jueves, 18 de diciembre de 2025
Giuseppe Garibaldi asalto a Gualeguaychú. -18 - 12 - 2025 -
GARIBALDI Y EL SAQUEO DE GUALEGUAYCHÚ: CUANDO LA “LIBERTAD” LLEGÓ A CAÑONAZOS
Por Damian Leandro Zanni
En los años cuarenta del siglo XIX, el Río de la Plata era un hervidero de guerras, intereses extranjeros y aventureros armados. Mientras la Confederación Argentina, bajo el liderazgo de Juan Manuel de Rosas, defendía su soberanía, Montevideo se sostenía gracias al apoyo de Inglaterra y Francia y a un ejército de mercenarios extranjeros. Entre ellos se destacaba un italiano que luego sería convertido en prócer universal: GIUSEPPE GARIBALDI.
Tras la derrota de la flota de Montevideo a manos del almirante Guillermo Brown, en 1842 Garibaldi fue puesto al mando de una escuadra improvisada. Ese mismo año enfrentó a Brown en el río Paraná, en Costa Brava, donde fue claramente derrotado. Antes de rendirse, INCENDIÓ SUS PROPIOS BARCOS Y HUYÓ POR TIERRA, una constante en su carrera: pelear cuando podía y retirarse cuando la cosa se complicaba.
De regreso en Montevideo y con la ciudad sitiada por las fuerzas del presidente legítimo oriental Manuel Oribe, Garibaldi organizó una tropa mercenaria conocida como LA LEGIÓN ITALIANA, al servicio del llamado Gobierno de la Defensa. Combatió en las afueras de Montevideo y, protegido por los cañones ingleses y franceses, comenzó a operar como CORSARIO FLUVIAL sobre el litoral argentino y oriental.
En 1845, en pleno BLOQUEO ANGLO-FRANCÉS CONTRA LA CONFEDERACIÓN, los almirantes europeos pusieron buques capturados a Brown bajo bandera oriental y los entregaron a Garibaldi. Desde ese momento, el italiano pasó a ser el brazo ejecutor de la invasión extranjera por los ríos interiores argentinos.
Primero fue Colonia del Sacramento. SAQUEO, INCENDIOS, BORRACHERAS Y ORGÍAS, incluso dentro de la iglesia. Luego la indefensa isla Martín García. Y finalmente, el objetivo más tentador: GUALEGUAYCHÚ, una villa próspera, llena de comercios, saladeros y riqueza acumulada por el trabajo local.
El 20 de septiembre de 1845, de madrugada, las fuerzas de Garibaldi desembarcaron por sorpresa. La ciudad estaba prácticamente indefensa. El comandante Eduardo Villagra fue capturado mientras dormía, junto con las autoridades locales. Garibaldi ORDENÓ SU FUSILAMIENTO, aunque ante la presión de los vecinos finalmente retrocedió. Con la ciudad bajo control, comenzó lo inevitable.
DURANTE DOS DÍAS GUALEGUAYCHÚ FUE ENTREGADA AL SAQUEO. Casas de familia, comercios, almacenes, chacras y depósitos fueron arrasados. Treinta y un establecimientos comerciales fueron robados en una población de apenas cuatro mil habitantes. Los más perjudicados fueron comerciantes españoles, portugueses, sardos y franceses. Se robaron dinero, mercaderías, embarcaciones, caballos, ropa y alimentos. El botín fue tan grande que se calculó en DECENAS DE MILES DE LIBRAS ESTERLINAS.
El propio Garibaldi lo reconoció sin pudor en sus Memorias. Dijo que Gualeguaychú era “un emporio de riqueza”, ideal para VESTIR A SUS SOLDADOS HARAPIENTOS, ARMAR CABALLOS Y OBTENER DINERO. También confesó que permitió los saqueos y llegó a definir a sus hombres como “VIRTUOSOS SAQUEADORES”, una frase que lo pinta de cuerpo entero.
Hubo intentos de resistencia. Un puñado de gauchos al mando del alférez Jorge Neyra enfrentó a los invasores a sable limpio. Mataron a varios y obligaron a los mercenarios a replegarse heridos y maltrechos. Pero era tarde. El daño ya estaba hecho. Cuando se acercaron fuerzas federales desde Nogoyá, Garibaldi ordenó la retirada, cargado de botín.
¿Por qué Gualeguaychú estaba indefensa? Porque Entre Ríos atravesaba una situación crítica. Urquiza combatía múltiples frentes, y las milicias locales estaban dispersas o sin armas. La ciudad no esperaba un ataque. Algunos señalaron negligencia, otros directamente una decisión política. Lo cierto es que LA VILLA PAGÓ EL PRECIO DE LA GUERRA IMPERIAL CONTRA LA CONFEDERACIÓN.
Años más tarde, Garibaldi se haría famoso en Europa, compraría la isla de Caprera y sería canonizado como héroe de la libertad. Pero en el litoral argentino quedó otro recuerdo: el del MERCENARIO AL SERVICIO DE POTENCIAS EXTRANJERAS, el hombre al que los diarios porteños llamaron “EL CHACAL DE LOS TIGRES ANGLOSAJONES”, y que dejó tras de sí ciudades saqueadas, familias arruinadas y una historia que durante mucho tiempo se quiso ocultar.
Porque en Gualeguaychú, la “libertad” no llegó como epopeya. LLEGÓ COMO SAQUEO.
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