domingo, 7 de diciembre de 2025
Un Hugonote al servicio del imperio británico. Qué hizo?.-07-12-2025-
SAMUEL FISHER LAFONE: EL HUGONOTE AL SERVICIO DEL IMPERIO BRITÁNICO CONTRA ROSAS Y LA SOBERANÍA ARGENTINA
Por Damian Leandro Zanni
La vida de Samuel Fisher Lafone parece, a primera vista, la historia privada de un comerciante inglés que se enamoró de una joven porteña. Pero cuando se observan las consecuencias políticas, económicas y estratégicas de su accionar, lo que aparece no es una anécdota romántica, sino un engranaje decisivo del colonialismo británico en el Río de la Plata. La trayectoria de Lafone revela de manera casi quirúrgica la tensión entre el proyecto nacional y federal de Juan Manuel de Rosas, defensor de la soberanía frente a los imperios, y el proyecto contrario: el de los intereses extranjeros, las elites portuarias liberales y la penetración británica en el corazón de nuestra región.
Un hugonote convertido en actor político del Imperio
Nacido en Liverpool dentro de una familia de origen hugonote que había huido de Francia, Lafone llegó al Río de la Plata en 1825. Apenas pisó Buenos Aires encontró un escenario ideal: estancieros porteños deseosos de exportar cueros y carne salada, cónsules británicos presionando por ampliar el libre comercio, y una red de comerciantes extranjeros capaces de mover capitales y barcos con rapidez.
Rápidamente armó un negocio próspero de exportación, siempre bajo la lógica dominante del comercio atlántico controlado por Inglaterra. Pero la historia dio un giro inesperado cuando se comprometió con María Felicia de Quevedo y Alsina, perteneciente a una familia patricia porteña. Lafone era protestante: para casarse con una católica necesitaba permiso del gobernador. Rosas se lo negó.
El matrimonio se celebró igual, en secreto, con un pastor protestante norteamericano. Rosas, informado, encarceló a la pareja y a los testigos y ordenó la expulsión de Lafone sin su esposa. La pareja huyó a Montevideo. Y allí comenzó una revancha que, alimentada por intereses imperiales, terminaría influyendo en la Guerra Grande, en la intervención anglo-francesa y hasta en la consolidación británica en Malvinas.
Montevideo: el laboratorio del proyecto antinacional
En Montevideo, Lafone encontró el terreno fértil que Buenos Aires bajo Rosas le había negado: un puerto controlado por sectores liberales aliados a Francia e Inglaterra, enemigos del federalismo rioplatense. Allí levantó la “Casa Lafone”, un imperio económico que abarcó:
el primer banco uruguayo, control de préstamos al gobierno colorado, saladeros, depósitos y operaciones portuarias, propiedades que incluían terrenos del propio Cabildo
Pocas veces un extranjero acumuló tanto poder en tan poco tiempo. Y, desde allí, se propuso un objetivo claro: quebrar a Rosas y al orden federal rioplatense.
Financista de la resistencia antirrosista
Mientras Manuel Oribe —aliado de Rosas— sitiaba Montevideo, Lafone financiaba a los defensores colorados. Sus fondos alimentaban tropas, pagaban armas, sostenían al aparato político opositor y, sobre todo, mantenían abierto el circuito de contrabando de cueros y carnes que evitaba la Aduana de Buenos Aires, la gran herramienta fiscal del federalismo.
Cada acto de contrabando debilitaba la soberanía económica argentina y enriquecía a Lafone.
Del Uruguay a Malvinas: negocios para el Imperio
En 1843 Lafone compró derechos para colonizar Maldonado, instalar factorías de lobos marinos y extender sus redes hacia el Atlántico Sur. Fue el primer empresario en explotar la zona de Punta del Este, mucho antes de que se convirtiera en balneario.
Pero el golpe geopolítico mayor vino en 1845: mientras Buenos Aires reclamaba la soberanía sobre las Islas Malvinas, Lafone firmó con la corona británica un contrato de colonización y fundó la Falkland Islands Company, la empresa que serviría de base a la presencia económica, demográfica y luego militar del Reino Unido en las islas.
Pocos individuos hicieron tanto por consolidar el despojo británico de 1833.
Presión geopolítica: la vía del río Paraná
Desde Montevideo y Maldonado, Lafone montó escalas, depósitos y servicios navales destinados a garantizar la presencia británica en el Río de la Plata. Su objetivo estratégico era claro: quebrar el control argentino sobre la navegación de los ríos interiores, eje de la soberanía federal.
Para lograrlo:
presionó diplomáticamente, financió libelos contra Rosas, sobornó políticos y montó la excusa perfecta para justificar la intervención imperial.
José Rivera Indarte: el mercenario de la difamación
Lafone contrató al poeta unitario José Rivera Indarte para fabricar la primera gran operación de propaganda política del Río de la Plata. Le pagaba un penique por cada muerto que atribuyera a Rosas. El resultado fue “Las Tablas de Sangre”, un panfleto infame donde Indarte inventó 22.560 asesinatos inexistentes.
