lunes, 22 de diciembre de 2025
La Bandera Argentina. Azul o Celeste? Política y Memoria.-22-12-2025-
AZUL O CELESTE: LA BANDERA ENTRE LA HISTORIA, LA POLÍTICA Y LA MEMORIA
Por Revisionismo Historico Argentino
La discusión sobre los colores de la bandera argentina ha atravesado más de dos siglos de historia y continúa despertando interpretaciones contrapuestas. Lejos de tratarse de una cuestión puramente estética, el debate sobre si el pabellón nacional debe ser entendido como azul y blanco o celeste y blanco remite a tensiones políticas, culturales y simbólicas que acompañaron la formación del Estado y la construcción del relato histórico argentino.
Desde el inicio, la ambigüedad documental dejó abierta la controversia. Manuel Belgrano describió la bandera como blanca y “azul celeste”, una expresión frecuente en el lenguaje de comienzos del siglo XIX, cuando las distinciones cromáticas no tenían la precisión técnica actual. En escritos oficiales del período revolucionario, los términos azul, celeste y azul-celeste aparecen utilizados de manera indistinta, lo que explica que, ya desde temprano, surgieran lecturas divergentes.
QUIÉNES SOSTIENEN EL CELESTE
Una parte significativa de la historiografía liberal y académica tradicional ha defendido la interpretación de una bandera celeste y blanca. Bartolomé Mitre fue uno de los principales referentes de esta postura. En sus trabajos históricos y discursos públicos, sostuvo que el color original debía entenderse como celeste, apoyándose en documentos de Belgrano que mencionan expresamente ese término y en representaciones pictóricas del siglo XIX, como el conocido óleo de San Martín realizado en Bruselas en 1828.
Domingo Faustino Sarmiento también se inscribió en esta tradición interpretativa. En sus discursos a la bandera y en sus escritos políticos, exaltó la versión celeste y blanca como símbolo de la nación moderna, diferenciándola explícitamente de las banderas asociadas al período confederal. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, esta lectura fue consolidándose en la educación pública, en los manuales escolares y en la iconografía oficial, hasta convertirse en sentido común.
Desde esta perspectiva, el celeste suele vincularse con la escarapela aprobada por el Primer Triunvirato, con la simbología mariana —particularmente la Inmaculada Concepción— y con la tradición borbónica, elementos que habrían influido en Belgrano. Para estos autores, el uso posterior de tonos más oscuros se explicaría por razones prácticas, por el desgaste de los pigmentos o por decisiones coyunturales, sin alterar la esencia original del símbolo.
QUIÉNES SOSTIENEN EL AZUL
Frente a esta interpretación, historiadores del revisionismo histórico y especialistas en heráldica han defendido que la bandera fue concebida como azul y blanca. José María Rosa es uno de los autores que desarrolló con mayor profundidad esta posición. En sus trabajos señaló que el término “azul celeste” utilizado por Belgrano debía entenderse como un azul claro, propio de la heráldica, y no como el celeste diluido que se impondría más tarde como distintivo partidario.
Otros historiadores, como Adolfo Saldías y Ernesto Palacio, coincidieron en que la ley de 1818, al establecer explícitamente el color azul, resulta un argumento jurídico difícil de soslayar. Desde esta mirada, el predominio posterior del celeste respondería menos a una continuidad histórica que a una reinterpretación impulsada por el triunfo político y cultural del liberalismo porteño tras la caída de Juan Manuel de Rosas.
El general Jerónimo Espejo, veterano del Ejército de los Andes, aportó un testimonio frecuentemente citado por los defensores del azul. En sus memorias, publicadas hacia fines del siglo XIX, recordó que la bandera conservada en Mendoza tenía originalmente un azul intenso, aunque Mitre desestimó ese recuerdo atribuyéndolo al paso del tiempo y a una memoria debilitada.
