lunes, 22 de diciembre de 2025
José Félix Aldao, soldado y caudillo de Cuyo. -22-12-2025-
JOSÉ FÉLIX ALDAO: FRAILE, SOLDADO Y CAUDILLO DE CUYO
Por Revisionismo Historico Argentino
ORÍGENES, FAMILIA Y FORMACIÓN RELIGIOSA
José Félix Aldao nació en Mendoza el 11 de octubre de 1785, en el seno de una familia de fuerte raigambre militar y administrativa del orden colonial. Fue hijo de Francisco de Esquivel y Aldao, porteño, teniente coronel de los Reales Ejércitos y comandante de armas de la campaña de Mendoza y del fuerte de San Carlos, y de María del Carmen Anzorena, mendocina, hija del general Jacinto de Anzorena Ponce de León, corregidor de Cuyo. El matrimonio de sus padres se había celebrado en Mendoza el 21 de octubre de 1784, apenas un año antes de su nacimiento.
Bautizado con el nombre de Félix por el dominico fray Jacinto Gómez, adoptaría luego la forma José Félix, con la que firmaría durante su vida pública. En 1802 ingresó a la Orden de Predicadores en el convento dominico de Mendoza, donde cursó estudios de filosofía y teología. En 1806 recibió las órdenes sagradas en Santiago de Chile, bajo el obispado del señor Morán, celebrando su primera misa con el patrocinio del padre dominico Velazco. Aquella vocación religiosa, sin embargo, nunca lograría dominar del todo su carácter impetuoso, sus pasiones ni una vida afectiva que pronto entraría en conflicto con los votos asumidos.
DEL HÁBITO A LAS ARMAS: EL EJÉRCITO DE LOS ANDES
Cuando José de San Martín inició la organización del Ejército de los Andes, Aldao se encontraba en su provincia natal. Fue dado de alta el 21 de enero de 1817 como capellán del Regimiento N.º 11 de Infantería, al mando del coronel Juan Gregorio de Las Heras, integrando la primera columna que cruzó la Cordillera por el paso de Uspallata.
Su bautismo de fuego ocurrió en el combate de Guardia Vieja, el 4 de febrero de 1817, donde el fraile, vencido por los impulsos de su naturaleza, solicitó autorización para empuñar armas. Las Heras dejó constancia en el parte oficial de su conducta extraordinaria: tras combatir primero con fusil, cargó sable en mano sobre los realistas en fuga y capturó personalmente a un oficial enemigo. Aquella acción marcó el quiebre definitivo entre el sacerdote y el soldado.
Combatió con bravura en Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, y fue recompensado con la medalla de plata otorgada a los vencedores. San Martín dispuso su incorporación al Regimiento de Granaderos a Caballo con grado de teniente el 19 de febrero de ese año. Desde entonces dejó de vestir el hábito dominico y se integró plenamente a la vida militar. Participó en Curapaligüe, Cerro del Gavilán, Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú, donde volvió a destacarse por su arrojo personal. En la persecución posterior a Maipú protagonizó un episodio célebre al abatir cuerpo a cuerpo a un gigantesco granadero español que sembraba muerte entre los patriotas, acción que le valió el cordón de Maipú en julio de 1818.
LA CAMPAÑA DEL PERÚ Y LAS GUERRAS DE LA SIERRA
Promovido a teniente primero de Granaderos a Caballo en 1819, Aldao formó parte de la expedición libertadora que partió de Valparaíso hacia el Perú en agosto de 1820. Ya con grado de capitán, integró la primera campaña a la Sierra bajo el mando de Juan Antonio Álvarez de Arenales. Contrariamente a lo afirmado por algunos biógrafos, no combatió en Pasco: Arenales lo destinó junto al coronel Francisco Bermúdez a cubrir la retaguardia del cuerpo principal.
Aislados del grueso del ejército, Bermúdez y Aldao debieron operar en condiciones extremadamente adversas, hostigados por fuerzas realistas y por sectores indígenas hostiles. Tras replegarse hacia Huancayo y Jauja, desobedecieron órdenes de evitar combates decisivos y se pusieron al frente de la insurrección indígena, logrando reunir columnas de miles de hombres mal armados. En la pampa de Huancayo fueron derrotados por el brigadier Ricafort el 29 de diciembre de 1820, aunque Aldao volvió a distinguirse por su coraje.
Lejos de rendirse, reorganizó fuerzas guerrilleras, fomentó la insurrección con el apoyo de curas patriotas y sostuvo posiciones estratégicas hasta la llegada de Agustín Gamarra, a quien entregó dos cuerpos regimentados: los Granaderos a Caballo del Perú y los Leales del Perú, primeras unidades organizadas para la defensa armada de la independencia peruana. Ascendió a sargento mayor en 1820 y a teniente coronel en 1822.
