martes, 14 de enero de 2020

Los hijos del General Manuel Belgrano.- 14 - 01 - 2020.-

LOS HIJOS DEL GENERAL MANUEL BELGRANO.

Tomado del Arcón de la Historia.(Internet).
Difusión por el Año Belgraniano Nacional, 2.020.

PEDRO ROSAS Y BELGRANO.La paternidad de MANUEL BELGRANO sobre el Coronel ROSAS Y BELGRANO (imagen) fue muy discutida y en general no aceptada hasta no hace mucho tiempo, sin embargo, el hallazgo de su “Fe de Bautismo” en la provincia de Santa Fe y de su Acta de Matrimonio en .Azul, de su correspondencia con MANUELA MÓNICA, en la que se tratan de hermanos y el hecho de que VEGA BELGRANO,  fuera su Albacea, arrojan nuevas certezas sobre los hechos y circunstancias  del nacimiento del coronel PEDRO ROSAS Y BELGRANO (1814-1863) y de su vida posterior.
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La historia comienza cuando MARÍA JOSEFA EZCURRA, hermana  de la que con el tiempo sería la esposa de JUAN MANUEL DE ROSAS, se casa a los 18 años, aproximadamente en 1802, con un primo suyo, JUAN ESTEBAN EZCURRA, quien  había llegado hacia poco de Navarra (España). Luego de nueve años de matrimonio si tener hijos, y a raíz de que Juan Esteban se había pronunciado a favor de la causa del Rey Felipe II, en 1810, se vio  precisado  a regresar a España, dejando en Buenos Aires a su esposa de 26 años.
Joven, hermosa y dotada de una fuerte personalidad, según testimonio de su mejor amiga, Judith Figueroa Larrain, María Josefa, a los 27 años, se enamora de MANUEL BELGRANO, que tenía entonces 43 años y en 1812 lo sigue hasta Tucumán, nuevo destino de Belgrano, que ha sido nombrado Comandante del Ejército Auxiliar del Norte (marzo de 1812) y comienzan allí un encendido idilio, que enriquece espiritualmente la vida del prócer, disfrutando juntos la alegría de la victoria de Tucumán y las consecuentes celebraciones.
A fines de ese año, muere en España el esposo de María Josefa y ésta hereda una importante fortuna. El 12 de enero de 1813, al marchar Belgrano hacia Salta para detener el avance de los realistas al mando del general PIO TRISTÁN, María Josefa se queda en Tucumán, embarazada de siete meses y decide regresar a Buenos Aires, pero se detiene en Santa Fe, donde tiene familiares y amigos. Y allí, el 30 de julio de 1813,  nace su hijo, producto del romance que tuvo con BELGRANO y a quien nombra PEDRO PABLO, que será entonces, el hijo mayor de MANUEL BELGRANO. Robusto, sano y muy parecido a su padre, era, según dice el historiador RAFAEL DARÍO CAPDEVILA, “un niño de facciones finas y delicadas, rubio y blanco como su padre”, omitiendo deliberadamente el nombre de la madre.
Por ese entonces, el ya general MANUEL BELGRANO, tras triunfar en Salta el 20 de febrero de 1813, avanza hacia Potosí, donde llega a fines de junio, siguiendo luego hasta Vilcapugio, donde la suerte de las armas les es adversa el 1º de octubre de 1813.
La criatura concebida en el amor de Belgrano y María Josefa, nacio en la provincia de Santa Fe el 29 de julio de 1813 y fue bautizada en la Iglesia Matriz de la ciudad de Santa Fe el 26 de agosto de 1813, por el cura rector de la misma MALEQUÍAS DUARTE, asistiendo como padrinos RAFAEL RICARDES y TRINIDAD MAUANA, dejando consignado en el Acta correspondiente, que le impuso los óleos y se lo bautizo “de necesidad”. En el margen izquierdo de esta Acta, dice textualmente: “Pedro Pablo, huérfano, 8 reales pagados” y registra además, la asistencia de cinco testigos notables, hecho no común cuando se trataba de  hijos de “padres desconocidos”, como era costumbre consignar en aquellos tiempos en estos casos.
Entre esos cinco testigos, se hallaba MARÍA JOSEFA EZCURRA, quien poco después lleva al niño a Buenos Aires, donde lo adopta JUAN MANUEL DE ROSAS y su esposa, ENCARNACIÓN EZCURRA, recientemente casados y que aún no tenían hijos (la adopción era entonces un práctica no respaldada por la Ley, pero muy común en su aplicación). A consecuencia de esto, hasta 1837, el niño y luego el hombre, firmaba como PEDRO PABLO ROSAS.
PEDRO PABLO ROSAS se formó en las faenas y rigores de las estancias de su padre adoptivo y al ser ROSAS, designado en 1829 Gobernador de Buenos Aires, el joven, que ya tiene 16 años, es designado Escribiente en su Secretaría Privada y más tarde, lo acompaña como Secretario en su Expedición a Médano redondo y en 1833 en la Campaña al Desierto. En 1836 Rosas le obsequia una de sus propiedades: una suerte de estancia en arroyo Azul y en marzo de 1837, fue designado Juez de Paz y Comandante accidental del Fuerte de Azul.
De acuerdo a la tradición familiar, en esa fecha (año 1837), teniendo el joven ya 24 años, ROSAS le confiesa su origen y lo insta a que en adelante firme Belgrano, ya que éste,  es su verdadero apellido, a lo que el joven, expresando su agradecimiento y amor hacia quienes lo había criado, decide llamarse Belgrano, pero como segundo apellido.
Los años siguientes, la vida de  ROSAS Y BELGRANO fue una contínua alternancia entre las tareas agrícola-ganaderas que le imponían sus propiedades y sus deberes militare. En 1852, dada su condición de hijo adoptivo de Rosas lo alcanzó el decreto del 16 de febrero de ese año, que establecía la confiscación de todas sus propiedades, pero más tarde le fueron repuestas. En el ámbito militar, tuvo destacada actuación en diversos escenarios y llegó al grado de Coronel. Falleció en Buenos Aires el 27 de setiembre de 1863.
Nos dice RAFAEL DARÍO CAPDEVILA, en un relato impreso en Tapalqué, en diciembre de 1973, PEDRO ROSAS Y BELGRANO, pasó los últimos días de su vida en una casa de la calle Belgrano 208 de la ciudad de Buenos Aires y que sintiendo próximo su fin, el 23 de setiembre de 1863, llamó al Escribano JOSÉ VICTORIANO CABRAL y en presencia de los testigos GREGORIO ESPINOZA, FEDERICO TERRERO y MANUEL SAUBIDET, dictó su testamento que inició así: “En el nombre de Dios Todopoderoso y con su Santa Gracia, Amén. Sea notorio que, don PEDRO ROSAS Y BELGRANO, natural y vecino de esta ciudad, hijo natural del General MANUEL BELGRANO, hallándose en su entero y cabal juicio, dispuso que su cuerpo sea sepultado en la necrópolis católica, en cuya fe había vivido”, muriendo horas después de testar, el 26 de setiembre de 1863, a la edad de cincuenta años, al igual que su padre. En su testamento nombró albaceas a su esposa, a su hijo Pedro Pablo Rosas y Belgrano y a Manuel Vega Belgrano (su cuñado).
MANUELA MÓNICA DEL CORAZÓN DE JESUS BELGRANODurante un baile que en 1817 se realizaba en Tucumán, en celebración del 9 de julio, según narra PAUL GROUSSAC  en su obra «El viaje intelectual”, MANUEL BELGRANO conoció a MARÍA DOLORES HELGUERA, una joven rubia de ojos negros, hija de VICTORIA HELGUERA y MANUEL JOSEFA LIENDO, vieja familia tucumana de la alta sociedad, pero venida a menos. En aquel entonces MARÍA DOLORES contaría con 25 años de edad y se sabe que era pariente de MARCELINO DE LA ROSA, también de Tucumán, a quien  MANUELA MÓNICA, más tarde,  tratará  de “primo” en su correspondencia. Algún autor, entre ellos, JUDITH FIGUEROA LARRAIN, afirman que uno de los ayudantes de BELGRANO, el Teniente JERÓNIMO HELGUERA, también era pariente de María Dolores.
Lo cierto es que de esta relación entre BELGRANO y MARÍA DOLORES HELGUERA, el 4 de mayo de 1819, nace una niña, a la que se le pone el nombre de MANUELA MÓNICA DEL CORAZÓN DE JESÚS (1), pero BELGRANO no pudo estar presente en esa ocasión: el 7 de enero del mismo año, ya había partido hacia Santa Fe, cumpliendo la orden del Directorio de concurrir a sofocar el alzamiento de las montoneras en esa provincia.
Como luego de la muerte de BELGRANO, MANUELA MÓNICA se habría casado con un tal RIVAS, español que luego de tener 3 hijos con  ella, la habría abandonado, en un pleito por testamentería que enfrentó a éstos con su “hermana de madre”, surgió fehacientemente la existencia de este vínculo y la paternidad de BELGRANO sobre MANUELA MÓNICA.
Cuando BELGRANO fue relevado a su pedido por razones de enfermedad, del comando de las fuerzas en operaciones en Santa Fe, en agosto de 1891, su estado de salud ya era de suma gravedad. La hidropesía que le había diagnosticado el doctor FRANCISCO RIVERO, lo afectaba gravemente y le impedía casi moverse, provocándole tremendos dolores y hay que recordar esto, para comprender que sólo la urgente necesidad que tuvo de conocer a su hija, fue lo que lo decidió a cambiar el rumbo de su viaje. En vez de dirigirse a Buenos Aires, donde encontraría la atención médica y los cuidados que aliviarían su mal, decidió viajar a Tucumán.
En julio de 1819, por fín, se cumplen sus deseos y se reúne con MARÍA DOLORES y su hijita MANUELA MÓNICA, pero no le dura mucho la alegría que este encuentro le depara. Una revolución que estalla en Tucumán el 11 de noviembre de 1819, lo involucra injusta e injustificadamente y es tomado preso por el capitán ABRAHAM GONZÁLEZ.  En febrero de 1820, comprobada su inocencia de los cargos que se le imputaban, casi sin recursos y con el dinero que le presta su amigo JOSÉ CELEDONIOBALVÍN, acompañado por su médico, el doctor REDHEAD, su capellán, el padre VILLEGAS y sus ayudantes HELGUERA y EMILIO SAVIGNI, viaja a Buenos Aires, dejando en Tucumán a su amada MARÍA DOLORES con su hijita, quien debe viajar a Londres (provincia de Catamarca) para no exponerse a la curiosidad pública, difundida ya que fue su relación con BELGRANO.
El resto ya es historia conocida. MANUEL BELGRANO  falleció en Buenos Aires el 20 de junio de 1820 en medio de la mayor pobreza y sin reconocer a ninguno de sus dos hijos PEDRO PABLO y MANUELA MÓNICA. Mucho se ha escrito, tratando de explicar la razón de esto, pero ninguna teoría satisface totalmente esta duda. Lo cierto es que por ese entonces, los hijos naturales, eran muy frecuentes, llegando los de esta condición, a ser el 30% de los niños bautizados en Buenos Aires, y la sociedad tomaba como algo no pecaminosos esto, considerando el exacerbado “machismo” que la caracterizaba y siempre que “de eso no se hablara”, para guardar las apariencias. Pero en el caso de MANUELA MÓNICA y de PEDRO, el problema era mucho más serio: una de las madres involucradas era casada al momento de la concepción (aunque enviudó después) y transformaba al hijo (por lo menos a uno de ellos) en “adulterino” y eso si que era grave y castigado por la sociedad. Salvaguardar a estas madres y preservar el buen nombre de sus hijos, fueron seguramente las razones que tuvo BELGRANO para no exponer al escarnio público a las dos madres de sus hijos. Durante mucho tiempo se dijo, buscando salvar la responsabilidad moral de Belgrano, que en un codicilo secreto de su Testamento, había reconocido a sus dos hijos, pero esto no era cierto, como lo demostró una investigación llevada a cabo por el historiador ENRIQUE MARIO MAYOCHI.
Hay pruebas irrefutables que confirman la paternidad de BELGRANO y BARTOLOMÉ MITRE, en su obra “Historia de Belgrano” en 1859 expresa que poco antes de morir “… el General le encomienda a su hermano, el canónigo DOMINGO ESTANISLAO BELGRANO, su albacea, que con la mayor discreción, pagase todas sus deudas y destinara el remanente de sus bienes, a favor de una hija natural llamada MANUELA MÓNICA, que de edad de poco más de un año, había dejado en Tucumán. DOMINGO ESTANISLAO, por su parte, en agosto de 1820, redacta su Testamento y nombra albacea a su hermano JOAQUÍN, hombre de fortuna y viudo de CATALINA MELIÁN, a quien encomienda ejecutar el mandato testamentario de MANUEL BELGRANO, contenido en un documento firmado y cerrado con lacre.
Existe también una carta en el “Archivo Mitre”, firmada el 15 de julio de 1824 por el canónigo DOMINGO ESTANISLAO BELGRANO, dirigida a su hermano MIGUEL, que se desempeñaba como Director del “Colegio de Ciencias Morales”, en la que. Como albacea del General, lo instruye en el sentido de “aplicar los créditos dejados por el mismo, incluídos los réditos de los 40.000 pesos recibidos por las victorias obtenidas en Tucumán y Salta por su hermano MANUEL BELGRANO, en la educación física y moral y para el mantenimiento y vestuario de la niña MANUELA MÓNICA, que tiene ya cinco años de edad y residiendo en Tucumán, con doña MARÍA DOLORES HELGUERA Y LIENDO, haciendo con dicha niña, las veces de padre, hasta tanto llegue a tener estado”. Tales instrucciones por pudieron ser cumplidas, pues MIGUEL BELGRANO falleció al poco tiempo de haberlas recibido y otro tanto le ocurrió a su otro hermano, el canónico, pues también éste falleció, un año después.
Pero la niña no quedaría desamparada. La trajeron a Buenos Aires y fue cuidada y atendida en sus necesidades y educación, por JUANA BELGRANO, una de las hermanas del General, que estaba casada con FRANCISCO CHAS. Ayudada por FLORA RAMOS DE BELGRANO, viuda de MIGUEL BELGRANO, el fallecido hermano del prócer, designado para educar a la niña, por el albacea testamentario, el canónigo DOMINGO ESTANISLAO BELGRANO.
Cuando la criatura cumplió seis años, GERÓNIMO HELGUERA, el fiel ayudante de campo del General, trae a la niña a Buenos Aires e instalada en una finca próxima a la Basílica de Santo Domingo, es educada por sus tías JUAN y FLORA y por su tío JOAQUÍN BELGRANO, a quien el canónigo BELGRANO, transfiere las responsabilidades dispuestas testamentariamente por el General, en un documento que se llama “Comunicato”, es decir, una letra testimonial.
JOAQUÍN BELGRANO muere el 3 de julio de 1848, dejando una apreciable fortuna, legando en su testamento, una valiosa propiedad a MANUELA MÓNICA, que tiene por entonces 29 años. La finca se conocía como la “Casa de la Victoria”, por estar ubicada en la calle del mismo nombre y en el documento de cesión de la propiedad, JOAQUÍN BELGRANO expresa que lo hace a favor de su sobrina MANUELA MÓNICA, hija de mi hermano el general MANUEL BELGRANO, quedando así corroborada en un documento público, la verdadera filiación de MANUELA MÓNICA.
Todos quienes se ocuparon por hacer grata y fértil la vida de esta segunda hija de BELGRANO, cumplen con cariño y responsabilidad con las tareas que aceptaron tomar a su cargo y la niña es educada con esmero, alternando con distinguidos miembros de la sociedad porteña, que reconocen su linaje y ya señorita, fue cortejada por JUAN BAUTISTA ALBERDI, viviendo un romance que no prosperó. Hasta que en 1852 MANUELA MÓNICA encuentra finalmente el amor de su vida en el seno de la misma familia de su padre y se casa con MANUEL VEGA BELGRANO a la edad de 34 años (1) Recordemos que el verdadero y completo nombre del general MANUEL BELGRANO eran Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Será ésta otra casualidad?).
Lo que sigue es ya otra historia e invitamos a nuestros lectores a solicitarnos el envío por correo, del texto completo de un trabajo realizado sobre este tema, por el general e historiador ISAÍAS GARCIA ENCISO, trabajo del que ha sido extraído este material, obligadamente resumido, dada la extensión del original.
(Cfr. Tenemos Ejemplos. Difusión para docentes y alumnos. Prof. Lic. Luis Angel Maggi).

domingo, 12 de enero de 2020

Exhumación de los restos de Manuel Belgrano.-12 - 01 - 2020.-



HISTORIA. 
Infobae. -12 de Enero 2020.- (Por .- 20 de junio de 2018).-

Cuando dos ministros se robaron los dientes de Manuel Belgrano.

El prócer continuó siendo ultrajado incluso después de su muerte, como lo demuestra un   episodio que involucró a dos                           altos funcionarios nacionales que tuvo amplia repercusión   en la prensa de la época.Una caricatura publicada en la revista Caras y Caretas ironiza sobre el episodio del robo de dientes al cadáver de Manuel Belgrano

(Una caricatura publicada en la revista Caras y Caretas ironiza sobre el episodio del robo de 
dientes al cadáver de Manuel Belgrano)..
"Ya gravemente enfermo, en febrero de 1820 Manuel Belgrano emprendió el viaje de                             regreso de Tucumán a Buenos Aires. Había ido a esa provincia con la esperanza de                              encontrarse con su pequeña hija, Manuela Mónica, fruto de su relación con la bella                             tucumana Dolores Helguero. Amarga fue su sorpresa al enterarse que los padres de                        Dolores la habían casado con un hombre mayor a fin de tapar la vergüenza que                            suponía para esa época ser madre soltera.
Con dinero prestado por un amigo, regresó a Buenos Aires. Primero se instaló en una                            quinta en las afueras de la ciudad y luego lo trasladaron a la casa paterna, ubicada en                              la actual avenida Belgrano 430, a metros del Convento de Santo Domingo. Sumido en                           la pobreza, había reclamado al gobierno la liquidación de los sueldos adeudados.                               Solo le enviaron 300 pesos.
El martes 20 de junio de 1820, a las 7 de la mañana, Belgrano falleció. El 3 de junio                                había cumplido 50 años. Le legó a su médico, el escocés Joseph Redhead, la única                                 pertenencia con la que contaba, un reloj de oro, con cadena, obsequio del rey                                        Jorge III de Inglaterra.
Fue enterrado en el atrio del Convento de Santo Domingo. Participaron de la ceremonia                 unos pocos familiares y allegados. La lápida, en la que grabaron "Aquí yace el General                           Belgrano", era en realidad el mármol de la cómoda de su casa familiar. Lamentablemente,                   Belgrano sería  destratado aun después de muerto.
Es que había fallecido justo el día en que Buenos Aires tuvo tres gobernadores, producto                      de una anarquía incontrolable. Solo el diario El Despertador Teofilantrópico Místico                               Político, del cura  Francisco de Paula Castañeda, publicó el obituario días después.                               Recién el 29 de julio de 1821 se celebró un funeral cívico, con misa, homenaje, traslado                         de un ataúd que simulaba contener los restos del prócer, y varios discursos laudatorios.
Los años pasaron. En 1873 el presidente Domingo F. Sarmiento inauguró la estatua del                          general en Plaza de Mayo y en su segundo mandato Julio A. Roca le encargó al artista                            italiano Ettore Ximenes la construcción de un monumento donde se depositarían sus                            restos. Primero, había que realizar  la exhumación.
La tarea fue realizada el jueves 4 de septiembre de 1902. El gobierno, representado                              por los ministros del Interior, Joaquín V. González y de Guerra, Pablo Ricchieri;                                        también estaban presentes su nieto, Carlos Vega Belgrano y su bisnieto, el subteniente                          Manuel Belgrano; los doctores Marcial Quiroga, inspector de Sanidad del Ejército,                                  Julián Massot, jefe de Sanidad de la Armada y Carlos Malbrán, Pte. del Departamento                            Nacional de Higiene redactarían el informe médico legal.
 Cuando se removió la lápida y comenzó la excavación y no se encontró el ataúd, el                                ministro Ricchieri hizo desalojar el lugar. Dijo que podría tratarse de un presunto caso                            de sabotaje. No contaba que, con el paso del tiempo, el modesto ataúd, de madera de                           pino, se había desintegrado. Finalmente,  los huesos encontrados, muchos de los cuales                       se rompían ante la manipulación, junto con algunos dientes, fueron colocados en una                           bandeja de plata que sostenía el padre Modesto Becco, párroco de Santo Domingo.                               A las 16 horas había culminado el procedimiento.
"Que devuelvan esos dientes"
Al cronista de la revista Caras y Caretas le molestó que los funcionarios del gobierno                              no se hubieran  quitado sus sombreros, en señal de respeto. Pero lo que más                                           sorprendió a los periodistas y a los  presentes fue que los ministros González y Ricchieri                     se apropiasen, cada uno, de un diente del prócer. "González y Ricchieri se llevaron                                'pequeños despojos del héroe'" puede leerse en el número 206 de la revista. Asimismo,                     se publicó una caricatura que, con el título "Los ministros odontólogos", Belgrano decía:                       "¡Hasta los dientes me llevan! ¿No tendrán bastante con los propios para comer del                              presupuesto?".
Cuando se les pidió explicaciones, ambos ministros argumentaron que la intención había                      sido mostrárselos al general Bartolomé Mitre. El papelón trascendió a los medios. El diario                  La Prensa publicó: "Admírese el público: esos despojos sagrados se los repartieron buena,                    criollamente, el ministro del Interior y el ministro de Guerra. Ese despojo hecho por los                        dos funcionarios nacionales  que nombramos debe ser reparado inmediatamente, porque                    esos restos forman parte de la herencia que debe vigilar severamente la gratitud nacional;                   no son del Gobierno sino del pueblo entero de la República y ningún funcionario, por más                    elevado o irresponsable que se crea, puede profanarla. Que devuelvan esos dientes al                         patriota que menos comió en su gloriosa vida con los dineros de la Nación".
Por supuesto, los dientes fueron devueltos. El padre Becco agradeció a la prensa a la par                     que criticó a los políticos "que nos avergüenzan".
El mausoleo fue inaugurado el 20 de junio de 1903 con toda pompa. Cuerpos de infantería,                caballería, efectivos de la escuela naval y militar y fuerzas de desembarco copaban las calles               Defensa, Belgrano, Venezuela y Bolívar. En el palco oficial el presidente Roca estaba                               acompañado por su gabinete y el cuerpo diplomático, además de dignatarios eclesiásticos.                  Desde 1838, el presidente Ortiz decretó el 20 de junio como Día de la Bandera.
Las escuelas y el reloj
Por su triunfo en la batalla de Salta, el gobierno había premiado a Belgrano con 40 mil                           pesos, una fortuna para la época. Destinó ese dinero para cuatro escuelas a construirse                          en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Tan entusiasmado estaba Belgrano que                        el 25 de mayo de 1813  elaboró un reglamento para dichas escuelas. No llegaría a verlas.                   La de Tarija se construiría en  1974, la de Tucumán, en 1998 y la de Jujuy, en 2004. De la                    de Santiago del Estero no se tiene  noticia.
Y el reloj que le había donado a su médico en su lecho de muerte fue robado del Museo                       Histórico Nacional en junio de 2007.



sábado, 11 de enero de 2020

La Batalla de Salta y los prisioneros. 20 de Febrero de 1813.- 11-01-2020.-

Eduardo Javier Mundani Osuna
El triunfo en Salta había sido total.
 Un ejército realista había sido rendido, desde el pequeño tambor, hasta su comandante en jefe. No hubo hombre sin rendirse. Más de tres mil hombres, que entregaron todo su armamento y bagajes, al ejército vencedor de Belgrano. Un completo éxito.
Pero aquí surgió un problema. ¿Que hacer con tantos prisioneros?. Alguno sugirió que debían ser forzados a sumarse al Ejército Patriota. Otros, como Dorrego, que debían ser degollados.
Sin embargo Manuel, tenía otros planes.
Los hizo juramentar que no volverían a empeñar las armas en contra de la Revolución, y los dejó en libertad...
Casi todos aquellos soldados realistas, en realidad, eran americanos. Muy pocos españoles combatieron en la Guerra de Independencia. Los combatientes de uno y otro bando, eran nacidos en el Continente Americano, por lo general.
Belgrano sabía que si los dejaba libres, aquellos hombres serían agentes de la propaganda revolucionaria. Fue muy criticado por eso. Incluso desde Buenos Aires llegaron las críticas. Pero Manuel hizo oídos sordos, y prefirió escuchar a su corazón. Cada gota de sangre americana derramada, le llegaba al alma.
El tiempo pasó. Llegó la derrota de Vilcapugio, el 1 de octubre de 1813. Pocos días después del contraste, una partida patriota, al mando de Gregorio Araoz de Lamadrid, logra capturar a una patrulla realista de cinco soldados. Y dentro de esos hombres, había un cabo y un soldado de los juramentados en Salta.
Cuando los realistas sobrevivientes de la Batalla de Salta volvieron al Alto Perú, los obispos locales les levantaron el juramento que habían hecho en Salta, y así, muchos de aquellos realistas, volvieron a tomar las armas en contra de la Revolución.
Inmediatamente, aquellos dos perjuros, por orden expresa del General Manuel Belgrano, fueron fusilados por la espalda, como los traidores, habiendo tenido mucho cuidado de no lastimar sus cabezas con los disparos, para después cortarlas, y clavarlas en la punta de unas picas. Las cabezas de esos soldados del Rey, fueron colocadas al costado del camino, para que todos pudieran verlas.
Y debajo, por orden de Manuel, se colocó un cartel que decía:
"Por perjuros e ingratos a la generosidad con que fueron tratados en Salta"

Belgrano y Favaloro, ejemplos a imitar.- 11- 01 - 2020.-

Belgrano y Favaloro, ejemplos a imitar

Dios, el destino, el azar o como cada uno de los lectores lo quiera llamar, nos coloca a los hombres en circunstancias especiales. La dignidad de Manuel Belgrano en su tiempo bien le cupo en el siguiente y en grado sumo al doctor René Favaloro, y quiso alguna de esas circunstancias que la Fundación de la que fuera inspirador se ubicara sobre la calle en la que naciera el prócer apenas a una docena de cuadras de distancia. 
En 1770 esa calle llamada entonces de Santo Domingo por el vecino convento era el centro de la ciudad, y donde hoy está el edificio dedicado a la salud, era un alejado suburbio apenas poblado de la parroquia de Monserrat, creada en noviembre del año anterior.
Por si fuera poco esa casualidad, Favaloro junto con el creador de la bandera y San Martín (a quien dedicó muchas páginas porque era un estudioso del Padre de la Patria), supieron compartir el podio hace un lustro en una encuesta que buscaba los diez individuos más honestos de nuestra historia. 
Y más recientemente en el 2016 el médico lo dejó al creador de la bandera en segundo lugar, -cosa que con la humildad que lo caracterizaba allá arriba se habrá excusado- para bautizar a iniciativa del contador Luis Andreotti -intendente de San Fernando- el nuevo túnel sobre la ruta 202.
EN LA PAMPA
El doctor René como se lo llamaba apenas recibido se radicó en un pueblo de la campaña en la provincia de la Pampa -Jacinto Aráuz- donde fue todo lo que podía hacer un médico como lo dejó escrito en sus Memorias, allí "su alma había sido enriquecida, había vivido intensamente y, por sobre todas las cosas, conoció la otra Argentina, la verdadera, tan lejos de la General Paz". Era el año 1950 y allí residió once años, y desde 1953 lo hizo en la compañía de su hermano Juan José graduado de cirujano.
La preocupación de Favaloro por la salud de las poblaciones alejadas de la ciudad, no le fue en zaga al general Belgrano. En medio de las urgencias de una marcha militar hacia el Paraguay, observando los primeros síntomas del terrible flagelo de la viruela en setiembre de 1810 en San Nicolás de los Arroyos, se preocupó para prestar la mayor colaboración al doctor Francisco de Paula Rivero comisario de vacunación para que cumpliera su cometido. 
La Gaceta el 18 de octubre daba cuenta del agradecimiento de los vecinos de esa localidad y otras como San Pedro y Rojas al facultativo por la propagación de la vacuna y también por haberlos atendidos de otras dolencias físicas. 
La obra del médico fue extraordinaria, desde Rosario envió al cura vicario de Coronda los útiles y materiales necesarios para la inoculación, ya que había observado los primeros síntomas de una posible epidemia. El médico observó los graves males, a causa de la viruela en distintos puntos de la campaña. De una familia de diez personas habían muerto la madre y sus cinco hijos, quedando al momento los otros cuatro en las últimas (!!!). En su campaña llegó a inocular en los pueblos a 2.512 personas, su obra con el apoyo del ejército en marcha fue realmente heroica.
AHUYENTAR LOS VICIOS
En 1798 Belgrano redactó lo que podemos considerar el primer proyecto de enseñanza estatal, gratuita y obligatoria presentado en lo que hoy es la Argentina. Para él que era imposible mejorar las costumbres y "ahuyentar los vicios sin educación", para ello proponía que los cabildos creasen y mantuviesen con sus fondos (llamados propios) escuelas "en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones, y muy particularmente en la campaña". 
Y al hacerlo sostenía que era "de justicia" retribuir de este modo la contribución que, con sus impuestos, hacía la población para el sostenimiento del Estado. Desde el Correo de Comercio, poco antes de la Revolución de Mayo proponía: "¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios, y que el Gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza, y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos? Hubo un tiempo de desgracia para la humanidad en que se creía que debía mantenerse al Pueblo en la ignorancia, y por consiguiente en la pobreza, para conservarlo en el mayor grado de sujeción; pero esa máxima injuriosa al género humano se proscribió como una producción de la barbarie más cruel, y nuestra sabia legislación jamás, jamás la conoció". Proponía escuelas en la campaña y hasta con rigidez agregaba "Obliguen los Jueces a los Padres a que manden sus hijos a la escuela, por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar".
Favaloro, a su vez, en sus Memorias de un médico rural apuntaba: "Estoy convencido de que la única manera de rescatar y preservar a los hijos de la villa miseria es con escuelas hogares. ¿Qué podemos esperar de semejante promiscuidad que engendra el alcoholismo, el abuso sexual y el incesto, el robo, la riña y el asesinato? De ahí saldrán los resentidos sociales y el caldo de cultivo para doctrinas foráneas tan perjudiciales. En estos días en que tanto hablamos de la Universidad , yo creo que hemos perdido el derrotero en cuanto a prioridades en la enseñanza. Nos debería preocupar más la primaria y la secundaria -pues es en la niñez y en la pubertad cuando se forma el ciudadano del futuro- que la universitaria que si se la analizara en profundidad tendría que rendir cuentas al país por su ineficacia".
Ni que decir de Belgrano proponiendo el trabajo de la tierra desde el Consulado, y la opinión de Favaloro siglo y medio después: "Existe en el país enorme cantidad de tierra improductiva -mucha de ella fiscal- a la que hay que agregar en estos últimos años centenares de miles de hectáreas que están allí, al lado de los diques construidos desde Cabra Corral hasta El Chocón, esperando la mano del hombre para derramar el agua y traer progreso al país. Sabemos, por ejemplo, que medio millón de hectáreas bajo riego en California produce la inmensa mayoría de vegetales que consumen los 220.400.000 habitantes de Estados Unidos de América. Es fácil predecir lo que se podría hacer transformando más de dos millones de hectáreas dormidas al pie de nuestros lagos con el esfuerzo mancomunado del hombre y del Estado".
COMUNION DE IDEAS
 
