miércoles, 11 de mayo de 2011

Dr. Julio Isidro Maiztegui. Justo Homenaje a un Benefactor, nacido en Pergamino.

          "En la Ciudad de Rosario, en la Plaza que se halla ubicada sobre la calle Rioja, entre Moreno y Balcarce, frente a la Secretaría de Salud Pública, fue descubierto un busto del Doctor Julio Isidro Maiztegui. Ese ámbito de la  Plaza lleva su nombre, en justo homenaje  que la Ciudad de Rosario, brinda al médico virólogo, investigador, quien creó, junto a su equipo, la Vacuna contra el Mal de los Rastrojos, la "FIEBRE HEMORRÁGICA ARGENTINA".
       El acto de inauguración se llevó a cabo, el día 26 de Agosto de 1995, en conmemoración del segundo aniversario de su fallecimiento.
       Este médico, afincado en la Pampa Húmeda, en la Ciudad de Pergamino, llevó una vida abnegada y sencilla, en cuyo transcurso realizó una labor de investigación que permitió salvar miles de vidas de conciudadanos, en especial los trabajadores rurales. Su profunda vocación, su trabajo silencioso y altruista, llevó el prestigio de la ciencia médica argentina más allá de nuestras fronteras.
        El  Dr. Julio Isidro Maiztegui, dedicó con sencillez y probidad admirable, sus días a una tarea difícil, ingrata y muchas veces riesgosa para su salud y para los médicos virólogos, integrantes de su equipo; pero todo lo superó gracias a su admirable tesón, constancia impertérrita, su afán de investigación, sus continuos estudios y su inmensurable amor por la vida.
        La "vacuna", logró inocularla a miles de ciudadanos, que concurrían infectados a Pergamino; convencer de su eficacia, con permanente conferencias en vecinales, clubes y comunas, con creatividad y pasión, sumada la invalorable ayuda de sus colaboradores, el Dr. Parodi, Barrera Oro, y  la Dra. Enría.
         De ese modo lograron detener la ola devastadora del virus, los estragos incalculables entre los niños, jóvenes, trabajadores rurales y ancianos producidos durante 30  años, por el denominado:"MAL DE LOS RASTROJOS", o "EL VIRUS DE JUNIN", por ser  el epicentro aquella zona de la Provincia de Buenos Aires.
        El Mal de los rastrojos, solía desatarse con más virulencia en la época invernal, especialmente en la zona maicera, cuando se recolectaba dicho cereal.
        Los pacientes presentaban alta fiebre, estado gripal, dolores musculares decaimiento y la consabida hemorragia intestinal; los pacientes,  luego de 4 a  5 días afiebrados, llegaban al séptimo en que normalmente fallecían,  padeciendo antes terribles convulsiones.
        El Dr. Maiztegui, pudo perfeccionarse en el País del Norte, pero no se radicó allá, donde podía tener un pasar exitoso y altamente remunerado. Volvió a la Argentina que tanto amaba y siguió trabajando como sus colegas en un medio prácticamente hostil y sin demasiado apoyo para continuar con la investigación médica.
         Logró el sueño de inmunizar a los sectores más comprometidos con el trabajo rural y  “deseoso de vida” terminar con este flagelo mortal.
         El Dr. Julio Isidro Maiztegui, con entrega total, recorrió Pueblos, Comunas, Clubes, Vecinales y Asociaciones Filantrópicas, explicando su proyecto, haciendo docencia preventiva, creando clima favorable y esperanzas compartidas, para salvar  la vida humana.
          No obstante la ironía del destino imponderable hizo que él mismo enfermara gravemente, aunque no del mal que combatía. Sus colegas desearon que viajara a los EE.UU. para curar su dolencia. Costó mucho tiempo, e innumerables tratativas conseguir el dinero necesario, 50.000 dólares en cifras globales, que  este infatigable médico no los tenía. Parecía que mil Cooperativas Agrícolas, otras esferas gubernamentales y algunas donaciones privadas, no podían concurrir al auxilio de este hombre que salvaría a miles de vidas humanas, con un futuro invalorable.         Este fue un pasaje amargo en su vida abnegada, altruista, científica. Daba la impresión que no lo podría pasar; para los colegas, amigos y vecinos,  no era posible que un gigante en esta época histórica argentina, la década del noventa, no se vislumbrara un horizonte mejor iluminado, que triunfaran nuevamente las miserias humanas. Finalmente se consiguió el dinero, fue operado y volvió a la Argentina.
       La lucha continuaba, para saldar algunas erogaciones posteriores de su terminal enfermedad, vendió su auto usado.
        Pese a todos los inconvenientes, indiferencias, ingratitudes y las clásicas negaciones de presupuestos públicos, por él solicitados, este benefactor de la humanidad, algunos reconocimientos logró, como el de la  Universidad Nacional de Rosario, que lo nombró:"Doctor Honoris Causa" y “modelo a seguir por los alumnos de estas generaciones, tan propensos a tener todo servido”.
         Desde ya que el Dr. Maiztegui, sabía soslayar los improperios recibidos, que no fueron pocos, al mismo tiempo que supo escuchar las felicitaciones, como un homenaje a su equipo, no solo a su persona.
            Su vida interior, su perspicacia y  sus largos ensimismamientos, le ayudaron a superar momentos difíciles de su existencia, con un sencillo silencio y con  alta dignidad, como corresponde a mentes y corazones preclaros.
         Por ello, no solo Pergamino y Rosario, sino todo el país, debería tomar cuenta de esta actitud de vida, de un universitario oriundo de la Pampa Húmeda y proponerse la imitación, con seriedad en la tarea que cada uno desempeñe.
         Una persona benefactora de la humanidad, a través de la "Vacuna contra la Fiebre Hemorrágica Argentina", de la talla del Dr. Julio Isidro  Maiztegui, debería permanecer no solo en los fríos monumentos e inscripciones en las instituciones argentinas, sino también en los corazones de los compatriotas.
         Al Homenaje que se le rindió colocando su figura y el nombre a la Plaza sobre la calle Rioja, esquina Balcarce, perpetuará la memoria en este lugar tan tradicional, conocido como Centro de Salud Municipal, prestando innumerables servicios, incluidos la Maternidad Martin, Odontología y el Centro de Prevención y Profilaxis.
         Dr. Julio Isidro  Maiztegui, tu ejemplo de probidad, virtudes humanas y profesionales, serán eternamente recordados"
(Feria de Ciencias “Dr. Julio  Isidro Maiztegui”, año 1995, del Centro Educativo Santafesino 1313, Rosario. Publicado en el Boletín interno de la Escuela. Autor: Prof. Lic. Luis Ángel Maggi. Director.)

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