domingo, 27 de diciembre de 2020
Fray Luis Beltrán, herrero, armero Los Andes. - 27 - 12 - 2020.-
FRAY LUIS BELTRÁN: HERRERO DEL EJERCITO DE LOS ANDES
FRAY LUÍS BELTRÁN: Fray Luis Beltrán es conocido como el artesano o el Vulcano del Ejército Libertador por su ingenio para proveer el armamento necesario para enfrentar a los realistas.
Vicente Cutolo, Nuevo diccionario biográfico argentino, lo llama Mago”.
Y en verdad lo era Mc Gyver, al lado del mendocino Beltrán, sería un mísero ayudante.
“Todo el caudal de ciencia lo había adquirido por sí en sus lecturas, o por su observación y la práctica».
Así se hizo matemático, físico, químico, artillero, relojero, pirotécnico, carpintero, herrero, dibujante, cordonero, bordador y médico; siendo entendido en todas las artes manuales; y lo que no sabía, lo aprendía con aplicar sus extraordinarias facultades mentales”, escribió Mitre en su Historia de San Martín.
Fray Luis Beltran, Vulcano de los Andes
Con el Ejército Libertador se fue a Chile y luego a Perú.
Cuando San Martín regresó, Beltrán permaneció en Lima.
En 1824 estaba encargado del parque de armas de Simón Bolívar y seguía dando muestras de sus “extraordinarias facultades mentales”.
Cierta vez que el fraile le hizo observaciones a Bolívar acerca de los pertrechos el General reaccionó mal y lo desaprobé con altanería en público.
Amargado por el desaire, Fray Luis Beltrán —tenía treinta años— intentó suicidarse asfixiándose.
Lograron salvarlo, pero perdió la razón.
Andaba por las calles de Lima vendiendo estampitas y corriendo como un desaforado.
Atropellaba a la gente y daba miedo a las mujeres.
Varios meses le duró la enajenación.
Restablecido, viajó a Buenos Aires y murió un par de años después.
Cfr. Fuente Consultada: Espadas y Corazones de: Daniel Balmaceda
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.ARGENTINA.FRAY LUIS BELGRÁN.HERRERO.ARMERO.
La increíble historia del Fray Luis Beltrán, el cura artillero de San Martín.
INFOBAE.-Por Juan Thames
12 de septiembre de 2015.-
El fraile cuyano fue el elemento clave de numerosas gestas del libertador de América, con sus extraordinarios conocimientos en la fabricación de municiones, uniformes y herraduras. En el aniversario de su natalicio, Infobae repasa su vida
Es comúnmente aceptado que Fray José Luis Marcelo Beltrán nació el 7 de Setiembre de 1784 en Mendoza. Sin embargo, el propio fraile declaró en su testamento, dictado frente a sus padres y ante un notario mendocino, al ingresar a la orden franciscana, durante el año 1800: "Yo, José Luis Beltrán, natural de la ciudad de San Juan".
Su padre era el francés Louis Bertrand y su madre, la sanjuanina Manuela Bustos. Al bautizar al pequeño, tres días después de nacido, el cura lo inscribió como "hijo de Luis Beltrán"; con lo que su apellido quedó así castellanizado, para la posteridad.
A los dieciséis años ingresó al convento de San Francisco de Mendoza. Allí estudió, sin mucho entusiasmo por la carrera eclesiástica: teología, moral, derecho, filosofía. Sin embargo, demostró especial inclinación hacia las ciencias, como: la química, la matemática, la física y la mecánica; que lo apasionarían desde entonces.
Bartolomé Mitre lo califica así: "Todo caudal de ciencia lo había adquirido por sí en sus lecturas, o por la observación y la práctica. Así se hizo matemático, físico y químico por intuición; artillero, pirotécnico, carpintero, arquitecto, herrero, dibujante, bordador y médico por la observación y la práctica; entendido en todas las artes manuales y lo que no sabía lo aprendía con sólo aplicar a ello sus extraordinarias facultades mentales".
Tiempo después, fue trasladado a Santiago de Chile, donde fue maestro (vicario) del coro del convento franciscano. En 1810 estalló la revolución chilena, que depuso al gobierno colonial. Nuestro fraile simpatizó con el movimiento independentista. Sin embargo, no fue sino hasta 1812, en que decidió apoyarlo activamente, sirviendo como capellán en las tropas de José Miguel Carrera; y asistiendo al combate de Hierbas Buenas, donde el jefe chileno fue derrotado.
Un día, el inquieto fraile entró, por casualidad, a los talleres de maestranza del ejército de Bernardo O' Higgins. Al observar la forma elemental y rudimentaria en que trabajaban los operarios chilenos; se puso manos a la obra, y empezó a darles consejos, órdenes e instrucciones, para optimizar la labor en el taller. Los ingenieros del ejército, impresionados con la colaboración desinteresada del fraile cuyano, se lo recomendaron a O' Higgins; quien lo designó, con el rango de teniente, al frente de la maestranza trasandina, sin abandonar sus hábitos. De inmediato, Fray Luis Beltrán puso todo su empeño y conocimientos técnicos para recuperar los cañones dañados; con bastante éxito y reconocimiento. Sirvió en el sitio de Chillán y la acción de Rancagua. En esta última batalla, el 2 de Octubre de 1814, los realistas derrotaron a los patriotas chilenos, terminando con la "Patria Vieja" trasandina. Ello generó una emigración masiva de los independentistas hacia Mendoza, donde fueron recibidos y socorridos por el Gral. José de San Martín. Entre los mil fugitivos retornaba también, Fray Beltrán, a su tierra natal.
O'Higgins recomendó al Libertador los conocimientos del fraile en organización, mecánica y fundición. Entonces, San Martín el 1º de Marzo de 1815 lo puso al frente del parque y la maestranza del Ejército de los Andes, con el grado de teniente segundo del tercer batallón de artillería. De inmediato, el cura improvisó un taller y una fragua en el campamento de El Plumerillo. Con un frenético ritmo y en turnos rotativos, supervisaba y lideraba el trabajo de setecientos artesanos, herreros y operarios. Resonaban en el campamento los gritos del incansable fraile, dando instrucciones y órdenes a sus obreros, en medio de los golpes de los martillos sobre el yunque. Tanto esforzó su garganta, que quedó ronco, para el resto de sus días.
En su taller se fabricaban uniformes, zapatos, botas, monturas, estribos, herraduras, municiones, balas de cañón, espadas, fusiles, pistolas, puentes colgantes, granadas, lanzas, elementos de seguridad, arneses, grúas, pontones, mochilas, tiendas de campaña, cartuchos y todo tipo de pertrechos de guerra. El mismo fraile concibió unos curiosos carros estrechos y livianos, de la extensión de los cañones, con cuatro ruedas bajas, para ser tirados por mulas; se utilizaron para transportar exitosamente la artillería por la cordillera. Los soldados los llamaron "zorras", por su parecido con ese animal.
La fragua del fraile artillero alcanzaría la celebridad fundiendo y fabricando cañones, morteros, obuses y culebrinas. A tal fin, alcanzó a fundir campanas de las iglesias, utensilios metálicos, rejas y herrajes, recolectados por todo Cuyo, para fabricar las piezas de artillería. Su incansable labor le ganarían los apodos de "Vulcano con sotana", el "Arquímedes de la Patria" o el "Artesano del cruce". Cuando San Martín le consultó si la artillería iba a estar en condiciones de cruzar los Andes, el cura fundidor le aseguró: "si los cañones tienen que tener alas, las tendrán"; y así fue. Por su incansable labor fue ascendido a capitán.
Gran parte del mérito de la hazaña del cruce de la cordillera de Enero de 1817 se debió a la logística ideada y concretada por Fray Luis Beltrán. Los cañones se envolvían en paños de lana, y se retobaron con cueros, para protegerlos contra los golpes y caídas. Con el ejército marchaban los ciento veinte primeros zapadores del Ejército Argentino, todos a las órdenes del fraile. Su misión era arreglar los pasos defectuosos. Llevaban un puente mecánico para cruzar los pasos de agua, construido con maromas de doce vetas resistentes, de cuarenta metros de largo, que se podía desplegar rápida y fácilmente para el cruce de hombres, enseres y animales. También transportaban dos anclotes, para evitar que las piezas pesadas y la artillería se despeñaran en las laderas muy empinadas. Cuenta el después Gral. Jerónimo Espejo que "se llevaban para suplir las funciones de cabrías o cabrestantes en los grandes precipicios, adhiriéndose aparejos o cuadernales de toda clase o potencia, según los casos". No fue preciso utilizarlos para salvar los cañones, pero sí la carga de las mulas, que a veces se caía en los abismos no tan abruptos. Recordaría Fray Luis Beltrán: "En las cortaderas un cañón rodó al abismo y fue rescatado sin otros perjuicios que la ruptura del eje y que más de treinta cargas fueron igualmente rescatadas".
"Si los cañones tienen que tener alas, las tendrán", le dijo Beltrán a San Martín.
Repasados los Andes, el fraile destacó en la batalla de Chacabuco. San Martín lo reconoció en su parte: "A sus conocimientos y esfuerzos extraordinarios, auxiliado del benemérito emigrado chileno D. N. Barrueta, se debe el transmonte de la artillería con el mejor suceso por las escarpadas y fragosas cordilleras de los Andes y nada se ha resistido al tesón infatigable de aquel honrado oficial". Por su heroico desempeño en la acción las Provincias Unidas le concedieron una medalla de plata. Luego sobrevino la derrota de Cancha Rayada, donde se perdió casi todo el parque y la artillería, a manos de los realistas.
