundo: la comprensión de que la independencia solo podía concretarse con la participación activa de todos los sectores de la sociedad americana, incluidos los pueblos originarios, legítimos habitantes y conocedores de la cordillera. San Martín no impone ni somete: reconoce, dialoga y construye unidad en torno a una causa común.
LA ESTRATEGIA COMO HERRAMIENTA DE LIBERACIÓN
El parlamento se realizó en septiembre de 1816 en el Fuerte de San Carlos, al sur de Mendoza. Allí, San Martín se presentó personalmente ante los caciques pehuenches, entre ellos el reconocido Necuñán, figura de autoridad y referencia entre los suyos. Este gesto habla por sí solo: el jefe del Ejército de los Andes no esperó que los pueblos acudieran a él, sino que fue a su encuentro, reconociendo su autoridad en su propio territorio.
El objetivo era claro y legítimo: solicitar el paso del ejército libertador por la cordillera y consolidar una alianza que permitiera enfrentar al poder colonial español. Toda la acción de San Martín estuvo guiada por un principio estratégico superior, orientado a preservar vidas, asegurar el éxito de la campaña y evitar enfrentamientos innecesarios. Cada decisión formaba parte de una inteligencia militar al servicio de la causa americana, donde la astucia no era engaño sino herramienta legítima de guerra frente a un enemigo colonial poderoso.
Aquí aparece el San Martín conductor: un hombre que no solo piensa en términos militares, sino en términos políticos y humanos. Entiende que la guerra no se gana solo con armas, sino con acuerdos, con respeto y con integración. Y también entiende que la independencia no puede ser obra de unos pocos, sino de todos los pueblos que habitan la tierra americana.
LOS PEHUENCHES: ALIADOS DE LA LIBERTAD Y PROTAGONISTAS DE LA GESTA
San Martín describe a los pehuenches con respeto y reconocimiento. Destaca su destreza como jinetes, su conocimiento profundo de la cordillera y su organización social. Pero por encima de todo, reconoce su papel como actores fundamentales en la historia. Para él, no eran un obstáculo ni un elemento marginal: eran aliados naturales de la causa emancipadora y protagonistas concretos de la campaña.
El parlamento fue un ejemplo de organización y dignidad. Los caciques deliberaron con orden, sin interrupciones, con una claridad admirable. Se negaron a beber durante las discusiones para mantener la lucidez, demostrando una responsabilidad política que muchas veces fue negada por relatos posteriores. Finalmente, aceptaron el acuerdo casi por unanimidad, comprometiéndose no solo a permitir el paso del ejército, sino a colaborar activamente en la empresa libertadora.
Y esa colaboración no fue simbólica: fue decisiva. Los pehuenches aportaron caballos, mulas y ganado, garantizaron la logística en territorios inhóspitos, actuaron como baqueanos guiando a las columnas por los pasos más seguros de la cordillera como el Paso de Los Patos y el Paso de Uspallata y participaron también como combatientes en la campaña. Su conocimiento del terreno y su movilidad hicieron posible lo que para cualquier ejército europeo hubiera sido impracticable. Sin ellos, el Cruce de los Andes no hubiera tenido las mismas condiciones de éxito.
Este punto es central: la alianza no fue impuesta ni forzada. Fue fruto del consenso, del respeto mutuo y de la comprensión de que la lucha contra el dominio colonial era una causa compartida entre criollos y pueblos originarios.
EL PARLAMENTO COMO ENCUENTRO DE CULTURAS Y VOLUNTADES
El encuentro fue también una gran ceremonia política. San Martín acudió con regalos, como era costumbre en este tipo de acuerdos, mostrando consideración por las tradiciones de los pueblos originarios. Los caciques ingresaban con sus guerreros en una demostración de fuerza y dignidad, siendo recibidos con honores.
Tras la aceptación del acuerdo, se desarrollaron celebraciones que reflejaban las costumbres de los pehuenches. San Martín observa estas escenas con atención, entendiendo que forman parte de una cultura distinta pero legítima. Incluso en esos momentos, se percibe su mirada amplia, capaz de comprender sin imponer.
Uno de los gestos más significativos fue la entrega voluntaria de las armas por parte de los pehuenches durante las celebraciones, lo que refleja el alto grado de confianza alcanzado. No se trataba de subordinación, sino de un vínculo basado en el respeto, la reciprocidad y la palabra empeñada.
SIN ESTA ALIANZA, NO HAY CRUCE DE LOS ANDES
Lo esencial es esto: sin el acuerdo con los pehuenches, la campaña libertadora hubiera sido mucho más difícil, si no imposible. Los pueblos originarios no solo acompañaron: fueron una pieza estructural de la gesta. La coordinación lograda permitió que el Ejército de los Andes avanzara con seguridad por la cordillera, en una de las operaciones militares más extraordinarias de la historia, iniciada en enero de 1817.
Pero ese éxito no fue solo militar: fue profundamente político y social. La revolución sanmartiniana se apoyó en los sectores populares de la América profunda. Criollos humildes, pueblos originarios, negros liberados y mestizos formaron la base real del esfuerzo emancipador. Fueron ellos quienes pusieron el cuerpo, quienes sostuvieron la logística, quienes caminaron la cordillera y enfrentaron al enemigo.
Mientras tanto, muchos sectores acomodados dudaban, especulaban o buscaban evitar el compromiso directo. Esta realidad, silenciada durante mucho tiempo, muestra con claridad que la independencia no fue una concesión de las élites, sino una conquista de los pueblos.
SAN MARTÍN: PRÓCER, CONDUCTOR Y SÍMBOLO DE LA UNIDAD AMERICANA
Este episodio permite ver a San Martín en toda su dimensión. No solo como un gran militar, sino como un conductor político excepcional, comprometido con la libertad de los pueblos y con una visión continental. Todo lo que hizo estuvo orientado a ese fin superior: liberar América del dominio colonial y construir una unidad basada en el respeto entre sus pueblos.
El parlamento con los pehuenches es una prueba contundente de esa grandeza. Lejos de cualquier idea de imposición, lo que se ve es un líder que integra, que reconoce y que construye poder desde la unidad. Un hombre que entiende que la verdadera fuerza de una revolución está en la participación consciente de todos los sectores de la sociedad.
Rescatar este San Martín es recuperar el sentido profundo de la independencia. Es entender que la patria no se hizo solo en los campos de batalla, sino también en estos encuentros, donde se tejieron alianzas fundamentales. Y es reconocer que el Libertador actuó siempre guiado por un ideal superior, sin desviarse jamás de su compromiso con la libertad, la justicia y la dignidad de todos los pueblos de América.
Porque si algo demuestra este episodio es que existió y fue real una forma de construir nación basada en la integración y no en la exclusión. Una Argentina posible, donde los pueblos originarios no eran enemigos sino aliados, donde la independencia tenía un contenido social profundo y donde la conducción política estaba al servicio de la emancipación continental. Ese proyecto, encarnado por San Martín, no solo hizo posible el Cruce de los Andes: dejó una enseñanza histórica que aún hoy interpela, recordándonos que la patria, en su origen más noble, fue obra colectiva de los pueblos que decidieron ser libres.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario