domingo, 7 de diciembre de 2025

El motín de las trenzas contra Belgrano.- 07 12- 2025 -

El Motín de las Trenzas, el 7 de diciembre de 1811: al grito de ¡muera Belgrano!, en las primeras horas de ese día, comenzaba "el Motín de las Trenzas" por el cual las milicias de "Patricios" se negaban a las reformas impuestas por el Triunvirato -a ese ahora regimiento- y en ellas a la figura de Belgrano su recientemente nombrado jefe. El Regimiento de Patricios fue el cuerpo más grande y poderoso reclutado para la defensa de Buenos Aires. Estaba compuesto de 3 batallones integrados por nativos todos de la capital del virreinato. Cornelio Saavedra fue su primer jefe, respetado y respaldado por aquél cuerpo que se destacó con valentía en 1806 y 1807. Instalada la Junta después del 25 de mayo de 1810, prontamente dentro de ella comenzaron las internas, que tradicionalmente conocemos como saavedristas (moderados e integracionistas con el interior) y morenistas (mas revolucionarios y centralistas). Éste último sector intentó debilitar las fuerzas de los regimientos leales al presidente de la Junta, formando otros que respondían a ellos, como el de "La Estrella" comandados por French y Beruti. La renuncia y posterior fallecimiento de Moreno, y la exitosa revolución de abril de 1811 conocida como la "de los Orilleros" (que significó el desplazamiento y arresto de todos los morenistas y entre otras medidas implicó que Manuel Belgrano fuera separado del ejército y regresara a Buenos Aires para enfrentar un sumario por la derrota en Paraguay), llevó todo el poder a manos del presidente de la Junta; la que, ampliada con los diputados de las ciudades del interior del país, ahora era denominada Junta Conservadora, mas conocida como Junta Grande. Pero la crisis causada por las derrotas militares, sobre todo en la batalla de Huaqui, debilitó el poder de la Junta. Saavedra partió hacia el norte del país, a ponerse al frente de la defensa, oportunidad que aprovechó el Cabildo de la capital para forzar a la Junta a ceder el poder a un Primer Triunvirato, cuya figura mas destacada era Bernardino Rivadavia. El 16 de noviembre, el Triunvirato decretó la unificación de los cuerpos militares 1 y 2 bajo el nombre «Regimiento 1 de Patricios» y decidió relevar de su cargo a su jefe histórico Saavedra. En su reemplazo fue designado Belgrano. Ninguna de las dos cosas les cayeron bien a los patricios: El cuestionamiento no era sólo ideológico, por provenir Belgrano del sector morenista; sino también por suponer que aplicaría una rígida disciplina a la que el regimiento no estaba acostumbrado. La noche del 6 de diciembre, Belgrano decidió pasar por el cuartel a realizar una inspección. Encontró un clima tenso y casi ningún gesto de simpatía. Antes de retirarse dictó una serie de drásticas medidas disciplinarias e higiénicas, entre ellas una que establecía que los patricios no llevarían más su tradicional coleta o trenza. Les daba un plazo perentorio para que se la cortasen por su cuenta o de lo contrario el cuerpo de Dragones haría las veces de improvisados peluqueros. Ya iniciado el día 7, los soldados se apoderaron de la guardia y del arsenal del cuartel, expulsando del mismo a los oficiales. Los soldados, acaudillados por sus cabos y sargentos, presentaron un petitorio, en que exigían: - 1ro, Quiere este cuerpo que se nos trate como a fieles ciudadanos libres y no como a tropas de línea. - 2do, Pedimos al Sr Don Antonio Pereyra por Coronel del Regimiento, excluyéndose al Sr Don Manuel Belgrano. - 3ro, Por Mayor del Regimiento a Don Domingo de Basavilbaso, excluyéndose a Don Gregorio Perdriel. - 4to, Extinguiéndose el ayudante Don Pedro Banti. - 5to, Pide todo el regimiento sean indultados todos los presos que actualmente existían en sus calabozos. - 6to, Aseguramos la vida de V.S. (Feliciano Chiclana, triunviro negociador). - 7mo, Como asimismo asegurará las nuestras bajo palabra de honor. - 8vo, Existiendo en nuestro cuartel hasta proveer la resolución de V.E., apresado en rehenes Don Josef Díaz. Dios Guarde a V.S. m.a., El Regimiento de Patricios." Hubo varios mediadores, entre ellos, Juan José Castelli (arrestado en el propio cuartel tras haber sido sometido a juicio por la derrota del Desaguadero desde el motín "de los Orilleros"). También el Obispo de Buenos Aires, Benito Lue y Riega, y el Obispo de Córdoba, Rodrigo de Orellana. Pero todo fue inútil, los Patricios se mantuvieron firmes en sus demandas. La respuesta no tardó en llegar. El cuartel quedó rodeado por 300 dragones de infantería y 25 de caballería; unos 200 hombres del regimiento número 5 de América y otros tantos del regimiento de castas. Varios civiles se pusieron a las órdenes del coronel French para participar en la represión de los rebeldes. El saldo del combate fue de 8 muertos y 35 heridos. Se instruyó un proceso sumario: fueron expulsados los diputados del interior. El Deán Funes fue detenido sospechado de complicidad con los rebeldes. A veinte de los implicados se los condenó a cumplir penas que iban de cuatro a diez años de prisión en la isla Martín García. Once sargentos, cabos y soldados fueron fusilados a las ocho de la mañana del 10 de diciembre de 1811 y sus cuerpos colgados en la Plaza de la Victoria «para la expectación pública». Así concluyó "el Motín de las Trenzas".

Una mirada sobre Mitre, Sarmiento, Fidel López, Ricardo Levene. 7.12.2025.

LA FALSIFICACIÓN DE LA HISTORIA LOS ACTORES INTELECTUALES DE LA HISTORIA OFICIAL Por Damian Leandro Zanni Los profesores de historia argentina en los establecimientos oficiales advierten desde hace años un fenómeno perturbador: la indiferencia de los alumnos ante la historia “oficial”, esa historia moldeada por un pequeño grupo de intelectuales porteños del siglo XIX Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López, Domingo F. Sarmiento y continuada durante el siglo XX por sus herederos en la Academia, en especial Ricardo Levene. Esa corriente, elevada a dogma desde la caída de Rosas, se convirtió en el armazón de los manuales escolares que exaltan las reformas liberales de la Asamblea del XIII, glorifican la Asociación de Mayo y canonizan sin discusión a Rivadavia, Mitre, Sarmiento y Avellaneda, mientras ridiculizan o demonizan a los caudillos federales y borran sistemáticamente cualquier experiencia política o económica que implicara autonomía nacional, protección industrial o resistencia al dominio extranjero. UNA HISTORIA ESCRITA POR LOS VENCEDORES DE CASEROS La versión oficial no nació inocentemente: fue fraguada por Mitre y López como justificación ideológica del orden impuesto tras Caseros. Mitre, además de político, fue periodista, presidente y, sobre todo, constructor de un relato histórico al servicio de un proyecto político unitario y liberal. Su monumental Historia de Belgrano y San Martín consolidó la lectura porteñocéntrica: Buenos Aires como faro civilizador, el interior como barbarie; los caudillos como estorbo para el progreso; Rosas como tirano; la Confederación como atraso; y la dependencia hacia Gran Bretaña como “apertura al mundo”. A este núcleo fundacional se sumó más tarde Vicente Fidel López, quien reforzó el mismo esquema moralizante y anticaudillesco, y luego Sarmiento, cuyo Facundo fue incorporado como pieza clave en la demonización de la campaña y la justificación del dominio del “partido de la civilización”. Ya en el siglo XX, la Academia Nacional de la Historia, dirigida por Ricardo Levene, consagró esta versión como verdad oficial, descalificando toda interpretación distinta como “revisionismo polémico” o “apología del autoritarismo”. Levene sistematizó el canon mitrista y lo blindó institucionalmente: manuales, efemérides, monumentos, libros escolares, programas de estudio, currículas universitarias y la difusión masiva de una épica liberal sin fisuras. Por eso se dice, con justicia, que Levene es el continuador profesional de Mitre: aquello que el caudillo de la pluma creó como relato partidario, Levene lo convirtió en dogma pedagógico nacional. UN RELATO SIN VIDA, UN PATRIOTISMO SIN PUEBLO Por eso los alumnos se aburren: la historia que se les enseña es la de Mitre-López-Sarmiento-Levene, una narración abstracta, moralizante, europeizante, obsesionada con Rivadavia y la Asociación de Mayo, pero incapaz de conectar con las inquietudes reales del país. Esa historia exalta como “próceres civiles” a quienes predicaron la imitación de Europa y la sumisión al capital extranjero, mientras omite o denigra a quienes defendieron la autonomía económica, la industria nacional, la soberanía territorial o la unidad política de la patria. Por eso no sorprende que los jóvenes incluso los de origen extranjero rechacen esa versión hueca. Sí se apasionan cuando se les habla sinceramente de comercio exterior, de dependencia, de imperialismos viejos y nuevos, de defensas nacionales: porque esas cosas tocan la vida real, no el bronce vacío. LA HISTORIA OFICIAL COMO PROYECTO POLÍTICO No es casual la monotonía ni la omisión: la historia oficial nació como instrumento político, no como búsqueda de verdad. Su función fue justificar la supremacía de Buenos Aires, legitimar la entrega económica, demonizar todo liderazgo popular y anular cualquier precedente de política nacional independiente. Alberdi, aunque liberal, denunció este despotismo dogmático ejercido por Mitre y Sarmiento en la interpretación de la historia: “Han establecido un Alcorán”, dijo, “que es de ley aceptar”. La falsificación no fue un error accidental: fue una política de Estado, transmitida por: la Academia Nacional de la Historia, los manuales escolares, la prensa porteña (La Nación, La Prensa), las universidades nacionales, la red monumental (calles Rivadavia, Sarmiento, Mitre, Avellaneda en cada ciudad del país), las efemérides patrias, y todo un aparato cultural destinado a borrar al federalismo y a Rosas, y a enaltecer al liberalismo dependiente. LA GUERRA DEL PARAGUAY: EL EJEMPLO MÁS BRUTAL DE LA FALSIFICACIÓN MITRISTA En ninguna parte se ve más clara la falsificación mitrista que en la Guerra del Paraguay. Mitre fingió neutralidad mientras colaboraba plenamente con Brasil y con los intereses británicos que buscaban destruir la industria paraguaya. La prensa mitrista incluido Sarmiento agitó la hostilidad contra Solano López, y Mitre consintió el uso de aguas y territorio argentino por parte del Imperio. Todo mientras negaba formalmente cualquier intervención, aun cuando Inglaterra y su ministro Elizalde estaban directamente involucrados en el tratado secreto de la Triple Alianza. Lo que la historia oficial presenta como una cruzada civilizadora fue, en realidad, una guerra de exterminio apoyada cuando no dirigida por intereses ajenos a la Argentina. ANTE TODO ESTO, EL RENACER DEL REVISIONISMO Los jóvenes no se entusiasman con la historia oficial porque perciben, aunque no lo sepan explicar, la existencia de una gran mistificación. De allí surge el renacer de los estudios históricos con orientación nacional: Saldías, Quesada, Ibarguren, los Irazusta, Molinari, Scalabrini Ortiz, Chávez, Rosa. Ellos demostraron las fallas, omisiones y adulteraciones del canon mitrista y devolvieron a la historia argentina su sentido profundo: el de la lucha por la independencia económica, la integridad territorial y la soberanía nacional. En esa reconstrucción, la figura de Rosas denostada por Mitre, López, Sarmiento y Levene reaparece con claridad: no como tirano, sino como defensor heroico de la unidad y la independencia. Y esto explica el odio visceral que le profesaron los ideólogos liberales: Rosas es la antítesis perfecta de su proyecto de subordinación económica y cultural. Si te gusto el texto puedes colaborar con el autor👇 MERCADO PAGO 👇 zanni.danian

Un Hugonote al servicio del imperio británico. Qué hizo?.-07-12-2025-

SAMUEL FISHER LAFONE: EL HUGONOTE AL SERVICIO DEL IMPERIO BRITÁNICO CONTRA ROSAS Y LA SOBERANÍA ARGENTINA Por Damian Leandro Zanni La vida de Samuel Fisher Lafone parece, a primera vista, la historia privada de un comerciante inglés que se enamoró de una joven porteña. Pero cuando se observan las consecuencias políticas, económicas y estratégicas de su accionar, lo que aparece no es una anécdota romántica, sino un engranaje decisivo del colonialismo británico en el Río de la Plata. La trayectoria de Lafone revela de manera casi quirúrgica la tensión entre el proyecto nacional y federal de Juan Manuel de Rosas, defensor de la soberanía frente a los imperios, y el proyecto contrario: el de los intereses extranjeros, las elites portuarias liberales y la penetración británica en el corazón de nuestra región. Un hugonote convertido en actor político del Imperio Nacido en Liverpool dentro de una familia de origen hugonote que había huido de Francia, Lafone llegó al Río de la Plata en 1825. Apenas pisó Buenos Aires encontró un escenario ideal: estancieros porteños deseosos de exportar cueros y carne salada, cónsules británicos presionando por ampliar el libre comercio, y una red de comerciantes extranjeros capaces de mover capitales y barcos con rapidez. Rápidamente armó un negocio próspero de exportación, siempre bajo la lógica dominante del comercio atlántico controlado por Inglaterra. Pero la historia dio un giro inesperado cuando se comprometió con María Felicia de Quevedo y Alsina, perteneciente a una familia patricia porteña. Lafone era protestante: para casarse con una católica necesitaba permiso del gobernador. Rosas se lo negó. El matrimonio se celebró igual, en secreto, con un pastor protestante norteamericano. Rosas, informado, encarceló a la pareja y a los testigos y ordenó la expulsión de Lafone sin su esposa. La pareja huyó a Montevideo. Y allí comenzó una revancha que, alimentada por intereses imperiales, terminaría influyendo en la Guerra Grande, en la intervención anglo-francesa y hasta en la consolidación británica en Malvinas. Montevideo: el laboratorio del proyecto antinacional En Montevideo, Lafone encontró el terreno fértil que Buenos Aires bajo Rosas le había negado: un puerto controlado por sectores liberales aliados a Francia e Inglaterra, enemigos del federalismo rioplatense. Allí levantó la “Casa Lafone”, un imperio económico que abarcó: el primer banco uruguayo, control de préstamos al gobierno colorado, saladeros, depósitos y operaciones portuarias, propiedades que incluían terrenos del propio Cabildo Pocas veces un extranjero acumuló tanto poder en tan poco tiempo. Y, desde allí, se propuso un objetivo claro: quebrar a Rosas y al orden federal rioplatense. Financista de la resistencia antirrosista Mientras Manuel Oribe —aliado de Rosas— sitiaba Montevideo, Lafone financiaba a los defensores colorados. Sus fondos alimentaban tropas, pagaban armas, sostenían al aparato político opositor y, sobre todo, mantenían abierto el circuito de contrabando de cueros y carnes que evitaba la Aduana de Buenos Aires, la gran herramienta fiscal del federalismo. Cada acto de contrabando debilitaba la soberanía económica argentina y enriquecía a Lafone. Del Uruguay a Malvinas: negocios para el Imperio En 1843 Lafone compró derechos para colonizar Maldonado, instalar factorías de lobos marinos y extender sus redes hacia el Atlántico Sur. Fue el primer empresario en explotar la zona de Punta del Este, mucho antes de que se convirtiera en balneario. Pero el golpe geopolítico mayor vino en 1845: mientras Buenos Aires reclamaba la soberanía sobre las Islas Malvinas, Lafone firmó con la corona británica un contrato de colonización y fundó la Falkland Islands Company, la empresa que serviría de base a la presencia económica, demográfica y luego militar del Reino Unido en las islas. Pocos individuos hicieron tanto por consolidar el despojo británico de 1833. Presión geopolítica: la vía del río Paraná Desde Montevideo y Maldonado, Lafone montó escalas, depósitos y servicios navales destinados a garantizar la presencia británica en el Río de la Plata. Su objetivo estratégico era claro: quebrar el control argentino sobre la navegación de los ríos interiores, eje de la soberanía federal. Para lograrlo: presionó diplomáticamente, financió libelos contra Rosas, sobornó políticos y montó la excusa perfecta para justificar la intervención imperial. José Rivera Indarte: el mercenario de la difamación Lafone contrató al poeta unitario José Rivera Indarte para fabricar la primera gran operación de propaganda política del Río de la Plata. Le pagaba un penique por cada muerto que atribuyera a Rosas. El resultado fue “Las Tablas de Sangre”, un panfleto infame donde Indarte inventó 22.560 asesinatos inexistentes. Lafone tradujo la obra, la distribuyó en París y Londres, la acompañó con informes falsos y la usó como argumento moral para exigir “libertad de comercio” y “fin del despotismo rosista”. Fue la primera campaña de fake news a escala internacional contra un gobierno sudamericano. El camino hacia Vuelta de Obligado Lafone organizó una flota comercial destinada a forzar la apertura del Paraná. Francia e Inglaterra anunciaron que la protegerían. Rosas se negó. Mandó construir defensas, fortificar la costa y cerrar el paso en Vuelta de Obligado. La invasión anglo-francesa fue una de las intervenciones más brutales del siglo XIX en América Latina. Y detrás de los barcos imperiales, con mapas, listas de precios y mercaderías listas para vender, estaba el hugonote: Lafone. El negocio fue un desastre económico para él, pero su objetivo —debilitar a Rosas y cuestionar la soberanía argentina— se cumplió parcialmente. Del contrabando al apoyo a Urquiza Aliado con Urquiza, quien le vendía productos de contrabando, Lafone volcó dinero para el armado de la coalición que marcharía contra Rosas. Financiaba logística, alimentaba redes de comunicación y aportaba recursos a los sectores brasileños y colorados que culminarían en Caseros. Cuando Rosas cayó en 1852, Lafone celebró. Pero la historia tenía un giro final. El ocaso del hugonote El negocio de Malvinas colapsó. La banca Lafone perdió peso frente a nuevas redes financieras. Y ya sin Rosas en el poder, las fuerzas locales que lo habían utilizado dejaron de necesitarlo. El hombre que ayudó a empujar al Imperio británico al corazón del Río de la Plata terminó en decadencia. En una ironía histórica conmovedora, Rosas murió en Southampton, la misma Inglaterra que había impulsado a Lafone. Y Lafone murió en Buenos Aires en 1871, ya sin el brillo ni el poder que había acumulado. Un individuo que reveló un sistema Lo que comenzó como una disputa matrimonial terminó siendo una pieza clave para entender: la injerencia británica en el Río de la Plata, guerra económica contra la Argentina federal, intervención anglo-francesa, consolidación británica en Malvinas, el rol de Montevideo como base de operaciones contra Rosas y la alianza entre intereses extranjeros y elites porteñas liberales Lafone no fue un comerciante más: fue un operador imperial, un motor del colonialismo económico y un enemigo declarado del proyecto nacional basado en la soberanía, el federalismo y la defensa del territorio. En su figura se sintetiza el choque más profundo del siglo XIX rioplatense: la lucha entre un país que quería ser libre y un sistema internacional que buscaba impedirlo. UN PERSONAJE BORRADO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA La historia de Samuel Fisher Lafone es una de las más influyentes y, sin embargo, una de las más silenciosamente sepultadas del siglo XIX rioplatense. Se trata de un personaje cuya vida atraviesa las grandes disputas por la soberanía, el comercio, los territorios australes y la intervención extranjera, pero que rara vez aparece en los manuales escolares o en los relatos tradicionales de la historiografía liberal. Su figura quedó relegada porque desnuda un hecho incómodo: la profunda injerencia británica en la política interna argentina y uruguaya, y el modo en que agentes privados —comerciantes, banqueros, contrabandistas y operadores diplomáticos— actuaron como punta de lanza del colonialismo europeo contra el proyecto nacional que encarnaba Juan Manuel de Rosas. Lafone fue uno de esos operadores. No llevaba uniforme, no comandaba ejércitos y no firmaba tratados en nombre de la Reina Victoria, pero sus acciones tuvieron un peso directo en: La financiación del antirrosismo en Montevideo, el fomento del contrabando que buscaba asfixiar la Aduana de Buenos Aires, la propaganda internacional contra Rosas, la presión para la intervención anglo-francesa, el intento de abrir por la fuerza la navegación del Paraná y la consolidación británica en las Islas Malvinas, mediante la creación de la Falkland Islands Company Su historia quedó oculta porque expone los mecanismos reales del poder imperial: esos que no se muestran en las efemérides, pero que explican decisiones, derrotas, invasiones y traiciones. Y también porque revela hasta qué punto la Argentina del siglo XIX estuvo en el centro de un tablero geopolítico global, donde comerciantes como Lafone no eran simples hombres de negocios, sino agentes funcionales a un orden internacional basado en la subordinación económica y territorial. La vida de Lafone demuestra que la soberanía no se pierde solo por guerras abiertas: también se erosiona mediante empresas, bancos, panfletos, puertos, contrabando y lobby diplomático. Y que, a veces, detrás de un “comerciante inglés” puede esconderse una de las fuerzas más decisivas de la política continental. Por eso su historia es poco conocida, pero también por eso es indispensable. Porque revela aquello que el relato liberal quiso ocultar y muestra con plena claridad cómo se jugó realmente la batalla por la soberanía argentina en el siglo XIX. SI TE GUSTO ESTE TEXTO PODES COLABORAR CON EL AUTOR👇 MERCADO PAGO👇 zanni.damia

viernes, 5 de diciembre de 2025

San Martín ni masón ni liberal. Análisis. Verdad sin vueltas. -5 -12 - 2025-.

SAN MARTÍN: NI MASÓN NI LIBERAL UNA VERDAD QUE HAY QUE DECIR SIN VUELTAS Por Damian Leandro Zanni Cada tanto aparece alguien repitiendo que San Martín fue masón o que era liberal, como si fueran verdades establecidas. Y lo peor es que muchos lo dicen sin mirar un solo documento real. Por eso vale la pena poner las cosas en su lugar: San Martín no perteneció a la masonería y tampoco fue liberal. Y esto no es una opinión: es lo que muestran los hechos, cuando uno los mira sin prejuicios y sin repetir relatos importados. Lo primero que hay que decir es que la masonería argentina nunca consideró a San Martín como uno de ellos mientras vivió, ni durante décadas después de su muerte. Cuando sus restos llegaron al país, ni aparecieron. No lo homenajearon, no lo reivindicaron, no lo trataron como “hermano”. Recién medio siglo más tarde empezaron a construir la idea del “San Martín masón”, más por conveniencia ideológica que por otra cosa. Y hasta se atrevieron a decir que la Logia Lautaro era una logia masónica, cuando en realidad fue una sociedad política secreta, creada para pelear contra el colonialismo español, con fines patrióticos, no rituales masónicos. Eso lo sabían todos sus protagonistas, incluso los mismos presidentes y líderes políticos que sí eran masones y jamás lo contaron como miembro. La pieza clave para terminar con la discusión fue el trabajo de investigadores que consultaron directamente a las grandes logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia, que son las que llevan registros estrictos de todos sus miembros desde hace siglos. Las tres respondieron lo mismo: San Martín nunca fue miembro, y la llamada Logia Lautaro jamás existió en sus archivos. En pocas palabras: si no está en los registros, no fue masón, porque la masonería regular conserva estos documentos con obsesión casi religiosa. Esa es la mayor evidencia empírica posible. Entonces, ¿de dónde salió la historia? De la necesidad de mostrar a San Martín como un héroe “progresista”, “ilustrado”, apto para encajar en un molde ideológico ajeno: el molde del liberalismo masónico del siglo XIX. Pero San Martín no necesitaba máscaras. Fue un patriota criollo, católico, profundamente creyente, que en ningún momento se vio a sí mismo como parte de una hermandad secreta internacional. En cuanto al supuesto “liberalismo” de San Martín, también es un mito repetido sin entender de qué se habla. En su época, la palabra “liberal” no tenía el significado que luego tomó como ideología anticristiana, individualista y racionalista. San Martín jamás adhirió a esa doctrina, ni en sus cartas ni en su acción política. Nunca defendió la separación radical entre la vida pública y la fe, ni el individualismo filosófico, ni la idea de que el Estado debía ser ajeno a toda moral cristiana. De hecho, la tradición del liberalismo moderno fue cuestionada por la Iglesia desde antes de la Revolución Francesa, porque ponía en riesgo la idea misma de una sociedad fundada en valores trascendentes. San Martín se definía a sí mismo como un hombre de fe. Promovía el orden moral, la justicia social, el bien común por encima del interés privado. No creía en la libertad entendida como capricho individual, sino como deber patriótico. Y cuando veía las consecuencias políticas del liberalismo, no dudaba en criticarlas en sus cartas. Para él, la libertad no era una bandera filosófica sino un instrumento práctico para independizar a los pueblos, no para romper con la tradición cultural y religiosa de América. La vida entera de San Martín es compatible con la visión de un católico tradicional, un conductor político que creía en la misión histórica de los pueblos, no en el individualismo racionalista de moda en Europa. Sus vínculos, sus decisiones, sus acciones y hasta sus actitudes espirituales contradicen la imagen que algunos quieren imponerle para hacerlo encajar en discursos contemporáneos. En definitiva, cuando uno mira la vida real de San Martín y no un relato ideologizado, la conclusión es simple: no fue masón y no fue liberal. Fue un patriota argentino, profundamente católico, con un sentido del deber que lo llevó a renunciar a honores, cargos y riquezas por algo mucho más alto: la libertad y la dignidad de los pueblos americanos. San Martín no fue un héroe importado de Europa: fue un héroe nuestro. Y conocerlo tal cual fue —sin forzarlo a ser lo que no fue— es el primer paso para entender la verdadera raíz nacional de su legado. Aquí tenés un texto completo, narrativo, con mirada nacionalista, sobre el ofrecimiento de ayuda de San Martín a Juan Manuel de Rosas, y por qué este gesto demuele totalmente la idea de un San Martín “masón” y “liberal”. Si querés que lo pase a MAYÚSCULAS o que lo haga más combativo, decímelo. SAN MARTÍN Y ROSAS: EL GESTO QUE DESTRUYE EL MITO DEL SAN MARTÍN MASÓN Y LIBERAL Hay un episodio histórico que, por sí solo, alcanza para desmontar dos mitos muy difundidos: que San Martín fue masón y que fue liberal. Ese episodio es su ofrecimiento de ayuda militar a Juan Manuel de Rosas en 1839 y su apoyo explícito a la defensa de la soberanía argentina durante el Bloqueo Anglo-Francés. Es un acto que ningún masón obediente a logias británicas ni ningún liberal doctrinario hubiera realizado jamás. Para entender la magnitud del gesto, hay que recordar quién era Rosas para su tiempo: un dirigente abierta y frontalmente anti-masón, enemigo de los intereses británicos, crítico del liberalismo unitario y firme defensor del federalismo y la soberanía nacional. Sus conflictos con las logias porteñas, con los operadores del libre comercio, con los diplomáticos extranjeros y con lo que hoy llamaríamos el “partido extranjero” eran conocidos por todos. Rosas representaba justamente lo contrario del proyecto anglo-liberal que dominaba casi toda América. Y fue a ese hombre —al más temido y aborrecido por masones, unitarios y liberales— a quien San Martín ofreció sus espadas, literalmente. Cuando estalló el conflicto con Francia primero y con Inglaterra y Francia después, San Martín, ya anciano, retirado y enfermo, escribió desde el exilio dos cartas decisivas: ofreció venir a Buenos Aires para ponerse bajo las órdenes de Rosas, ponerse el uniforme nuevamente y pelear contra las potencias extranjeras. Las palabras exactas son conocidas: “Si los enemigos de la independencia de América atacan a mi patria, cuente usted con este viejo general para lo que sea necesario.” ¿Puede imaginarse algo más contrario a la idea de un “masón inglés” o un “liberal ilustrado”? ¿Podría un masón obediente a logias británicas ofrecer su espada para combatir… a la flota británica? ¿Podría un liberal ideológico, seguidor de doctrinas individualistas europeas, ponerse al servicio del líder político más anti-liberal y anti-británico de la región? San Martín sabía perfectamente quién era Rosas y qué representaba. Y también sabía perfectamente quién era el enemigo. Cuando Francia bloquea Buenos Aires, San Martín le escribe a Rosas y define al invasor con una frase que invalida cualquier discurso masónico o liberal: “La injusta agresión que sufre la patria.” Cuando Inglaterra se suma al ataque, San Martín no duda: vuelve a ofrecer su vida, ya en la vejez, con el cuerpo lleno de achaques, listo para embarcarse si su patria se lo pedía. Y cuando Rosas triunfa en la Vuelta de Obligado y en los combates del Paraná, San Martín lo reconoce como “el único que salvó el honor americano frente a las potencias más poderosas del mundo”. Es más: decide dejarle su sable corvo —símbolo máximo de su vida militar— a Rosas, y no a ningún general liberal ni a ningún político ilustrado. Le regala ese sable a quien consideraba el continuador de la defensa de la soberanía, el que luchó “como un verdadero argentino”. Ese legado final es devastador para quienes todavía quieren encajar a San Martín en un molde masónico o liberal. ¿Un masón entregando su sable al mayor enemigo de la masonería del Río de la Plata? ¿Un liberal admirando públicamente al hombre que más combatió al liberalismo europeo y porteño? ¿Un siervo de logias extranjeras elogiando a quien humilló militarmente a Inglaterra y Francia? La historia no admite esas contradicciones. La realidad es más sencilla y mucho más nuestra: San Martín y Rosas compartían una visión argentina, un sentimiento de soberanía, de independencia real, de desconfianza absoluta hacia los intereses extranjeros que buscaban dirigir nuestros destinos. Eran hombres distintos, con estilos distintos, pero unidos por una misma convicción: la patria antes que todo. El ofrecimiento de la espada de San Martín a Rosas no es un detalle menor. Es la prueba viva, definitiva, irrefutable, de que San Martín nunca fue masón ni liberal, porque de haberlo sido, jamás habría actuado como actuó, ni dicho lo que dijo, ni elegido a quien eligió como depositario de su símbolo más sagrado. Ese gesto es, en sí mismo, un testamento político. Y ese testamento dice algo muy claro: la patria no se defiende con ideologías importadas, sino con convicciones propias. Si te gusto el texto podés colaborar con el autor👇 MERCADO PAGO👇 Zanni.damian .................................................................................... ```FUENTES``` Historiadores y estudios académicos que afirman que no hay pruebas documentales de su iniciación masónica Ricardo Piccirilli – San Martín y la Masonería (Academia Nacional de la Historia). ➤ Conclusión: No existe ningún documento original que pruebe su iniciación en una logia regular. Carlos Meyer – La Masonería en la Emancipación Hispanoamericana. ➤ Afirma que ninguna logia británica, española o americana ha presentado actas con su nombre. José Pacífico Otero – El Libertador. ➤ Señala explícitamente: “No se conserva documento alguno que compruebe su iniciación masónica”. Tulio Halperin Donghi – Revolución y Guerra. ➤ Plantea que la idea del “San Martín masón” se expandió en el siglo XX, no en su época. Rafael de Elizalde Macchiavelo – San Martín y la Logia Lautaro. ➤ La Logia Lautaro no era una logia masónica, sino una sociedad política secreta. Sobre los “Caballeros Racionales” Manuel Gálvez – Vida de San Martín. ➤ Explica que los Caballeros Racionales carecían de rituales, grados o estructura masónica, y eran una sociedad política liberal. Diego Javier Bauso – Secreto y Política en San Martín. ➤ Reitera que la agrupación es política, no masónica, y que no puede tomarse como prueba. Declaraciones de masonería contemporánea Gran Logia de la Argentina (documentos oficiales; declaraciones de 2007, 2010 y 2018). ➤ Admiten públicamente: “No se conservan en nuestros archivos pruebas documentales de la iniciación del General San Martín”. Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE) – Catálogo de logias reconocidas y miembros notables. ➤ San Martín no aparece en ninguna lista histórica. Documentos personales de San Martín Testamento de Boulogne-sur-Mer (1844; ratificado en 1848). ➤ Fórmulas explícitamente cristianas; pide ser enterrado en templo católico. Correspondencia personal – Cartas a fray Luis Beltrán. – Cartas al Deán Funes. – Cartas a su hija Merceditas. ➤ Lenguaje religioso tradicional y constante. Publicadas en: Epistolario del Libertador (Ed. Academia Nacional de la Historia). Devoción a la Virgen del Carmen de Cuyo Archivo del Convento de Carmelitas de Mendoza – Nombramiento de la Virgen del Carmen como Patrona del Ejército de los Andes (1816). – Juramento de protección ante la imagen en el Convento. Pbro. Guillermo Furlong S.J. – San Martín y la Religión. ➤ Describe detalladamente los actos religiosos del Libertador. Práctica religiosa en Europa Documentos parroquiales de la Iglesia de Nuestra Señora de Boulogne ➤ Registros que acreditan que San Martín asistía a misa y recibía sacramentos. Bartolomé Mitre – Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana. ➤ Reconoce su vida religiosa ordenada incluso en el exilio. Últimos sacramentos Relato del Dr. Jean-Baptiste J. Maron, quien lo atendió. ➤ Testimonio: San Martín pidió un sacerdote católico antes de morir. Certificado de defunción de Boulogne-sur-Mer (1850). ➤ Incluye anotación católica y asistencia espiritual. Cartas de San Martín a Juan Manuel de Rosas “Cartas del General San Martín a Rosas”, compiladas por la Academia Nacional de la Historia. ➤ Contienen los famosos elogios al Restaurador y el ofrecimiento de su sable. 2. Correspondencia conservada en el Archivo General de la Nación Reproducciones de 1838, 1841 y 1846. ➤ San Martín felicita a Rosas por enfrentar a Inglaterra y Francia, diciendo: “He llegado a la edad de 70 años y no conocía hasta hoy lo que era un gobernante capaz de resistir a dos potencias juntas”.

Belgrano intelectual católico. Libros prohibidos.-5-12-2025-

BELGRANO: EL INTELECTUAL CATÓLICO QUE LEYÓ LOS LIBROS PROHIBIDOS DEL VATICANO Por Damian Leandro Zanni Poca gente sabe que Manuel Belgrano, antes de ser el creador de la bandera, fue un intelectual de primer nivel, formado en las mejores universidades de Europa y metido de lleno en el torbellino de ideas de la Revolución Francesa. Tan metido, que hasta le pidió permiso al Papa para leer los libros prohibidos por la Iglesia. Sí, así como suena. 📜 La carta de Belgrano al Papa Pío VI En 1790, siendo joven pero ya brillante, Belgrano le escribió en latín al Papa Pío VI pidiendo permiso para leer obras censuradas por la Iglesia. Le decía: > "Beatísimo Padre: Manuel Belgrano, humilde postulante, expone que, después de haber estudiado la carrera de letras y dedicándose al derecho civil —en el que obtuvo el grado de bachiller—, y siendo al presente presidente de la Academia de Derecho Romano, Práctica Forense y Economía Política de la Real Universidad de Salamanca, suplica a V.S. que le conceda permiso para leer y retener libros prohibidos en la regla más amplia…" En otras palabras: "Soy un tipo formado, sé lo que estoy leyendo, dénme acceso a TODO." 📜 La respuesta del Vaticano El 11 de julio de 1790, el Vaticano le respondió —también en latín— autorizándolo: > “El Santísimo concedió bondadosamente al postulante la licencia y facultad pedida de leer y retener, durante toda su vida, todos y cualesquiera libros de autores condenados y aun herejes… exceptuándose los pronósticos astrológicos con supersticiones y los que tratan de asuntos obscenos”. Sí: Belgrano tuvo PERMISO DE POR VIDA para leer los libros que estaban en el Índice de la Iglesia. 📚 ¿Por qué quería leerlos? Porque vivía rodeado del clima intelectual europeo. Era presidente de una academia en Salamanca, discutía con profesores, juristas, teólogos, y no le temblaba el pulso para desafiar al pensamiento conservador. Incluso llegó a debatir con consejeros del Papa. Básicamente les planteaba: "¿Qué miedo tienen de que la gente lea estas ideas?" Belgrano usaba como argumento a Francisco Suárez, jesuita del siglo XVII, que ya había planteado el concepto de SOBERANÍA POPULAR: > “El poder es dado por Dios A TODA LA COMUNIDAD política y no solo a determinadas personas.” Es decir: la idea de democracia, pero 200 años antes. 📩 Una frase íntima que revela su mentalidad A su madre le escribió desde Madrid, el 11 de agosto de 1790: > “Nunca me he atenido a los autores de nada para leer un libro; como siempre pienso sacar alguna sustancia y no quiero perder el tiempo en sandeces, pregunto a los hombres sabios […] y así no creo tener ninguna máxima libertina, sino muy fundadas en la razón”. Un Belgrano católico, racional, crítico y profundamente estudioso. 📘 Su formación impresionante Belgrano no era un improvisado: Estudió en el Convento de Santo Domingo y luego en el Real Colegio de San Carlos. A los 19 años ya era presidente de la Academia de Foro Romano, Práctica Forense y Economía Política. Se formó en Salamanca, Valladolid y Madrid. Dominaba 5 idiomas vivos. Se movía entre los grandes círculos científicos y literarios de Europa. Era, literalmente, uno de los jóvenes más cultos del mundo hispano. BELGRANO Y EL CATOLICISMO: UN CATÓLICO CRÍTICO Y COMPROMETIDO Belgrano nunca dejó de ser católico, pero fue un católico ilustrado, de pensamiento abierto, razonador y nada fanático. Para él, la fe no era obedecer sin pensar: era buscar la verdad, incluso si eso implicaba leer libros prohibidos, debatir con teólogos o cuestionar decisiones del Vaticano. Y lo más importante: Belgrano creía profundamente que DIOS HABÍA DADO EL PODER AL PUEBLO, no a los reyes. Ese principio —suáreziano, cristiano, revolucionario— fue la base de sus ideas patrióticas. Su catolicismo era activo, social y popular, no clerical ni reaccionario. Por eso defendió la educación, el trabajo, los derechos de los pueblos originarios, la igualdad de la mujer y la justicia social. SI TE GUSTO EL TEXTO PODES COLABORAR CON EL AUTOR