El doctor Favaloro estudió la vida de San Martín y escribió documentadamente su biografía, lamentablemente no lo hizo con la de Manuel Belgrano, sin embargo a lo largo de sus escritos puede hablarse de una comunión de ideas y más que eso de ejemplar emulación en su vida pública y privada, lo que vale tanto como una biografía.
Nos ha tocado escuchar de testigos acreditados, la humanidad de Favaloro anunciándole a su paciente que mientras estaba internado había muerto su esposa, en los años en que comenzaba su labor en el Sanatorio Güemes y también poco antes de su muerte en el caso de una prima el guiño cómplice indicándome su favorable evolución, cuando la pasión historia nos había encontrado.
Felizmente el segundo decreto de este año del actual gobierno ha sido dedicar el 2020 a la figura del general Manuel Belgrano, con estas notas decidimos en La Prensa llamarlo desde noviembre Año Belgraniano, hacemos votos para que cada día el ejemplo de hombres de la talla de los que evocamos en estas líneas sean la inspiración de quienes tiene en sus manos los destinos del país. 
Seguros estamos que Belgrano compartiría esta autocrítica frase de Favaloro que a nos convoca constantemente a la superación: "Todos somos culpables, pero si hubiera que repartir responsabilidades las mayores caerían sobre las clases dirigentes".
* Historiador. Vicepresidente de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación.

Manuel Belgrano, Padre de la Bandera.- 11 - 01 - 2020.-

Manuel Belgrano, Padre de la Bandera.

Jujuy al momento. 20 de Junio de 2014.

Fue el prócer argentino que más contribuyó a la patria desde las diversas profesiones que tuvo, fue abogado, creador de la bandera, general destacado, periodista, economista, político y promotor de la educación.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, fue el prócer argentino que más contribuyó a la patria desde las diversas profesiones que tuvo, no solo fue abogado, el creador de la bandera, un  general destacado, sino también fue periodista, economista, político y  por sobre todas las cosas promotor de la educación.

Como economista ocupó el cago de primer secretario del Consulado de Comercio en 1774, desde ese rol  propagó las doctrinas económicas en boga entonces en Europa y propuso iniciativas a favor del mejoramiento material de la comunidad. Para él, el desarrollo económico debía ser parte del desarrollo cultural y ser concordante con la economía de libre mercado.

Además aplaudió la aparición del periódico "Telégrafo Mercantil": ayudó a su fundación en 1801, donde difundió sus ideas revolucionarias. Protegió los órganos periodísticos publicados en el Río de la Plata. El 3 de marzo de 1810 apareció el periódico "Correo de Comercio", el cual dirigió. En sus páginas se observa la doctrina de Belgrano, es decir, la importancia de la educación en el país y de la mujer.