Luego de la conmoción causada por el desastre, en una reunión de Estado Mayor, presidida por el Padre de la Patria, se oyó la voz áspera y por instantes desagradable del fraile capitán: "Perdimos una batalla, pero no la guerra. Tengo en mis depósitos municiones y armas suficientes para que en pocos días podamos transformar esta derrota en victoria". En su corazón sabía que no decía la verdad. Todo había caído en manos del enemigo; pero el cura forjador se tenía confianza. Sólo necesitaba que no decayera el ánimo de sus camaradas. San Martín, aliviado, concluyó la reunión en estos términos: "Con municiones y armas, vamos a hacer que la noche se les vuelva día". Fray Luis Beltrán salió a las corridas de la junta, encontró a su amigo, el coronel chileno Manuel Rodríguez y le pidió traer "todas las personas que puedan juntar. Necesito mil. Todos servirán, hombres, mujeres, niños. Pero los necesito ya". Este oficial mandó dos batallones a recorrer las calles de Santiago y realizar una leva forzosa de toda persona que transitara, para trabajar en el improvisado taller del franciscano.
Ese mismo día, el fraile comenzó a reconstruir el diezmado parque del ejército. Las mujeres cosían los cartuchos para la artillería; los niños confeccionaban los cartuchos de fusil; los hombres fundían armas, vituallas, balas y municiones; y realizaban las demás labores pesadas; siempre en turnos rotativos. La maestranza de Fray Luis Beltrán no se detenía nunca. En poco más de dos semanas, estuvieron listos veintidós cañones (incluía cinco reparados, salvados de Cancha Rayada), decenas de miles de cartuchos, y armas de todo tipo recompuestas. El 5 de Abril de 1818, gracias a su empuje, el Ejército aliado se alzó victorioso en la Batalla de Maipú, sellando de este modo, la independencia de Chile.
Con posterioridad, el fraile participó en la Expedición Libertadora al Perú. En 1822 ascendió a sargento mayor; y en 1823, a teniente coronel graduado; siempre al frente de la maestranza y el parque del ejército. Posteriormente, sirvió a las órdenes de Simón Bolívar, en el Perú. Un día, éste, disconforme con el desempeño del franciscano, lo maltrató injusta y públicamente, llegando hasta a amenazarlo con el fusilamiento. Fray Luis cayó en tal depresión, que intentó vanamente suicidarse, encerrándose en su cuarto, para intoxicarse con un brasero encendido. Fue salvado providencialmente por los dueños de casa. Sin embargo, el cura quedó desquiciado y se volvió paranoico. Vagó durante cinco días, enloquecido, creyendo que Bolívar lo perseguía para matarlo. Los chicos del pueblo de Huanchaco se burlaban de él y le gritaban "cura loco". Una familia se apiadó de él, lo albergó y ayudó a restablecer. Consiguieron embarcarlo para que en Junio de 1825 retornara a Buenos Aires.
Vuelto a sus cabales, ofrece sus servicios al gobierno del Gral. Juan Gregorio de Las Heras, veterano como él, del Ejército de los Andes. Conocedor de su habilidad, Las Heras destacó al sufrido fraile al frente del Parque y la Maestranza del Ejército de Observación republicano sobre el Río Uruguay, al mando del Gral. Martín Rodríguez. Nuevamente el fraile puso toda su pasión, ciencia y esfuerzo a favor de las armas patrias. Participaría, luego, en la campaña al Brasil, al mando del Gral. Carlos de Alvear; destacando en la gloriosa gesta de Ituzaingó, el 20 de Febrero de 1827; la que sería su última batalla. El fraile fue, sin lugar a dudas, el alma mater del excelente desempeño de la artillería argentina en esa acción. Sintiendo su salud resentida, pidió baja del ejército, para retornar a Buenos Aires y reencontrarse con su vocación originaria.
Al volver, dejó definitivamente su uniforme; se reencontró con la oración, en la orden franciscana, llevando, el resto de sus días, una vida de penitencia. Falleció el 8 de Diciembre de 1827, a los cuarenta y tres años de edad, vistiendo su hábito característico. Designó a su amigo, el Gral. Manuel Corbalán como albacea testamentario. Éste y otro camarada, el Gral. Tomás Guido, encabezaron su cortejo fúnebre, que despidió sus restos en el cementerio de la Recoleta.
Lamentablemente, su tumba no ha podido ser hallada en esa necrópolis hasta el día de hoy
Cfr. El autor es abogado e ingeniero. Autor de diversos libros sobre historia argentina.
Educación y Política. Prov. del Chaco. - 27 - 12 - 2020.-
EDUCACION Y POLITICA: Prov del Chaco.
Insólito homenaje en una escuela chaqueña
La Nación. Educación y Política.-27 de diciembre de 2020.
No puede pasarse por alto el acto realizado hace pocos días en la Escuela Pública de Gestión Social Nº 2, situada en un barrio de Resistencia, Chaco, con motivo de la finalización del ciclo escolar, durante el que se entonó una canción en homenaje a Ernesto "Che" Guevara.
La escuela lleva el nombre de un puntero barrial, Emerenciano Sena, y la zona donde está emplazada es conocida precisamente como Emerenciano, en "reconocimiento" a este referente de una organización social que medra con la pobreza. La escuela es una de las diez de "gestión social" que existen en esa provincia cuyos índices educativos, al igual que los sanitarios, son de los más bajos del país, junto con sus vecinas Formosa y Santiago del Estero.
Se ha denunciado, además, que en esa dependencia educativa enseñan supuestos maestros, que por lo menos en una parte no contarían con los títulos habilitantes.
Con docentes de rojo, con un escudo del Che sobre el atuendo y ante las banderas de la Argentina y de Cuba, se entonó la canción de Carlos Puebla "Hasta siempre comandante", inspirada en la carta de despedida del Che al pueblo de Cuba, cuando inició su intento guerrillero en Bolivia con intención de convertirlo en foco para subvertir a nuestro país.
Kirchnerismo a cielo abierto
Rendir homenaje en una escuela a un personaje entre cuyas contribuciones a la sociedad figura la de haber sido un adalid del terrorismo de Estado, incluido el asesinato de miles de opositores contra los paredones en las cárceles cubanas, y haber generado el derrumbe del sector azucarero cubano -su principal fuente de divisas- durante su gestión como ministro de Industria, muestra la influencia de ideologías totalitarias en emergentes sociales que pretenden llevar a la agenda pública de nuestro país no pocos docentes y directivos de escuelas, ante la falta de idoneidad y autoridad, cuando no la complicidad, de los responsables de supervisar los contenidos y la calidad educativa.
El propio régimen cubano apartó al Che Guevara de las funciones de gobierno para encomendarle incursiones guerrilleras en África y en nuestra región. Guevara fue un adalid de la muerte; solo supo destruir. Fue lo contrario a un promotor del desarrollo y el progreso social.
Personajes como estos, a los que aviesamente se endiosa como seres iluminados y salvadores del mundo, son responsables del derramamiento de lágrimas y sangre; han provocado numerosísimas muertes de seres inocentes, víctimas de experimentos de ingeniería social que atentan contra la dignidad humana.
El gobierno de Cuba dio a conocer un programa de reformas económicas, de apertura al mercado y a la inversión privada, que da por concluido el ciclo iniciado por Fidel Castro en 1959, que llevó a la pobreza generalizada al pueblo de su país y al exilio de millones de hijos de la isla. Es de esperar que esas reformas se extiendan a las libertades y derechos humanos con un cambio político que termine con el autocrático sistema de partido único.
Un aumento en la dosis de optimismo
Nuestros niños no deben ser objeto de adoctrinamientos de ningún tipo. Recientemente, hemos comentado en estas páginas cómo en numerosas escuelas de nuestro país se incita a los alumnos a recitar una historia que no es la real, sino producto de la necesidad de sectores que, como el kirchnerismo, siguen intentando imponer su relato hasta en los jardines de infantes.
Nuestros alumnos necesitan una educación de calidad que desarrolle en ellos sus propios criterios, sin falsear la historia; que facilite la mejora de su situación social; que les dé elementos para alcanzar un futuro promisorio, enraizado en las ideas de libertad, igualdad e imperio de la ley que nada tienen que ver con los personajes que muchos proponen como ejemplares para sostener proyectos inviables. Es de esperar que las escuelas de todo el país respeten el interés de los educandos por aprender, investigar, pensar y dudar. Es absolutamente necesario desechar los fanatismos y los discursos únicos. El futuro de los jóvenes depende de ello.
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miércoles, 23 de diciembre de 2020
Estancias y valor de la tierra. En 1818 - 1900- 1930 y 1935.-23 - 12 - 2020.-
Alfredo Barrera.
Envió este dato histórico.
-23.-12.-2020.-
ESTANCIA LA PORTEÑA (Foto de campo con criollos a caballo, de fondo una casa).
(La casa de la Estancia en cuyo frente se ven los fosos defensivos).
Fotografía Diario La Nación –
Domingo 16 de Octubre de 1938 –
“ Cuenta la tradición que el Cacique Negro, ejercía su autoridad al sur del rio Salado , vendia tierras “ de sol a sol “ por cuatrocientas yeguas.Ello significaba que en ambos sentidos , ancho y largo, la extensión del campo , objeto de la operación, era lo que pudiera recorrerse a caballo, desde la salida a la puesta del sol. El area total se adquiria por 400 yeguas.