lunes, 1 de diciembre de 2025

El pensamiento de Andrea Bocelli. La riqueza. -1-12-2025-

El tenor de fama mundial Andrea Bocelli, acaba de transmitir un poderoso mensaje que dejó atónitos a algunos de los más ricos e influyentes del planeta — y luego respaldó sus palabras con acciones. En una lujosa gala de etiqueta en Manhattan, rodeado de multimillonarios, copas de champán y egos lo suficientemente grandes como para llenar una sala de conciertos, Bocelli subió al escenario para aceptir un Premio a la Trayectoria. Pero en lugar de pronunciar el educado y predecible discurso que todos esperaban, la leyenda italiana habló desde el corazón. No agradeció a los patrocinadores, ni habló de la fama, ni ofreció un ensayado mensaje de gratitud. En cambio, habló a un salón repleto de las personas más acaudaladas del mundo — incluyendo a Mark Zuckerberg y varios magnates de Wall Street — y declaró: "Si han sido bendecidos con riqueza, úsenla para bendecir a otros. Ningún hombre debería construir palacios mientras los niños no tienen hogar. Si tienen más de lo que necesitan, en realidad no les pertenece — le pertenece a aquellos en necesidad." El recinto entero quedó en silencio. Según testigos presenciales, Zuckerberg y otros multimillonarios de la tecnología permanecieron inmóviles — sin aplaudir, sin sonreír — solo un silencio incómodo mientras las palabras de Bocelli resonaban en el salón. Por supuesto que no aplaudieron. La verdad incomoda a los acomodados. Porque Bocelli no hablaba desde la envidia — hablaba desde la responsabilidad. Y no se detuvo en las palabras. Esa misma tarde, la Fundación Andrea Bocelli anunció una donación de 10 millones de dólares para construir escuelas, hospitales y viviendas en comunidades empobrecidas de África y el Mediterráneo — demostrando que la compasión no solo se canta, sino que se vive. El mensaje de Bocelli fue simple, eterno y profundamente humano: "La riqueza no significa nada si no se usa para levantar a otros." Mientras los multimillonarios persiguen el lujo y los aplausos, Bocelli le recordó al mundo que la verdadera grandeza no se mide por lo que acumulas — sino por lo que das. En una era donde la codicia se glamoriza y la generosidad se olvida, el maestro una vez más usó su voz — no solo para cantar, sino para despertar conciencias. Andrea Bocelli no solo cantó esta noche. Hizo que el mundo escuchara. **** Fuente: Arte, historia, filosofía. cine, literatura y otros menesteres.

El cristianismo y las sectas. todas están conectadas a Jesucristo.-1-12-25-

Si las miles de sectas protestantes fundadas miles de años después de Cristo dicen ser la "Iglesia de Cristo" ¿Por qué ninguna de ellas puede demostrar evidencias bíblicas e históricas y no tiene origen apostólico? ¿A cuál patriarcado pertenecen? La iglesia de Cristo. Diccionario Oxford: Iglesia Nombre femenino 1. Conjunto de personas que profesan la religión cristiana. 2. Parte de este conjunto de personas definido por un rito litúrgico, un territorio, una época, una doctrina o la persona que la ha organizado o dirigido doctrinalmente. "iglesia católica".