Su objetivo era fomentar la educación, es decir, capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país. Por eso, ayudó al desarrollo de la Escuela de Dibujo y de la Escuela de Náutica, ambas, creadas en 1799. Pero también Belgrano hizo otros aportes en la educación: en esa época no había escuelas para chicas; él quería crearlas porque pensaba que para ser buenas madres las mujeres debían educarse. Según sus palabras, "se deben poner escuelas gratuitas para las niñas, donde se les enseñará la doctrina cristiana, a leer, a escribir, coser, bordar, etc., y principalmente inspirarles amor al trabajo, para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres". Además, quería que la educación fuera gratuita para todos. Según Mitre, "Belgrano aconsejaba que se abran escuelas en todos los barrios de la ciudad y en todas las villas de campaña para los niños de ambos sexos, en circunstancias en que no existía en Buenos Aires más que una sola escuela de primeras letras, que se llamaba ‘desrey’, por ser la única que costeaba la Corona de España".

Si bien Belgrano se preparó para las leyes, aprendió y se ganó la admiración de San Martín en su función militar. Su primer contacto con el tema fue en 1806, durante la Primera Invasión Inglesa. Allí se incorporó a las milicias criollas para defender Buenos Aires y él fue elegido Capitán. Tuvo su primer combate en las orillas del Riachuelo. Ya en 1810, la Primera Junta, decidió enviar expediciones para extender la Revolución a todo el Virreinato. En septiembre de 1810 la Junta le encomendó La expedición de Paraguay.

El objetivo de Belgrano era difundir entre los paraguayos el ideario de la Revolución de Mayo. En Paraguay, legalizó y dio un carácter urbano, con planificación de ejidos, a Mandisoví y Curuzú Cuatiá. Luego de vencer en Campichuelo fue derrotado en Paraguarí, el 19 de enero de 1811. También, el 9 de marzo de 1811, fue vencido en Tacuarí. En noviembre de 1811 fue nombrado Jefe de Regimiento Nº 1 de Patricios. En enero de 1812 fue enviado por el gobierno a proteger las costas del Paraná de los españoles. Allí enarboló por primera vez la bandera nacional (el 27 de febrero de 1812).

Ese mismo día, el gobierno le encargó la jefatura del Ejército del Norte. El 25 de mayo de 1812 en Jujuy instaló el cuartel general y, en celebración del aniversario de la Revolución, hizo bendecir la bandera. Al observar que era imposible resistir el avance realista, inició el 23 de agosto de 1812 el Éxodo Jujeño, es decir, la retirada hacia Tucumán (los habitantes de Jujuy y de Salta abandonan sus hogares y arrasan todo a su paso, dejando a los realistas sin víveres para la tropa).Luego, el gobierno le pidió que fuera a Córdoba pero él se mantuvo en Tucumán y allí venció a los realistas (el 24 de septiembre de 1812).

Posteriormente el gobierno lo nombró Capitán General e inició el avance hacia el norte. Cruzó el río Pasaje y, junto con su ejército, juró obediencia a la Asamblea del año XIII. Derrotó nuevamente a los españoles en la batalla de Salta el 20 de febrero de 1813. Ese año se dirigió a Potosí y fue derrotado en Vilcapugio (el 1º de octubre de 1813). Reorganizó su ejército, pero fue vencido nuevamente en Ayohúma (el 14 de noviembre de 1813). En enero de 1814 se encontró con San Martín en Salta y entregó el mando del ejército en Tucumán, quedando a cargo del regimiento Nº 1 con el grado de coronel. El 30 de enero de 1814 el gobierno lo separó del ejército del Norte y viajó a Buenos Aires. Allí lo arrestaron y lo procesaron, pero finalmente se le reconocieron sus méritos y honores.

Belgrano como político,  apoyó y participó activamente de los acontecimientos de mayo y fue designado vocal de la Primera Junta. Años después, al ser separado del ejército, fue enviado en 1814 como representante argentino a cumplir una misión diplomática en Europa junto con Bernardino Rivadavia. En Inglaterra inició gestiones con Manuel de Sarratea tendientes a obtener el reconocimiento de la independiencia de nuestro naciente país, admitiendo el establecimiento de una monarquía constitucional. Las gestiones fracasaron y, de vuelta de su viaje a Europa, fue nombrado, en febrero de 1816, Jefe del Ejército de Observación en el Litoral, con órdenes de marchar hacia Santa Fe.

Luego, fue nombrado jefe del Ejército del Norte. Se dirigió a Tucumán, donde hacía pocos días había comenzado a sesionar el Congreso de las Provincias Unidas y el 6 de julio de 1816 fue escuchado, en sesión secreta, sobre la situación en Europa. Propuso no buscar príncipes en Europa, sino elegir la coronación de un descendiente inca, pero su propuesta no fue considerada, incluso, muchos se burlaron de la idea. En enero de 1819 el gobierno le ordenó que se hiciera cargo del ejército estacionado en Santa Fe. En abril sus representantes firmaron el armisticio de San Lorenzo y se retiró a Córdoba. Razones de salud le hicieron delegar el mando. Mantuvo hasta su muerte sus convicciones monárquicas, pero siempre respetuoso de la constitución sancionada por el Congreso de Tucumán, luego en Buenos Aires. Finalmente un 20 de junio  del año 1820 fallece a las siete de la mañana y se lo sepulta en el atrio del convento dominicano e iglesia de Nuestra Señora del Rosario.