El origen de muchas estancias de hoy,, se encuentran en estos pactos que fueron reconocidos por el Congreso durante el Directorio supremo de Don Juan Martin de Pueyrredon en el año 1818, otorgándose Titulos de Propiedad a los dueños encalidad de primeros pobladores. “
De “ TRADICIONES ARGENTINAS “ Pastor Obligado - 1923
Belgrano fundador de la Nación Argentina.-23-12-2020.-.
Belgrano, el hombre indicado para fundar la Nación.
Diario LOS ANDES.-23 - 12 - 2020.- Por Juan Marcelo Calabria
La Revolución comenzaba y Belgrano estaba llamado a ser una de las mentes brillantes que conducirían el proceso independentista. Nacido el 03/06/1770 en el seno de una destacada familia, su destino era convertirse en uno de los Padres Fundadores de la Nación bajo el nombre de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano; recordado como el creador de la bandera; hecho relevante, pero quizás menor y fortuito, entre muchos grandes servicios y funciones que prestó a su patria.
Hombre clave de la Revolución de Mayo, conocida la noticia de los sucesos españoles, Manuel se convirtió prontamente en uno de los conductores de la lucha por la libertad. El mismo Manuel relata aquellos primeros momentos diciendo: “mandaron llamar mis amigos a Buenos Aires, diciéndome que era llegado el caso de trabajar por la patria para adquirir la libertad e independencia deseada; volé a presentarme y hacer cuanto estuviera a mis alcances: había llegado la noticia de la entrada de los franceses en Andalucía y la disolución de la Junta Central; éste era el caso que se había ofrecido a cooperar a nuestras miras el comandante Saavedra…”.
En los agitados días que siguieron en la semana de Mayo, Manuel Belgrano actuó en su doble rol de oficial y también como jurista, mientras se sucedían las deliberaciones entre los patriotas, Saavedra y Belgrano fueron comisionados, como militares, ante el Cabildo para peticionar a los alcaldes Leiva y Juan José Lezica, la consulta a los vecinos.
Sin embargo el Virrey Cisneros se negó a aceptar la convocatoria a un Cabildo Abierto y “propuso en cambio convocar a todas las provincias del Virreinato, pues confiaba que el interior, más conservador y en eterna rivalidad con Buenos Aires, lo sostendría en su cargo”; comenzaba así una incipiente revuelta popular que inquietaba al virrey y su gabinete, por lo que decidió de manera urgente reunir a los jefes militares para solicitar su apoyo ante la cumbre patriota que desafiaba su autoridad.
A las 20:00 hs. del día 20 se convocó a los comandantes de los cuerpos militares de la ciudad, quienes negaron brindar apoyo alguno al virrey. El comandante del cuerpo de Patricios Cornelio Saavedra expresó: “que frente a la situación española, estas provincias reasumirían sus derechos de autogobierno, y que el virrey carecía ahora de autoridad”.
Convocado finalmente el Cabildo del 22 de Mayo, los debates largos y la preeminencia del ala conservadora terminaron por elegir una Junta de Gobierno presidida por el mismo Cisneros que juraba en su nuevo cargo el 24; sin embargo la reacción patriota no se hizo esperar, los círculos revolucionarios más radicalizados rechazaron la continuidad de Cisneros en el Gobierno, y en casa de Nicolás Rodríguez Peña, Belgrano “juraba a fe de caballero, ante la Patria y sus compañeros, que si no era derrocado el Virrey a las tres del día siguiente, él lo derribaría”.
Finalmente en la mañana del 25 se disolvía la junta presidida por Cisneros y se designaba la Primer Junta de Gobierno Patrio; el mismo Belgrano recordaba aquellos acontecimientos diciendo: “Se vencieron al fin todas las dificultades, que más presentaba el estado de mis paisanos que otra cosa, y aunque no siguió la cosa por el rumbo que me había propuesto, apareció una junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde, en que no tuve poco sentimiento. Era preciso corresponder a la confianza del pueblo, y todo me contrajo al desempeño de esta obligación, asegurando, como aseguro, a la faz del universo, que todas mis ideas cambiaron, y ni una sola concedía a un objeto particular, por más que me interesase: el bien público estaba a todos instantes a mi vista”.
Manuel nos dio la posibilidad de acceder a muchos pasajes de su vida al haber escrito, en diferentes etapas, sus memorias, entre las que se cuenta su autobiografía, que muy posiblemente empezó a escribir en 1814, y en cuyos primeros párrafos decía: “Nada importa saber ó no, la vida de cierta clase de hombres que todos sus trabajos y afanes los han contraído a sí mismos, y ni un solo instante han concedido a los demás; pero la de los hombres públicos, sea cual fuere, debe siempre presentarse, o para que sirva de ejemplo que se emite, ó dé una lección que retraiga de incidir en sus defectos. Se ha dicho, y dicho muy bien - que el estudio de lo pasado enseña cómo debe manejarse el hombre en lo presente y porvenir; porque, desengañémonos, la base de nuestras operaciones, siempre es la misma, aunque las circunstancias alguna vez la desfiguren”.