Lafone tradujo la obra, la distribuyó en París y Londres, la acompañó con informes falsos y la usó como argumento moral para exigir “libertad de comercio” y “fin del despotismo rosista”.
Fue la primera campaña de fake news a escala internacional contra un gobierno sudamericano.
El camino hacia Vuelta de Obligado
Lafone organizó una flota comercial destinada a forzar la apertura del Paraná. Francia e Inglaterra anunciaron que la protegerían. Rosas se negó. Mandó construir defensas, fortificar la costa y cerrar el paso en Vuelta de Obligado.
La invasión anglo-francesa fue una de las intervenciones más brutales del siglo XIX en América Latina. Y detrás de los barcos imperiales, con mapas, listas de precios y mercaderías listas para vender, estaba el hugonote: Lafone.
El negocio fue un desastre económico para él, pero su objetivo —debilitar a Rosas y cuestionar la soberanía argentina— se cumplió parcialmente.
Del contrabando al apoyo a Urquiza
Aliado con Urquiza, quien le vendía productos de contrabando, Lafone volcó dinero para el armado de la coalición que marcharía contra Rosas. Financiaba logística, alimentaba redes de comunicación y aportaba recursos a los sectores brasileños y colorados que culminarían en Caseros.
Cuando Rosas cayó en 1852, Lafone celebró. Pero la historia tenía un giro final.
El ocaso del hugonote
El negocio de Malvinas colapsó. La banca Lafone perdió peso frente a nuevas redes financieras. Y ya sin Rosas en el poder, las fuerzas locales que lo habían utilizado dejaron de necesitarlo. El hombre que ayudó a empujar al Imperio británico al corazón del Río de la Plata terminó en decadencia.
En una ironía histórica conmovedora, Rosas murió en Southampton, la misma Inglaterra que había impulsado a Lafone. Y Lafone murió en Buenos Aires en 1871, ya sin el brillo ni el poder que había acumulado.
Un individuo que reveló un sistema
Lo que comenzó como una disputa matrimonial terminó siendo una pieza clave para entender:
la injerencia británica en el Río de la Plata, guerra económica contra la Argentina federal, intervención anglo-francesa, consolidación británica en Malvinas, el rol de Montevideo como base de operaciones contra Rosas y la alianza entre intereses extranjeros y elites porteñas liberales
Lafone no fue un comerciante más: fue un operador imperial, un motor del colonialismo económico y un enemigo declarado del proyecto nacional basado en la soberanía, el federalismo y la defensa del territorio.
En su figura se sintetiza el choque más profundo del siglo XIX rioplatense:
la lucha entre un país que quería ser libre y un sistema internacional que buscaba impedirlo.
UN PERSONAJE BORRADO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA
La historia de Samuel Fisher Lafone es una de las más influyentes y, sin embargo, una de las más silenciosamente sepultadas del siglo XIX rioplatense. Se trata de un personaje cuya vida atraviesa las grandes disputas por la soberanía, el comercio, los territorios australes y la intervención extranjera, pero que rara vez aparece en los manuales escolares o en los relatos tradicionales de la historiografía liberal.
Su figura quedó relegada porque desnuda un hecho incómodo: la profunda injerencia británica en la política interna argentina y uruguaya, y el modo en que agentes privados —comerciantes, banqueros, contrabandistas y operadores diplomáticos— actuaron como punta de lanza del colonialismo europeo contra el proyecto nacional que encarnaba Juan Manuel de Rosas.
Lafone fue uno de esos operadores.
No llevaba uniforme, no comandaba ejércitos y no firmaba tratados en nombre de la Reina Victoria, pero sus acciones tuvieron un peso directo en:
La financiación del antirrosismo en Montevideo, el fomento del contrabando que buscaba asfixiar la Aduana de Buenos Aires, la propaganda internacional contra Rosas, la presión para la intervención anglo-francesa, el intento de abrir por la fuerza la navegación del Paraná y la consolidación británica en las Islas Malvinas, mediante la creación de la Falkland Islands Company
Su historia quedó oculta porque expone los mecanismos reales del poder imperial: esos que no se muestran en las efemérides, pero que explican decisiones, derrotas, invasiones y traiciones. Y también porque revela hasta qué punto la Argentina del siglo XIX estuvo en el centro de un tablero geopolítico global, donde comerciantes como Lafone no eran simples hombres de negocios, sino agentes funcionales a un orden internacional basado en la subordinación económica y territorial.
La vida de Lafone demuestra que la soberanía no se pierde solo por guerras abiertas: también se erosiona mediante empresas, bancos, panfletos, puertos, contrabando y lobby diplomático.
Y que, a veces, detrás de un “comerciante inglés” puede esconderse una de las fuerzas más decisivas de la política continental.
Por eso su historia es poco conocida, pero también por eso es indispensable.
Porque revela aquello que el relato liberal quiso ocultar y muestra con plena claridad cómo se jugó realmente la batalla por la soberanía argentina en el siglo XIX.
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