REGRESO A CUYO Y ENTRADA EN LA GUERRA CIVIL
En 1823 solicitó su separación del ejército, obteniendo despachos de coronel graduado. Apasionado por la joven limeña Manuela Zárate, con quien no podía contraer matrimonio por su condición de fraile apóstata, se estableció primero en Chile y luego regresó a Mendoza en 1824, dedicándose al comercio y a la administración rural.
La tranquilidad duró poco. En 1825, un motín clerical derrocó al gobernador sanjuanino Salvador María del Carril. Las fuerzas mendocinas, bajo el mando de José Aldao, marcharon para reponer el orden. José Félix Aldao tuvo a su cargo la artillería e infantería y contribuyó decisivamente a la victoria de Las Leñas. Desde entonces comenzó su ascenso político.
Inicialmente vinculado al liberalismo provincial, el derrumbe del partido unitario lo llevó a alinearse con Facundo Quiroga. En 1829 se incorporó con el regimiento Auxiliares de los Andes al ejército riojano y combatió en La Tablada, donde resultó gravemente herido. Tras la derrota federal en Oncativo cayó prisionero del general Paz y fue exhibido públicamente en Córdoba, víctima de humillaciones que marcaron su odio duradero hacia el unitarismo.
EL CAUDILLO FEDERAL DE MENDOZA
Liberado tras La Ciudadela, regresó a Mendoza donde fue reconocido como general y comandante de armas. Desde 1832 se convirtió en la figura dominante de la provincia. En la campaña al desierto de 1833 comandó la División Derecha, operando entre el Diamante, el Atuel, el Neuquén y el Colorado, derrotando a Yanquetruz y Borbón y recuperando cautivos y ganado.
Su poder se consolidó en medio de una guerra civil despiadada. La muerte de su hermano Francisco durante las negociaciones en Pilar desató una represión feroz que costó la vida a figuras como Narciso Laprida y Juan Cornelio Moyano. Estos episodios, magnificados por la historiografía liberal, sellaron su imagen de caudillo sanguinario, aunque no pueden separarse del contexto brutal de la época ni del uso sistemático del terror por ambos bandos.
Aldao fue gobernador de Mendoza desde 1842 hasta su muerte, ejerciendo el poder bajo la hegemonía política de Juan Manuel de Rosas. Fiel al Restaurador, sostuvo el federalismo en Cuyo, enfrentó invasiones unitarias y dictó decretos polémicos, como aquel que declaraba locos a los unitarios, reflejo tanto de la violencia simbólica de la época como de un intento, discutible, de evitar ejecuciones masivas.
MUERTE, RECONCILIACIÓN Y MEMORIA
A partir de 1844 su salud se deterioró gravemente a causa de un cáncer facial. Fue atendido por el doctor Miguel Rivera, cuñado de Rosas, y sometido a varias intervenciones quirúrgicas. En sus últimos meses se reconcilió con la Iglesia, recibió los sacramentos, vistió nuevamente el hábito dominico y expresó su arrepentimiento cristiano. Murió el 19 de enero de 1845.
Fue enterrado con honores militares y religiosos. En su testamento designó heredero a Pedro Pascual Segura y reconoció a sus hijos, nacidos de relaciones no legitimadas por las leyes eclesiásticas.
José Félix Aldao fue, quizás, el caso más extremo del sacerdote armado del siglo XIX argentino. Soldado de la independencia, guerrillero del Perú, caudillo federal y gobernador cuyano, su figura fue deformada por la novela, el panfleto y la historiografía liberal, especialmente por Vicente Fidel López y Domingo Faustino Sarmiento.
Despojado de esas caricaturas, Aldao aparece como lo que fue: un hombre de su tiempo, brutal y apasionado, atravesado por la contradicción entre lo sagrado y lo secular, y protagonista central de una Argentina nacida entre la guerra, la fe y la violencia.
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Zanni.Damián
FUENTES
José María Rosa – Historia Argentina
Norberto Galasso – Los malditos
Arturo Jauretche – Manual de zonceras argentinas
Fermín Chávez – Vida y muerte de López Jordán
Vicente Fidel López – Historia de la República Argentina
Sarmiento – Facundo o civilización y barbarie
Tulio Halperín Donghi – Revolución y guerra
Ernesto Quesada – La época de Rosas
Adolfo Saldías – Historia de la Confederación Argentina
José Luis Busaniche – Historia Argentina
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