Como otros líderes de su tiempo (ej. José Francisco de San Martín), tenía plena conciencia de su actuación pública y la implicancia de sus actos en las Repúblicas que comenzaban a fundarse y para la posteridad. La época de las “grandes revoluciones”, en que le tocó actuar, algunas contemporáneas a su existencia; más las circunstancias que rodearon su vida como observador y protagonista de acontecimientos centrales tanto políticos, económicos y sociales que cambiaron el mundo en aquellos años, impulsaron a Belgrano a tomar un rol central en la historia convirtiéndose en un actor de cambio para su lugar de origen.
La gran capacidad para percibir la realidad y su sólida formación intelectual le permitieron convertirse en uno de los personajes cruciales de aquel momento.
El mismo Manuel describe esta poderosa influencia al afirmar: “Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían á que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa ó indirectamente”.
Su formación, el sentido de la responsabilidad cívica y el cabal conocimiento del compromiso público de los cargos y funciones que le tocaba desempeñar, en el marco de la revolución y temprana formación de los estados americanos, dieron a Manuel Belgrano la oportunidad de manifestar el cumplimiento de un estricto sentido moral y ético en cada una de sus decisiones y acciones convirtiéndose en un verdadero ejemplo de hombre público, para sus contemporáneos y también para quienes lo siguieron en la conducción del país.
Pero, como sabemos, algunos siguieron su ejemplo, en tanto otros decidieron ignorarlo porque claramente les incomodaba semejante legado.
(*) Miembro de la Academia Nacional Sanmartiniana. Miembro Adherente del Instituto Nacional Belgraniano.
viernes, 18 de diciembre de 2020
Mujeres patriotas. Juana Moro colaboró con Belgrano. - 18 -12 - 2020
Mujeres patriotas ayudaron a Belgrano.
El 17 de diciembre de 1874: Muere Juana Moro una de las “espías de Belgrano”.
Juana Moro nació el 26 de mayo de 1785 en San Salvador de Jujuy, hija del escribano, coronel de los Reales Ejércitos y funcionario español, Juan Antonio Moro Díaz y de Faustina Rosa de Aguirre Pondal, viuda de Francisco Sánchez Taibo, Juana se casó en octubre de 1802 con el coronel Jerónimo López, estableciéndose en la ciudad de Salta. Al iniciarse la guerra de la independencia adhirió fervientemente a la causa patriota. Ocupada su ciudad por las fuerzas realistas, en 1813 ante el avance de los ejércitos patriotas al mando de Manuel Belgrano, y en concurso con otras damas salteñas intentó conquistar para la causa patriota a algunos oficiales realistas.
En los prolegómenos de la batalla de Salta Juana consiguió que Juan José Feliciano Alejo Fernández Campero, marqués de Yavi, y varios de sus compañeros se comprometieran a abandonar las filas realistas el día de la batalla y a regresar a Perú y trabajar por la causa de la emancipación. Su casa, ubicada en la actual calle España 782 cerca de la de Martín Miguel de Güemes, debía ser punto de reunión de los fugados, siendo adecuada por su extensión (una cuadra) y por contar con dos frentes.
El 20 de febrero de 1813, durante la batalla de Salta, el marqués comandaba un ala del ejército de Pío Tristán y cumpliendo su compromiso decidió retirarse sin atacar huyendo por las lomas de Medeiros, el "movimiento retrógrado que hizo la caballería enemiga" que relata en su parte Belgrano que y que contribuyó en mucho al triunfo de las armas patriotas.
Tras vencer en Vilcapugio y Ayohuma el general realista Joaquín de la Pezuela ocupó la ciudad de Salta. Juana y María Loreto Sánchez Peón constituyeron una eficaz red de espionaje a la que contribuyeron mujeres de todos los rangos sociales.
El mismo Pezuela informaría al virrey del Perú en una comunicación interceptada por los patriotas que "Los gauchos nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial. A todo esto se agrega otra no menos perjudicial que es la de ser avisados por horas de nuestros movimientos y proyectos por medio de los habitantes de estas estancias y principalmente de las mujeres, cada una de ellas es una espía vigilante y puntual para transmitir las ocurrencias más diminutas de este Ejército."
Juana, humildemente vestida, se trasladaba a caballo espiando recursos y movimientos del enemigo. Sólo en una oportunidad fue apresada y obligada a cargar pesadas cadenas que no consiguieron que confesara o delatara a sus compañeros.