LA BANDERA Y LAS DIVISIONES POLÍTICAS
Durante las guerras civiles, el color adquirió un valor político explícito. Los sectores federales identificaron la bandera nacional con el azul más subido, acompañado por el rojo punzó como divisa partidaria, mientras que los unitarios adoptaron un celeste más claro como distintivo propio. Esta diferenciación contribuyó a que el color dejara de ser un rasgo neutral y se transformara en un signo de pertenencia política.
Juan Manuel de Rosas defendió reiteradamente el uso del azul oscuro, argumentando que era el color establecido por la legislación vigente y que, además, ofrecía mayor resistencia al desgaste. En su correspondencia oficial dejó constancia de su rechazo al celeste, al que consideraba una introducción arbitraria sin respaldo legal. Para sus contemporáneos y para buena parte del revisionismo posterior, esta defensa del azul se inscribía en una concepción federal de la nación y en una continuidad con la legislación de la etapa revolucionaria.
APORTES CIENTÍFICOS Y NUEVAS EVIDENCIAS
En tiempos recientes, investigaciones realizadas por científicos del CONICET y universidades nacionales y extranjeras aportaron nuevos elementos al debate. El análisis químico y espectroscópico de una de las banderas más antiguas conservadas, la del Templo de San Francisco en Tucumán, permitió identificar pigmentos correspondientes al azul de ultramar en sus franjas. Los investigadores señalaron que esta pieza, ordenada por Bernabé Aráoz, guarda una relación histórica estrecha con Manuel Belgrano, lo que refuerza su relevancia como fuente material.
Sin embargo, los propios científicos han subrayado los límites de estas conclusiones. Se trata de una evidencia concreta, valiosa, pero no definitiva. No permite afirmar de manera absoluta que todas las banderas tempranas hayan sido iguales ni que el pabellón izado en Rosario en 1812 tuviera exactamente la misma tonalidad.
HISTORIA, ESCUELA Y SENTIDO COMÚN
La consolidación del celeste como color predominante en la actualidad responde en gran medida a procesos educativos y culturales. La escuela argentina, en su función unificadora, fijó una imagen clara y sencilla de la bandera, dejando en segundo plano las disputas históricas que acompañaron su uso. Así, la versión celeste y blanca se volvió hegemónica en el imaginario colectivo, mientras que la discusión quedó circunscripta al ámbito historiográfico.
Esta distancia entre la historia enseñada y la historia debatida explica la persistencia de la polémica. Cada reaparición del debate sobre el azul o el celeste reactualiza viejas discusiones sobre el pasado, los vencedores y los vencidos, y las interpretaciones que se consolidaron como oficiales.
UNA CONTROVERSIA QUE NO SE CLAUSURA
La discusión sobre los colores de la bandera argentina permanece abierta porque no se trata solo de una cuestión cromática. En ella confluyen documentos, leyes, testimonios, evidencias materiales e interpretaciones políticas. Azul o celeste, la bandera ha sido, a lo largo de la historia, un símbolo en disputa, apropiado y resignificado por proyectos de país distintos.
Reconocer esa complejidad no implica despojar al símbolo de su valor, sino, por el contrario, comprenderlo en toda su densidad histórica. La bandera argentina, como la nación misma, no nació de un consenso unívoco, sino de tensiones que, de distintas formas, siguen presentes en el debate contemporáneo.
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Fuentes:
Bartolomé Mitre — Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina
Domingo Faustino Sarmiento — Discursos parlamentarios y políticos
José María Rosa — El revisionismo responde
José María Rosa — Historia Argentina
Adolfo Saldías — Historia de la Confederación Argentina
Ernesto Palacio — Historia de la Argentina
Mariano Pelliza — La bandera argentina
Pedro de Angelis — Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata
José Luis Busaniche — Rosas visto por sus contemporáneos
Miguel Otero — Memorias
Jerónimo Espejo — Memorias del general Espejo
Norberto Galasso — Belgrano y la Revolución
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