Pezuela, conociendo la actividad de Juana Moro, resolvió castigarla con la muerte para lo cual ordenó encerrarla en su casa y tapiar las aberturas. Su vecina, aunque realista, se compadeció y efectuó un boquete en la pared y le proveyó agua y alimentos hasta que los realistas fueron expulsados, salvándola de morir de inanición. Desde ese momento le quedó el mote de “la emparedada”.
Durante las siguientes invasiones, Juana Moro continuó actuando en apoyo de la Guerra gaucha pudiendo jactarse después de la guerra de la habilidad que supo emplear y de no haber sido jamás descubierta. Al igual que su amiga Loreto Sánchez Peón, disfrazada de gaucho o de viajera pasaba a caballo desde Salta a Oran o a Jujuy, ciudad ocupada por los realistas, llevando partes y trayendo noticias.
En una ocasión se disfrazó de coya y marchó por las quebradas en busca del general Juan Antonio Álvarez de Arenales para conocer la posición de su ejército ante las informaciones contradictorias que llegaban del frente. Pocos días después regresaba y se reunía con la esposa del general, la patriota Serafina de González Hoyos, informando a los patriotas que Arenales estaría en Salta al día siguiente desalojando a la guarnición realista. En esa oportunidad, la población entusiasmada pasearía a Juana por las calles de Salta.
Años después de finalizada la guerra y consolidada la independencia Argentina continuaría desempeñando un papel destacado en la sociedad salteña. Así, integró el grupo de damas salteñas que se dirigió al gobierno "lamentando la postergación a que se relega al sexo femenino al no permitírseles jurar la Constitución Nacional" (de 1853).
Tuvo al menos una hija, Serafina López Moro, y dos hijos, Ramón López Moro y el doctor Bernabé López (1808-1880), intendentes de Salta, ministro de gobierno de la provincia en dos oportunidades, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto en la presidencia de Justo José de Urquiza y uno de los principales gestores de la Liga del Norte contra Juan Manuel de Rosas.
"2020 - AÑO DEL GENERAL MANUEL BELGRANO"
lunes, 14 de diciembre de 2020
Artigas José Gervasio. El Exodo Oriental.Río Ayuí.-14-12-2020.-
Artigas, José Gervasio.- Éxodo oriental (la "redota"): el campamento de Ayuí
14-12-1811.-
LÍNEAS DE TIEMPO: Entre Ríos,Concordia. Instituto Federal de Estudios e Integración “José Artigas”.
-14 - 12 - 2020.-
Tras el éxodo desde el sitio de Montevideo, llamado "la redota", Artigas acompañado por 10.000 personas acampa en las cercanías del Ayuí.
En octubre de 1811, el ejército artiguista, triunfante en la batalla de Las Piedras, que había debido levantar poco antes el primer sitio de Montevideo ocupado por las fuerzas del Virrey Francisco Javier de Elío, y constituido su campamento en las márgenes del río San José, cerca de la ciudad de San José de Mayo.
La firma del Armisticio, al retirársele el apoyo de la Junta de Buenos Aires, colocaba al campamento oriental en una situación insostenible, a merced de las fuerzas españolas de Montevideo.
Por ello, el 23 de octubre de 1811, al conocerse la noticia de que el Armisticio finalmente se había celebrado con el consecuente retiro del ejército enviado por Buenos Aires, a las órdenes de Rondeau, se hacía ineludible la retirada de las milicias orientales, inferiores en cantidad y en armamento a las fuerzas españolas.
La travesía por el territorio oriental, llamada "la redota" arriba a Salto y Artigas dispone, el 14 de diciembre, efectuar un relevamiento de las personas que integraban la columna, dando lugar al histórico documento conocido como Padrón de las Familias Orientales.
La columna se dispuso entonces a atravesar el río Uruguay, como medida de defensa ante las fuerzas portuguesas del Brasil, y españolas de Montevideo.
En enero de 1812, desplazándose por la costa oeste del Uruguay, llegaron a la costa del arroyo Ayuí, al sur de la actual Concordia, acampando definitivamente en sus montes.
"La redota” reforzó lazos de solidaridad, acentuando el sentimiento de colectivo con individualidad propia; agudizó también la separación con Buenos Aires, en tanto que se fortalecieron las relaciones con las demás provincias.
domingo, 13 de diciembre de 2020
Fusilamiento del Coronel Manuel Dorrego, en Rausch. -13-12-2020.-
FUSILAMIENTO DE DORREGO.
Envío de CPN-historiador. Esteban Dómina-
13-12-2020.-
“Navarro, diciembre 13 de 1828.
Participo al gobierno delegado que el coronel don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden, al frente de los regimientos que componen esta división. Firmado: Juan Lavalle”.
Casi dos siglos después, cuesta entender semejante desatino: un héroe de la gesta independentista fusila a otro héroe. Un crimen imperdonable de la historia argentina.
Ardía la grieta entre unitarios y federales: en 1827, extinguida la autoridad nacional tras la renuncia de Bernardino Rivadavia a la presidencia, solo quedaban en pie las provincias. La legislatura de la provincia de Buenos Aires eligió gobernador a Manuel Dorrego, enrolado en el bando federal.
Asumió en medios de los coletazos de la guerra con el Brasil. Tenía ante sí el desafío de aliviar la economía popular y restablecer el vínculo con las provincias y encarar la postergada organización nacional. Los unitarios, entretanto, no se resignaban a haber sido desplazados del poder por la “chusma”; solo necesitaban de un brazo armado dispuesto a hacer el trabajo sucio, y todas las miradas se posaron en Juan Lavalle, que había reverdecido sus laureles en aquella guerra.
Cuando el grueso de las tropas arribó a Buenos Aires, el motín ya estaba marcha. El 1 de diciembre de 1828 los regimientos salieron de los cuarteles y derrocaron a Dorrego. Enseguida, Lavalle se hizo proclamar gobernador en una parodia de asamblea popular.
Dorrego salió a la campaña para organizar la resistencia. Su único aliado era Juan Manuel de Rosas, un hacendado que pisaba fuerte en la provincia. En pocos días logró reunir un modesto ejército de paisanos y presentó combate en los campos de Navarro, donde fue vencido por los veteranos de Lavalle, aunque logró escapar. Rosas le aconsejó pasar a Santa Fe y buscar el amparo de Estanislao López, pero Dorrego se demoró inexplicablemente en un campo de Areco, donde unos oficiales desleales lo apresaron y pusieron en manos de Lavalle.
Los unitarios no querían que el prisionero fuera enviado a la metrópoli, y apremiaban a Lavalle para que completara su desgraciada faena. Mientras Dorrego escribe cartas a gente influyente, Gregorio Aráoz de Lamadrid intercede para que se le perdone la vida, pero su suerte está echada.
El 13 de diciembre, a las dos y media de la tarde, el condenado enfrenta al pelotón, poco después de recibir el último auxilio religioso. Lamadrid, agobiado, se retira; no soporta presenciar el injusto final de su compadre y camarada del Ejército del Norte. El pelotón cumple la fatídica orden: el cuerpo exánime de Dorrego se desangra lentamente.
“La historia juzgará imparcialmente si el coronel Dorrego ha debido o no morir”, asentará Lavalle en el parte. Los unitarios suspiran aliviados, el poeta Juan Cruz Varela escribe con regocijo: “La gente baja / ya no domina / y a la cocina / pronto volverá”.
El pueblo orillero está de duelo; lastimeras guitarras bordonean cielitos en la desolada campaña bonaerense. Juan Manuel de Rosas, entretanto, se dispone a tomar la posta del caído.
Tras los postigones de una lóbrega casa, una mujer llora su dolor. Ángela Baudrix, la joven viuda, estruja en sus manos el chaleco que le entregó Lamadrid junto a la carta póstuma de su esposo: “En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro porqué, más la providencia divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida, educa a esas amables criaturas, sé feliz, ya que no lo ha podido ser en compañía del desgraciado”.
A su hija Angelita le deja una sortija como recuerdo. A Isabel, su otra hija, unos tiradores.
Manuel Críspulo Bernabé Dorrego tenía 41 años.
FUSILAMIENTO DEL CORONEL MANUEL DORREGO
El 13 de Diciembre de 1828.
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Revisionistas. 13-12-2020.-
A principios de 1827 se había producido la brillante victoria de nuestras armas en la guerra del Brasil, a raíz de la usurpación de la Banda Oriental: el 9 de febrero el almirante Brown había derrotado a la escuadra imperial en el Juncal y el día 20 del mismo mes Alvear hizo lo propio -en tierra- en Ituzaingó.
Las fuerzas brasileñas quedaron deshechas, desmoralizadas y en plena dispersión. Pero esta página de gloria sería manchada por una de las mayores vergüenzas que ha sufrido la nación: cuando el general en jefe solicitó refuerzos y caballadas a Buenos Aires para ocupar la provincia de Río Grande y marchar hasta la capital del enemigo, se le negó.
Alvear no cosecharía los frutos de su victoria, la patria había dado su esfuerzo y su sangre en vano, porque el gobierno de don Bernardino Rivadavia, en el momento de nuestras armas triunfantes, ¡pedía desesperadamente la paz! Y la pedía por la más miserable de las razones: para sofocar lo que él llamaba anarquía interna –la resistencia rebelde del interior a la tiranía surgida del manotón unitario- y disponer de las fuerzas del ejército nacional para lanzarlas contra sus compatriotas. . . . . . . . . . .
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